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Juan Carlos Espadas Albiol

                                                         Sinopsis

He querido narrar y desgranar una serie de temas, de situaciones, de hechos y de circunstancias de la actualidad, en los que sin duda, me habré extralimitado en algunos conceptos, o expresiones, por lo que pido disculpas, ya que no ha sido, ni es  mi intención la de ofender.

 Quizás haya sido, más una necesidad de desahogo por una actitud un tanto desesperada, ante esta situación actual de grave crisis y sus consecuencias, en las que sentimos como poco a poco nos vemos sometidos, impotentes y atenazados, dejándonos prácticamente sin margen de maniobra,  ni siquiera  para poder resistir o aguantar un  hipotético período de duración de “corto plazo”, mientras pasara el efecto de la crisis, cuando percibimos con tristeza y una cierta angustia, que esta crisis es más profunda de lo que parece y que el período en el que remita,  no va a ser a corto plazo. Lo que me ha motivado a escribir con desesperanza, pero con la decisión de que algo tenemos que hacer y el tiempo corre en contra nuestra.

En algunas de mis reflexiones veo un gran contrasentido en la constatación de que los políticos, los líderes de los partidos y el Gobierno de turno, que en general  nos gobiernan, o mejor dicho, nos “tutelan”, realmente dependen de nosotros, es decir de la sociedad, pues están ahí por la “voluntad popular”, que en base a un sistema democrático y por votación libre, los elegimos para que gobiernen y no para que hagan lo que les dé la gana. Y el gran contrasentido, es que siempre que votamos, se invierten las cosas y pasamos a ser dependientes  de ellos  sin remisión y sin derecho ni siquiera al  “pataleo”.

Autor:   Carlos Espadas  Albiol.

Nací en Madrid, el 12 de Julio de I950, mi familia humilde, mi papá de Lário  (León), fue empleado de Renfe en La Estación del Norte en Príncipe Pío y mi mamá Madrileña, se dedicó toda su vida a criarnos, educarnos y cuidarnos, o sea lo que antes se denominaba, dedicada a “sus labores”, de lo cual siempre se sintió orgullosa al igual que nosotros de ella, sus hijos; Yajaira, la menor, Rosa Mari, la del medio y yo, el mayor.

Después nos convertimos en emigrantes, cuando papá y mamá decidieron buscar una vida mejor, emigrando a Venezuela, en donde fuimos acogidos y apreciados, queridos y respetados y en donde hemos vivido y trabajado casi toda la vida. Ahora, de vuelta a la “madre patria”, hemos tenido que regresar, dejándolo todo allá,  huyendo de la tiranía de un reyezuelo, que ha sembrado la peor semilla que se pueda sembrar, en los corazones del noble pueblo venezolano, como lo es la semilla del odio, que ahora existe. Esa semilla ha echado raíces en los venezolanos, los divide y los enfrenta y eso antes no existía.

En casa, estamos todos en el paro a excepción de Elizabeth, mi mujer, que gracias a Vicente y Rosaura, nuestros amigos del alma, le han dado trabajo con la limpieza de portales y escaleras de edificios y mi hijo mayor Litos, y yo salimos y vamos  con ella para ayudarla. Gracias a ellos (nuestros amigos),  estamos comiendo y pudiendo pagar el alquiler.

Elízabeth y yo somos padres de tres hijos; Carlos (Litos), el mayor, Graciela (Gracy) y Alejandro (Ale) el menor, los tres nacieron en Venezuela y también somos abuelos de Arturo, el hijo de nuestra hija Graciela, un madrileñito de 6 años que nos tiene con “la empalizada en el suelo…”como se suele decir por allá, por los llanos Venezolanos, cuando alguien te tiene conquistado. También tenemos con nosotros a la Abuela Dolores, (mi suegra), la encargada de regañar a todos en casa, pero un “pan mojado en leche” también con todos.