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CintiaAMorrow

Nací y me crié en una ciudad pequeña en Argentina, llamada Mercedes, conocida principalmente por su producción de chacinados (productos de cerdo) y por la Fiesta Nacional del Durazno.
Tuve una infancia normal y feliz. De ir en bicicleta a la escuela y jugar con mis amigos en la calle, de caerme y rasparme las rodillas y aguantar las ganas de llorar. Seguí todas las tradiciones de mi pueblo, que involucraban las más variadas actividades y cuando crecí y terminé el colegio, me fui a Buenos Aires a estudiar derecho en la Universidad.
Volvía los fines de semana a Mercedes, como lo hacíamos todos. A salir a bailar como si no hubieran pasado los años y a comer el asado en familia. En uno de esos fines de semana, conocí a Alejo, un chico mitad argentino, mitad español (vivía en España desde pequeño) y que, además, era hijo de una amiga de mi madre del colegio. Es lo que tiene vivir en un pueblo.
En Ale encontré mi mitad aventurera. De repente, todos los sueños y planes (esos planes locos que alguna vez se me ocurrían), empezaron a tener asidero. Y además, a esas cosas se suele acceder cuando uno está enamorado. "Vamos a viajar por todo el mundo y vamos a vivir en mil lugares", prometió en su momento Alejo. Y nunca más nos detuvimos.
Nos recibimos, yo de abogada y él de ingeniero civil. Y llegó el momento de decidir: toda su familia estaba en España, la mía en Argentina. ¿A dónde ir? No fue fácil, sobre todo para mí, dejar una vida que ya estaba pensada, por otra que parecía de fantasía.
Tras una oferta de trabajo y lanzando una moneda porque no podíamos decidirnos, partimos hacia los Estados Unidos Mexicanos, que pareció una opción más que aceptable. Y ahí empezaron las aventuras y las historias. Estábamos viviendo el sueño y había que contarlo.
Así que, entre México, mi necesidad de contar, las locuras y los episodios increíbles, surgieron de a poquito, como con cuenta-gotas, las "crónicas mexicanas", relatos que enviaba a mi familia y amigos para narrarles todo lo que me iba sucediendo y los lugares que conocíamos juntos.
La compilación de todos esos mails y artículos (algunos habían empezado a salir en un diario nacional) se llamó "Crónicas Mexicanas y alguna otra más...", y fue mi primer libro. Otro sueño que ni me había atrevido a soñar, y que una amiga (y luego mi editora) me implantó en la cabeza. Y ahí estaba, con páginas y letras. Un libro, mi libro, y a la vez una porción de mi vida.
Ya irreparablemente dañada, un poco por la vida de expatriada y otro por haber comenzado a escribir, (dos actividades que una vez que se empiezan, es imposible dejarlas) nos fuimos a Perú. A seguir viviendo una ilusión compartida, con el que es ahora mi marido, y con todos los que me leían. El resultado fue otro libro "Sancochados en Perú".
Luego vivi durante un tiempo en Madrid, donde descubrí que también podía escribir ficción. Me encantó la libertad que me daban los nuevos personajes y sus increíbles situaciones. Me formé en escuelas de escritura y lo sigo haciendo hasta hoy. Continúo viajando y escribiendo las crónicas de viaje, a las que ahora le agrego historias de ficción que a veces, cansadas de vagar por mi cerebro, toman formas aceptables y se convierten en cuentos.
10 de Septiembre de 2012
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