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Francisco José Carrasco Herrera

             Todas las cosas en nuestro universo están inmersas, o mejor dicho, poseen las cuatro Dimensiones.

 

             Los seres vivos también cumplen estas premisas.

 

             Todas las cosas o seres son equivalentes en nuestro universo, todos tienen una percepción propia de individualidad, es decir, tienen “vida” propia.

 

Somos seres que nos “clasificamos” como vivos, pero todas las demás cosas, ínfimas o macro cósmicas también son seres.

 

Esta es nuestra propuesta científica:

 

Todo ser vivo posee la Primera Dimensión, compuesta de “tiempo” de percepción de individualidad, desde que nace hasta que muere. Y de “lugar”  donde estar, que debe ser compatible con el “tiempo” que vive.

 

Todo ser vivo posee la Segunda Dimensión, compuesta: un físico interno y físico externo, dentro de la armonía apropiada de coincidencia con la Primera Dimensión.

 

Todo ser vivo posee la Tercera Dimensión, compuesta: “inteligencia” y “memoria”, armónicamente con las dos anteriores dimensiones.

 

Todo ser vivo posee la Cuarta Dimensión, compuesta: “sentimiento” o conexión humana y “conciencia” o conexión Divina. Siempre en total armonía con las tres dimensiones primeras.

 

Dentro de un mismo ser vivo las cuatro Dimensiones son coincidentes, cuando dejan de serlo sobreviene la muerte.

 

            Son armónicas, cuando dejan de serlo aparece la enfermedad.

 

            Y son equivalentes, cuando dejan de serlo aparece la deformidad.

 

Este tratado mira la vida desde una perspectiva filosófica y científica, sus desequilibrios y enfermedades, la filosofía, geometría y matemáticas, dándole a la intuición una explicación moderna tras una exhaustiva corroboración in vivo.

 

            Al cuerpo físico se le divide para su clasificación en “las cuatro Dimensiones”. El diagnóstico se orienta por los desequilibrios de los contrarios y los tratamientos por las compensaciones hasta la armonía.

 

            Mi proposición final es que las diferencias básicas no existen y todos estamos sujetos a las mismas leyes con las mismas reacciones, aunque cada ser sea irrepetible.

 

            Que todos somos la misma “entidad madre” pero con diferentes percepciones de individualidad…

 

            Por lo tanto una desarmonía individual afecta al conjunto. Nuestra misión inteligente es sanar a los demás, así también nos estaremos curando a nosotros mismos.

 

           Con el conocimiento apropiado podremos hacer un diagnóstico certero y luego, aplicar el tratamiento correcto buscando la armonía y la salud Universal.

 

Francisco José Carrasco Herrera.