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GNBarbuto

Desde pequeña me divertía jugando con las palabras y la música invisible que podía generar con ellas. Tienen una magia que me fascina.
Más allá de la literatura hay dos cosas que definen perfectamente mi esencia: el mate y Nueva Zelanda. Como persona oriunda de Argentina, el mejor ritual para conectarse con los amigos es una ronda de charlas bebiendo y compartiendo mate. Una hermosa costumbre que no puede faltar en mi día.
Mi pasión por Nueva Zelanda es un poco más difícil de explicar. No creo que existan palabras con la que pueda hacerlo. Es simplemente el lugar perfecto donde quiere vivir mi corazón.
No recuerdo exactamente el día en el cual comencé a escribir, o mejor dicho a jugar con las palabras, pero recuerdo vagamente el porqué. Tenía 12 años, o quizás, si mi memoria falla, podría decir que eran 13. Era una época en la que había comenzado a leer principalmente libros de poesías. Entre mis autores favoritos se encontraba Rubén Darío. Había algo especial en ese juego de palabras que me gustaba. Había una especie de melodía que emanaba de esas rimas, te atrapaba y te hacía sentir un mágico sentimiento en el alma. A veces me inundaban de tristeza y a veces, no. Pero había algo ahí que silenciosamente me llamaba. Así fue, que con esas ansias puras de experimentar intenté dibujar con mi propio puño alguna imagen que expresara la pequeña (quizás hoy hasta inocente) pizca de melancolía que tenía en mi interior. Así nació mi primera poesía. Trataba sobre un sauce llorón.
Recuerdo que esa poesía me regaló un 10 en literatura. Esa poesía, fue el primer escrito que logré publicar, hace ya un tiempo, en el año 2000. Luego, pasaron aquellos años de adolescencia en los que me refugié mucho en esas palabras melódicas pero... a medida que avanzaba en mi camino dejé de lado algo que adoraba hacer y tantas satisfacciones me daban. Intentaba de vez en cuando esbozar alguna historia, pero parte de mí quería alejarse ¿Por qué? Pues... no lo sé.
Creo que hoy esos días de poesías se ven muy lejanos. Pero poco a poco y dando vuelta la hoja, el mundo de los relatos me seduce día tras día un poco más.