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Jessica Patricia Ramírez García

La incorporación de la mujer al mundo laboral es uno de los grandes logros sociales del siglo XX. Sus consecuencias se han reflejado en todos los ámbitos de la vida y han tenido repercusiones en todos los niveles, especialmente en el lingüístico. No muy atrás quedan los tiempos en los que la Real Academia Española definía las variantes femeninas coronela como “la esposa del coronel” y médica como “la esposa del médico”. La presencia de la mujer en profesiones que, hasta hace relativamente poco, eran patrimonio exclusivo de los hombres ha generado debates de gran interés. Uno de los más recientes en español fue el que surgió en torno a la designación de Angela Merkel como la cancillera o la canciller de Alemania. En esta situación, que no tenía precedentes en los gobiernos de ninguno de los países del mundo, la lengua española optó por la forma masculina precedida del artículo femenino la, aceptada desde el principio por los medios de comunicación y por las autoridades lingüísticas.