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Cecilia Rojas Videla

Nací en Santiago de Chile el 6 de marzo de 1972, lunes a las 2:05 am. Solía escribir muchos ensayos hasta que caí en la cuenta de que me gusta más sentir que hablar de las cosas. Disfruto el silencio- incluso el de las palabras: aquellas que no se dijeron y se quedaron ocultas tras las arbóreas aseveraciones. No hicieron sombra sobre el entendimiento; lo que no dijimos brilla a través de los fonemas hilados como telarañas. Siendo este un momento para el lenguaje, trataré de expresarme.Cerca del Club Hípico de Santiago, entre antiguos adoquines de piedra -eternos- se enclava un barrio de hileras de casas, veredas sombreadas y deformadas por los mismos árboles. El verano golpea esas calles de hoteles sospechosos, vulcas y señoras curiosas.Ese fue mi barrio de origen. No recuerdo sin embargo, tengo impregnados los ruidos de las micros de San Diego y Blanco Encalada.Después nos fuimos a los pies de la cordillera donde éramos una especie de colonizadores urbanos. Praderas con conejos y aves silvestres; terrenos baldíos y senderos perfectos para jugar en la pandilla de cerca de quince niños y niñas que por más de diez años nos vimos crecer.Todos los años viajábamos a La Serena a visitar a los abuelos, tíos y primos que nunca disfrutamos a cabalidad por la distancia física y cultural de quien se cría en la capital. Era una parcela hermosa, con todo tipo de animales. Cada verano me enamoraba de la pobreza de la gente del campo que a mí me parecía la mayor de las bondades. Aire fresco, leche, huevos, huertos fragantes a albahaca, menta, tomate, tierra. Sonidos alegres de aves, pajaritos y riachuelos. Era el paraíso salir en carreta a repartir la leche a las viejitas solitarias que en una casuchita de madera con piso de tierra impecable, juntaban las monedas y acercaban el jarrito enlozado.En el camino recogíamos frutas de los árboles: peras, almendras y a veces el camión de las zanahorias las lavaba en el canal, emergiendo el aroma celestial.En la ciudad las luces acompañaban sin cesar mis pasos atrevidos. Dejé Santiago a los 18.


20 de Abril de 2011
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