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Anxo Do Rego

Hace unos años, un 6 de Septiembre, nací en una población llamada Móstoles. Mi abuela Damiana ayudó a mi Madre a traerme al mundo. Ambas creyeron que la situación obedecía a un hipotético cólico provocado por una desmesurada ingestión de sandía.

Como era lógico, viajé con mis padres a la capital, y una vez en ella, a diferentes barrios. Supongo que como consecuencia de aquellos prematuros desplazamientos, nació en mi el deseo de viajar. Hoy reconozco que hacerlo supone un inmenso placer, pues me permite asumir el espíritu de cuantos lugares visito.

Supongo que el deseo de escribir debo agradecérselo a una fémina, cuyos ojos verdes, ademas de otras singulares propiedades y características, dejó en mi un profundo sentimiento. Fruto de ese enamoramiento comenzaron a fluir frases, mas tarde retazos y después historias, mas o menos inventadas.

Un verano, en una playa de levante, comencé a relatar historias a un grupo de niños, para entretenerlos y evitar molestaran en la hora de la siesta. Dado que cada tarde pedían escuchar idénticos cuentos, me vi en la obligación de escribirlos para no olvidarlos. A mi regreso a Madrid, llevé los textos a una Editorial para ser publicados. Desconocía la obligación de registrarlos como autor. No lo hice y sufrí las consecuencias. Sustrajeron mi derecho y los editaron con el nombre de otro autor.

Aquella situación provocó que durante años mantuviera en una carpeta cuantos originales escribí. Transcurrió un tiempo y casualmente los releí. Decidí probar suerte y tras un proceso de corrección y puesta a punto, retomé el oculto deseo de escribir. Los géneros predilectos eran la novela histórica, novela negra y ciencia ficción y precisamente esos fueron los que abordé para contar mis historias. No descarté el misterio, la intriga ni los relatos de sentimientos, a los que algunos llaman románticos.

Si viajar se convirtió en un placer y escribir en otro, debo confesar que la música sinfonica junto a la ópera y la fotografia, son otros tres añadidos a los principales, aunque no siempre puedo disfrutarlos. Si ayer fue el boligrafo o la pluma, despues la máquina de escribir, hoy no podria separarme del teclado de un ordenador para seguir escribiendo.