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JESUS FERNANDEZ DE ZAYAS

   Nacido del amor en la Ville de l?amour, París, en el hoy considerado Día Nacional de España, el 12 de Octubre, del año 1966, he sido nómada y estudiante durante la mayor parte de mi vida. De lo primero debo culpar, y agradecer, a la profesión de mi padre, pues la construcción de refinerías de petróleo por todo el territorio ibérico encauzó la corriente vital de sus cuatro hijos y esposa. De lo segundo, sólo puedo decir que era muy aplicado hasta que desemboqué en la Universidad: mis sueños afines al cine y al teatro fueron sustituidos por la Geología, durante dos años, y por las Telecomunicaciones, después, en un solo año, que me definieron como inepto para conseguir cualquier título.

   La prima hermana del cine despertó de nuevo en mí las ansias de destacar en el arte, por lo que mi profesión de reportero gráfico de televisión, que nunca he llegado a ejercer, esculpió, de alguna forma, mis anhelos de contar historias.

   Mi trayectoria laboral ha sido como una carretera con baches. He trabajado en muchas cosas y en todas he destacado, según decían mis patronos, como buen proletario. He probado a ser camarero, vendedor de aspiradoras, de cursos de inglés y de diccionarios enciclopédicos a domicilio, pero, al final, lo que aparece en mi curriculum es el mozo de almacén, el limpiador, el vendedor de libros en unos grandes almacenes, el promotor escolar de una importante editorial y el técnico audiovisual que ahora soy.

   Pero sigo en la lucha, sobre todo interna, para poder realizar mi sueño loco de vivir algún día de la Literatura, y como sé que es eso, un sueño, una utopía, intento ejercer de rebelde escribiendo de vez en cuando algún cuento, alguna novela, alguna historia,  como me gusta a mí llamarlas.

   Y me gusta el mundo de la Fotografía porque, sobre todo, los habitantes de este mundo me transmiten sentimientos, historias, que en mi interior pueden sustituir a mil palabras, y, cuando viajo, la cámara me pide embaucar a la realidad para que se deje atrapar en su maquinaria de imaginación.   

   Sea como sea, seguiré contando historias y querré compartirlas con el máximo número de personas. Quizá por ello esté aquí ahora entre vosotros.

   Sea como sea, gracias.