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David Posse


Nací ya hace unos años en un pueblo de Galicia. Los gallegos tenemos algo especial, no solo la necesidad, que nos impulsa a recorrer el mundo sin ser un pueblo errante en sí. Por eso me gusta considerarme, ante todo, Ciudadano del Mundo. Lo de escribir viene de lejos, pues ya de niño me ganaba algún que otro coscorrón por escribir (los demás lo llamaban pintar garabatos), en las paredes de casa, la propia y la ajena, y terminaron por poner fuera de mi alcance cualquier cosa que pudiese usarse para tal fin, por lo que podría decirse que conocí la censura a muy temprana edad.
Más tarde, desde la escuela infantil, y aún sin saber bien las letras, emborronaba cualquier papel que cayese en mis manos con montones de frases que me dictaba mi fantasía, lo que a su vez me costaba un montón de palos cuando, en lugar de atender a las explicaciones, el profesor/a de turno me quitaba aquello que me había sorprendido escribiendo, y como por lo general no tenía nada que ver con el tema que probablemente llevaba tiempo matándose a explicar, y del cual yo, por estar mentalmente en otros lares, no tenía ni idea de qué iba, pues siempre me llovía algo. Si tenemos en cuenta que en las escuelas del franquismo se aplicaba a rajatabla aquello de que la letra con sangre entra, me encuentro con la paradoja de que en mi caso particular, con sangre me la querían quitar, valga el pareado. Todo aquello me llevó a descubrir, también a temprana edad, lo dura que es la vida del literato.
Publiqué algún que otro relato en fanzines y participé en algunos concursos, hasta que me di cuenta que la mayoría estaban amañados, por lo que dejé de concursar.
Como quiera que cambié de domicilio, ciudad y país un buen montón de veces, la mayor parte de ese material se ha perdido, por desgracia, pero otros los he conservado y actualmente forman parte de mi catálogo, convenientemente revisados y corregidos, vista la perspectiva del tiempo.