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La Biblia, por ser la Palabra de Dios, solamente puede ser interpretada por aquel que dispone su corazón a creer, y con fervor clama al Señor para que le de sabiduría renunciando a sus antiguas creencias.

El Señor nos dejó su Palabra para ser aprovechada en su totalidad, dándole sabiduría al que se la pida. Sin embargo, el estudio del libro del Apocalipsis exige tomar en cuenta algunos puntos.
Por ser el último libro de la Biblia, en él convergen todos los demás, por lo tanto, leerlo sin haber leído los otros, sería como leer el último capitulo de una novela, ignorando el contenido de los anteriores. La persona que no es asidua lectora de la Biblia, va a encontrar este libro tan extraño que pronto renunciará.

Por la forma en que fue escrito, en sí mismo da entender que sus misterios serán revelados conforme se acerque el tiempo del cumplimiento. Los hermanos que se se dedicaron a su estudio, han recibido revelación en parte, pero para completar sus trabajos se valieron de hechos históricos y de lo que ellos personalmente consideran cierto; por lo tanto, no es de extrañar que cada vez aparecen explicaciones del Apocalipsis más acertadas.

Es lamentable, pero son relativamente pocas las personas lectoras bíblicas, por lo que aún los ministros encargados de enseñar las escrituras, muestran desinterés por el último libro de la Biblia.
También surgen charlatanes que se atreven a “estudiar” el Apocalipsis apoyándose en Nostradamus, o en lo que dijo tal o cual jerarca de determinada religión.

Lo más grave es lo que sucede en muchas iglesias llamadas cristianas: enfocan todo el esfuerzo en presentar cultos espectaculares, pero carentes de Palabra, mientras el Señor, ya cercana su venida, esta permitiendo cada vez más la interpretación del Apocalipsis.
Es un error grave conformarse con los estudios hechos hace años, así como será un error conformarse con este u otro libro que se escriba mañana, y no seguir orando para que El Señor nos dé más y más luz.

Otro error es pensar que el Señor solo da revelación a aquellos que tienen el puesto de pastor, obispo o presidente de tal o cual denominación, como enseñan en algunas iglesias.
Todo aquel que es nacido de nuevo, tiene el Espíritu, por lo tanto recibirá revelación si la pide. La iglesia no puede darse el lujo de descuidar algo que el mismo Dios, a través de las señales, confirma estar próximo a cumplirse.

Algo tan trascendental como la segunda venida de Cristo, es precisamente lo que menos se predica en las iglesias llamadas cristianas ¿En qué estarán cuando Él venga?.
En muchos casos, los ministros prefieren evitar el estudio de Apocalipsis, por orgullo, pues teniendo tan alto rango dentro de la denominación, les resultaría vergonzoso no poder contestar una pregunta que alguien “inferior” le haga, y por eso es mejor, según ellos, restarle importancia.

Un siervo del Señor jamás tiene por que sentirse avergonzado al no poder responder una pregunta, y menos correr el riesgo de dar una respuesta errónea, puesto que un caso semejante sería una linda oportunidad para invitar a la congregación a escudriñar y clamar por revelación, teniendo en cuenta que el verdadero maestro es Cristo.

En otros casos es por “falta de tiempo” pues hay tantas actividades a realizar, que no queda tiempo para escudriñar; mejor se repite lo que otro escribe, o se le da una interpretación pobre.
He leído tratados sobre el Apocalipsis que considero verdaderas enciclopedias: un estudio minucioso y serio de parte del autor, quien debió haber estudiado mucho sobre historia, geografía antigua y contemporánea, vida de los apóstoles: sus recorridos y obras. Así aportan conocimientos culturales de mucho interés, pero no es eso lo que el pueblo de Dios necesita saber. De ahí que para escribir sobre este tema, he recurrido a la constante oración y lectura de la Biblia, pidiéndolo al Señor me permita llevar a mis hermanos algún conocimiento fresco.