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gharaguti

Eso es la poesía de Guti: globalización en estado puro. Ya no hay necesidad de componer -como Rimbaud- versos a aquel muchacho atormentado que escribía sonetos bajo la luz de la luna, porque hoy, aquel muchacho, es el mismo muchacho que vimos entrar a una universidad de Westmount y disparar contra sus compañeros por recibir una mala calificación y la muchacha pelirroja, que tanto estremeció a Baudelaire, hoy es la misma muchacha que sube un video a internet para terminar con su novio.


Pero también habría que señalar que no todo es transitorio en Guti, también hay lugar para el encuentro, para reconocerse, para volver a mirarse a los ojos frente a frente y no a través del frío lente de una cámara web; como en su poema autobiográfico “Conociéndonos” ahí está el hombre, y no el sujeto -el usuario anónimo que pulula por la web-, ahí está el hombre con sus pasiones, con sus sentimientos encontrados, con su gustos por el cine, el arte y la literatura; o como su otro poema, tal vez el más comprometido socialmente, “Air Doll”.