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Fernando Mannone

Fernando Mannone explorador del cénit e hijo del relámpago nacido en la provincia de Mendoza en la República Argentina en la estación ideal.

Al nacer fui escupido del vientre por la noche, apresurado y de inmediato tropecé: el cordón me ataba y entonces comencé a aprender, a descubrir. Tenía para ese entonces tres hermanos y a mis padres, mi primer gran experimento. Tras practicar la alquimia de ser hijo y niño me encontré pronto con que dos hermanos más aparecerían con el tiempo. Concluí pronto que aquella era la familia ideal.

Al crecer, de modo elástico los huesos se alargaron en mi esqueleto y me llevaron de paseo a las escuelas, a los primeros amigos y amores. Todos ellos cobraron la vida suficiente en mí como para alimentarme los huesos de vigor y de un temblequeo incesante que aún hoy no he logrado controlar. Pues me golpeó con la fuerza de un relámpago, albergándose en mi. Concluí entonces que ese trepidar de la infancia era ideal.

Cargado de allí en adelante de la electricidad maravillosa que me otorgaba esa energía inagotable del crecer me hice de amigos mayores, de un amor ingente que devino en mi propia familia. Poseía cierta experiencia en la alquimia, como comenté anteriormente, por lo que sería capaz de transformar lo que quisiera en oro, mi ventaja de aquellos laboratorios anteriores. Por lo que pronto concluí en que esa era la juventud ideal.

Un día, y no podría yo aclarar cuándo, caminaba por las calles del mundo, observaba la Luna y pretendía ver a través de ella al Sol, jugaba a descifrar el universo? entonces sucedió: ¡una bomba estalló sobre mí!. Desconozco si alguien la arrojo desde su ventana o si una nube se despojó de ella. La vi descender del cielo mientras incendiaba mi mirada y entre mis ojos fue a dar. Su fuego se escurrió hacia mi cerebro y pude ver lo que creo me ha marcado para siempre jamás. La epifanía apareció en la luz y se sucedió en mi: ¡la voluntad!. De ello se trataba. Continué caminando, dolorido, herido no obstante sabía que pronto sanaría, bien sabía que podría hacerlo, comprendiendo lo que acaba de suceder. Aquella vez concluí en que ese accidente era el ideal.

12 de Mayo de 2011
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