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Manuel del Rosal García

Toda su niñez está impregnada de los olores, los sentimientos, los sabores y las costumbres de su Andalucía pues hasta los 18 años vive en aquella tierra repartiendo los años entre Córdoba, Sevilla, Cádiz y Jaén.

A los 17 años, empujado por las carencias de la vida familiar - es el mayor de siete hermanos - y por unos trabajos malos y mal remunerados, se va voluntario al ejército como primera etapa para poder vivir la vida desde su óptica humanista y filosófica.

Los 18 meses de servicio militar los aprovecha para estudiar magisterio, descubriéndose así mismo como dotado para el estudio y con una capacidad de trabajo antes desconocida.

Cuando termina el servicio militar se traslada sólo a Madrid , donde empieza a trabajar sin abandonar sus estudios y donde propicia la llegada de su familia paterna a la capital .

Diferentes trabajos van escalonando la historia profesional de Manuel, que no olvida sus deseos de licenciarse en Filosofía y Letras. Una mujer se cruza en su camino, se enamora en cuerpo y alma de ella y, dejándolo todo, se casa con ella.

Al año de casados nacen dos hijos mellizos y en ese momento el esquema mental de Manuel sufre una transformación, dejando a un lado la prioridad de la formación humanista y la licenciatura, marcándose el objetivo de situarse laboralmente en un lugar que le permita dar la mayor calidad de vida a la mujer que ama y a los dos hijos que acaban de nacer.

Sabedor de sus cualidades como estudiante, de su capacidad de trabajo y poseedor de una gran confianza en sí mismo, Manuel se prepara para asaltar los puestos bien remunerados en las mejores empresas. Lo consigue al tiempo que otros cuatro hijos van aumentando la familia.

Tiene Manuel 28 años cuando, simbólicamente, mete todos sus deseos, aficiones y proyectos en un cajón que cierra con una llave, la cual esconde en un rincón oculto. Desde ese momento Manuel sólo vive para la mujer que ama y para sus hijos.

En el año 2000 Manuel recibe una generosa prejubilación de su empresa, sus hijos empiezan a colocarse en la vida, la mujer amada se merece salir al mundo tras años y años de dedicación a él y a sus hijos.

Ha llegado el momento de abrir el cajón donde han permanecido encerrados sus deseos, sus aficiones, sus sentimientos y sus proyectos soñados cuando, en su niñez y juventud, paseaba por la campiña andaluza.

Ha llegado el momento de vivir junto a la mujer amada los momentos que durante cuarenta y un años soñaron, ha llegado el momento de plasmar en libros , artículos y frases lo que la vida ha ido impregnando en el corazón, el alma y el cerebro de Manuel.