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rayadams

  15 Agosto de 2004.-   La ermita arde bajo el cielo de verano. Estoy esperando a que F decida que vestido se va a poner, sí el blanco de tirantes o el negro ceñido y con un amplio escote a la espalda. Las llamas están devorando ahora el pórtico de entrada y el viento sopla débilmente desde el sudoeste. Tenemos que asistir a una boda. No recuerdo muy bien de quién, pero sé que tenemos que asistir. Hace unas noches F y yo estuvimos haciendo el amor en el coche como cuando éramos estudiantes. Luego nos sentamos en las escaleras de la ermita para fumar. La luna brillaba en cuarto creciente. El cielo estaba plagado de diminutas estrellas y desde el bosque nos llegaba un rumor de hojas mecidas por el viento. Tras unos instantes de silencio, F dijo:

- “¿Te pasa algo?”.

- “Nada”. – respondí.

- “¿Seguro?”.

- “Seguro”.

Los grillos cantaban.

-“¿Me quieres?”.– volvió a preguntar

-“¿Por qué lo preguntas?”– respondí.

          - “No sé” – dijo ella apagando el cigarrillo en las escaleras – “Supongo que por costumbre. Es algo de lo que también me tengo que quitar. Como del tabaco”.

            La ermita arde bajo el cielo de verano. Estoy esperando a que F decida que vestido se va a poner, si el blanco de tirantes o el negro ceñido y con un amplio escote a la espalda. Espero frente a la ventana de la cocina. Contemplando el incendio a través de los prismáticos. Con la raya del pantalón perfectamente planchada, las gafas de sol puestas, un botellín de cerveza en la mano y la chaqueta desabrochada. El viento sopla débilmente desde el sudoeste y las llamas se desplazan ahora hacia las columnas de madera que sostienen una de las naves laterales. F está hablando por teléfono. No logro distinguir con quién porque en este preciso instante los bomberos pasan a toda velocidad haciendo sonar la sirena. Tras el cristal puedo sentir el intenso calor de la tarde. El viento sopla débilmente desde el sudoeste y el humo que las llamas desprenden se eleva ahora hacia el cielo. Hace calor, demasiado calor para casarse. Eso es lo que me digo mientras apuro un último trago, dejo los prismáticos sobre la mesa y me dirijo hacia la puerta donde F, vestida totalmente de negro, enciende un cigarrillo. (Fragmento)