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Mil veces me penetró tan profundo que un orgasmo tras otro sobrevinieron a mi, mientras me llamaba por el nombre de mi hermana. Me puso de espaldas a él, y con ese fierro inmenso desde atrás, se clavó en mí causándome una sensación de placer que me hizo gritar mientras él se vaciaba por segunda vez.

Mi hermana es una mujer que de verdad parece el negativo de mi personalidad. Es dos años menor que yo y al parecer toda la coquetería, la pasión y la audacia que puede contener una mujer la gastaron mis padres en mi concepción porque a mi hermana no le donaron nada. Eso pensaba. Es una mujer fría sin pizca de malicia, poco comunicativa sin gracia para vestir y taciturna. Viste como una religiosa, y la verdad, yo nunca la había visto desnuda ni completa ni por partes y podría haber asegurado que jamás había tenido sexo, si no fuera porque tiene dos hijos maravillosos que supongo, habrá gestado en forma tradicional. Fue por eso que, cuando hace aproximadamente un par de meses, mi esposo vio un anuncio de alquiler de una casa de playa, pensé que esa sería la oportunidad para avivar un poco a esta mujer tan poco estimulante.

Nuestros hijos, aun pequeños se entusiasmaron con la idea, pues, además que se llevan muy bien y juegan juntos, adoran la playa. La verdad, es que todos nos ilusionamos mucho con la casa, fuimos con anticipación a ponerla en orden para que al llegar de vacaciones todo estuviera bien. Vivíamos la ilusión de pasar unos días alejados de la ciudad, gozando del sol y sin estrés. Estaba todo dispuesto para que saliéramos rumbo a la casa de playa, la tarde de un viernes, pero mi cuñado Juan, tenía algo urgente que hacer en la oficina, así es que nosotros nos anticipamos Ellos viajarían el lunes.

Llegaron por la mañana y ya al mediodía, bajo el sol directo pero agradable, tendidos en la playa mi marido y yo observamos complacidos como los cuatro niños jugaban en la playa y nos felicitábamos de la idea de arrendar la casa. De pronto me di cuenta que los niños requerían protección para el sol y corrí hacia la casa en búsqueda del protector más adecuado. La arena caliente me hacía caminar a saltos lo que ocasionaba el movimiento oscilante y pesado de mis tetas globosas y morenas videos porno que se movían con libertad dentro del pequeño y holgado sostén.

Me gustaba esta sensación de desnudez y una excitación primaria despertaba en otra parte de mi cuerpo-. Al entrar en la casa me llamó la atención que mi hermana y Juan aun estuviesen en su habitación, pero no reparé mucho tiempo en ello por cuanto yo no sabía cuales eran sus rutinas familiares y ellos ocupaban la planta alta de la casa. Pero era justamente desde ese sector que llegaron a mí esos murmullos y sonidos casi apagados Fue como un estimulo diabólico y perturbador.

Sabía reconocer perfectamente cada uno de los murmullos que una mujer emitía cuando hacía el amor, y el hecho que allí en esa casa de playa se me diera la única oportunidad en años de tener acceso a la intimidad de mi hermana, tan aséptica, tan alejada de lo voluptuoso, actuó sobre mi desencadenando una curiosidad excitante y malsana. Me quedé inmóvil. Luego comencé a subir los peldaños de la escalera con un cuidado extremo para no romper el hechizo. Cada paso que daba ocasionaba en mi sexo una contracción deliciosa y a medida que me acercaba a la pieza de la pareja me sentía embargada por una tensión creciente que me estimulaba completa.

El pequeño bikini se me incrustaba a cada paso que ascendía y mis pezones ahora rígidos, me ocasionaban un cosquilleo que originaban corrientes por todo mi cuerpo. Solo quería pegar mi oído a la puerta y escuchar. El corazón casi se me detuvo al descubrir que la puerta estaba entreabierta. Entonces los vi.

La visión era salvajemente explícita. Ella estaba tendida sobre la cama, de espaldas, él estaba de pie, Con sus manos tenía cogidos los tobillos de ella y mantenía sus piernas verticales, mientras su pene entraba y salía de la mujer con un ritmo sabio. La mujer estaba próxima al paroxismo. Emitía unos quejidos plenos de placer mientras con sus manos tiraba de sus pezones que aparecían gruesos y dilatados. Fueron solamente algunos segundos. No quería que me descubrieran,

Bajé con cuidado la escalera y a los pocos segundos caminaba por la playa caliente mientras un orgasmo gigantesco se desgranaba desde mi sexo haciendo temblar mis muslos. Luego ya estaba tendida sobre la arena junto a mi marido y me di cuenta que no había traído bronceador alguno.

¿Que te preocupa tanto? Hace un rato que no me hablas.

La voz de mi marido me pareció lejana. Era verdad. Estaba sumida en el análisis consciente de lo que había visto.

Me parecía increíble que mi hermana tuviese ese cuerpo sensacional. Que guardara tal capacidad para la pasión sexual, que fuese una mujer tan completa en la relación, que originara tal estado de embeleso en su hombre, que se entregara de esa manera diabólica. ¡Como se relacionaba eso con la otra mujer, la tímida apagada, sin gracia? ¿Como era posible ocultar tal tesoro de sensaciones?

El resto del día, traté de hacer todo lo posible por olvidar las escenas que había visto y que me había impactado y me habían envuelto en una inusitada sensación de placeres no conocidos, de curiosidades insanas e ideas pecaminosas, hice mi mejor esfuerzo por no humedecer mis bragas pero eso era imposible, la excitación me invadía el cuerpo y mi mente luchaba con mi sexo para no delatarme No negaré que esa noche en la cama con Pedro, yo estaba descontrolada, e hicimos el amor como animales, él por supuesto estaba muy contento porque hacía algún tiempo la pasión entre nosotros había disminuido, pero esa noche ambos estuvimos brutales.

Los días fueron pasando, yo trataba de no dar ninguna señal de lo visto, pero una tarde estábamos todos en la playa con los bañadores puestos, los chicos estaban jugando a hacer castillos de arena, mi esposo y Juan, mi cuñado, estaban jugando con ellos, mi hermana estaba dormida sobre la arena, yo estaba leyendo una revista sin sentido. No se en qué momento pero Juan apareció delante mío diciéndome que prepararía para mi un trago que hacía pocos días había aprendido a hacer, me dijo: se llama seducción, verás que te gustará, hizo un mohín coqueto y se fue a prepararlo.

Yo me turbé, en ese momento un temblor profundo recorrió mi cuerpo entero, yo deseaba que ese gesto fuera una invitación al pecado, y mi mente se oponía a pensar que eso era, así es que yo trataba de convencerme que eran ideas mías. Al cabo de unos minutos, volvía de la casa y traía dos tragos, me ofreció uno, brindamos y realmente era delicioso, refrescante, tenía un sabor dulzón sobre un fondo amargo que me hacía evocar al sexo clandestino, a ese sexo que se tiene a escondidas.

Debo reconocer, que entre el alcohol y mis sensaciones, el trago tuvo un efecto más intenso que el normal, yo me sentía embriagada aunque en realidad no había sido tanto licor como para causar ese efecto. Él algo notó y me preguntó si estaba ebria, yo me reía y le dije que creía que si, él se rió, yo le dije voy a darme una ducha… Lo dije… tal vez como una invitación, no lo sé.

Caminé a la casa, yo imaginaba que él me miraba de espaldas, sentía su mirada en mis piernas, en mis caderas, en mi culo, me movía cadenciosamente, quería ser violada por el. Dejé todas las puertas abiertas, dejé el bañador en el pasillo, entré a la ducha y dejé el agua correr sobre mi cuerpo, tratando de quitarme las calenturas.

Yo ya había perdido la esperanza que él apareciera, pero de pronto, ahí estaba, parado cerca de mí, sin bañador, con su miembro erecto y brilloso, se estaba pajeando mientras me veía… que yo también me estaba pajeando, le hice una seña y entró a la ducha conmigo, me besó las tetas, me besó en la boca como si el fuera un tirabuzón, parecía que me destrozaría la lengua … me mordisqueó los pezones y metió su fierro profundo, mil veces…

Mil veces me penetró tan profundo que un orgasmo tras otro sobrevinieron a mi, mientras me llamaba por el nombre de mi hermana. Me puso de espaldas a él, y con ese fierro inmenso desde atrás, se clavó en mí causándome una sensación de placer que me hizo gritar mientras él se vaciaba por segunda vez.

Ahora estaba entendiendo por fin porque mi hermana era una mujer así,

¿Que podría necesitar una mujer si tenía un macho como el que recién me había poseído?

Ahora mi horizonte se había aclarado y yo estaba dispuesta a cruzarlo.

Al salir de esa ducha le pertenecía y podría tomarme cuando quisiera. Era lo que yo estaba deseando desde ese momento. Quizás si él querría tenernos en secreto.

Eso no me importaba. Porque yo estaba dispuesta a ser suya en la penumbra y a la luz del sol, lo demás era simplemente hablar con mi hermana y eso lo haría esa misma tarde.

Estaba segura que ella también quería compartir el paraíso. Las hembras como nosotras somos mujeres generosas.

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