Si tienes cualquier duda, estaremos encantados de ayudarte 902052573
en

Para participar en los foros de Bubok es imprescindible aceptar y seguir unas normas de conducta básicas. Puedes consultar estas normas aquí
X

    Sadomasoquismo.

     
Páginado 18 de 20 1 | 2 | 3 ... | 17 | 18 | 19 | 20
Sadomasoquismo.
salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
10 de Junio de 2011 a las 10:17
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-3. 


-Le pido perdón mi señora por la falta que he cometido, por favor perdóneme, no me volverá a pasar, se lo juro señora, perdón. 
-Bien, y ahora, el castigo. Descúbrete el culo y date con la regla seis golpes en cada nalga, fuertes y que duelan; quiero oírlos. 
-Sí mi señora.- Pilar oyó como María dejaba el móvil en el suelo, a su lado, y luego oyó los reglazos, uno a uno, los contó. Cada uno iba acompañado de un gritito de dolor y efectivamente, a los doce se paró. 
-Ya está mi señora.- María jadeaba. 
-¿Cómo que ya está? ¿Es que nadie te ha enseñado cómo tienes que castigarte cuando se te ordena? 
-No... no mi señora... nadie me ha enseñado nada antes... usted es mi primera ama, mi señora. 
-Ya veo. Voy a tener que trabajar mucho en tu adiestramiento y todavía no se si lo mereces ¿Tú crees que mereces que me tome tanto esfuerzo? 
-Seré muy obediente mi señora, se lo juro, pero por favor, enséñeme, se lo suplico. 
-Está bien; escucha atentamente cómo lo tienes que hacer. Contarás los reglazos y me darás las gracias por cada uno, por ejemplo, te darás y dirás; "uno, gracias mi señora, dos, gracias mi señora, tres, gracias mi señora..." y así hasta el final. Vamos, repite el castigo a ver si esta vez lo haces bien. 
-Sí mi señora.- Y Pilar comenzó a oír consecutivamente el "uno, gracias mi señora, dos, gracias..." acompañados del ruido del golpe y los grititos de dolor de María, hasta que terminó con los doce. Pilar se estaba metiendo los dedos en el coño y sobre la zona de la braga que le cubría la mano ya tenía una mancha como el mapa de Australia. 
-Ya está mi señora, ya he cumplido el castigo. 
-Bien ¿y ahora? 
-Yo... esto... le doy las gracias, mi señora, por haberme castigado. 
-Muy bien, respuesta correcta. Te merecías el castigo y eso te hará aprender. 
-Sí mi señora, gracias mi señora, estoy para servir a mi señora. 
-¿Y ahora que has pagado tu falta vas a contestarme bien sobre la pregunta de que ropa vistes en este momento? 
-Sí mi señora. Llevo unos zapatos de medio tacón, tipo chancletas, sin medias, tanga negro, sujetador de tirantes a juego y encima una camiseta holgada de hombre que me llega por encima de las rodillas, como si fuese un vestido, y el pelo recogido con un pañuelo naranja. Eso es todo lo que llevo mi señora. 
-Ahora sí estoy satisfecha con la respuesta ¿Ves cómo puedes ser obediente como a mi me gusta María? 
-Sí mi señora, muchas gracias mi señora. 
-Quítatelo todo, menos los zapatos y el pañuelo de la cabeza, dejas la ropa en el suelo, al lado de la regla y después te vuelves a poner de rodillas para seguir hablando conmigo !Vamos! 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
11 de Junio de 2011 a las 17:30
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-4. 


-Sí mi señora.- Pilar oyó los movimientos. Fueron unos instantes.- Ya está mi señora, ya estoy otra vez de rodillas. 
-¿Y en pelotas? 
-Sí mi señora. 
-Llévate la mano al coño y dime cómo está. 
-Chorreando mi señora, como si me hubiese orinado un poco mi señora. 
-Estás obedeciendo bien. Voy a premiarte.Métete tres dedos y pajeate hasta que yo te diga. 
-Sí mi señora. 
   María comenzó a jadear de placer, casi gritaba, cada vez más deprisa, y Pilar, mientras la oía, se estaba metiendo los dedos también de tres en tres. 
-!Basta!- Cortó Pilar. Ya casi había pasado la media hora, lo acababa de ver en el reloj que aparecía en la esquinita inferior de la pantalla del ordenador. 
-Sí... sí... sí mi señora.- Respondió María respirando con dificultad. 
-¿Dónde y cuándo podemos vernos María? 
-En mi casa, mi señora, cuando usted quiera hasta el domingo por la tarde, que regresa mi marido. Es camionero mi señora y yo prefiero que no se entere de nada. No lo entendería. 
-Tranquila, si me interesas lo mantendremos en secreto. 
   Mejor, pensó Pilar. Los casados eran los parteners que menos complicaciones provocaban. Una esclava deseosa de ser adiestrada y encima con sitio propio. Un chollo. 
-Pero te lo advierto María, a mi me gustan las esclavas muy obedientes. 
-Lo seré mi señora. 
-Tendrás que esforzarte mucho en cumplir mis órdenes y en complacerme. 
-Se lo juro mi señora, no la defraudaré. 
-Y además, te castigaré muy severamente cada vez que cometas una falta. 
-Sí mi señora, debe usted castigarme muy duro cada vez que me equivoque. Lo merezco mi señora. Yo le daré las gracias por cada castigo. 
-Dime la dirección.- María se la dijo y Pilar la apuntó en un posit que luego metió en el monedero de su bolso. -Perfecto. Mañana nos veremos; llegaré a las dos y media y estaré contigo hasta las cuatro de la tarde ¿Te viene bien? 
-Fenomenal mi señora. 
-Así nos conocemos. Hora y media bien empleada dan para mucho, pero en principio y hasta que no nos veamos las caras, no te prometo nada. 
-Como usted desee mi señora. 
-Hoy, durante todo el día, y mañana hasta que nos reunamos, no llevarás bragas. Eso te ayudará a no dejar de pensar en mí hasta la cita. 
-Estoy ansiosa porque llegue mi señora. 
-Y nada de pelos, ni en los sobacos ni en el coño. Te quiero totalmente afeitada y depilada; sólo te permito tener pelo en las cejas y en la cabeza ¿Has entendido? 
-Perfectamente mi señora, así será. 
-Adiós María. 
-Adiós mi señora.- María dijo esto un poco exultante; con auténtica sinceridad. Nada tenía que ver con el tono asustado y nervioso que tenía al principio de la conversación. Pilar estaba muy satisfecha. Se colocó bien las bragas y entró en cuarto de baño particular de su despacho para lavarse las manos. Ella también estaba casada, como María, y su marido tampoco sabía nada de su afición al Sadomaso, ni sería capaz de entenderlo. Vivirlo como una afición secreta, como una doble vida, tenía sus inconvenientes, pero después de tantos años Pilar había llegado a la conclusión de que era la mejor manera de hacerlo si uno valoraba y respetaba de verdad a su familia. Y ella la respetaba. Le encantaba su cómoda casa de cuatro habitaciones en el centro de la ciudad, adoraba a sus dos hijos, ya adolescentes, que eran cariñosos, responsables y brillantes en los estudios, y amaba de verdad a su marido, un hombre ya maduro, médico, guapo y atento con ella, cuyo único defecto; su baja actividad sexual, se había convertido con el paso de los años en; primero; la principal inducción a su disfrute extramatrimonial del Sadomaso, y en segundo término; una circunstancia personal que facilitaba sus contactos, puesto que si la normalidad de tu cónyuge es vivir en la apatía sexual, se evitan así casi todas las sospechas y suspicacias. Y luego está el hecho de que la vivencia del SM tiene una poderosa tendencia promiscua; a Pilar se le hacía muy difícil pensar que era posible llevarlo a cabo bien, acompañado de una pareja estable. En resumen, Pilar era de las que pensaban que era mucho mejor hacerlo en solitario, y aunque sus circunstancias personales a ello la obligaban, ya no pensaba que eso, en el fondo, fuese una traba. Recogió las persianas de su despacho y abrió la puerta de par en par; asomó la cabeza al hall y llamó a su secretaria. "Bueno" pensó "volvamos a la realidad". La secretaria entró y Pilar le pidió que por favor no cerrara la puerta a sus espaldas; quería que se ventilara un poco el despacho después de la videoconferencia. 
-Sí, huele un poco raro.- Confirmó la secretaria. 
-¿Verdad?- Dijo Pilar,mientras sacaba unos papeles y comenzaba a trabajar. 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
14 de Junio de 2011 a las 10:12
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-5. 


   Pilar estaba frente a la puerta de la casa de María; había llegado en punto, como a ella le gustaba, y aunque eran las dos y media no había comido por si tenía sexo; quizá fuese un estúpido prejuicio, pensó, pero ella creía que se disfrutaba más de los reales si se iba con el estómago vacío. Ya comería luego. María la estaba esperando dentro; acababa de hablar con ella hacía tan solo tres minutos, la había llamado para decirla que iba a entrar en la verja del jardincito, que dejara la puerta de la casa de tal forma que tan solo con empujarla se pudiera abrir y que se quedara delante de rodillas, con la cabeza agachada, con la frente pegada al suelo, esperándola a que entrara. También le había ordenado que llevara un camisón corto, si tenía, transparente, tanga, zapatos de tacón alto y un par de pinzas de tender la ropa en cada pezón. María había dicho que sí a todo, emocionada. Le temblaba la voz, nerviosa como un flan, segundos antes de conocer a su nueva ama. Pilar respiró hondo; en efecto, la puerta de la casa estaba entreabierta y sólo había que empujarla un poco; se arregló la falda y el pelo, siempre había considerado muy importantes los primeros segundos de un primer encuentro, así que pensó un poco en qué postura pondría y qué diría nada más traspasar el umbral. Al otro lado debía de estar María arrodillada, esperándola, sí, estaba, pensó Pilar, podía oler desde allí su miedo inicial y su ansiedad excitada. Soltó el aire y empujó la puerta despacio. Entró. 
   En efecto; allí estaba, tal y como le había ordenado. Pilar cerró la puerta tras de si y se plantó enfrente con una mano en la cintura. El camisón que llevaba era un poco repollo y de tela sintética, o sea, de una tienda de chinos, y barato, pero era transparente y tan corto que en esa posición, de rodillas y con la frente pegada al suelo, le dejaba prácticamente al aire todo el culito.  Los zapatos eran muy altos, pero de tacón gordo y no finito, como a Pilar le gustaba, y con cordones que se ataban a la pierna con varias vueltas por encima de los tobillos. Ese efecto en cambio le quedaba muy bonito y mejoraba sus extremidades, musculadas y fibrosas, aunque de color un pelín blancas. El tanga apenas podía verlo, porque lo ocultaban las nalgas, que la tener la piernas juntas, estaban pegadas, pero lo poco que se podía ver del cordón era rosita claro con algunos puntitos de purpurina. El pelo de María era caoba oscuro, probablemente de tinte, porque su tonalidad era demasiado intensa y regular, y acabado en puntas un poco erizadas, hasta cuatro dedos por debajo de la nuca. Tenía los brazos en el suelo, extendidos hacia delante y mantenía la cara pegada al parqué del piso, y las palmas de las manos, boca abajo. Aquella manera espontánea de poner los brazos reforzaba más aún si cabe el aire de sumisión que la envolvía. Pilar se sintió muy satisfecha con todo lo que estaba viendo. 
-Levanta la vista y saluda a tu ama.- Dijo. 
   María, que durante aquellos eternos segundos de silencio, había estado temblando como un cachorrillo, levantó la cabeza poquito a poco, hundiendo el cuello en el pecho. Abrió la boca para decir algo pero ante la visión de Pilar se quedó muda; intentaba hablar, pero no le salían las palabras; movía un poco la parte inferior de su mandíbula pero sin emitir sonido alguno. 
-Habla de una vez esclava. 
   Pilar estaba divina; en el pasillo, con la puerta cerrada a su espalda. Se puso el otro brazo también en la cintura, con lo que quedó en jarras, bajando la vista hacia el rostro de María, dura y dominante. Llevaba zapatos de tacón de aguja, aunque no muy altos, de charol negro brillante, medias oscuras y falda por encima de las rodillas, muy ajustada. Chaqueta a juego. Traje, por tanto, típico  de ejecutiva con un aire intencionadamente serio pero que no renuncia, porque puede, a resaltar la figura de su hermoso cuerpo; color azul muy oscuro, casi tipo azafata. Por dentro camisa de un blanco impoluto y un pañuelo al cuello, también azul, como el traje. El pelo rubio, muy liso, con un ligero toque rojizo, peinado  con tiralíneas, estirado hacia detrás y recogido con fuerza con una cola, por supuesto azul. 
-Bienvenida... mi señora... qué guapa eres.- Balbuceó por fin María. 
-¿Y las pinzas de ropa en los pezones? 
   María se llevó las manos a sus pechos, generosos y firmes, con auténtica sorpresa. 
-Se me olvidaron mi señora... estaba tan nerviosa... 
-¿Se te olvidaron? 
-Se me olvidaron las pinzas mi señora, lo siento mucho, por favor, perdóneme mi señora, lo siento. 
   La voz un poco ronca de María le pareció a Pilar que le daba un aire aún más morboso a sus súplicas. En definitiva; estaba más que satisfecha con todo, así que pensó que había llegado el momento de divertirse un poco. 
-Más lo vas a sentir ahora.- Dijo Pilar.- Porque te voy a castigar por ello. 
-Sí mi señora. 
-Levántate del suelo y llévame al dormitorio. 
-Sí mi señora. 
-Vamos. Muévete. Corriendo.- Y María se levantó y comenzó a andar deprisa. 
-Sí mi señora, como ordene mi señora. 


SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
17 de Junio de 2011 a las 19:51
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-6. 


   María comenzó a andar y Pilar la seguía. Su pelo negro, ondulado y bien peinado caía en campana hasta sus hombros. Inspiraba cierto contraste, el aire de seriedad y orden del pelo, con el camisón corto, rosa y transparente, muy de putón barato, que llevaba. Andaba muy bien con tacones, con la naturalidad grácil  y un poco arqueada de mujer acostumbrada a llevarlos siempre. María tenía un cuerpo hermoso, un poco musculado pero sin dejar de ser femenino, bien marcado. Desde su posición, detrás de ella, siguiéndola, pudo observarla bien el culo y era precioso; con forma de manzana. María debía de tener bien pasados los cuarenta pero se notaba que hacía ejercicio y que se cuidaba. Atravesaron el pasillo, llegaron al salón y subieron las escaleras del fondo hasta la planta superior. La casa era un chalet unifamiliar, amplio, con enormes ventanas. Todo estaba limpio y ordenado. A Pilar le llamó la atención la intensa luz que entraba; hecho también acentuado por ser la hora de la comida. También se dió cuenta de que todos los visillos de todas la ventanas y puertas de cristal de la casa, estaban echados. Todos eran del mismo tipo de tela, un beige semirosáceo y transparente ¿Como el camisón? Con lo que la fuerza de la luz solar, que los atravesaba, inundaba todas las estancias de un sugerente color rojizo ¿Como el tanga? Entraron al dormitorio. Todas las puertas estaban abiertas. Era la habitación principal de la planta superior, amplia y casi totalmente llena de ventanas; si la luz cobriza de la casa era abundante, allí era una orgía. Los chorros de sol teñidos de seda anaranjada entraban hasta el centro como una cascada recta, y a pesar de tanta luminiscencia, la temperatura era fresca y agradable. Pilar observó que aparato de aire acondicionado estaba funcionando. María había pensado en todo; los visillos echados para que nadie pudiese ver nada raro desde fuera y el aire funcionando para neutralizar el calor que a esas horas se daba en el exterior. 
-Quítatelo todo menos los zapatos y te pones de rodillas en el centro de la cama. 
-Sí... sí mi señora... enseguida. 
   Pilar tiró su bolso al suelo y observó como María se quitaba el camisón y en tanga; luego se subió en la cama y gateó de rodillas hasta su centro. 
-Ponte recta y bien erguida, así, veamos... buen culo, buenas tetas ¿y el coño? ¿Te lo afeitaste como te dije?  
-Sí mi señora, ayer por la noche y otra vez esta mañana, antes de meterme en la ducha; mire mi señora. 
   Pilar se abrió de piernas y se llevó las manos al pubis abriéndose la raja. En efecto, el chocho estaba totalmente rasurado y la piel de la zona un  poco más blanca que la del resto del cuerpo. 
-No te muevas, quédate así. 
-Sí mi señora. 
   María se quedó en esa posición, abriéndose en coño, inmovilizada; tenía la boca un poco abierta, con los labios un poco arqueados hacia abajo, pero no parecía una mueca de disgusto, sino de concentración, y entrega. No era muy agraciada de rostro, porque tenía una nariz quizás demasiado generosa y arrugas en las comisuras de los ojos, pero su boca grande, y de labios carnosos, le daban un aire saludable. El pelo, además, le caía triangularmente a cada lado de la cara, con lo que tenía un cierto aire de india americana, que la aniñaba y la favorecía. En general el balance era muy positivo, pensó Pilar, mientras la observaba atentamente el chocho, que se abría a conciencia con sus manos, y recordaba su hermosísimo culo. 
-Ven al extremo de la cama, acércate a mí, pero sin dejar esa posición. 
-Sí mi señora. 
   Y María avanzó despacio de rodillas hasta llegar a su lado. Pilar la acarició un poco el pelo y lo encontró suave y limpio al tacto. Luego le rozó con el dedo las mejillas sonrojadas. María la miraba ahora tierna, como una niña, y temblaba un poco con cada caricia. Estaba en el extremo de la cama, como se lo había ordenado, de rodillas, sentada sobre sus piernas y en pelotas. Le encantó verla así, tan sumisa y dispuesta, y le gustaba como obedecía, entendiendo la orden a la primera, rápidamente, y actuando al instante y sin dudas. Comenzó a meterle dos dedos en la boca y la reacción fue la que Pilar deseaba. María comenzó a chupárselos con intensidad y avaricia; movía sin parar la lengua alrededor de los dedos y sus labios no paraban de subir y bajar. Pilar los sacó de su boca tras unos segundos, se los limpió en las mejillas de María y comenzó a quitarse la ropa. No dejaba de caminar alrededor de la cama mientras lo hacía; de un lado a otro, y vuelta a empezar, como si fuese una modelo en la pasarela. La chaqueta, la camisa, el sujetador, la falda, el pañuelo al cuello, el tanga y la cola azul con la que se sujetaba el pelo. María la miraba como si aquello fuese una aparición; tenía los ojos como platos y en el rostro un gesto casi infantil y nervioso de satisfacción. Pilar fue tirando una a una todas las prendas al suelo, hasta quedarse solo con los zapatos altos de charol y las medias negras a medio muslo. Se paró frente a María, otra vez, con las manos en jarra. Tenía un cuerpazo, aunque muy pocas tetas, apenas nada, pero sus caderas eran de diosa, con un vientre perfecto, lleno de curvas, suaves, que iban resbalando indolentemente hasta su coño; no afeitado del todo, pero recortado meticulosamente con tijera casi al límite. María no la quitaba los ojos de encima; parecía como si la estuviese rezando. Pilar miró al suelo a su alrededor con toda su ropa desparramada. 
-La recoges toda y la dejas dobladita y ordenada encima de aquel mueble !Vamos! 
-Sí mi señora.- María saltó disparada de la cama y comenzó a recoger la ropa como se le había ordenado; enseguida lo dejó todo sobre la cómoda, tan bien, que de lejos parecía ropa recién planchada y por último puso allí también el bolso de Pilar. Era un bolso grande y parecía contener muchas cosas. 
-Saca la fusta. 
   María abrió la cremallera y sacó una fusta negra que cabía justita a lo largo del bolso; la sacó del todo, volvió a cerrarlo y lo dejó encima del mueble junto a lo demás. 
-Sujétala con los dientes, te pones a cuatro patas y me la traes así, caminando como una perra. 
   María intentó decir "sí mi señora", pero con la fusta en la boca sólo logró emitir una especie de gruñido de asentimiento. Cuando llegó al lado de Pilar se quedó de rodillas, levantó la cara, ofreciéndole la fusta que sujetaba con la boca y puso las manos dobladas, como hacen los perritos cuando entregan el palo al amo que se lo acaba de tirar. 
-Así, muy bien.- Dijo Pilar, mientras cogía la fusta con una mano y le acercaba la otra a la boca, que María comenzó a lamer de inmediato. 
-O sea, que esta perrita desobediente olvidó ponerse las pinzas en los pezones como yo le había ordenado ¿No es así? 
-Sí mi señora, así es mi señora, le pido perdón a mi señora.- Y siguió lamiendo.- Perdón, perdón. 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
22 de Junio de 2011 a las 11:44
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-7. 


   Entre los pies de la cama y la cómoda donde María había puesto doblada y ordenada la ropa que Piular se acababa de quitar, debía de haber unos tres metros. Un buen espacio, abierto y despejado, para moverse sin agobios. A Pilar, cuando castigaba a algún esclavo o esclava, le gustaba estar de pie, moviéndose a su alrededor, de un lado a otro del ser dominado. Por eso le ordenó a María que se levantara, ya que continuaba de rodillas en posición de perrito, y que se pusiera en el centro de aquel espacio diáfano del dormitorio. 
-Las piernas abiertas, el culo hacia fuera, las tetas bien altas, como la frente, y las manos en la nuca, como le hacen los policías a los malos en las películas. Vamos, vamos, perrita. 
-Sí mi señora, sí mi señora... -Mientras María obedecía a toda pastilla, Pilar se movía a su alrededor, con una mano sostenía firmemente la fusta y con la otra se tocaba el coño, y se metía y se sacaba un par de dedos, ya que seguía sin nada más encima más que los tacones y las medias a medio muslo. 
   Las dos eran casi de la misma altura. Pilar la agarró del pelo y la giró la cabeza, avanzando su rostro y dejándoselo tan pegado a su cara que María podía oler la saliva de Pilar con cada palabra que decía. 
-Mantén la posición; no quiero que hagas ni un solo movimiento hasta que yo te lo ordene, perra. 
-Sí mi señora. 
   Pilar observó un instante la mirada que le lanzaba María, tan sólo a unos centímetros de sus ojos. Jamás nadie la había mirado nunca con tal amorosa devoción. Lo del carnero degollado se quedaba muy corto, pensó. Y comenzó a tocarle el culo, y las tetas, con fuerza; apretando la carne en serio. Sintió como se le humedecía el coño mientras la magreaba. Aquello estaba todo duro y estupendo. Aunque fuese un poco feita de cara. Le acercó la mano a la boca. 
-Bésala.- Y María comenzó a besar con tanta fuerza los dedos que parecía que daba chupetones. 
-Basta perra. Levanta más los codos, así, bien arriba, la frente alta, junta las rodillas, eso es, y separa los tobillos todo lo que puedas y ahora, lo más importante, el culo. Tienes que ponerlo sobresaliendo y en pompa, así es, perfecto, bien ofrecido, como la perra que eres. 
-Sí mi señora ¿lo estoy haciendo bien, mi señora? 
-Tienes mucho que aprender y por eso voy a castigarte, para que aprendas. 
-Sí mi señora. 
-Cuando yo ordene algo tú tienes que obedecer sin rechistar y punto. 
-Sí mi señora.
-Pero no, tú tenías que olvidarte de ponerte una pinza de ropa en cada pezón ¿verdad? Perra desobediente. 
-Perdón mi señora, pero es que estaba tan nerviosa esperando vuestra visita, y no para de pensar en como seríais, y tenía algo de miedo... 
-Silencio. 
-Sí mi señora. 
-Da igual lo que pasase, has desobedecido y voy a castigarte; y así será siempre de ahora en adelante. 
-Sí mi señora. 
-Pero antes de azotarte, y ya que lo has mencionado, dime una cosa, ahora que me has visto desnuda ¿te parezco atractiva? 
   A María se le iluminó el rostro y bajó un poco la frente para mirarla. 
-Sois guapísima mi señora, sois mucho más hermosa de lo que yo esperaba; estoy tan contenta... yo... yo... haré todo lo que me digáis, mi señora, soy vuestra, haced conmigo lo que os de la gana, os lo suplico. 
-Por supuesto que lo haré perra. Pero basta de charla; levanta un poco el culo que voy a comenzar. 
-Ay, ay, ay...- Comenzó a susurrar María. Le temblaban las piernas. 
-¿Qué pasa? 
-Es que tengo miedo mi señora, no sé si podré aguantarlo, es que nunca me han pegado, ay, ay, ay... 
-Silencio perra, aguantarás lo que tu dueña, que soy yo, te ordene aguantar.- Pilar estaba como una moto, metiéndose los dedos de cuatro en cuatro y ahora chorreando entrepierna abajo. El miedo de María, que movía los pies dando saltitos por el nerviosismo, la estaba provocando uno de los mayores calentones de su vida. 
-Quieta. 
-Sí... ay, ay, ay... sí mi señora. 
   Pilar respiró hondo y le lanzó un fustazo certero y directo al centro de la nalga izquierda. Inmediatamente después de habérselo dado, pensó que quizás había sido demasiado fuerte para ser el primero. Pero en fin. Ya estaba hecho. Y qué bonito había sonado el extremo en palmeta de la fusta negra al chocar contra la piel. Una delicia, pensó, mientras se metía ya casi la mano entera en el chocho empapado. 
   María dio un respingón, casi un salto, soltó un grito seco, se llevó las dos manos a la nalga azotada y comenzó a corretear en círculo alrededor de Pilar, agachándose u levantándose sin parar. 
-Ay, ay, ay, cómo duele mi señora, ay, ay, ay. 
   Al fin se paró y se dejó caer de rodillas a los pies de Pilar; tenía los ojos inundados de auténticas lágrimas y continuaba con ambas manos sobándose el culo para aliviar el fustazo. 
-Ay mi señora, duele mucho, ay, ay, ay.- Y siguió llorando como una niña, ya totalmente desatada. 
   Pilar volvió a acariciarle la mejilla, como antes, aunque ahora estaban mojadas. 
-Veo que tenemos mucho trabajo por delante, perrita. Necesitas urgentemente adiestramiento. 
-Pero no me pegue más, por favor mi señora, se lo suplico, por favor, duele mucho, no me pegue más, ah... ah... ah. 
-Eso es imposible María. 
-¿Pero por qué? 
-Porque tú eres mi esclava y yo te pegaré siempre que lo desee; a veces porque hayas cometido una falta, y a veces, aunque no hayas desobedecido, lo haré simplemente porque me da placer verte sufrir. 
   Pilar se agachó y le dio un beso en los labios que María respondió con un arrebatamiento apasionado, a pesar de los lloros, enternecedor. 
-Mira, tú puedes elegir tenerme como ama o no tenerme, pero si eliges estar bajo mi dominio tendrás que aceptar todos los castigos que te imponga, y por supuesto, tendrás que aceptar que te pegue. -Continuó Pilar.- Y ahora dime ¿quieres que me vaya, para siempre, o quieres que me quede? 
   María volvió a estallar en sollozos y se lanzó a uno de los pies de Pilar, y no paraba de besarlo y de lamerlo mientras hablaba. 
-No, no me deje mi señora, no me deje, por favor, seré buena, se lo juro, seré una perra buena y obediente, pero no me deje. 
   Pilar la levantó suavemente la barbilla con una mano y se agachó para ponerle otra vez el rostro muy pegado a su cara. 
-Pues entonces vuelve a la posición. Perra. 
-Sí mi señora. 
   Ahora de pie, en el centro de la habitación y con las manos en la nuca, estaba temblando toda, como una hoja en otoño, y hacía pucheros. Pilar dejó la fusta encima de la cómoda y se puso justamente delante de María; la abrazó y comenzó a besarla, metiéndole de primeras con fuerza la lengua en la boca. María no sólo correspondió el beso, sino que bajó los brazos y abrazó también a su ama con auténtica ternura. Ya estaba más tranquila. Pilar la toco el coño recién afeitado y también chorreaba. 
-Te he dicho que mantengas la posición.- Dijo Pilar entre jadeos susurrantes. 
-Sí mi señora, yo haré todo lo que me diga, muchas gracias. 
-¿Gracias por qué? 
-Por besarme mi señora, es usted muy buena, y muy guapa, y me estoy enamorando de mi señora.- Y volvió a besarla con lengua. 
-Basta, no hables tanto y prepara el culo. 
-Ay, sí mi señora ¿Me va a volver a pegar? 
-Pues claro perra, tienes pendiente el castigo. 
-Sí mi señora. 
   Pilar volvió a coger la fusta y se puso detrás de María preparada para golpear. María cerraba con fuerza los ojos y apretaba la boca, esperando el próximo fustazo. 
-No quiero que te muevas, perra desobediente ¿Has entendido? 
-Sí mi señora. 
-Si vuelves a abandonar la posición recibirás el doble de fustazos en el culo. Repite lo que acabo de decirte. 
-Que si me muevo cuando mi señora me pegue me va a dar el doble por desobediente. 
-Correcto, vamos allá. Prepárate. 
-Sí mi señora. 
-Ya te lo he dicho antes; tienes mucho que aprender, pero no te preocupes, yo, y mi fusta, nos ocuparemos de que aprendas deprisa !Más arriba ese culo, perra! 
-Sí mi señora, perdón ¿así está bien, mi señora? 
-Sí, mantenlo así sin moverte, perra desobediente, y vamos allá de una vez.- Puso la mano izquierda en la espalda de María, para centrar la puntería, y mirándole fijamente las nalgas temblorosas, levantó la mano derecha con la que sostenía la fusta. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
26 de Junio de 2011 a las 17:26
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-8. 


   Esta vez Pilar se contuvo un poco y el fustazo que lanzó al culo de María no fue tan fuerte como el primero. María lo aguantó relativamente bien; puso cara rara al sentir el golpe, bajó los brazos que se le habían ordenado mantener en alto, con las manos en la nuca, pero no movió sus pies del centro de la habitación. En líneas generales, esta vez mantuvo la posición. 
   Pilar, que era una perfeccionista, sin decir nada, dejó un momento la fusta encima de la cómoda de la ropa, le agarró los dos brazos y volvió a ponerle las manos en la posición correcta. Luego le puso una mano en la barriga y con la otra le sobeteó el culo por la zona castigada. María gimoteaba. Le resbalaban gruesos lagrimones por las mejillas, pero aunque temblaba como un flan, no se movía. 
-Ahora te voy a dar tres seguidos, perrita. 
   María lanzó un sollozo desconsolado por respuesta. 
-Arriba ese culo, vamos, bien ofrecido, sí, sí, así, muy bien, vamos allá. 
   Pilar recuperó la fusta, se puso detrás y lanzó rápido, uno detrás de otro, los tres fustazos en la misma nalga. Esta vez María ni siquiera bajó los brazos pero no hacía más que repetir "ay, ay, ay" y lloraba. 
-Vamos, no es para tanto.- Pilar cambió de posición pasando al lado derecho.- Ahora sigamos con otros tres en la otra nalga.- Y volvió a pegarla. 
   Nada. Lo aguantó bien. Pilar la chistó un poco para que no sollozara muy alto; le excitaba que llorara, pero le gustaba más que lo hiciese bajito. Volvió a meterse los dedos de cuatro en cuatro. Estaba muy calentorra. 
- A ver, ahora descansa un poco. Ponte de rodillas y pide perdón. Cuando te lo ordene volverás a levantarte para ponerte en la posición y seguir recibiendo el castigo. 
-Sí... mi señora... - María ya se había arrodillado y juntó las palmas de las manos delante del rostro, como los niños cuando rezan; miraba a Pilar desde abajo con los ojos empapados. 
-Perdón mi señora, le suplico que me perdone, por favor mi señora, no volverá a ocurrir, cuando usted me lo ordene me pondré las pinzas en las tetas y lo que usted quiera mi señora, pero por favor, perdóneme. 
   Pilar estaba como una olla a presión, de pie, delante de María arrodillada y suplicante. La cogió del pelo y la puso el coño en la boca. 
-Cómeme el chocho, vamos, así, metiendo bien la lengua perra !Vamos! 
   María dejó de llorar al instante y se juntó con fuerza a Pilar hundiéndole la boca en el coño y haciéndolo con una intensidad que casi le provocaba asfixia por querer meterle la lengua muy adentro. Entre su saliva, los abundantes jugos vaginales que soltaba su ama y las lágrimas que había derramado, pronto tuvo la cara empapada, pero no decía nada, simplemente besaba y lamía como una loca. Esta vez era Pilar la que temblaba, había tirado la fusta al suelo y con ambas manos se apretaba la cabeza de María contra su entrepierna. Tenía la boca abierta, la frente levantada y los ojos en blanco.  
   Aquello duró más de diez minutos. Pilar se tambaleaba un poco, enloquecida por el placer y María arrodillada abrazaba a Pilar ansiosa a la altura del culo, hundiéndole la boca a conciencia y dando cabezazos interminables. Estiraba tanto la lengua para metérsela bien adentro que ya le dolía, pero no por eso disminuía la intensidad de los lametazos; aguantaba el dolor y seguía comiéndole el coño con la misma furia. Al final fue Pilar la que le apartó la cara; dio unos pasos hacia atrás, recogió la fusta del suelo y respiró hondo. Sudaba. 
-Vuelve a la posición, vamos a acabar de una vez con lo del castigo.- Era la misma perfeccionista de siempre; odiaba dejar cualquier cosa inacabada, aunque tuviese que interrumpir lo que fuese. 
-Sí mi señora.- Esta vez María no protestó, si siquiera lloró; simplemente se limpió la boca mojada con el brazo mientras se levantaba y se ponía como lo tenía ordenado. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
2 de Julio de 2011 a las 8:31
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-9. 


-Así. Por fin pones bien el culo. 
-Gracias mi señora. 
-Vas a recibir seis buenos fustazos en cada nalga ¿Y te acuerdas cómo los contabas cuando te ordené que te pegaras por teléfono? 
-Sí mi señora. 
-Pues estos los contarás igual, uno a uno y dando las gracias por cada fustazo. 
-Sí mi señora. 
   Pilar dio unos pasos y se situó detrás de María. Estaba soberbia sólo con los taconazos, las medias, el coño empapado y el pelo recogido en un moño con fuerza. Hizo unos movimientos de calentamiento con la mano que sujetaba la fusta; tomó aliento y comenzó. Los golpes cayeron rápido, uno detrás de otro, porque María los contaba enseguida. Luego pasó directamente a la otra nalga, sin interrupciones y lo mismo. Al terminar María jadeaba y lanzaba algún tímido "ay, ay, ay" y Pilar dedicó unos instantes a magrearle el culo castigado; estaba precioso, enrojecido por los golpes, caliente y sudoroso. Entre magreo y magreo hundía la mano por el centro de las nalgas, metiéndole un par de dedos en el coño como quien no quiere la cosa, con naturalidad, y los dedos entraban de maravilla, entraban y salían hasta el fondo, porque si Pilar tenía el coño mojado, María lo tenía más aún; lo tenía chorreando. Y por supuesto, en ese momento mantenía la posición y se dejaba hacer. 
-Baja los brazos y tócate las tetas. 
-Sí mi señora. 
-Ábrete de piernas. 
-Sí mi señora. 
-Guau... te entra la mano entera sin problemas. Mira, mira. Hasta el fondo la meto. Por lo menos da las gracias perrita. 
-Gracias mi señora, muchas gracias mi señora, y también gracias por haberme castigado mi señora, me lo merecía, mi señora. 
-Hum... qué culazo tienes. Cómo me gusta. 
-Gracias mi señora. 
-Voy a disfrutar mucho castigándolo. 
-Sí mi señora. 
-No sólo te azotaré para disciplinarte cuando cometas una falta; también lo haré a veces simplemente porque me apetezca, y tú tendrás que aceptarlo sin rechistar ¿Entendido? 
-Sí mi señora. 
   Durante toda la conversación Pilar no paraba de magrearle el culo y meterle los dedos y hasta la mano completa en el coño. María era la que tenía ahora los ojos en blanco, mientras se apretaba con saña las tetas y temblaba, otra vez, pero ahora enloquecida por el placer. 
-Ahora lo que me apetece- Continuó Pilar- es tumbarte en la cama y follarte durante un buen rato. 
-Sí mi señora. 
-Pero no, se me ha hecho tarde y tengo que irme. 
-Oh... como guste mi señora. 
-Rápido, tráeme un clínex o algo así, y sécame bien el coño. Vamos. 
   María fue a la cómoda y sacó un pañuelo blanquísimo y planchado; y con actitud amorosa, un poco arrobada, se arrodilló de nuevo ante Pilar y comenzó a limpiarle ña raja y las piernas chorreadas. Al terminar, y sin que su ama le hubiese dicho nada, María la besó el coño. 
-Guarda la fusta en el bolso. 
-Sí mi señora. 
-Y ahora tráeme la ropa y ayúdame a vestirme. 
-Sí mi señora. 
   Mientras María la ayudaba a ponerse las bragas, Pilar la cogió de la barbilla. 
-No pongas esa carita triste; tranquila. Yo te llamaré enseguida y lo volveremos a repetir muy pronto. 
-Gracias mi señora; muchas gracias. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
6 de Julio de 2011 a las 18:25
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-10. 


   Ocho y media de la mañana en punto. Pilar acababa de entrar en su despacho. Como siempre, dejó tras de si la puerta abierta y fue directa a su sillón. Ya estaba su ordenador encendido; de eso se encargaba su secretaria, diez o quince minutos antes de que ella llegase. Tecleó su clave y todo listo. Ser la directora jefe de una empresa que se dedicaba a la creación y venta de software tenía alguna ventaja, pensó. Sacó su móvil y lo puso en el receptáculo que tenía para él encima de la mesa, y nada más ponerse los fones con micrófono en la cabeza, apareció en pantalla el primer mensaje. Sus informáticos le habían creado aquel sistema a medida; con él podía realizar todas las funciones del móvil a través del ordenador. 
   "Mi señora, espero que haya pasado una buena noche. Mi marido acaba de irse a trabajar y ya estoy sola en casa. Si le apetece puede llamarme. Estoy deseando obedecerla mi señora, no puedo dejar de pensar en usted ni un minuto." 
   Era María.Inmediatamente después de leerlo lo borró y se llevó la mano por debajo de la falda sin dejar de mirar la pantalla. Desde que tuvo la sesión con María estaba con un calentón tremendo; esa mañana no se había puesto bragas y se había metido en el coño un consolador de tamaño pequeño; un poco más grueso que su pulgar, que aunque tenía función de vibrador, ella utilizaba siempre sin pilar porque le resultaba desagradable el zumbido que emitía cuando entraba en funcionamiento. Se metió los dedos entre los labios húmedos del coño y sacó el consolador un poco hacia fuera, y volvió a meterlo. A sacarlo y a meterlo. Y así estuvo unos minutos mientras recordaba las caritas de dolor que ponía María cuando ella le azotaba su hermosísimo culo con forma de melocotón. La mesa de su despacho estaba cerrada por delante por una larga tabla que hacía de travesaño, con lo que nadie podía verla mientras se pajeaba, aunque la puerta permaneciera abierta y al otro lado pasara constantemente gente a un lado y otro del hall. 
   Una llamada. 
   Era el móvil de tema; como ella llamaba en su fuero interno al móvil que utilizaba sólo para los contactos sadomaso. Pulsó la tecla correspondiente. 
-¿Sí? ¿Dígame? 
   Era martes. La revista pornográfica y de contactos "Clima" salía todos los martes, y hay, en la sección SM aparecía su anuncio. Pilar pensó que hoy recibiría muchas llamadas; ésta era sólo el principio. Era un tío, pero no le gustó nada el tono de su voz ni como se expresaba. Sonaba con un aire altivo que Pilar encontró absolutamente inadecuado para alguien que llamaba a alguien buscando un ama y ofreciéndose como esclavo. 
-De acuerdo; tomo nota de tus datos. Ahora estoy trabajando y te tengo que dejar, pero yo volveré a llamarte. Adiós. 
   Nada más colgar Pilar eliminó el número de su memoria. Luego bajó el brazo y empujó el extremo que sobresalía del consolador, con la punta de sus dedos, para volverlo a dejar donde estaba, bien metido adentro, en su coño. Otra llamada. 
-¿Sí? 
   Mientras escuchaba recibió además otro mensaje de María; abrió el texto en pantalla de inmediato. 
   "La echo de menos mi señora; por favor, llámeme, o al menos, póngame un mensaje. Seré buena y obediente. Haré todo lo que me ordene. Soy su perrita mi señora." 
   Qué encanto, pensó Pilar, y que bien sonaba eso de que la tratase siempre de usted. 
-... vale, sí, ya te llamo.- Volvió a despedir al nuevo contacto y también borró el número. Apenas había prestado atención, pero daba igual, eliminado. 
-¿Sí? ¿Dígame? 
   Aquello no paraba. Los anuncios de ama buscando esclavo/a eran los que más llamadas recibían. El texto del anuncio se enviaba a la redacción de la revista mediante un mensaje por móvil. Y normalmente tardaba un par de semanas en publicarse. Pero para esa cuestión sus informáticos le habían hecho otro apaño de encargo; un automatismo en su agenda electrónica que enviaba automáticamente el texto que quería al número que quisiera, todas las semanas. Con lo que Pilar lo único que hacía era revisar de vez en cuando el texto, y su anuncio, aparecía siempre. El aluvión de llamadas se producía sólo los martes por la mañana, cuando salía la revista al quiosco, y los aficionados y las aficionadas al SM se lanzaban a la sección de contactos. Como siempre, en el sado, las cosas se hacían en caliente y a la primera. Nunca se le daba vueltas a nada. Lo que surgía funcionaba o simplemente no funcionaba. El tema era así. Otro mensaje de María. Se estaba poniendo nerviosa. 
   "Mi señora; llevo el camisón que me puse la otra tarde con usted y estoy en el dormitorio, de rodillas, a los pies de la cama. Por favor señora, se lo suplico, llame usted a su perrita." 
   Hoy todos eran tíos, los que contestaban a su anuncio, sucedía con frecuencia. Tíos solos. Había aficionados al sadomaso, sobre todo tías, y parejas, que rechazaban a priori a los tíos solos, pero Pilar no tenía prejuicios, aunque eso sí, seleccionaba con cuidado y rechazaba mucho sin piedad. Pero le funcionaba. Con bastante frecuencia solía encontrar lo que le apetecía en cada momento. Esta vez sonaba mejor; era un tío, como los demás, pero su tono de voz era agradable, cálido y se esforzaba por sonar dulce y sumiso. Decía llamarse Paco. Quizá fuese cierto. 
-A ver; dime tu estatura y peso aproximados, y cuéntame qué disponibilidad de tiempo tienes por si se da el caso de que yo decida que nos veamos. 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
20 de Julio de 2011 a las 9:07
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-11. 


   Pilar ya le había dicho que se dirigiese a ella como "mi ama" y él lo hacía con naturalidad, sin que le costase. Probablemente tenía alguna experiencia. La tuteaba, pero nunca olvidaba lo de "mi ama", sonaba bien. Treinta años. Moreno. Uno sesenta y cinco. Setenta kilos de peso. Ligero acento andaluz y buena disponibilidad; dice ser taxista. (Parece ser que no miente aunque no da mucha información sobre si mismo; un buen comienzo). De hecho insiste en que puede acoplarse bien y sin problemas al horario que le convenga a Pilar. 
-¿Tienes pareja? 
-Sí. Tengo novio y vivimos juntos, mi ama. 
-¿Novio? 
-Soy gay mi ama. 
-¿Y él sabe algo de ésto? 
-No, ni puede saberlo, no le gusta nada este rollo. 
-Mejor; eso asegurará tu discreción. 
-Sí mi ama. 
-¿Y si te gustan los tíos por qué buscas un ama? 
-Es una fantasía que he tenido siempre y la verdad es que todavía no he conseguido hacerla realidad. Siempre he soñado en ser dominado y utilizado como un clínex por una mujer cruel, mi ama. 
-¿Y que te vista de puta en la intimidad? 
-Eso sería fantástico. Me encanta la idea, mi ama. 
-¿Y qué tal aguantas el dolor? ¿Has sido azotado alguna vez? 
-Pues me han azotado muy poco, en eso tampoco he tenido mucha suerte, pero yo creo que lo aguantaría bastante bien mi ama. 
-¿Estás trabajando ahora? 
-Sí, estoy en el taxi, mi ama. 
-¿Conduces hablando con el móvil? 
-Tengo un manos libres y no llevo ningún pasajero. Paso aquí dentro muchas horas, así que lo tengo lo más cómodo posible, mi ama. 
-Hablemos ahora del lugar de encuentro ¿Tienes sitio? 
-No, me temo que no. En mi casa no puedo porque mi pareja pasa allí casi todo el tiempo; trabaja desde casa con el ordenador, mi ama. 
-Bueno, no importa, ya buscaremos una solución. Paco me has dicho que te llamas ¿no es así? 
-Sí mi ama. 
-Ahora debo dejarte porque yo también estoy trabajando, pero quiero saber si estarás libre a la hora de la comida; a los dos y media. 
-Sí, puedes llamarme a esa hora sin problemas mi ama. 
   Entraba su secretaria en el despacho con unos cuentos papeles en la mano. Pilar le señaló la silla para que se sentase, tenía que ver con ella unos cuantos asuntos. Por hoy ya estaba bien de contactos. Fue a apagar el móvil del tema y vio que María le había vuelto a enviar un mensaje, que todavía no había leído, y que le había hecho dos llamadas. La perrita ya había sufrido bastante, pensó Pilar, así que iba a tener que contestarla. Apagó el teléfono y miró a su secretaria. Pero lo haría después, cuando saliese del trabajo, por la tarde. 

 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
28 de Julio de 2011 a las 13:35
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-12. 


   Aquel día fue bien en el trabajo; no hubo demasiado lío y todo pudo hacerse bajo control. Pilar salió a comer al restaurante de enfrente, como casi todos los días, a las dos en punto. Se aseguró de estar sola y aprovechó para llamar a Paco, el nuevo contacto, entre plato y plato. Fué agradable. Jugó un poco con él y al final de la conversación le exigió que le enviara una foto de su polla. Se la hizo allí mismo, donde estaba, en un lugar apartado y sin gente, dentro del taxi. Apenas salía otra cosa que el pene, pero se notaba que sí, que era cierto, que se acababa de tomar la foto en el asiento del conductor del vehículo. Pilar pensó que ese hombre apuntaba maneras; que parecía no mentir y que obedecía bien y en el acto. Quizás podría convertirle en un buen esclavo. En la foto no se había bajado los pantalones, simplemente se había abierto la bragueta y se la había sacado. Con la mano izquierda se sostenía la polla, gruesa, bien de tamaño, y muy dura, casi brillante. La otra mano, obviamente, no salía en la foto porque con la derecha sostenía el móvil con el que se autoenfocó para sacar la imagen. Aquella polla endurecida, llena de excitación, la puso más calentorra aún de lo que estaba. Cuando terminó de hablar con Paco llamó a María. Tenía el postre delante; un flan con nata. Y aunque le hubiera gustado, como las mesas del restaurante no tenían manteles que tapasen nada, no pudo llevarse la mano al coño, por debajo de la falda, sin bragas, para meter y sacar un poco la polla de goma que seguía teniendo metida ahí dentro. No importaba. Casi antes de que terminase el primer toque María descolgó el teléfono. Debía de estar ansiosa por recibir la llamada y de inmediato Pilar pudo confirmarlo. 
-¿Es usted mi señora?- Le temblaba la voz, su hermosa voz, femenina y un poco ronca. Estaba nerviosa, casi descontrolada, como a punto de llorar. 
-Sí María, soy yo. 
-La he llamado, mi señora, como tres veces, y la he puesto muchos mensajes durante toda la mañana.- Un sollozo.- Y no me ha contestado. 
-Silencio zorra. 
-Perdón mi señora. 
-Quiero verte dentro de un par de horas; a las cinco y media en punto, en el centro comercial de Las Rosas ¿Puedes? 
-Sí mi señora. 
-Sólo estaré contigo media hora o cuarenta y cinco minutos como mucho. 
-Entonces perfecto. Sin problemas, mi señora. 
-Irás sin medias y con falda por encima de las rodillas ¿Has entendido zorra? 
-Sí mi señora. 
-Llega al centro a la hora en punto y una vez allí yo te guiaré hacia mí con mensajes. 
-Sí mi señora. 
   Pilar colgó, sin despedirse y sin dar más explicaciones. Le encantaban estas fases iniciales del adiestramiento de una esclava o de un esclavo. Abrumarlos con su autoritarismo, ponerles al límite de la obediencia, obligarles a consentir sin comprender nada, humillarles. Sobre todo eso. Humillación. A la gente, aunque le gustase el tema sadomaso, le costaba sumergirse en esa humildad sexual arrebatada de la dominación, pero si lo hacían a la primera y de forma casi natural y espontánea, comprendían de inmediato lo poderosamente atractivo que resultaba. Eso era lo principal, y lo que más valoraba Pilar, que en esos momentos iniciales su deseo fuese tan fuerte que les permitiese vencer los temores de la incomprensión y fuesen capaces de obedecer ciegamente. Eso la ponía a cien. Tenía las entrepiernas mojadas. Terminó el postre, pagó la cuenta y volvió a la oficina. Por suerte el final de la jornada también transcurrió tranquilo. Salió a su hora, a las cuatro y media. Sacó el coche del garaje y fue directa al centro comercial. Estaba cerca. Por eso había quedado allí. En menos de diez minutos estaba entrando en el parking del centro. El parking tenía tres plantas, cada una de ellas con las columnas y las paredes pintadas de un color diferente; la primera planta en rojo, la segunda en azul y la tercera en verde. Era, además, lunes, a comienzo de la tarde, con lo que no había demasiado público, mejor, pensó Pilar, y vio que la primera planta del parking estaba medio vacía con lo que, en las plantas inferiores, apenas debía de haber ningún vehículo aparcado. Siguió recto por los pasillos del parking, con las luces de noche dadas, hasta llegar a la rampa que daba acceso a la planta inferior. No estaban bajadas las barreras. Estupendo. Todo abierto. Así que siguió y bajó a la última, a la tercera; la planta del parking verde. Aparcó su coche en un recoveco poco visible y era exactamente como ella quería; no había nadie. Sensación de soledad absoluta. El espacio, vacío, parecía gigantesco y el ruido de sus tacones ensordecedores, penetrantes, envueltos en la resonancias húmedas de todos los subterráneos. Llegó al hall y se puso sobre la rampa automática para subir al centro. Quedaban veinte minutos para la hora. El centro a su vez tenía dos plantas; la baja, a la altura de calle, y la superior. En la primera había tiendas y los accesos al gigantesco supermercado, y en la de arriba, más tiendas, los minicines, los restaurantes y las cafeterías. La gran bóveda del centro formaba un gran espacio interior abierto que atravesaba amplias alturas. Toda la planta de arriba se abría mediante una enorme terraza circular a cuyos lados de las barandillas los diferentes bares y restaurantes ponían sus correspondientes mesas y sillas formando una sucesión cíclica de terracitas. Sentado allí, se podía ver perfectamente a toda la gente que iba y venía por la planta de abajo. Pilar lo sabía. Se fue a la terraza de un café buscando un punto de vista hacia abajo determinado y como había tan poco público, escogió a placer su asiento perspectiva. Pidió un café con leche, un baso de agua y un licor con hielo. Mientras daba el primer sorbo sacó el móvil del bolso y empezó a enviar un mensaje a María. 
"¿Dónde estás?" 
"En el centro comercial, mi señora, llegué hace diez minutos." 
"Dirígete al escaparate de la tienda de ropa Coronel Tappioca. Rápido." 
"Sí mi señora." 
   Desde la posición que había escogido, arriba, Pilar veía abajo aquella tienda de maravilla. Enseguida apareció María. Vestía con discreción, pero muy femenina, y con la medida de la falda que se le había ordenado y sin medias. Parecía un poco nerviosa, llevaba bolso de piel y el móvil en la mano. A Pilar le gustó mucho cómo llevaba el pelo, muy negro, largo y ondulado. Estaba guapa. Y pensó que era un buen momento para saber hasta dónde era capaz de llegar. 
"¿Zorra?" 
"Ya estoy en el sitio mi señora." 
"¿Qué ropa interior llevas de cintura para abajo?" 
"Tanga negro mi señora." 
"Querrás decir un tanga de putón, que es lo que eres." 
"Sí mi señora" 
"A los putones les gusta que les miren el culo." 
"No lo sé mi señora." 
"Pues ya lo sabes zorra, acabo de decírtelo." 
"Sí mi señora." 
"Vamos a vernos ahora mismo en el parking; bajarás cuando yo te diga a la tercera planta, pero antes harás una cosa." 
"Sí mi señora. Lo que mande mi señora." 
"Te subirás la falda donde estás, dejando el culo totalmente visible y permanecerás así seis segundos contados muy lentamente !Obedece de inmediato puta!" 
   Pilar vio cómo a María le dio un repentino temblor al leer el mensaje en la pantalla de su móvil. Tenía los ojos como platos y se llevó una mano a la boca. Pilar se llevó la mano al coño; estaba tan salida y chorreaba tanto que debía de estar mojando la silla. El calentón que la abrasaba subió a un punto álgido, difícil de imaginar, mientras observaba con morbosa atención a María. Pilar estaba roja, con las mejillas encendidas, como tomates. Aquel espectáculo la estaba poniendo a doscientos. María se había quedado clavada, inmóvil. Muy recta sobre sus tacones y agarrada con fuerza al bolso ¿Qué haría? Pensó Pilar y con los dedos se metió más adentro aún el consolador que tenía en el coño. Luego sacó los dos dedos empapados y se los llevó a la boca. Se los limpió con los labios y tomó la taza de café. María seguía allí, de pie, inmóvil; frente al escaparate de la tienda de ropa, como se le había ordenado, pero con la misma cara de sorpresa y sin ser capaz de mover un músculo. Ni siquiera había contestado el mensaje. Pilar dio un trago, sin dejar de mirar a su esclava petrificada, allí, en la planta de abajo ¿Qué haría? 
    

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
4 de Agosto de 2011 a las 20:34
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-13. 


   Y entonces ocurrió. Desde su posición de observadora en la mesa de la planta superior Pilar no se perdía ni un detalle. María seguía frente al escaparate de la tienda de ropa, guardó el móvil en el bolso y se dio la vuelta. Acababa de ordenarle que enseñara el culo en medio del centro comercial. María echó un paso hacia atrás y casi pegó la espalda al cristal del escaparate. Con la mirada ausente en ninguna parte se llevó las manos por debajo de la cintura y con un rápido movimiento se subió por detrás completamente la falda. Pilar contuvo el aliento. Lo estaba haciendo. Su hermoso culito de melocotón con tanga negro se reflejaba ahora en el escaparate del Coronel Tappioca y María comenzó a contar en silencio, tan claramente, que a pesar de la distancia Pilar podía leerle los labios; uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis. Lentamente. Y al llegar al último segundo se bajó el vestido y compuso su postura. Nadie se había dado cuenta de nada; la gente seguía yendo y viniendo a través del gran hall del centro en todas direcciones. Pilar se acabó el licor que le quedaba de un trago y rápidamente la envió otro mensaje. 
"Ve al parking. Planta tercera, la verde. Busca el punto F16; allí está mi coche." 
   Nada más leerlo María salió disparada hacia las escaleras automáticas. Cuando desapareció, una dependienta jovencita de la tienda de ropa salió con cara extrañada. Le había visto el culo a María y se quedó en la puerta mirando cómo se alejaba sin entender nada de nada. Pilar también salió corriendo hacia aquel lugar del parking, pero cogió el ascensor para llegar antes. María había superado la prueba y ella estaba tan excitada que a cada paso que daba sentía como estocadas chispeantes la polla de goma que llevaba metida en el coño. Llegó al coche y se quedó parada. Casi inmediatamente oyó los pasos de María andando deprisa hacia ella. En la cara de su esclava se dibujó una intensa expresión de alivio y de alegría al verla. Jadeaba un poco, y parecía todavía nerviosa, pero no olvidó el tratamiento cuando llegó a su lado. 
-Buenos días mi señora. 
-Ven aquí zorra.- Pilar le puso la mano en la cintura y con la otra mano la cogió la nuca. La atrajo con brusquedad hacia si y la besó en la boca metiéndole a fondo la lengua, con fuerza. María la rodeó con sus brazos, apasionada y melosa. Estuvieron más de cinco minutos así, besándose, y fundidas en un abrazo manoseante a ambos lados. 
   Al fin separó Pilar su boca tan sólo unos dos centímetros de la boca de María. Entre los labios de las dos mujeres colgaban hilitos blancos de saliva. 
-Lo del culo te lo he hecho para que sepas quién manda aquí. 
-Sí mi señora. 
-Estoy contenta, lo has hecho muy bien. 
-Gracias mi señora. 
-Quítate el tanga y guárdatelo en el bolso. 
-Sí mi señora. 
   Para hacerlo, María se separó del abrazo, por supuesto, muy rápido, como siempre que obedecía. Esa costumbre complacía mucho a Pilar, que no le quitaba ojo. Comprobó, además, que llevaba afeitado el coño. Volvió a acercársela cogiéndola de la cintura, y con la otra mano, la tocó el chocho, metiéndole así, de primeras, varios dedos dentro. 
-Qué putón eres; estás empapada; chorreando como una perra salida.- Y ahora fueron cuatro dedos. Hasta el fondo. 
-Es usted mi señora, que me excita mucho. 
-Ya lo sé perra, pero no todo va a ser placer, también quiero, siempre que estés conmigo, que sufras un poco. 
-Sí mi señora. 
-Date la vuelta, descubre el culo y apóyate en el coche. Voy a azotarte un poco. 
-Sí mi señora. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
11 de Agosto de 2011 a las 17:05
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-14.


   Pilar se echó hacia atrás un par de pasos y sacó de su bolso una fusta. Lanzó al aire unos golpes que silbaron, sordos, en el inmenso silencio del parking. Miró a María. Rodeó un poco su coche para lanzar su bolso dentro, ya que había dejado la ventanilla del asiento del conductor bajada. Luego, sólo con la fusta en la mano, avanzó de nuevo con pasitos de gata hacia María; que ya estaba preparada. La imagen era soberbia; en medio del parking vacío, que parecía un bosque de columnas simétricas de hormigón, bajo la luz tenue de los fluorescentes , en medio, su coche negro, y apoyando las manos en el techo, de espaldas, su nueva esclava. Esperando ser castigada. Tenía la cabeza agachada entre los brazos extendidos, mientras apoyaba las palmas de las manos sobre el capó, y su pelo oscuro, brillante y rizado, le caía tapándole la cara. Como se había subido la falda dejando el culo al aire, sujetaba por delante la prenda apretándola entre los muslos. Mantenía las rodillas dobladas y las nalgas bien alzadas y espigadas hacia fuera, bien ofrecidas para su ama. Sus piernas, sin medias, pero con zapatos de tacón, inclinadas y descubiertas, quedaban preciosas en aquella posición. Y sobre el vestido, el chaquetón delgado de cuero, confundía sus brillos con las hondas de su melena. 
-Ya estoy lista mi señora.- Dijo María, con la voz un poco entrecortada. Por si quedaba alguna duda. Pilar sonrió. Ya estaba su lado y sujetaba la fusta con fuerza. Soberbia. María estaba soberbia. Aquello era un soberbio espectáculo. Y sólo para ella. 
-Recibirás tandas de seis fustazos cada una. Todas en el culo ¿Cuantas tandas? No sé. Ya veré. En principio, las que me salgan a mi del coño ¿Entendido? 
-Sí mi señora.- Ahora su cuerpo temblaba. 
-Contarás los fustazos en voz alta y darás las gracias por cada uno que recibas, como te he enseñado. 
-Sí mi señora. 
   Y sin mediar más explicaciones Pilar lanzó el primer golpe, y el segundo, y el tercero... "Uno, gracias mi señora, dos gracias mi señora, tres..." Así hasta seis. El sonido en el parking era magnífico; la resonancia y el eco de cada fustazo se alargaba en el aire como un susurro eléctrico. Al terminar la primera tanda María estaba empezando a llorar, pero no se había movido ni un milímetro. 
-¿Mañana puedo ir a tu casa a la misma hora que la vez anterior? 
-No puede ser mi señora. 
-¿Cómo? 
-Esta tarde llega mi marido. Termina un trayecto internacional de cuatro días y va a estar en casa casi una semana, hasta el jueves, que hace otro viaje al norte de Europa de tres días. 
-!Vaya! !A tomar por culo mi sesión! !Prepara el culo puta! 
-Sí mi señora. 
-Voy a desquitarme con ese trasero de perra salida !Otra tanda! 
-Sí mi señora.- Ahora lloraba. 
   Esta vez los fustazos fueron rápidos, fuertes, un poco salvajes. María volvió a aguantar sin moverse y dio las gracias por todos. Pilar la apartó el pelo de la cara y la ordenó que la mirara, porque le gustaba ver cómo le caían las lágrimas por las mejillas y la corrían todo el rímel de los ojos, y cómo torcía los labios desencajados y temblorosos por el dolor. 
-No debes llamarme al móvil, nunca, salvo que yo te ordene expresamente que lo hagas. 
-Sí mi señora. 
Te comunicarás conmigo básicamente a través de mensajes. 
-Sí mi señora. 
-Yo contestaré a los tuyos cuando quiera, pero tú, a los míos, los debes de contestar inmediatamente, como mínimo, con un "sí mi señora". Si alguna vez te retrasas en contestar más de la cuenta serás castigada. 
-Sí mi señora. 
-Levanta más el culo, zorra. Nueva tanda. 
   María comenzó a sollozar, pero al cabo de unos segundos, pudo controlar suficientemente la voz. 
-Sí... sí... mi señora... 
   Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Gracias. Gracias. Gracias. Mi señora. Mi señora. Al terminar esta última , María se quedó temblando como un flan, y tenía la cara como un cuadro abstracto por el rímel, las lágrimas y el llanto. 
-¿Has dicho el jueves de la semana que viene? 
-Sí mi señora. 
-!Joder! 
-Lo siento, mi señora, pero no puedo antes, de verdad, le ruego que me perdona mi señora. 
-Vale, vale, vale, esperaré, qué le vamos a hacer. En cuanto estés libre para que tengamos una sesión me informas ¿Entendido? 
-Sí mi señora. 
-A lo mejor tienes sorpresa. 
-¿Sorpresa, mi señora? 
-Sí; una sesión compartida. 
-¿Compartida, mi señora? 
-Sí. Ya veremos. Ábrete bien de piernas, aunque se baje la falda. 
-Sí mi señora. 
   Y por detrás, la metió la mano en el coño, prácticamente entera. 
-Joder, no sé cómo lo haces perra; lloras como una magdalena por el castigo y sin embargo, estás chorreándote viva de gusto. 
-Es usted, mi señora, que me vuelve loca. 
-Como debe ser. 
-Soy su esclava mi señora. 
-Sube al coche, a la parte de atrás. Vas a comerme bien el coño. 
-Sí mi señora. 
   Mientras María abandonaba la posición de castigo y abría una de las puertas traseras, Pilar se quitó la falda y miró a su alrededor. Seguía sin que hubiese nadie en el gigantesco parking. Perfecto. Aún le quedaban quince minutos. Abrió la otra puerta y entró. 
    

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
23 de Agosto de 2011 a las 17:28
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-15. 


   María estaba en el suelo, de rodillas. En su casa, en una de las habitaciones de la planta de arriba del chalecito, que se utilizaba como estudio. Era la habitación más pequeña y una gran mesa lo ocupaba casi todo, delante de la ventana. Sobre la mesa, el ordenador, con todos sus aparatitos desplegándose de un lado a otro, y sobre la moderna pantalla plana, la cámara webcam, que tenía el piloto azul de funcionamiento encendido y que apuntaba a María. Había apartado a un lado la silla con ruedas que estaba siempre delante de la mesa y ella, arrodillada, ocupaba ahora el sitio de la silla. Aunque estaba sola, todas las cortinas de la casa estaban echadas, y a su espalda, había cerrado la puerta. Guardaba con especial cuidado la posición que Pilar le había ordenado mantener siempre que hablase con ella por videoconferencia. Las rodillas en el suelo enmoquetado, pero las piernas muy abiertas, el culo espigado hacia fuera, la espalda inclinada pero erguida, y ambas manos agarrándose las tetas y dirigiendo los pezones hacia la pantalla, como ofreciéndoselos a su ama. También Pilar se había ocupado de ordenarle lo que tenía que llevar puesto en esas ocasiones; unos zapatos negros de tacón de aguja altísimos que había comprado para María en un sex-shop y se los había regalado, y el pelo bien apretado y recogido en un moño. Nada más. Por supuesto tenía que afeitarse el coño y los sobacos todos los días, al igual que tenía que depilarse las piernas semanalmente. Además, para asegurarse de que las videoconferencias podían desarrollarse técnicamente sin ninguna dificultad, Pilar le había enviado a un par de informáticos para revisar y programar correctamente su ordenador. Los técnicos además, le explicaron unas sencillas reglas para establecer la videoconferencia con Pilar de manera rápida y cómoda. Ahora Pilar estaba encerrada en su despacho, porque le tocaba reunión con otros jefes de zona, también por videoconferencia, pero acababa de terminar en ese momento y vio que se encendía en su pantalla el piloto que indicaba que María se acababa de enganchar y que estaba esperando para poder hablar con ella. Perfecto. La puerta de su despacho podía permanecer cerrada todavía otros treinta minutos más sin levantar sospechas; así que se arrellanó bien en su asiento, se levantó un poco la falda y mientras se metía la mano en las bragas, dio al botón para conectar con María. 
-Habla perra. 
   Los informáticos habían hecho un buen trabajo; la imagen era perfecta y el sonido era alto y claro. María, como siempre que veía por primera vez a Pilar en pantalla, se quedó inicialmente muda, con cara de adoración y sorpresa. Tras esos instantes de incertidumbre, reaccionaba enseguida. 
-Buenos días mi señora.- Pilar llevaba los fones con micrófono y el pelo también recogido en un moño, como ella, sobre un traje gris ajustado muy de ejecutiva. La lanzaba una mirada cruel y morbosa. Estaba soberbia, pensó María, guardando con cuidado la posición, pues sabía que en ese momento estaba siendo analizada cuidadosamente. 
-Estimúlate los pezones, los quiero erguidos como espinas cada vez que hables conmigo. 
-Sí mi señora, enseguida mi señora, lo siento mi señora.- De inmediato de dejó los pechos y utilizó ambas manos para pellizcarse y retorcerse con fuerza los dos pezones al mismo tiempo. Por la cara de dolor que ponía lo estaba haciendo en serio. Pilar sonrió. 
-¿Está bien ahora mi señora? 
-Mejor. 
-Gracias mi señora. 
-Vuelve a levantarte las tetas con las manos. La posición ¿Recuerdas? 
-Sí mi señora. 
-Pero apriétalas fuerte, quiero que te hagas daño. 
-Sí mi señora. 
-Así, muy bien. Habla ahora perra. 
-Me he atrevido a llamarla a usted porque mi señora me ordenó que en cuanto estuviera disponible para ella le informara inmediatamente. 
-¿Y qué ha pasado? 
-Que ayer por la noche llamaron mi marido para decirle que otro de los camioneros de su empresa había caído enfermo y que si él podía sustituirle y hacer un viaje a Alemania. El caso es que aceptó, mi señora, y se fue esta mañana temprano y yo ya estoy disponible para mi señora hasta pasado mañana por la noche. 
-Perfecto. Date la vuelta y enséñame el coño, quiero ver si lo llevas bien afeitado. 
-Sí mi señora.- María se dio media vuelta y se puso de cuclillas, orientando el chocho hacia la webcam y abriéndose la raja con las manos. Ahora todos sus movimientos  orientados a ofrecer una buena imagen de su intimidad. 
-Bien, muy bien, parece el culito de un bebé; así me gusta perra. 
-Gracias mi señora. 
-Sigue así, no te muevas. 
-Sí mi señora. 
-En cuanto a esa limitación que me pusiste al principio de no penetrarte por el culo, creo que vamos a empezar a irla superando. 
-¿Superando... mi señora? 
-Sí. Tú eres mi perra ¿No es así? 
-Claro que sí mi señora, yo soy su esclava, usted tiene derecho para hacer conmigo lo que quiera. 
-Pues entonces, coincidirás conmigo, en que no es justo que yo no pueda follar a la perra de mi esclava por donde me de la gana, incluido el culo. 
-Tiene razón mi señora. Yo sólo quiero complacerla. 
-Para que te vayas a costumbrando ve a la cocina, coge una zanahoria pequeña, la lubricas con saliva y te la metes en el culo hasta el fondo, que no se vea. Y la llevarás ahí hasta que yo te diga. 
   Sin decir una palabra María se levantó y con los rápidos pasitos que le permitían aquellos taconazos, abrió la puerta y salió de la habitación. Un culazo precioso, pensó Pilar, y sonrió saboreando la idea de que era todo suyo. No tardó ni un minuto en regresar. Jadeaba un poco. Se había dado prisa, como tenía que ser. Y llevaba una zanahoria en la mano que antes de nada enseñó a la cámara. 
-Es bastante pequeña, pero para comenzar, nos vale. Tu agujero es demasiado estrecho y eso tenemos que cambiarlo. 
-Sí mi señora. 
-Ya sabes lo que tienes que hacer, perra; lo humedeces con la boca y todo para dentro. 
-Sí mi señora. 
   María dio media vuelta para mostrar bien cómo se metía la zanahoria por el culo y mantenía la cabeza girada para que, además, Pilar no dejara de verle el rostro. Aunque había dejado la zanahoria chorreando de saliva le costó introducirla al principio. Empujó con fuerza hacia dentro. Su cara trasmitía auténtico dolor; apretaba los dientes y se quejaba. Por fin la metió toda y con el dedo índice estirado la sumergió completamente en el agujero. 
-Ya está mi señora. 
-A la posición. 
-Sí mi señora. 
-Esos pezones, perra. 
-Lo siento mi señora. 
   María volvió a pellizcárselos, a retorcérselos y ahora, además, se dio dolorosas tobas hasta que los puso erguidos. 
-Ya está mi señora; y me agarro las tetas con todas mis fuerzas; me estoy clavando las uñas por debajo mi señora. 
-¿Te duele la zanahoria? 
-Un poco mi señora. 
-Repito; no puedes sacártela hasta que yo te diga, pero si te entran ganas de cagar o el dolor se vuelve insoportable, me llamarás para pedirme permiso, y yo, quizás, te autorice a quitártela. 
-Sí mi señora ¿Puedo preguntar algo a mi señora? 
-Adelante perra. 
-¿Hoy va a venir a verme mi señora? 
-Sí, pero hasta la tarde no puedo. 
-Muchas gracias mi señora. 
-Como quedan muchas horas hasta entonces quiero que mientras tanto, para que no te aburras, hagas algo para mi. 
-Lo que diga mi señora. 
-Tengo un esclavo que se llama Paco. Lo he aceptado bajo mi dominio hace muy poco, pero ya me he encontrado con él un par de veces en párkines solitarios. Tiene un cuerpo bonito, un aguante al dolor bastante alto y obedece bien. Creo que ha llegado el momento de que yo tenga con él una sesión de verdad, así que hoy haremos una sesión conjunta, los tres. 
-¿Los tres... mi señora? 
-Sí zorra, y no pongas esa cara. Él, tú y yo, una sesión conjunta. Me gusta usar a un esclavo y a una esclava al mismo tiempo ¿Tienes algún problema con eso? 
-Pero... ¿sería aquí... en mi casa... esta tarde... mi señora? 
-Por supuesto, me acabas de decir que estás sola y disponible ¿No es cierto? 
-Sí mi señora... pero es que... un hombre... un desconocido... me da un poco de miedo. 
-Mira María; te lo dije al principio y te lo vuelvo a repetir ahora; aquí las cosas se hacen como me salga a mi del coño y a ti sólo te toca obedecer y dar las gracias. Por supuesto que eres libre de elegir entre ser o no ser mi esclava, pero si eliges serlo, las cosas se hacen así y punto. Así que decídete ahora mismo ¿seguimos o lo dejamos? 
   A María le salió un puchero y las lágrimas comenzaron a recorrerle las mejillas. Como pudo, y entre sollozos, consiguió hablar. 
-Por favor señora, se lo suplico, no me deje, soy una idiota. 
-Las tetas. No me gusta repetir tanto las cosas. Te dije que te las apretases con fuerza cuando hablases conmigo por videoconferencia. 
   Sin decir palabra, y como para redimirse de un pecado recién cometido, María tomó aliento, y se apretó los pechos, cada uno con una mano, agarrándolos en garra por debajo, con tanta fuerza, que resoplaba y se puso morada. Hasta se hizo un poco de sangre con las uñas. Se tiró así más de medio minuto, haciéndose daño en serio, resoplando y llorando al mismo tiempo. Pilar se excitó muchísimo viéndola así de atacada y la dejó hacer mientras se metía los dedos de cuatro en cuatro. Por fin paró y miró a la pantalla, tenía la cara hecha unos zorros; el rímel se le había corrido y sus tetas y sus manos estaban amoratonadas. 
-Por favor mi señora; castígueme.- Dijo.-  Soy una estúpida y merezco ser castigada. 
-Bien perra; veo que has recuperado el sentido común. 
-Sólo quiero servir a mi señora. 
-Pero sí, tienes razón, como me has molestado un poco, esta tarde voy a castigarte, y voy a castigarte en serio, para que no olvides la lección. 
-Sí mi señora, me lo merezco mi señora, muchas gracias mi señora. 
-Haré que mi esclavo aparezca enseguida y os indicaré como prepararos hasta que yo llegue. 
-Lo que diga mi señora. 
-Ahora coges el móvil y el consolador que te regalé, el grande, y te vas al salón, y allí, de rodillas en el suelo, como una perra, te masturbarás pensando en mí hasta que el esclavo llame al timbre de la puerta. 
-Sí mi señora. 
-Y no te limpies la cara; el rímel corrido te da un aspecto de esclava desconsolada que me complace. 
-Sí mi señora. 
-Voy a cortar. Obedece. 
-Sí mi señora. 
   María se agachó hasta besar y lamer el suelo; era la manera como se le había dicho que tenía que despedirse. Pilar había cortado la videoconferencia. María se dejó las tetas y soltó un gritito de dolor, se las había apretado de verdad, pensó. Pulsó las teclas que le habían dicho los informáticos y se levantó tambaleante. Ya se estaba acostumbrando a los tacones  y la zanahoria parecía que no la molestaba mucho. De manera instintiva se llevó la muñeca a la cara, para limpiarse las lágrimas, pero de inmediato recordó que Pilar quería que mantuviese el rostro manchado, como lo tenía ahora, así que se contuvo y fue a coger lo que se le había dicho. Mientras bajaba las escaleras del chalecito, despacio, por los altísimos tacones, con el móvil en una mano y el consolador en la otra, pensó en lo buena ama que era Pilar, que la permitía ahora pasar un buen rato pajeándose pensando en su dueña. Se puso de rodillas y se metió la polla hasta la mitad de la primera estocada. Estaba chorreando. Qué buena era Pilar y cómo deseaba que llegase cuanto antes para que la castigara. Ser azotada complacía tanto a su señora que después de lo mal que se había portado, eso era lo menos que podía hacer con ella, pensó. Y la metió hasta dentro, antes de volverla a sacar. 
 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
3 de Septiembre de 2011 a las 13:56
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-16. 


   Cuando sonó el timbre del chalet María estaba en el suelo, en medio del salón, hecha un tembloroso ovillo. Continuaba en pelotas, solo con los zapatos de taconazos altísimos y la cinta del pelo recogido en una moña. El consolador, que sujetaba con su mano derecha, estaba empapado en sus propios fluidos y había dejado un charquito en el suelo. Toda ella estaba enrojecida, jadeante y cubierta de gotitas de sudor. Pilar la había ordenado que se pajease sin descanso hasta que su esclavo llamase a la puerta y ella había cumplido la orden a rajatabla. Ya se había corrido dos veces e iba a por la tercera cuando oyó la puerta. Debía de ser Paco. Pilar dijo que el esclavo se llamaba Paco. Tambaleante se levantó. Dejó el móvil y el consolador encima de la mesa de comedor y andó deprisa  hasta la entrada. Por supuesto, como se le había dicho, continuaba con todo el rímel corrido en la cara y los chorretones de lágrimas que había soltado durante la videoconferencia. También, como se mordió los labios cuando se estaba pajeando, se le había corrido el lápiz de labios. Así que el maquillaje de su rostro se había convertido en un cuadro abstracto. Antes de nada miró por la mirilla de la puerta. Efectivamente; ahí estaba el hombre. Alto, moreno, pelo corto y fuerte, ligero bigote que le quedaba bien, complexión atlética, labios carnosos y una dentadura perfecta. Estaba hablando por el móvil. María abrió la puerta con cuidado, poniéndose justamente detrás, para que nadie desde fuera pudiera verla. Paco entró inmediatamente sin decir nada, y él mismo, cerró otra vez la puerta a sus espaldas. Miró a María, extrañándose un poco al verla la cara, pero tampoco dijo nada, simplemente le alargó el móvil que tenía en la mano para que ella lo cogiera. María, mientras tanto, que no sabía muy bien qué hacer, delante de un perfecto desconocido al que acababa de permitir entrar en su casa, intentaba taparse, un poco patéticamente, el coño y las tetas con los brazos.Como no reaccionaba Paco le puso el móvil junto a la cara y comenzó a moverlo. Era evidente que quería que cogiese el aparato de inmediato.  
-¿El móvil?- Preguntó María. 
   Paco asintió con la cabeza, sin emitir ningún sonido, con la cara un poco desesperada. Por fin ella lo cogió y se lo puso al oído. 
-¿Sí? 
-Ya era hora perra.- Era Pilar. 
-Perdón mi señora, no sabía que era usted. 
-Ya te dije antes que se llama Paco; le he prohibido hablar hasta que yo llegue pero tú si quieres puedes hablarle. 
-Muy bien mi señora. 
-¿Sigue la zanahoria en su sitio? 
-Sí mi señora. 
-¿Duele? 
-Ya no mi señora; hasta comenzó a gustarme un poquito cuando me masturbaba. 
-Eres un putón. Al final te va a encantar que te den bien por el culo. 
-Yo soy feliz complaciendo a mi señora. 
-No me he olvidado del castigo. 
-Me lo tengo bien merecido mi señora. 
-Bien. Centrémonos ahora en el esclavo. 
-Sí mi señora. 
-Yo tardaré todavía aproximadamente una hora y media o quizás dos horas en llegar, así que quiero que comiences a preparármelo. 
-¿Cómo, mi señora? 
-Humillación. 
-¿Humillación? 
-Sí. Quiero que lo vistas de putón. De auténtica zorra barata. Y como guinda lo quiero con un lacito rosa en la punta de la polla ¿Has entendido perra? 
-Sí mi señora. 
-Cuando esté como una puta, que te saque la zanahoria, que la limpie con la boca y que te la vuelva a meter en el culo. 
-Sí mi señora. 
-Y por último, delante de él, para que te vea bien, te sigues pajeando a lo bestia hasta que yo llegue. 
-Sí mi señora. 
-Obedece. 
   Pilar cortó. María le dio el móvil a Paco y éste se lo guardó de inmediato en el bolsillo. 
-Hola ¿Te llamas Paco, verdad? 
   Él asintió con la cabeza. Tenía un rostro bonito, viril y proporcionado. 
-Ay, perdón, que no puedes hablar. 
   Volvió a asentir. 
-La señora me ha dicho lo que quiere que yo haga contigo, así que sígueme, vamos al dormitorio. 
   De repente María se sintió totalmente a gusto y relajada con la situación. Se separó los brazos del cuerpo, consciente de su desnudez, y delante de Paco comenzó a andar como una gatita para que él pudiera disfrutar con la visión de su culito. La verdad, pensó María, que estaba bastante bueno y se dio cuenta de que le gustaba estar así, en pelotas y con taconazos, delante de él. Subieron las escaleras, ella muy despacio. Él detrás, la observaba con expresión humilde y sonreía un poco. Ella también sonreía, y de vez en cuando, le miraba. Entraron en la habitación, en la que tuvo su primera sesión con Pilar, y María se dirigió al enorme armario y abrió sus puertas de par en par. Estaba preciosa, y se movía coqueta y exquisita, exhibiendo las tambaleantes desnudeces de sus tetas, caderas, nalgas y vientre, sobre aquellos tacones altísimos de aguja. 
-Te tengo que vestir; voy a sacar lo que voy a ponerte y tú, mientras tanto, desnúdate. Debes quitártelo todo. Completamente desnudo. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
12 de Septiembre de 2011 a las 18:28
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-17. 


   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 

SUBIRCITAR

Silanm

Silanm (desconectado)

Mensajes: 2
Fecha de ingreso: 17 de Marzo de 2011
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
14 de Septiembre de 2011 a las 1:31
Re: Sadomasoquismo.

cita de salazar

Sadomasoquismo-17. 

   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 



Ainsss! Salazar siempre nos dejas con ganas de mas, espero que tardes poco en poner mas.


Un saludo

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
14 de Septiembre de 2011 a las 23:14
Re: Sadomasoquismo.

cita de Silanm

cita de salazar

Sadomasoquismo-17. 

   Paco obedeció al instante, lenta y metódicamente. Se deshizo de toda su ropa y la puso, doblada y ordenada, sobre una butaquita. Estaba bueno y musculoso. Tenía muy poco vello en el cuerpo y, por supuesto, como le gustaba a Pilar, la polla completamente afeitada. Una buena polla, que en ese momento tenía medio dura y un poco levantada. María se admiró de sí misma por la naturalidad con que se estaba comportando en aquella situación. Con las manos en jarra y contoneando las caderas se acercó a Paco y muy cerca de su rostro dio un par de vueltas a su alrededor para observarle bien. Le gustó mucho su pollón gordo y su culo de potrillo, duro y poderoso. 
   María terminó de poner la ropa que había seleccionado sobre la cama y le hizo una seña a Paco para que se acercara un poco. 
-Me ha dicho la señora que te vista de puta barata. Siéntate y ponte estas medias. 
   Con cierto titubeo por la falta de costumbre Paco obedeció y se puso unos medias blancas a medio muslo. 
-Las sandalias. 
   Eran de tacón y abiertas por detrás, con su talla de pie eran las únicas que le cabían. María vio que le quedaban apretadas pero que podía andar. Tras un par de pruebas rechazó la idea de ponerle tanga o bragas de triángulo porque la polla abultaba mucho o directamente se salía por algún lado. Sin bragas. En la cintura le puso un pequeño corsé superajustado, que le costó bastante abrochar, pero que al final le dejó la cadera que parecía la de una tía, y por detrás, con su culo tan musculoso, no quedaba nada mal. Por último camisón blanco de satén, ajustado, y hasta el comienzo de las piernas. Parecía una minifalda tipo cinturón y la polla, que se había endurecido un poco más durante toda la sesión de vestuario, levantaba ostensiblemente el extremo del camisón por delante, y quedaba chocante, y morboso. 
-Ahora voy a maquillarte.- Por supuesto; mejillas casi naranjas, labios muy rojos, color de ojos fuerte, rímel postizo y cinta al pelo. Todo muy ostentosamente femenino. Muy repollo. María contempló su obra satisfecha unos instantes. Ambos tenían la misma altura. Estaban de pie, frente a frente, casi pegados. Mirándose. 
-El último detalle; súbete el camisón. 
   María se arrodilló y le cogió la polla con las manos. La miraba con adoración y dulzura. Le pareció preciosa. Le dio un par de besitos muy lentos antes de ponerle un lacito rosa cuyo nudo hizo con esmero para que no se soltase. 
-Ya está. Perfecto.- Vio la polla con el lacito y la acarició satisfecha. Acercó finalmente el rostro, sin poder evitarlo, y se metió la punta, solo la punta, en la boca, como si fuese la pajita de un refresco y se quedó así, absorviéndola y jugueteándola con la lengua un rato. Cuando terminó alzó el rostro y le miró. 
-Arrodíllate tú también, a mi lado. 
   Paco lo hizo y ambos quedaron juntos en el suelo. María le tomó la mano, como si fuese a contarle un secreto. 
-Mira; la señora me ordenó que me metiera una zanahoria en el culo porque dice que tengo muy estrecho el agujero y quiere que se me dilate. Así que todavía la llevo aquí dentro.- Se señaló las nalgas.- Y también me dijo que después de vestirte, me sacaras tú la zanahoria, la limpiaras con la boca y después me la volvieras a meter en el culo, muy despacio, y con mucho cuidado ¿Entendido? 
   Paco asintió varias veces con la cabeza. 
-Pues vale; vamos a hacerlo. 
   María se dio la vuelta y bajó la cabeza hasta pegar la mejilla en el suelo, manteniendo las piernas muy abiertas y el culo muy levantado delante de Paco, que sin perder un segundo, le puso las manos en las nalgas, abriéndole a tope el agujero del culo. María soltó un suspiro de placer al sentir aquellas manazas viriles abriéndole las nalgas. Como tenía el coño visiblemente mojado metió allí los dedos con los que iba a sacar la zanahoria, para lubricarlos. Ella suspiró más. Cuando estuvieron bien mojados volvió al culo, los metió hasta la mitad y sacó poco a poco la hortaliza. No estaba muy sucia, pero sin pensarlo se la llevó a la boca y comenzó a lamerla hasta que la dejó reluciente. María ahora daba grititos entrecortados. Volvió a abrirle el agujero con la mano y con la otra, poco a poco, empezó a metérsela hasta el fondo. Por último empujó, con el dedo índice, el extremo gordo hacia dentro, hasta que desapareció. 
   María se irguió y se dio la vuelta, sujetándose las nalgas con las manos. 
-Gracias.- Le dio un beso a Paco en los labios, pero inmediatamente, se llevó la mano a la boca, como quien se descubre a si mismo cometiendo una falta involuntaria.- !Ay! No vaya a corrersete el pintalabios. Lo siento. 
   Paco asintió, pero sacó la lengua y la mantuvo así, apuntando a la boca de María. Ella comprendió que quería más, sin estropearse el maquillaje y con su lengua tocó y jugueteó con la lengua de Paco unos minutos. Mientras lo hacía, él la abrazó, magreándole duro el culo y pasándole con fuerza la mano por el coño. Ella le puso una mano en el hombro y con la otra le agarró la polla. Sentía la cinta rosa en medio de la palma de su mano. Ahora sí que estaba dura y levantada. 
   María puso fin a la escena poniéndose de pie. 
-Sígueme, aún queda una orden por cumplir. 
   Salió de la habitación y bajó hasta el salón mientras Paco la seguía. 
-Quédate aquí, de rodillas, y no dejes de mirarme; tienes que prestar atención y ver bien lo que hago hasta que llegue la señora. 
   Él se acomodó en el suelo y María cogió el consolador grande y negro que había dejado encima de la mesa y se sentó, también en el suelo, delante de Paco, a un par de metros, para que pudiera verla bien de cuerpo entero. Abrió del todo las piernas, se abrió la raja del coño con la mano izquierda y con la otra mano agarró con fuerza la polla de goma. Miró a Paco. 
-No dejes de mirarme, ni un segundo, son las órdenes de la señora. 
   Y se clavó hasta el fondo el consolador sin más preámbulos. 



Ainsss! Salazar siempre nos dejas con ganas de mas, espero que tardes poco en poner mas.


Un saludo



   Gracias Silamn, y en cuanto a tu pregunta, tardaré lo de siempre. Poco más de una semana. Espero a que me visiten los trescientos y pico que los hacen siempre, porque me gusta apurar los placeres despacio, y porque viendo sus visitas, asisto fascinado, y me excita, su interés por los sexual y por lo desbocado. Por lo que escribo. Asisto, mentalmente erecto, a un reducidísimo espacio en el que yo soy un escritor de éxito. Soy el nuevo Marques de Sade, Y el espacio es reducido. Bubok. Pero reino. Yo. Reino. 
   Y ahora, con lo de Pelagio... recordar París y que siempre os quedará Salazar en este antro. 
 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
24 de Septiembre de 2011 a las 13:24
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-18.


 


   María volvió a abrir la puerta de la calle con cuidado, de manera que nadie pudiera verla, desnuda como estaba, desde fuera. Luego corrió todo lo que los taconazos que llevaba le permitían, hasta el salón, donde Paco esperaba arrodillado, con la cabeza muy baja. María se pegó junto a él y se arrodilló igual. Era Pilar la que acababa de llegar.Enfundada en su traje azul marino ajustado de ejecutiva y tras las gafas de sol que aún no se había quitado, estaba exquisita. Tiró el bolso de piel que llevaba al suelo, junto al consolador mojado que yacía allí, y que María había estado utilizando en si misma sin interrupción, delante de Paco, hasta ese preciso momento en el que ella había llegado.


-Tú, esclavo; coge el consolador con la boca y lo llevas como si fuese un hueso.


-Sí mi ama.-Era la primera vez que le oía hablar y a María le pareció una voz carnosa y agradable, con cierto acento sureño.


-Y tú, esclava; coge la bolsa con la boca, del asa.


-Sí mi señora.- Además, María se dio cuenta de que ella misma siempre llamaba a Pilar "señora" y no "ama". Pensó que quizás debía de preguntarla de qué manera prefería que la llamase. Quería esforzarse para ser una buena esclava.


-Los dos a cuatro patas, como lo que sois, unos perros. Seguidme, rápido. Vamos al dormitorio.


   Y Pilar comenzó a andar, decidida y erguida, delante de ellos. María y Paco tuvieron que darse mucha prisa para seguir su ritmo a gatas, tanta, que se hicieron un poco de daño en las rodillas, pero a ninguno se le cayó duante el trayecto lo que llevaba en la boca.


-Dejar lo que lleváis en la cama y poneros de pie.


-Ya está mi ama.


-Sí mi señora.


-Desnudadme; quitármelo todo menos los zapatos.


   Y Pilar levantó los brazos y los puso en aspa para facilitar la labor. Esta vez sin decir palabra, pero sin perder un segundo, los dos comenzaron a desabrochar  a sacarle todas las prendas. Por último María le quitó el tanga y Paco el sujetador. Pilar estaba magnífica, con el pelo recogido en un moño y maquillada,  sólo sobre sus zapatos brillantes de medio tacón que resaltaban poderosamente sus piernas musculosas y femeninas, coronadas por sus caderas de cascada y sus nalgas generosas. Apenas tenía tetas pero los pezones se le disparaban hacia fuera como dardos. Y de toda aquella sinfonía anatómica, destacaba sobre todo, la raja perfectamente recta de su chocho, afeitado, raja simétrica y un poco abierta, como la rajita de una hucha con forma de cerdito rosado. Se llevó la mano al pubir y se la acarició con los dedos, cuyos extremos entraban y salían con facilidad de allí dentro.


-Perra.


-¿Sí mi señora?


-Abre el bolso y traeme la fusta. Voy a inspeccionaros.


-Enseguida mi señora.


   María le dio la fusta muy agachada, para evidencia su sumisión, y se puso al lado de Paco, con la mirada baja, ambos frente a ella.


-Y veo que has dejado a Paco muy guapa.


-Cumplí las órdenes de mi señora.


-¿Y tú cómo tienes el coño?


-Mojado mi señora.- María se abrió de piernas y avanzó el vientre y, efectivamente, Pilar le echó la mano al coño y comenzó a meterle y a sacarle los dedos rápidamente.


-Mojado no, perra, está empapado.


-Me estuve pajeando delante del esclavo como ordenó mi señora.


-¿Es cierto perro?


-Sí mi ama. No paró ni un segundo y estuvo así, tirada en el suelo, metiéndose y sacándose el consolador más de treinta minutos. Hasta que llamaste hace un momento a la puerta mi ama.


   Entonces dejó el coño de María y le cogió la polla a Paco, que sobresalía medio levantada del extremo del camisón rosa que llevaba. A pesar del ligero bigote, el maquillaje ostentoso que María le había hecho en l cara, no le quedaba mal. Parecía una mucheca japonesa, con cieto aire de morbosidad femenina, sobre la evidente virilidad de su cara.


-Muy mono el lacito, pero se lo apretaste demasaido.


-Lo siento mi señora.


-Ponte en posición; te daré seis fustazos en el culo por éso.


-Sí mi señora.


   Pilar lanzó el primero y María respondió sólo con un !ay! ras esperar un par de segundos, la cogió del pelo y la pegó el rostro a la cara para que la escuchara con atención.


-El culo espigado hacia fuera, las manos ujetándote las tetas y los cuentas, uno a uno, y después das las gracias por cada fustazo que recibas ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo putón?


-Perdón mi señora, lo siento mucho mi señora.


-En vez de seis serán doce, para que no te olvides de nada.


-Sí mi señora.


-Comenzamos. Atenta.


-Sí mi señora.


 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
2 de Octubre de 2011 a las 16:27
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-19.


 


   Ahora el fustazo fue seguido también por un sincero ay, pero después dijo "uno" y "gracias mi señora". Siguieron uno tras otro hasta doce, interrumpidos solo por el tiempo necesario para que María pudiera deci tras cada golpe lo que tenía que decir.


-Ay, ay, ay... doce... gracias mi señora.- El gesto de dolor de María se fundía ahora perfectamente sobre su rostro de maquillaje corrido por todos lados. Inspiraba un patetimo intenso que a Pilar le pareció bellísimo; la cogió otra vez del pelo y la metió la lengua en la boca. María la correspondió de inmediato con dulzura, como hechizada, rodeándola con los brazos y acariciándole la espalda. Mientras la besaba con lengua, Pilar la pasaba la mano por las nalgas, decoradas ahora con las manchas rojas provocadas por los golpes de fusta. Ella contoneaba el culitocomo una gatita al sentir ahí la mano firme de su señora.


-Basta. Luego te aplicaré el otro castigo que te impuse por videoconferencia. No te creas que se me ha olvidado.


-No se preocupe mi señora. Aunque usted no hubiese dicho nada yo se lo habría recordado. Ya sé que tengo que recibir todos los castigos sin dejar ni uno.


-Bien. Ahora solucionaremos lo del lacito; arrodíllate delante de él, se lo quitas y después se la chupas un poco para desentumecerle la polla. Vamos.


-Sí mi señora.


   Pilar se sentó en la cama, co mo una reina, y comenzó a pajearse con los dedos mientras veía a María arrodillada, que ya había deshecho el nudo  y se la metía en la boca y comenzaba a chupar, hacia dentro u hacia fuera, moviendo la cabeza.


-¿Te la chupó antes sin mi permiso, perro?


-Sólo un poquito mi ama, cuando me puso el lacito.


   María, sin sacársela de la boca, asintió con la cabeza.


-Bueno; no te castigaré por eso. Hoy estoy generosa.


   María sontió como pudo, con el pene en la boca, sin interrumpir los movimientos y la lanzó una mirada de gratitud.


-Déjale ya la polla.


-Sí mi señora.


-Mira; se la has puesto demasiado dura; hay que bajarle ese calentón; no me gusta que los esclavos disfruten demasiado.


   Pilar se levantó.


-!De rodillas coño!


   Ambos obedecieron.


-Tú, perro, pega la cara al suelo y mantén bien levantado el culo.


-¿Así mi ama?


   Pilar se descalzó el pie derecho y por toda respuesta se lo puso en la mejilla ue no estaba pegada en la moqueta. Mientras le pisaba la cara se puso correctamente la correa del extremo de la fusta en la muñeca. María la miraba arrodillada a su lado, con las manos como un angelito, como quien mira a una diosa. Pilar reparó en su mirada enamorada y la acarició el rostro.


-Por cierto; a ti todavía no te he azotado las tetas ¿No?


-Todavía no, mi señora.


-Pues ya va siendo hora. El castigo que te queda va a ser ahí; vete pensando un número generoso de fustazos y luego me lo dices.


-Sí mi señora.


-Y tú, perro; lame y besa. Voy a azotarte el culo.-^Paco, como pudo, giró un poco el rostro y así comenzó a besar y a lamer entre los dedos el pie descalzo de Pilar. El prmer fustazo sonó fuerte y seco. Tuvo que doler bastante.


-Uno... ay... gracias mi ama...


-Dos... -Y así, sin apenas pausas, cayeron más de treinta. Al final Pilar se volvió a calzar el pie y observó las nalgas enrojecidas de Paco que guardaba inmóvil la posición. La polla, que se le veía colgando detrás de los hueos, entre las piernas, había bajado bastante. Pilar, sin avisar, agarró con fuerza a María por el pelo y la hundió la boca en el culo de Paco.


-Chúpale bien el agujero del culo, putón.- Y como quien intenta hablar comiendo, María pudo decir "sí mi señora".


-Se lo dejas bien lubricado con saliva.


   Ahora María asintió con la cabeza sin dejar de cumplir la orden. Mientras ella seguía, Pilar se agachó y cogió del suelo el consolador. Se lo dio a María.


-Méteselo hasta el fondo.


-Sí mi señora.


 


 


 

SUBIRCITAR

salazar

salazar (desconectado)

Mensajes: 506
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2009
Ver perfil Mensaje privado Recomendar
15 de Octubre de 2011 a las 22:08
Re: Sadomasoquismo.

Sadomasoquismo-20.


 


   María cogió la polla de goma con ambas manos, apuntó y la hundió hacia dentro. Paco soltó quejidos y jadeos de dolor, pero siguió sin moverse. Mantenía el culo en pompa, de rodillas y con la cara en el suelo; se le habían puesto los ojos en blanco. La polla le había bajado bastante.


-Quieto ahí, sin moverte un rato. Perro mariconazo.


-Sí... mi ama.- Consiguió decir. Se le habían saltado un par de lágrimas.


-Y tú guarra, acércate.


-Sí mi señora.- María andó rápido dando pasitos de rodillas y se pegó a las piernas de Pilar, que lanzaba fustazos al aire, para desentumecerse la muñeca, y se metía los dedos en el coño con la otra mano.


-Las palmas en la nuca y ofréceme bien las tetas. No cuentes los fustazos; sólo voy a darte tres o cuatro, pero éso sí; ni se te ocurra moverte !Vamos!


-Sí mi señora.- María levantó los brazos como se le había indicado, sacó pecho y cerró los ojos esperando el primer golpe. No se hizo esperar. María soltó un grito de auténtico dolor y no le dio tiempo a terminarlo cuando recibió otro y otro y otro y otro fustazo.


-Vale. Da las gracias puta.


   María estaba llorando y se le salía un poco la saliva por las comisuras de los labios.


-Muchas gracias... mi señora... ¿Puedo preguntarle algo a mi señora?


-Habla.


-¿Prefiere mi señora que la llame "ama" o que la siga llamando "mi señora" ?


-Tú, desde el principio, y creo que de manera natural, me has llamado señora y me has tratado de usted, y eso me gustó, así que quiero que continúes haciéndolo del mismo modo, perra.


-Sí mi señora. Gracias mi señora.


-Ahora vuelve a erguirte y saca las tetas que voy a darte otros tres fustazos pr preguntona.


-Sí mi señora.


   María soltó un sollozo, y rápidamente, uno detrás de otro, cayeron los golpes sobre las caras superiores de sus pechos y sobre los pezones.


-Da las gracias.


-Gracias mi señora.- Sollozaba.


-Ya puedes bajar los brazos.


-Gracias mi señora.


   Pilar cogió el bolso de piel que había dejado encima de la cama, abrió la cremallera y comenzó a buscar algo.


-Ponte como Paco; el culo bien levantado y la cara en el suelo.


-Sí mi señora.


   Sacó un cinturón con doble dildo, negro, curvado y poderoso.


-Sácate la puta zanahoria.


-Sí... ah... ah... ya está mi señora.


-Tírala.


-Sí mi señora.


   Se abrochó el dildo a la cintura, bien apretado, metiéndose hasta el fondo la polla de goma de su lado, y quedaba hacia fuera, de igual tamaño, otra polla que parecía suya.


-Con los fluidos que te chorrean del coño lubrícate bien el agujero del culo !Vamos putón, rápido!


-Sí mi señora, ya lo hago.


   Preparada para follar, se arrodilló justamente detrás de María, y la cogió con salvaje brusquedad de las nalgas y los muslos.


-Ábrete bien, zorra, voy a darte por el culo de una puta vez.


-¿Por el culito... mi señora?


   María obedeció, bajando un poco las caderas a la altura del dildo y abriéndose de piernas todo lo que pudo.


   Pilar situó la punta de la polla de goma del dildo, justo, contra el agujero de culo de María, y antes de metérsela, la cogió con fuerza del pelo y la giró el rostro para verla la cara. Estaba a cuatro patas, y aunque melosa y con pose de gatita, se sentía un poco acobardada, ante la mirada salavje de Pilar.


-Sí. Por el culo. Te voy a follar a tope por el culo ¿Tienes algún problema con eso, pedazo de putón barato?


-Le pido perdón a mi señora.


-Haces bien en pedir perdón; porque no me gusta nada que me desobedezcan; no me gusta nada de nada.- La tiró con fuerza del pelo.


-Mi señora, usted puede hacer conmigo lo que quiera. Yo sólo quiero dar placer a mi señora del alma.


-¿Mi señora del alma?


-Yo la quiero a usted mucho mi señora; por favor, no me deje nunca, por favor.


-No te pongas cursi, putón, y basta de charla. Voy a encularte.


-Sí mi... - María no fué capaz de terminar la frase. Pilar dio un brutal empujón y metió la polla hasta la mitad. María se quedó con la boca abierta por el dolor, sin dejar de emitir un sordo gritito. Pilar la seguía agarrando del pelo, y así, la empujaba hacia atrás, como si fuese una yegua, y ella, a cuatro patas, con la espalda doblada, y el culo y la cabeza levantados, se dejaba hacer lo que su señora quisiera, sin rechistar. Y otro empujón. Todo el pollón hasta el fondo. Pilar soltó un jadeo de placer sintiendo su bajo vientre chocar contra las nalgas entregadas de María. El alargado gritito se había convertido en un sollozo sordo, un poco ahogado, y salpicado de ays, pero no se movía. Pilar comenzó a metérsela y a sacársela, con golpes de cintura, y ahora sujetándola con fuerza del pelo con ambas manos. Parecía que cabalgase. Resoplaba y su rostro era una erupción de furia y deseo desbocado. María había roto a llorar pero mantenía la posición y se abría de patas todo lo que podía. Pilar la soltó del pelo, pero seguía follándosela a golpes de pelvis. Lanzó una sonora palmada contra el culo de Paco, que continuaba al lado, también de rodillas. Con la mano derecha le sacó el consolador al taxista para volver a metérselo de inmediato un par de centímetros más adentro.


   Paco jadeó. María lloraba.


-Putones. Esto es lo que merecéis, que os den bien por el culo.


  Pilar estaba chorreando, porque la polla del dildo que tenía metida en el coño tampoco paraba.


-Dar las gracias; los dos.


-Muchas gracias mi ama.- Dijo Paco apretando los dientes.


-Mi señora del alma, muchas gracias.- Dijo María, entre mocos, lágrimas y pucheros.


-No vuelvas a llamarme esa cursilería. Con "mi señora" basta.


-Sí mi señora.


-!Perra!


-Gracias mi señora.


   


 


  

SUBIRCITAR

     
Páginado 18 de 20 1 | 2 | 3 ... | 17 | 18 | 19 | 20
Últimos 15 posts
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por ElCubo el 23 de Mayo de 2012 a las 9:00
Foros Abierto LXII Concurso de Poesía: Tema y rima libres. Hilo para los poemas: por poesiabubok el 23 de Mayo de 2012 a las 0:27
Foros Abierto LXII Concurso de Poesía: Comentarios primaverales más o menos informales por raitann el 22 de Mayo de 2012 a las 23:54
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por raitann el 22 de Mayo de 2012 a las 23:42
Foros Abierto Otro artículo sobre mis bastardos en la prensa por ARPolanco el 22 de Mayo de 2012 a las 23:40
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por Zara_x el 22 de Mayo de 2012 a las 21:02
Foros Abierto LXXXIII edición de relatos - LA CODICIA (comentarios) por oterocouto el 22 de Mayo de 2012 a las 20:28
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por lasacra el 22 de Mayo de 2012 a las 20:25
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por oterocouto el 22 de Mayo de 2012 a las 20:18
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por oterocouto el 22 de Mayo de 2012 a las 19:58
Foros Abierto Sólo por saber.... por rafaelfernandez el 22 de Mayo de 2012 a las 19:49
Foros Abierto Sólo por saber.... por rafaelfernandez el 22 de Mayo de 2012 a las 19:48
Foros Abierto Sólo por saber.... por rafaelfernandez el 22 de Mayo de 2012 a las 19:46
Foros Abierto Comentarios fieles sobre la traición (edición 82) por lasacra el 22 de Mayo de 2012 a las 18:52
Foros Abierto Mis libros impresos aún no llegan por rafaelfernandez el 22 de Mayo de 2012 a las 18:51
Información

87963 mensajes en los foros

71283 usuarios registrados

Últimos usuarios registrados en Bubok Pereti, HArendt, FuentesCA, ricardomeza, platosrotos, leonardstewart, Juan1234, Diegoloz, deseisadoce, Morena19

         
Ayuda online