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    Sadomasoquismo.

     
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Sadomasoquismo.
salazar

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23 de Marzo de 2010 a las 20:28
Re: Sadomasoquismo.

cita de salazar

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. 

   La imagen era impresionante; a través de todo el largo pasillo Pilar, caminando erguida, en su ceñido traje de ejecutiva, sin dejar de mirar al frente, arrastraba literalmente a Virginia del pelo, que desnuda, sólo con los taconazos de cordones de sandalias altas, la seguía como podía, dando pasos entrecortados, haciendo malabarismos para que no se le derramara el cubo con los orines de su jefa, y medio agachada. Al llegar al cuarto de baño, abrió la puerta, y la metió dentro. Virginia cayó al suelo sobre sus nalgas, pero consiguió dejar a su lado el cubo, de pie, sin que se derramara nada. 
-Métete en la bañera.- 
-Sí Pilar.- 
-Ponte de rodillas.- 
-Sí Pilar.- 
-Las manos en la espalda, la frente muy levantada y las tetas totalmente erguidas. Necesitas aprender humildad, puta, y yo voy a enseñártela ¿Quieres que siga?- Pilar había cogido el cubo. 
-Sí Pilar, te lo suplico por favor, sigue, enséñame todo lo que tú quieras, yo voy a ser muy obediente. Por favor. Sigue.- 
   La jefa le puso el cubo sobre la cabeza y comenzó a derramarle, poco a poco, sobre su hermoso pelo rubio y ondulado, todos los meados. Virginia se quedó muda, e inmóvil. La asquerosa ducha duró más de veinte segundos, porque Pilar se lo tomó con calma, regodeándose. Cuando por fin terminó dejó el cubo en el suelo, vacío ya, y cruzándose de brazos, la miró con media sonrisa. 
-Te vas a quedar ahí sin moverte un ratito; como media hora, más o menos. Quiero que los meados que te he echado sobre la cabeza y el cuerpo se te sequen un poco, luego, en cuanto te llame, vuelves al salón corriendo y me sirves la cena. Ahora me voy a ver la tele un poco y a tomarme la copa tranquilamente ¿Lo has entendido todo bien? ¿Tienes alguna duda?- 
-No Pilar, lo he entendido todo bien.- 
-Pero no pongas esa cara. Sonríe un poco. Te estoy enseñando. Es eso lo que querías ¿no? Que yo te enseñara.- 
-Sí Pilar, te estoy muy agradecida.- 
-Sonríe más, zorra, ya sabes que no me gusta tener que repetirte las cosas.- -Sí Pilar. Perdón.- 
-Así está mejor.- La jefa salió del cuarto de baño. Cuando el repiqueteo de sus tacones alejándose, cesó, comenzó a oírse el sonido de la tele; había puesto un programa de cotilleos. También sonaban los cubitos de hielo de su whisky. De vez en cuando. También a veces se reía, un poco, de lo que decía alguno de los pseudoperiodistas del famoseo. Al cabo de quince minutos a Virginia le dolían las rodillas, pero no se atrevía a moverse, seguía en la misma posición, retorciéndose nerviosamente las manos en la espalda y mirando la puerta abierta del baño, esperando, ansiosa, a que Pilar la llamara para salir corriendo. Obedecer bien era lo único que la preocupaba. Su jefa cambió de canal para evitar los anuncios; estuvo un rato zapeando sin dejar nada más de seis segundos, y al final, volvió a los cotilleos. Ya había pasado el intermedio publicitario. 
-!Puta!- 
-¿Sí Pilar?- 
-!Levántate y quédate de pie en la bañera!- 
-!Sí Pilar!- Virginia pensó que aquello era increíble. Como si acabase de leerla el pensamiento. Se había dado cuenta de que la dolían las rodillas y por eso la mandaba que se levantase, así, al cambiar de posición, ya no le dolerían. Y era verdad. Estaba de pie y sentía las piernas mucho más aliviadas. Virginia pensó que Pilar era sencillamente maravillosa y aunque continuaba teniendo el pelo bastante húmedo, sobre el resto de su cuerpo desnudo, los meados parecían ya haberse secado. Probablemente, como su jefa era tan inteligente, no tardaría mucho en llamarla. Y se preparó mentalmente para reaccionar enseguida en cuanto eso sucediera. 
-!Puta!- Bingo. 
-¿Sí Pilar?- 
-!Quiero mi cena!- 
-!Enseguida Pilar!- 
   La secretaria abandonó la bañera y corriendo todo lo que le permitían los tacones se acercó a Pilar que, cómoda y relajada, veía la tele desde el sofá. 
-¿Dónde quieres cenar? ¿En la mesa o ahí donde estás?- 
-Aquí. Tú me sostendrás los platos y todo lo demás, porque sólo voy a comer yo. Esta noche tú vas a hacer dieta.- 
-Sí Pilar.- 
   La jefa cambió de canal con el telemando, habían vuelto los anuncios, y la secretaria ya estaba poniendo el menú japonés que habían comprado en el wok, sobre sus mejores platos. También sacó la botella de vino blanco que aquella mañana temprano había metido en la nevera para que se enfrescara. Todo, con cubiertos y servilletas, lo puso sobre una bandeja y volvió junto a Pilar, que ni siquiera la miraba, seguía atenta a la tele. Se arrodilló junto a su jefa, puso la bandeja en el suelo y le ofreció el plato de shusis. Pilar lo cogió con una mano y con la otra le acarició la barbilla; acababa de apagar la tele, y estuvo unos segundo observándola. Virginia temblaba de emoción y no osaba moverse. 
-Qué guapa estás así, aunque ahora hueles un poquito mal.- 
-No me importa Pilar, si eso es lo que a ti te agrada.- 
-Échate el pelo a la espalda; quiero verte bien las tetas, sobre todo los pezones, me encanta vértelos tan en punta, parecen dos clavitos.- 
-Sí Pilar.- 
   La jefa cogió el plato y comenzó a comer las ruedecitas de alga, arroz y pescado crudo. 
-¿Sabes lo que eso significa?- 
-¿El qué Pilar?- 
-Que tengas tan erguidos los pezones.- 
-No estoy segura...- 
-Significa que estás muy excitada. Abre las piernas y tócate el chocho.- 
-Sí Pilar.- 
-Métete un par de dedos. Hasta el fondo.- 
-Sí Pilar.- 
-Sácales y enséñamelos... así... muy bien... ¿cómo están?- 
-Mojados.- 
-Como tu coño. Te acabo de echar mis meados por la cabeza y estás totalmente salida. Límpiate esos dedos con la boca, cerda, y dame un poco de vino.- 
-Sí Pilar... glup... tu copa.- 
   Mientras la jefa bebía y comía, medio tumbada en el sofá, la secretaria, servicial y atentísima, a sus pies como una mascota, no paraba de pasarla y de recoger, platos, cubiertos y servilletas cuando su invitada los iba necesitando. Finalmente, cuando Pilar se sintió saciada, la ordenó que se lo llevara todo, y tras hacerlo a toda pastilla, la secretaria volvió a la misma posición. 
-Tienes hambre ¿verdad?- 
-Un poco Pilar.- 
-Aunque no es lo mismo, pero te voy a dejar que me comas un poco el coño, el culo y la boca.- 
   Virginia no supo qué responder a aquello, simplemente se le puso una expresión ilusionada que le iluminó todo el rostro y comenzó a asentir nerviosamente con la cabeza. 
-Pero no tengas prisa, eso será al final.- 
-¿Al final?- 
-Primero tengo que seguir enseñándote unas cuantas cosas.- 
-Lo que tú digas, Pilar.- 
-En mi bolso tengo una fusta y el consolador negro con el que me masturbé delante de tí en la oficina. Me lo traes todo. Venga.- 
-Sí Pilar.- 
   Era un poco sorprendente que consiguiera andar tan deprisa con aquellos desmesurados tacones, pero a Pilar la encantaba ver cómo se movía, sobre todo, la encantaba ver su culito respingón en movimiento con aquellas prisas, y por supuesto, desnuda como estaba. Ya de vuelta volvió a arrodillarse ante ella, y como quien ofrece sagradas reliquias, le acercó la fusta y la polla sintética. Su jefa solo cogió la fusta. 
-La polla te la metes en el coño, que no se caiga, y luego te pones las manos en la nuca, como los detenidos por la policía en las películas.- 
-Sí Pilar.- 
-Sí que ha entrado bien ¿eh putón? ¿a que estás chorreando?- 
-Un poco... - 
-Vamos a hacer un experimento; quiero saber si tus pezones siguen igual de erguidos después de darte en las tetas... hum... doce fustazos, sí, en cada una doce fustazos.- 
-¿Doce fustazos?- 
-Por poner esa carita contrariada te daré veinte fustazos. Veinte en cada teta. No te he dicho que bajes los brazos idiota.- 
-Perdón pilar.- 
-Quiero más atención. Veintidós fustazos. Quiero mucha más atención por tu parte.- 
-Sí Pilar.- 
-¿Te parece bien recibir veintidós fustazos en cada teta?- 
-Sí Pilar, me parece muy bien porque es lo que tú quieres hacer conmigo.- 
-Claro, te estoy enseñando. Da las gracias perra.- 
-Muchas gracias por enseñarme Pilar.- -Y sonríe.- 
-Sí Pilar.- 
-Pues venga, empecemos. Lo más importante es que no te muevas. Que no te muevas ni medio centímetro mientras te estoy dando, guarra.- 
-¿Que no me mueva?- 
-Veinte y cuatro. Por hacerme repetir las cosas.- 
-Perdón Pilar. Perdón. No me moveré. Empieza. Ya verás que quieta voy a estar Pilar, empieza. Cuando quieras empieza ya a darme. De verdad.- 
  


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bizarro

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23 de Marzo de 2010 a las 22:11
Re: Sadomasoquismo.

Te propongo un reto para el que no sé si tendrás que hacer algún trabajo de investigación. Ya que has mencionado el BDSM y, como he oído campanas al respecto de su jerarquía (reinas regionales, etc), y como me suena muy mucho a la alienación seductora y curativa de los juegos de rol, te pregunto: ¿no ves relación entre ambas cosas?


Más allá; creo que esa jerarquía trasciende la realidad y, cagándose en la frialdad de los clubes sociales virtuales, usando las mismas fórmulas que las comunidades de "vampiros", clubes de lucha y adeptos a encarnar otras vidas, mantienen la bandera del sexo en una mano para saludar a todos los otros grupos humanos que recrean otras realidades, personalidades y mundos, portan el espíritu del anuncio de playstation en que un montón de cara con la misma voz decían: "si me vieras en mi trabajo en la ofician, jamás podrías imaginar que yo... he dirigido ejércitos... he conquistado mundos... yo puedo decir que he vivido".


¿Se trata de lo mismo, según tú, Salazar? ¿Se trata de vivir el doble, dos veces, o dos personajes?

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24 de Marzo de 2010 a las 18:44
Re: Sadomasoquismo.

   ¿Los aficionados al sadomasoquismo vivimos nuestra orientación sexual como una vida secreta? ¿Como una doble vida? Sí Bizarro. Definitivamente sí. Pero quiero que pienses una cosa; lo único que nos diferencia a nosotros de cómo vives tú, tu propia orientación sexual, es que el pudor, el deseo de privacidad y el respeto al otro copulante, se materializan en un secretismo espontáneo y natural, socialmente comprensible, con el que proteges y defiendes tu vida sexual. Las sadomasoquistas, haciendo lo mismo, sustituimos lo natural y espontáneo de ese secretismo por un culto metódico y estrictamente ritualizado. Y no tiene ningún mérito especial; es puro instinto de supervivencia colectivo. Ahora bien, el símil que haces con los juegos de roll, y yo añadiría además, con el mundo de los videojuegos, es pertinente e interesante. El cultivo del yo profundo en áreas poderosamente creativas y excitantes, en áreas de ámbito restringido, es la mayor herramienta de potenciación de la libertad individual de nuestro siglo. Y de Internet. Y es verdad, en éso nos parecemos mucho.    

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bizarro

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26 de Marzo de 2010 a las 22:02
Re: Sadomasoquismo.

Es que me pareció flipante escuchar en la radio a un tipa (que deber ser superfamosa), que era como la reina del sadomaso en España, pero que le rinde culto a la reina que está por encima, que nose si vive en Hungría o por ahí, y que incluso tiene un palacio.


Es una sociedad beta dentro de la sociedada alfa, una jerarquía beta dentro de la jerarqu´´ia alfa, una vida beta dentro de la alfa, y eso me recordaba muchísimo al rol. Y a los clubes de vampiros. Y a los clubes de lucha. El futuro está en elegir tu vida, y usar esta vida nuestra compartida y genérica para sustentar la que realmente te gusta.

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27 de Marzo de 2010 a las 19:19
Re: Sadomasoquismo.

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. 


   Como los vampiros, hay dos clases de aficionados al sadomasoquismo; los que son de nacimiento, mejor dicho, los que de manera espontánea han unido sus primeras prácticas masturbatorias, obviamente púberes, al autoinflingimiento del dolor, desde los mismos inicios solitarios de introducción corporal al sexo, y los que descubren el Sadomaso ya adultos, y sintonizan tan bien con la práctica que a partir de ese momento la adquieren como su orientación erótica preferente. Y como los vampiros los segundos son contagiados por los primeros o por otros del segundo grupo que ya han sido previamente convertidos en sadomasoquistas. Nacer con ello da cierta ventaja, fundamentalmente una ventaja cronológica, porque se tiene suficiente tiempo para asimilar que se es aficionado a una práctica sexual muy minoritaria, pero los conversos se encuentran con ese enorme inconveniente de repente y en toda su crudeza. Casi siempre cuando más les apetece desarrollar lo que acaban de descubrir como una revelación,  como un auténtico hallazgo que les va a hacer capaces, por fin, de realizarse con plenitud en el ámbito sexual. Y entonces comienzan a ser conscientes de las enormes dificultades que hay para llegar a conseguir parteners adecuados y contemplan, con bastante angustia personal, el inmenso desierto vainilla, es decir, el mundo no-sadomaso, que rodea sin piedad a los aficionados. Después de un año de haber conocido a Agustín, a Vanesa y a su amo Andrés, Elena estaba comenzando a digerir el hecho, porque desde entonces, lo que sí le había quedado perfectamente claro, era que lo que le gustaba de verdad, era aquello. Conversa convencida y entusiasta a partir de entonces había pasado muchas tardes y noches en su casa o en la de Andrés siendo una participante más de pleno derecho en las sesiones orquestadas por aquel amo. Andrés, poseedor de un cuerpazo escultórico y de una imaginación tan creativa como cruel con las esclavas, había sido un mentor de lujo para su introducción en el tema. Después de tantos meses de soledad vainilla ahora se daba cuenta. Por motivos profesionales, Andrés tuvo que dejar Madrid cuando estaba acabando el curso universitario 2008-2009 de la Complutense. Elena seguía trabajando allí como profesora en Filología, pero incluso sin amo, durante buena parte del verano, siguió viéndose con sus alumnas Agustín y Vanesa. Aunque lastimosamente, y aunque ellas tres intentaron evitarlo, aquellos encuentros dejaron enseguida de ser sesiones de sadomaso de verdad para degenerar, progresivamente, en orgías lésbicas con  látex, dildos y algo de spank. No estaba mal, pero en el fondo, no era lo que ninguna de las tres estaba buscando. Cada una, con su propio estilo, era una esclava excepcional, pero solas, sin una persona que las dominara, que las humillara, que las castigara y que las usara sexualmente sin piedad, dejaron de quedar juntas por aburrimiento. No hubo reproches, ni enfados ni mal ambiente, simplemente, la cosa se fue enfriando hasta desaparecer y al final, cada una terminó por su lado buscando con mayor o menor fortuna a alguien que las supiese dominar. Vampiras en el mundo vainilla. Aquel pensamiento autoirónico hacía sonreír con mucha frecuencia a Elena. La relación académica continuó entre las tres sin ninguna interferencia; Agustín y Vanesa seguían siendo alumnas suyas. Pudo observar por ello, con auténtica admiración, la conversión trans y absoluta de Agustín, en una bellísima mujer, aunque sin pechos. No quería ponerse implantes de silicona ni inyectarse hormonas, aunque sí se aumentó quirúrgicamente el volumen de las nalgas y la forma de la cintura. El resultado era esplendoroso; estaba guapísima, y además, la falta de tetas, le daba un toque hermafrodita y enigmático insuperable. Ella sí continuaba manteniendo el contacto con Andrés, al que seguía considerando su amo, pero al no residir éste en la ciudad, ejercía el dominio sobre Agustín a través de teléfono, de sms y videoconferencias por Internet. Cibersexo. Por supuesto que no era igual para quien estaba acostumbrado a los encuentros reales, a las sesiones de verdad, pero además de conformarse con "algo es algo", había dos cosas; la primera que a Agustín se le hacía sencillamente insoportable la idea de ser, aunque fuese temporalmente, una esclava sin amo, y la segunda, que Andrés, siempre excepcional en su papel dominante, comprendiendo este hecho, le ordenaba constantemente cosas encaminadas, indirectamente, a encontrar cuanto antes a alguien que le sustituyese. De ahí, por ejemplo, que se la hubiese prestado a José Andrés Salazar para ir al estreno de las Cenas con Talento del restaurante japonés Robata. En cuanto a Vanesa seguía como siempre increíblemente guapa; todo en ella era belleza sensual, natural y espontánea, y aunque también se había vuelto vampira, por su carácter, práctico y conformista, mantenía relaciones sexuales frecuentes con quien le apetecía de la densa nube de pretendientes que pululaban siempre a su alrededor, la mayoría de las veces, relaciones heteros convencionales. Para pasar el rato. Decía. Qué le vamos a hacer. Y se lamentaba con su amiga Agustín, pues ambas se seguían viendo y quedando con mucha frecuencia, de lo bien que se lo pasaron juntas con el amo Andrés y de lo distante y nostálgicos que le parecía ahora aquellos encuentros después de que el mencionado amo llevara tan sólo unos meses lejos. Elena, en cambio, siempre introvertida, como acompaña al carácter de casi todo profesional intelectual, pasaba en estos momentos una época de sequía. De repente sus aventuras lésbicas dejaron de resultarle divertidas, no la incomodaban, en absoluto, le seguían gustando sobre todo las tías, pero si era sólo sexo convencional, sin dominación, ni sumisión, simplemente, la aburría. Lo peor que puede pasar. Y la maldición vainilla comenzaba a cernirse sobre ella como una pesada carga. Por eso, y después de muchos intentos acabados en decepción y/o desengaños a través de contactos, y de un par de visitas a profesionales, con las que no terminó de encajar, decidió visibilizar un poco su tendencia sadomaso para ver lo que pasaba. Quizás, así, pudiera por fin ligar. Y para ello, después de investigar un poco en Internet, decidió que lo mejor era exhibir el Quagmyr; ése mensaje indirecto lo entendería de inmediato cualquier buen aficionado al tema, y ya no le apetecían más equivocaciones, quería precisamente eso, que fuese un aficionado con experiencia. Lo que le costó fue encontrar el símbolo. Otra vez la inanición vainilla. Ni en joyerías ni en tiendas de bisutería, nada de nada en todo Madrid; terminó pidiéndolo por Internet y afortunadamente lo recibió enseguida en casa, pagando, por supuesto, un elevado precio. Pero ya está. Pensó. Al recibirla se quedó mirando embelesada sobre la palma de su mano el Quagmyr, del tamaño de una moneda de dos euros,con una pequeña argolla para colgar del cuello, precisamente lo que ella quería, una obra preciosa y absolutamente de código. Sin tonterías. El trisquel de contorno grueso y cromado, como corresponde a una esclava, y las tres zonas yingyang en negro y perforadas por su centro. Sano, sensato y consensuado. Ese era el significado simbólico de aquel objeto. El collar, de cuero entrelazado y, por supuesto, oscuro, hacía tiempo que lo tenía preparado. Puso en él el Quagmyr y se lo trabó en el cuello; le quedaba justo. Un poco apretado. Quería llevarlo así por dos razones; primero porque de esa manera le recordaba al anillo de esclava de Historia de O y eso la excitaba, y segundo, porque al mantenerse inmediatamente debajo de la nuez la medalla permanecía siempre visible aunque vistiese camisa. Hoy era el segundo día que lo llevaba y estaba en clase, acababa de terminar la asignatura y mientras sus alumnos abandonaban el aula le pidió a Virginia que se quedase un momento porque quería comentarle algo. 
-Sólo serán dos minutos.- 
-Vale.- 
   Se sentaron en un pupitre de la primera fila; Virginia ya estaba en segundo, en el turno de noche, porque por las mañanas trabajaba, como casi todos los que acudían a clase a esas horas y Elena, en líneas generales, estaba contenta con su rendimiento. Pero aquel mes... 
-No me has entregado el trabajo de Noviembre y ya sabes que lo necesito para poder justificar el aprobado de los alumnos sin necesidad de someteros a un examen final.- 
-Es verdad Elena, lo siento.- 
-Tú siempre me lo has entregado a tiempo sin ningún problema.- 
   La profesora se fijó en lo guapa que estaba su alumna; llevaba un vestido de tela finísima, con grandes flores estampadas, un poco escotado, por encima justo de las rodillas y sujeto a la cintura. Se había sentado cruzando las piernas y destacaban mucho sus botas de piel con tacón. El pelo lo llevaba recogido en una abultada moña de valquiria y estiraba los brazos, entrelazando los dedos de ambas manos, sobre la paleta para escribir de la silla. Así, inclinando un poco el tronco a un lado y ruborizada por el comentario de Elena, era una sinfonía de curvas con aspecto de niña mala recién descubierta en una travesura. Un encanto. La profesora iba con vaqueros ajustados de talle muy bajo y camisa corta, que no le tapaba el ombligo y cuatro botones abiertos arriba. Estaba también muy atractiva con su figura un poco descubierta de veinteañera y su rostro de cuarenta, maquillado sin exceso, con gafas de leer y melenita caoba. Se dio de repente cuenta que Virginia se había quedado muda e inmóvil, centrando su atención en algo. Todavía no la había contestado. 
-¿Virginia?- 
-Perdona, es que mi trabajo se ha complicado un poco. Tengo que encontrarme ahora muchos días con mi jefa después de la jornada normal y eso me quita mucho tiempo.- 
-¿Pero qué es lo que me estás mirando tanto?- 
-Eso.- 
-¿La medalla que llevo al cuello?- 
-Sí.- 
-¿Por qué te interesa tanto?- 
-¿Puedo tocarla?- 
   La profesora dijo que sí con la cabeza y Virginia alargó la mano y comenzó a tocar el símbolo como si se tratase de una reliquia. 
-Qué bonito es al natural; yo hasta ahora sólo había visto dibujos.- 
-¿Sabes lo que significa?.- Elena le acercó el rostro y pudo oler el aliento con sabor a chicle de fresa ácida de su alumna. Sintió sus propias mejillas calientes y las costuras del vaquero oprimiéndole el bajo vientre. 
-Pilar me ha enseñado el dibujo de este símbolo muchas veces, para que pueda identificarlo inmediatamente si veo a alguien que lo lleva.- 
-¿Quién es Pilar?- 
-Mi jefa. Y me ha ordenado lo que tengo que hacer, en el acto, si la persona que lo lleva encima en una mujer.- 
-¿Como yo?- 
-Sí, como tú, Elena.- A Virginia se le había cambiado la expresión y hablaba mecánicamente, como una embrujada. 
-¿Y qué tienes que hacer?- 
-Llamarla y contárselo.- La alumna también se había ruborizado y estaba sacando ya su móvil del bolso. Estaba claro que iba a hacer lo que se le había dicho de inmediato. 
-¿Tu jefa te dice ese tipo de cosas?- 
-Es que... es más que mi jefa.- 
-¿Más que tu jefa?- 
-Es mi ama.- Virginia ya estaba pulsando.

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29 de Marzo de 2010 a las 20:43
Re: Sadomasoquismo.

cita de salazar

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. 

   Como los vampiros, hay dos clases de aficionados al sadomasoquismo; los que son de nacimiento, mejor dicho, los que de manera espontánea han unido sus primeras prácticas masturbatorias, obviamente púberes, al autoinflingimiento del dolor, desde los mismos inicios solitarios de introducción corporal al sexo, y los que descubren el Sadomaso ya adultos, y sintonizan tan bien con la práctica que a partir de ese momento la adquieren como su orientación erótica preferente. Y como los vampiros los segundos son contagiados por los primeros o por otros del segundo grupo que ya han sido previamente convertidos en sadomasoquistas. Nacer con ello da cierta ventaja, fundamentalmente una ventaja cronológica, porque se tiene suficiente tiempo para asimilar que se es aficionado a una práctica sexual muy minoritaria, pero los conversos se encuentran con ese enorme inconveniente de repente y en toda su crudeza. Casi siempre cuando más les apetece desarrollar lo que acaban de descubrir como una revelación,  como un auténtico hallazgo que les va a hacer capaces, por fin, de realizarse con plenitud en el ámbito sexual. Y entonces comienzan a ser conscientes de las enormes dificultades que hay para llegar a conseguir parteners adecuados y contemplan, con bastante angustia personal, el inmenso desierto vainilla, es decir, el mundo no-sadomaso, que rodea sin piedad a los aficionados. Después de un año de haber conocido a Agustín, a Vanesa y a su amo Andrés, Elena estaba comenzando a digerir el hecho, porque desde entonces, lo que sí le había quedado perfectamente claro, era que lo que le gustaba de verdad, era aquello. Conversa convencida y entusiasta a partir de entonces había pasado muchas tardes y noches en su casa o en la de Andrés siendo una participante más de pleno derecho en las sesiones orquestadas por aquel amo. Andrés, poseedor de un cuerpazo escultórico y de una imaginación tan creativa como cruel con las esclavas, había sido un mentor de lujo para su introducción en el tema. Después de tantos meses de soledad vainilla ahora se daba cuenta. Por motivos profesionales, Andrés tuvo que dejar Madrid cuando estaba acabando el curso universitario 2008-2009 de la Complutense. Elena seguía trabajando allí como profesora en Filología, pero incluso sin amo, durante buena parte del verano, siguió viéndose con sus alumnas Agustín y Vanesa. Aunque lastimosamente, y aunque ellas tres intentaron evitarlo, aquellos encuentros dejaron enseguida de ser sesiones de sadomaso de verdad para degenerar, progresivamente, en orgías lésbicas con  látex, dildos y algo de spank. No estaba mal, pero en el fondo, no era lo que ninguna de las tres estaba buscando. Cada una, con su propio estilo, era una esclava excepcional, pero solas, sin una persona que las dominara, que las humillara, que las castigara y que las usara sexualmente sin piedad, dejaron de quedar juntas por aburrimiento. No hubo reproches, ni enfados ni mal ambiente, simplemente, la cosa se fue enfriando hasta desaparecer y al final, cada una terminó por su lado buscando con mayor o menor fortuna a alguien que las supiese dominar. Vampiras en el mundo vainilla. Aquel pensamiento autoirónico hacía sonreír con mucha frecuencia a Elena. La relación académica continuó entre las tres sin ninguna interferencia; Agustín y Vanesa seguían siendo alumnas suyas. Pudo observar por ello, con auténtica admiración, la conversión trans y absoluta de Agustín, en una bellísima mujer, aunque sin pechos. No quería ponerse implantes de silicona ni inyectarse hormonas, aunque sí se aumentó quirúrgicamente el volumen de las nalgas y la forma de la cintura. El resultado era esplendoroso; estaba guapísima, y además, la falta de tetas, le daba un toque hermafrodita y enigmático insuperable. Ella sí continuaba manteniendo el contacto con Andrés, al que seguía considerando su amo, pero al no residir éste en la ciudad, ejercía el dominio sobre Agustín a través de teléfono, de sms y videoconferencias por Internet. Cibersexo. Por supuesto que no era igual para quien estaba acostumbrado a los encuentros reales, a las sesiones de verdad, pero además de conformarse con "algo es algo", había dos cosas; la primera que a Agustín se le hacía sencillamente insoportable la idea de ser, aunque fuese temporalmente, una esclava sin amo, y la segunda, que Andrés, siempre excepcional en su papel dominante, comprendiendo este hecho, le ordenaba constantemente cosas encaminadas, indirectamente, a encontrar cuanto antes a alguien que le sustituyese. De ahí, por ejemplo, que se la hubiese prestado a José Andrés Salazar para ir al estreno de las Cenas con Talento del restaurante japonés Robata. En cuanto a Vanesa seguía como siempre increíblemente guapa; todo en ella era belleza sensual, natural y espontánea, y aunque también se había vuelto vampira, por su carácter, práctico y conformista, mantenía relaciones sexuales frecuentes con quien le apetecía de la densa nube de pretendientes que pululaban siempre a su alrededor, la mayoría de las veces, relaciones heteros convencionales. Para pasar el rato. Decía. Qué le vamos a hacer. Y se lamentaba con su amiga Agustín, pues ambas se seguían viendo y quedando con mucha frecuencia, de lo bien que se lo pasaron juntas con el amo Andrés y de lo distante y nostálgicos que le parecía ahora aquellos encuentros después de que el mencionado amo llevara tan sólo unos meses lejos. Elena, en cambio, siempre introvertida, como acompaña al carácter de casi todo profesional intelectual, pasaba en estos momentos una época de sequía. De repente sus aventuras lésbicas dejaron de resultarle divertidas, no la incomodaban, en absoluto, le seguían gustando sobre todo las tías, pero si era sólo sexo convencional, sin dominación, ni sumisión, simplemente, la aburría. Lo peor que puede pasar. Y la maldición vainilla comenzaba a cernirse sobre ella como una pesada carga. Por eso, y después de muchos intentos acabados en decepción y/o desengaños a través de contactos, y de un par de visitas a profesionales, con las que no terminó de encajar, decidió visibilizar un poco su tendencia sadomaso para ver lo que pasaba. Quizás, así, pudiera por fin ligar. Y para ello, después de investigar un poco en Internet, decidió que lo mejor era exhibir el Quagmyr; ése mensaje indirecto lo entendería de inmediato cualquier buen aficionado al tema, y ya no le apetecían más equivocaciones, quería precisamente eso, que fuese un aficionado con experiencia. Lo que le costó fue encontrar el símbolo. Otra vez la inanición vainilla. Ni en joyerías ni en tiendas de bisutería, nada de nada en todo Madrid; terminó pidiéndolo por Internet y afortunadamente lo recibió enseguida en casa, pagando, por supuesto, un elevado precio. Pero ya está. Pensó. Al recibirla se quedó mirando embelesada sobre la palma de su mano el Quagmyr, del tamaño de una moneda de dos euros,con una pequeña argolla para colgar del cuello, precisamente lo que ella quería, una obra preciosa y absolutamente de código. Sin tonterías. El trisquel de contorno grueso y cromado, como corresponde a una esclava, y las tres zonas yingyang en negro y perforadas por su centro. Sano, sensato y consensuado. Ese era el significado simbólico de aquel objeto. El collar, de cuero entrelazado y, por supuesto, oscuro, hacía tiempo que lo tenía preparado. Puso en él el Quagmyr y se lo trabó en el cuello; le quedaba justo. Un poco apretado. Quería llevarlo así por dos razones; primero porque de esa manera le recordaba al anillo de esclava de Historia de O y eso la excitaba, y segundo, porque al mantenerse inmediatamente debajo de la nuez la medalla permanecía siempre visible aunque vistiese camisa. Hoy era el segundo día que lo llevaba y estaba en clase, acababa de terminar la asignatura y mientras sus alumnos abandonaban el aula le pidió a Virginia que se quedase un momento porque quería comentarle algo. 
-Sólo serán dos minutos.- 
-Vale.- 
   Se sentaron en un pupitre de la primera fila; Virginia ya estaba en segundo, en el turno de noche, porque por las mañanas trabajaba, como casi todos los que acudían a clase a esas horas y Elena, en líneas generales, estaba contenta con su rendimiento. Pero aquel mes... 
-No me has entregado el trabajo de Noviembre y ya sabes que lo necesito para poder justificar el aprobado de los alumnos sin necesidad de someteros a un examen final.- 
-Es verdad Elena, lo siento.- 
-Tú siempre me lo has entregado a tiempo sin ningún problema.- 
   La profesora se fijó en lo guapa que estaba su alumna; llevaba un vestido de tela finísima, con grandes flores estampadas, un poco escotado, por encima justo de las rodillas y sujeto a la cintura. Se había sentado cruzando las piernas y destacaban mucho sus botas de piel con tacón. El pelo lo llevaba recogido en una abultada moña de valquiria y estiraba los brazos, entrelazando los dedos de ambas manos, sobre la paleta para escribir de la silla. Así, inclinando un poco el tronco a un lado y ruborizada por el comentario de Elena, era una sinfonía de curvas con aspecto de niña mala recién descubierta en una travesura. Un encanto. La profesora iba con vaqueros ajustados de talle muy bajo y camisa corta, que no le tapaba el ombligo y cuatro botones abiertos arriba. Estaba también muy atractiva con su figura un poco descubierta de veinteañera y su rostro de cuarenta, maquillado sin exceso, con gafas de leer y melenita caoba. Se dio de repente cuenta que Virginia se había quedado muda e inmóvil, centrando su atención en algo. Todavía no la había contestado. 
-¿Virginia?- 
-Perdona, es que mi trabajo se ha complicado un poco. Tengo que encontrarme ahora muchos días con mi jefa después de la jornada normal y eso me quita mucho tiempo.- 
-¿Pero qué es lo que me estás mirando tanto?- 
-Eso.- 
-¿La medalla que llevo al cuello?- 
-Sí.- 
-¿Por qué te interesa tanto?- 
-¿Puedo tocarla?- 
   La profesora dijo que sí con la cabeza y Virginia alargó la mano y comenzó a tocar el símbolo como si se tratase de una reliquia. 
-Qué bonito es al natural; yo hasta ahora sólo había visto dibujos.- 
-¿Sabes lo que significa?.- Elena le acercó el rostro y pudo oler el aliento con sabor a chicle de fresa ácida de su alumna. Sintió sus propias mejillas calientes y las costuras del vaquero oprimiéndole el bajo vientre. 
-Pilar me ha enseñado el dibujo de este símbolo muchas veces, para que pueda identificarlo inmediatamente si veo a alguien que lo lleva.- 
-¿Quién es Pilar?- 
-Mi jefa. Y me ha ordenado lo que tengo que hacer, en el acto, si la persona que lo lleva encima en una mujer.- 
-¿Como yo?- 
-Sí, como tú, Elena.- A Virginia se le había cambiado la expresión y hablaba mecánicamente, como una embrujada. 
-¿Y qué tienes que hacer?- 
-Llamarla y contárselo.- La alumna también se había ruborizado y estaba sacando ya su móvil del bolso. Estaba claro que iba a hacer lo que se le había dicho de inmediato. 
-¿Tu jefa te dice ese tipo de cosas?- 
-Es que... es más que mi jefa.- 
-¿Más que tu jefa?- 
-Es mi ama.- Virginia ya estaba pulsando.



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bizarro

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4 de Abril de 2010 a las 19:41
Re: Sadomasoquismo.

¿Crees que un asesino sádico y un practicante de sadomasoquismo comparten la misma pulsión, gusto, obsesión o instinto?


¿Hay gente que se muestre impotente fuera de prácticas sadomasoquistas? Es decir... ¿hay gente que está limitado al sado para el sexo? ¿Puede que sea ese el inicio de un asesino sádico?

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4 de Abril de 2010 a las 21:09
Re: Sadomasoquismo.

cita de bizarro

¿Crees que un asesino sádico y un practicante de sadomasoquismo comparten la misma pulsión, gusto, obsesión o instinto?


¿Hay gente que se muestre impotente fuera de prácticas sadomasoquistas? Es decir... ¿hay gente que está limitado al sado para el sexo? ¿Puede que sea ese el inicio de un asesino sádico?



   Era inevitable que saliera la cuestión y te agradezco la seriedad con que lo planteas. Todas las prácticas sexuales preferentes, a las que llamamos parafilias, tienen una especie de "principio activo", un factor caracterizador fundamental del peculiar objeto mental que es una parafilia, y que en el caso del sadomasoquismo es el dolor. Honestamente, científicamente, hay que admitir que ese mismo principio activo lo comparten tanto el asesino sádico como el aficionado al sadomaso. Ahora bien, la parafilia sadomasoquista, como todas las demás, es parafilia, porque se desarrolla dentro del espacio de lo socialmente admisible. Un asesino sádico es un psicópata que se excita matando. En cuanto a los psicópatas, y hablo desde un punto de vista objetivo y analizable, te sorprendería saber el enorme número de ellos que viven entre nosotros, porque, importante, y afortunadamente, a todos los psicópatas no les gusta matar. Son una minoría los que hacen cosas ilegales y una minoría entre esa minoría los que matan. Está comprobado estadísticamente que los enfermos mentales, y hablo de todas las psicopatías, hay más de doscientas, está comprobado, como digo, que ellos sólo son protagonistas de menos del cinco por ciento de los actos violentos contra otros seres humanos. Es decir, que de los asesinatos y de la violencia, los enfermos mentales causan cinco de cien casos, y los noventa y cinco restantes, los causan los cuerdos. Cuerdos como tú y como yo Bizarro. Cuerdos. Y con respecto a la motivación sexual de psicópatas y de asesinos en serie voy a decirte otra cosa que quizás también te sorprenda; en la inmensa mayoría de estos escasísimos casos estos individuos no son hipersexuales, sino al contrario, padecen un trastorno hiposexual, frecuentemente unido a eyaculaciones precoces e impotencia. Sus orgasmos son patéticos, compulsivos y emocionalmente muy incompletos. Yo supongo que hay algo de reacción compensatoria; recurren a una ceremonia sangrienta y desmesuradamente salvaje para minimizar, subconscientemente, la bajísima intensidad de su pulsación erótica. No pretendo ser morboso con todo ésto, sino simplemente situar adecuadamente el fenómeno al que hacer referencia. La afición parafílica al sadomasoquismo no tiene que ver nada con todo ese mundo oscuro y enfermizo. De la misma manera que la cocaína que se incluía en la vieja fórmula de la Coca-Cola no tiene nada que ver con el desquiciamiento mental y cortical que produce el esnifamiento continuado de dicha droga. Y en ambos casos hablamos del mismo principio activo. Cocaína. Igual de desproporcionado, e injusto, es relacionar a los asesinos sádicos con el sadomasoquismo. En cuanto a la segunda pregunta, si hay gente que es impotente fuera de la parafernalia sadomaso, la respuesta es no. Pero ocurre con todas la parafilias. Las prácticas preferentes no son excluyentes, en términos prácticos, y si se da algún caso ya no es una parafilia sino un trastorno del comportamiento sexual que debe de ser tratado. La limitación de practicar sólo sado, si se da, se da, también en su inmensa mayoría, dentro de los aficionados, por el simple aburrimiento que les provoca la práctica del sexo convencional. Pero el aburrimiento no tiene nada que ver, tampoco, con la incapacidad. En resumen; excitarse con el dolor, de manera pasiva y/o activa, es el origen tanto del sadomasoquismo, como respetable orientación sexual, como del psicópata asesino. Sí, es verdad, pero por favor, recordar lo de la cocaína, la Coca-Cola y la proporción. 
  

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11 de Abril de 2010 a las 19:00
Re: Sadomasoquismo.

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. 


   Como era viernes y aquella era su última clase, Elena se fue con Virginia, pero no salieron directamente a la calle. La profesora condujo a la alumna a su despacho en la Facultad de Filología, y allí, ambas, dentro, se encerraron con llave.No había casi nadie por los pasillos y a esas horas ni siquiera ya en las aulas. Viernes terminando. El hecho tranquilizó a Elena por si las dos montaban un poco de ruido en el despacho. En realidad, no sabía muy bien lo que pasaría con Virginia. La situación la estaba provocando un calentón bastante considerable, además de por inusual y enrevesada, estaba el cuerpazo de su alumna, en el que no dejaba de fijarse. Virginia le había dicho que su ama quería verla bien en un lugar tranquilo, para decidir si iba o no a usarla; así. Al trapo directamente. Auténtico sadomaso. Y Elena, emborrachada por fin del ambiente que tantos meses llevaba buscando, se limitaba a hacer lo que la decían hipnotizada. Por eso la había llevado de la mano a su pequeña oficina y allí estaban las dos, de pie, de frente, mirándose, muy pegadas. 
-Ahora desnúdate; voy a hacerte fotos con el móvil.- 
-¿Qué?- 
-De las tetas, del culo, del coño y de la cara, sacando bien la lengua. También me ha enseñado a hacerlo; así podrá decidir mi ama.- 
   Elena ya se estaba desabrochando el pantalón vaquero. 
-Te ha adiestrado muy bien.- 
-No le gusta que pierda el tiempo; cada vez que tenemos sesión, además de castigarme y de usarme, me instruye en como debo de comportarme en cualquier situación.- 
   Por último la profesora se quitó el tanga y el sujetador. 
-¿Llevas mucho tiempo con ella?- 
-Como esclava, sólo un mes. Casi.- Virginia se agachaba y levantaba a su alrededor, dirigiendo el objetivo de su teléfono a las zonas más íntimas del cuerpo de la profesora. Pulsaba. Flash. Pulsaba. Sacó seis en total y después se sentó en el silloncito que había enfrente de la mesa, concentrándose en las teclas, para mandar de inmediato las imágenes recién tomadas. 
-¿Me puedo vestir ya?- 
-Espera. A ver que dice mi ama.- 
   La profesora se sentó también, en una de las dos sillas que había enfrente de su mesa, desnuda como estaba, y como Virginia no la hacía ningún caso en ese instante, superconcentrada pulsando el móvil, se cogió con una mano una teta y con la otra, entre las piernas, se masturbaba. El calentón estaba en su punto álgido y, sonriendo, pensó, que estaba como una moto y eso que Virginia todavía, ni siquiera, la había tocado. 
-¿Te has encontrado a muchas personas con el Quagmyr?- 
-Tú eres la primera.- Contestaba sin mirar; no apartaba los ojos de la pantallita. 
-Me estoy pajeando. No te importa ¿verdad?- 
-No debo de hacer esperar a mi ama; ya casi he enviado la última; luego te ayudo.- 
-Vale.- Levantó las piernas y echó la cadera hacia delante; estaba totalmente abierta, y chorreando, y con todos los dedos de la mano dentro, menos el pulgar. Los ojos cerrados. 
-Ya está.- 
   Virginia dejó el móvil sobre la mesa y levantó la vista. Soltó un oh de exclamación mudo al ver como estaba su profesora, y sonriendo, se acercó, poniéndose frente a ella de rodillas. Le sacó la mano del coño y le metió la suya; como aquello estaba tan húmedo y tan dilatado, se la metió toda entera hasta la muñeca, y dentro, cerró el puño, y comenzó a girarlo. Elena, en pelotas en la silla, y en posición de parturienta, la miraba agradecida, y con la expresión desencajada, como en trance. Virginia la aguantaba la mirada. Estaba preciosa, con su vestido estampado, agachada, toda ella curvas en pinza y transparencias, el pelo recogido y sonrisa de gata. Entonces sonó el móvil y la secretaria, como movida por un resorte, se levantó de inmediato secándola de golpe a Elena la mano. Contestó. 
-Dime mi ama.- Silencio aliñado con muchos gestos de afirmación con la cabeza. Virginia se despidió con otro "mi ama", colgó, se guardó el aparato en el bolso y miró a la profesora, que con expresión interrumpida y cortada, esperaba en la silla. 
-¿Qué pasa?- 
-Vístete.- 
-¿Ahora?- 
-Vamos. Le has gustado a mi ama y tenemos algunas cosas que hacer. Rápido.- 
   Una tienda de gasolinera es uno de los sitios más abrumadoramente anónimos de la realidad actual; cuando se entra, la autoasignación de persona desconocida, incluso ante uno mismo, cobra una certeza en el ambiente casi tangible. Especial. Las dos caminaban entre los pasillos cogidas del brazo; Elena se dejaba llevar y Virginia miraba hacia todos los lados, y de vez en cuando, cogía algo y lo echaba a la cestita que llevaba. 
-¿También te introdujiste en el tema con dos alumnas?- 
-¿También?- 
-Yo soy alumna tuya.- 
-Se llaman Agustín y Vanesa. Seguimos siendo amigas.- 
-¿No has dicho dos tías?- 
-Agustín es una tía. Ahora está buenísima.- 
-¿Trans?- 
-Trans.- 
-Yo no sabía nada de sadomasoquismo; me lo ha enseñado todo Pilar. Me ha vuelto loca. Estoy enamorada hasta los huesos.- 
-Pero no por eso debes de dejar de estudiar; le voy a pedir a tu ama que te ordene sacar buenas notas.- 
-Guarra.- 
-¿Por qué?- 
-Eso no es pedirle nada, eso es que la profesora puntillosa se queja ante ella de la alumna descuidada.- 
-Guarra tú, gilipollas, que me vas a obligar a que te suspenda.- 
-Díselo, pero que sepas, que me va a castigar. No sé si me ordenará que estudies, como tú pretendes, pero lo que sí te puedo asegurar, porque la conozco, es que me va a castigar.- 
-Y cómo te va a castigar.- 
-Sobre todo azotes, es lo que más le gusta; con fusta, con látigo o con palmeta. Hasta hacerme llorar.- 
-¿Y en dónde te pega?- 
-En el culo siempre. Me lo deja morado, a veces, incluso, me hace sangre; tengo que espigarlo hacia fuera y contar los golpes, uno a uno, y dar las gracias. También me azota las tetas, pero menos y la mayoría de las veces con fusta, que no duele tanto como el látigo de una cola, que es el que ella utiliza. Y los muslos; caras delanteras y caras traseras. Y la barriga. Un poco la espalda y la zona entre el chochito y el ombligo; ahí también le gusta darme en serio.- 
-¿No te da bofetadas?- 
-Sí ¿cómo lo sabes?- 
-A mí y a las otras chicas que éramos sus esclavas nos las daba el amo Andrés.- 
-Es verdad, a mi también me abofetea de vez en cuando, siempre de improviso, luego me coge del pelo, me clava la mirada y me ordena que la de las gracias. Yo obedezco, claro está.- 
-¿Y por qué no lo habías dicho?- 
-Por nada.- 
-Te da vergüenza, dí la verdad.- 
-Está bien, guarra, me da un poco de vergüenza reconocer que me da bofetadas, pero ella puede hacer lo que quiera conmigo, lo que me da vergüenza reconocer es que me gusta. Al principio, me pilló tan de sorpresa, que me quedaba bloqueada, pero en seguida le cogí el gustillo. Ahora me encanta; cada vez que me da en la cara es cuando más me siento dominada ¿Te pasaba a ti lo mismo?- 
-Exactamente igual.- 
-¿Ves?- 
-Guarra.- 
   La secretaria pagó con tarjeta todo lo que habían comprado; poco menos de media cesta pequeña, y salieron de la mano, muy acarameladas, como dos felices bolleras. Iban en el coche de Elena porque la secretaria utilizaba a diario el transporte público para ir a la Facultad, y antes de sentarse en el asiento del copiloto, Virginia abrió una pequeña caja de chinchetas, una de las cosas que había comprado, y las esparció sobre él. Luego se levantó la falda y se sentó hundiendo directamente las nalgas sobre las chinchetas. Gritó un poquito y se arrellanó más. El dolor inicial le hizo poner los ojos en blanco pero enseguida se recuperó y miró a su profesora, que ya había arrancado. 
-Mi ama me ordenó que hiciera esto cuando saliéramos de la tienda de la gasolinera, para que yo me vaya preparando.- 
-¿Para qué?- 
-Me va a castigar.- 
-Entonces no le diré que no me has entregado el trabajo de la Universidad del mes.- 
-!No! Díselo, por favor, yo no le oculto nada a Pilar, no te preocupes por los castigos a los que me someta, yo soy su esclava.- 
-¿Crees que a mí también me castigará?- 
-¿Por qué?- 
-Todo esto está yendo demasiado deprisa, la verdad, no sé si estoy preparada.- 
-Pues piénsatelo antes de llegar a su casa; yo la conozco bien; te va a usar como una perra, sin darte tiempo a reaccionar, te meterá el brazo por el coño y sus dildos por el culo, sin ninguna piedad, mientras te insulta y te azota y te azota y te abofetea la cara. Ella es una diosa; y si vas junto a ella, no puedes esperar otra cosa ¿Me he expresado con claridad, profesora?- 
-Guarra.- 
    

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DanielTurambar

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12 de Abril de 2010 a las 11:17
Re: Sadomasoquismo.

Con permiso de la autoridad, desde http://listocomics.com/:


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salazar

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12 de Abril de 2010 a las 22:19
Re: Sadomasoquismo.

cita de DanielTurambar

Con permiso de la autoridad, desde http://listocomics.com/:




   Daniel, ya sabes lo que me cuesta ponerme amigable, y como representante más significado del grupo de los inadaptados del foro, esta vez, no me queda más remedio, tengo que decirte, que, ole tus cojones.

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DanielTurambar

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12 de Abril de 2010 a las 22:48
Re: Sadomasoquismo.

Ains, vale es un poco chof, pero lo vi, me hizo gracia, me acordé y lo subí. Mero impulso... Por cierto ¿hacía falta citarlo?, bueno, nada...

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bizarro

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12 de Abril de 2010 a las 22:57
Re: Sadomasoquismo.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

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15 de Abril de 2010 a las 18:54
Re: Sadomasoquismo.

cita de salazar

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. 

   Como era viernes y aquella era su última clase, Elena se fue con Virginia, pero no salieron directamente a la calle. La profesora condujo a la alumna a su despacho en la Facultad de Filología, y allí, ambas, dentro, se encerraron con llave.No había casi nadie por los pasillos y a esas horas ni siquiera ya en las aulas. Viernes terminando. El hecho tranquilizó a Elena por si las dos montaban un poco de ruido en el despacho. En realidad, no sabía muy bien lo que pasaría con Virginia. La situación la estaba provocando un calentón bastante considerable, además de por inusual y enrevesada, estaba el cuerpazo de su alumna, en el que no dejaba de fijarse. Virginia le había dicho que su ama quería verla bien en un lugar tranquilo, para decidir si iba o no a usarla; así. Al trapo directamente. Auténtico sadomaso. Y Elena, emborrachada por fin del ambiente que tantos meses llevaba buscando, se limitaba a hacer lo que la decían hipnotizada. Por eso la había llevado de la mano a su pequeña oficina y allí estaban las dos, de pie, de frente, mirándose, muy pegadas. 
-Ahora desnúdate; voy a hacerte fotos con el móvil.- 
-¿Qué?- 
-De las tetas, del culo, del coño y de la cara, sacando bien la lengua. También me ha enseñado a hacerlo; así podrá decidir mi ama.- 
   Elena ya se estaba desabrochando el pantalón vaquero. 
-Te ha adiestrado muy bien.- 
-No le gusta que pierda el tiempo; cada vez que tenemos sesión, además de castigarme y de usarme, me instruye en como debo de comportarme en cualquier situación.- 
   Por último la profesora se quitó el tanga y el sujetador. 
-¿Llevas mucho tiempo con ella?- 
-Como esclava, sólo un mes. Casi.- Virginia se agachaba y levantaba a su alrededor, dirigiendo el objetivo de su teléfono a las zonas más íntimas del cuerpo de la profesora. Pulsaba. Flash. Pulsaba. Sacó seis en total y después se sentó en el silloncito que había enfrente de la mesa, concentrándose en las teclas, para mandar de inmediato las imágenes recién tomadas. 
-¿Me puedo vestir ya?- 
-Espera. A ver que dice mi ama.- 
   La profesora se sentó también, en una de las dos sillas que había enfrente de su mesa, desnuda como estaba, y como Virginia no la hacía ningún caso en ese instante, superconcentrada pulsando el móvil, se cogió con una mano una teta y con la otra, entre las piernas, se masturbaba. El calentón estaba en su punto álgido y, sonriendo, pensó, que estaba como una moto y eso que Virginia todavía, ni siquiera, la había tocado. 
-¿Te has encontrado a muchas personas con el Quagmyr?- 
-Tú eres la primera.- Contestaba sin mirar; no apartaba los ojos de la pantallita. 
-Me estoy pajeando. No te importa ¿verdad?- 
-No debo de hacer esperar a mi ama; ya casi he enviado la última; luego te ayudo.- 
-Vale.- Levantó las piernas y echó la cadera hacia delante; estaba totalmente abierta, y chorreando, y con todos los dedos de la mano dentro, menos el pulgar. Los ojos cerrados. 
-Ya está.- 
   Virginia dejó el móvil sobre la mesa y levantó la vista. Soltó un oh de exclamación mudo al ver como estaba su profesora, y sonriendo, se acercó, poniéndose frente a ella de rodillas. Le sacó la mano del coño y le metió la suya; como aquello estaba tan húmedo y tan dilatado, se la metió toda entera hasta la muñeca, y dentro, cerró el puño, y comenzó a girarlo. Elena, en pelotas en la silla, y en posición de parturienta, la miraba agradecida, y con la expresión desencajada, como en trance. Virginia la aguantaba la mirada. Estaba preciosa, con su vestido estampado, agachada, toda ella curvas en pinza y transparencias, el pelo recogido y sonrisa de gata. Entonces sonó el móvil y la secretaria, como movida por un resorte, se levantó de inmediato secándola de golpe a Elena la mano. Contestó. 
-Dime mi ama.- Silencio aliñado con muchos gestos de afirmación con la cabeza. Virginia se despidió con otro "mi ama", colgó, se guardó el aparato en el bolso y miró a la profesora, que con expresión interrumpida y cortada, esperaba en la silla. 
-¿Qué pasa?- 
-Vístete.- 
-¿Ahora?- 
-Vamos. Le has gustado a mi ama y tenemos algunas cosas que hacer. Rápido.- 
   Una tienda de gasolinera es uno de los sitios más abrumadoramente anónimos de la realidad actual; cuando se entra, la autoasignación de persona desconocida, incluso ante uno mismo, cobra una certeza en el ambiente casi tangible. Especial. Las dos caminaban entre los pasillos cogidas del brazo; Elena se dejaba llevar y Virginia miraba hacia todos los lados, y de vez en cuando, cogía algo y lo echaba a la cestita que llevaba. 
-¿También te introdujiste en el tema con dos alumnas?- 
-¿También?- 
-Yo soy alumna tuya.- 
-Se llaman Agustín y Vanesa. Seguimos siendo amigas.- 
-¿No has dicho dos tías?- 
-Agustín es una tía. Ahora está buenísima.- 
-¿Trans?- 
-Trans.- 
-Yo no sabía nada de sadomasoquismo; me lo ha enseñado todo Pilar. Me ha vuelto loca. Estoy enamorada hasta los huesos.- 
-Pero no por eso debes de dejar de estudiar; le voy a pedir a tu ama que te ordene sacar buenas notas.- 
-Guarra.- 
-¿Por qué?- 
-Eso no es pedirle nada, eso es que la profesora puntillosa se queja ante ella de la alumna descuidada.- 
-Guarra tú, gilipollas, que me vas a obligar a que te suspenda.- 
-Díselo, pero que sepas, que me va a castigar. No sé si me ordenará que estudies, como tú pretendes, pero lo que sí te puedo asegurar, porque la conozco, es que me va a castigar.- 
-Y cómo te va a castigar.- 
-Sobre todo azotes, es lo que más le gusta; con fusta, con látigo o con palmeta. Hasta hacerme llorar.- 
-¿Y en dónde te pega?- 
-En el culo siempre. Me lo deja morado, a veces, incluso, me hace sangre; tengo que espigarlo hacia fuera y contar los golpes, uno a uno, y dar las gracias. También me azota las tetas, pero menos y la mayoría de las veces con fusta, que no duele tanto como el látigo de una cola, que es el que ella utiliza. Y los muslos; caras delanteras y caras traseras. Y la barriga. Un poco la espalda y la zona entre el chochito y el ombligo; ahí también le gusta darme en serio.- 
-¿No te da bofetadas?- 
-Sí ¿cómo lo sabes?- 
-A mí y a las otras chicas que éramos sus esclavas nos las daba el amo Andrés.- 
-Es verdad, a mi también me abofetea de vez en cuando, siempre de improviso, luego me coge del pelo, me clava la mirada y me ordena que la de las gracias. Yo obedezco, claro está.- 
-¿Y por qué no lo habías dicho?- 
-Por nada.- 
-Te da vergüenza, dí la verdad.- 
-Está bien, guarra, me da un poco de vergüenza reconocer que me da bofetadas, pero ella puede hacer lo que quiera conmigo, lo que me da vergüenza reconocer es que me gusta. Al principio, me pilló tan de sorpresa, que me quedaba bloqueada, pero en seguida le cogí el gustillo. Ahora me encanta; cada vez que me da en la cara es cuando más me siento dominada ¿Te pasaba a ti lo mismo?- 
-Exactamente igual.- 
-¿Ves?- 
-Guarra.- 
   La secretaria pagó con tarjeta todo lo que habían comprado; poco menos de media cesta pequeña, y salieron de la mano, muy acarameladas, como dos felices bolleras. Iban en el coche de Elena porque la secretaria utilizaba a diario el transporte público para ir a la Facultad, y antes de sentarse en el asiento del copiloto, Virginia abrió una pequeña caja de chinchetas, una de las cosas que había comprado, y las esparció sobre él. Luego se levantó la falda y se sentó hundiendo directamente las nalgas sobre las chinchetas. Gritó un poquito y se arrellanó más. El dolor inicial le hizo poner los ojos en blanco pero enseguida se recuperó y miró a su profesora, que ya había arrancado. 
-Mi ama me ordenó que hiciera esto cuando saliéramos de la tienda de la gasolinera, para que yo me vaya preparando.- 
-¿Para qué?- 
-Me va a castigar.- 
-Entonces no le diré que no me has entregado el trabajo de la Universidad del mes.- 
-!No! Díselo, por favor, yo no le oculto nada a Pilar, no te preocupes por los castigos a los que me someta, yo soy su esclava.- 
-¿Crees que a mí también me castigará?- 
-¿Por qué?- 
-Todo esto está yendo demasiado deprisa, la verdad, no sé si estoy preparada.- 
-Pues piénsatelo antes de llegar a su casa; yo la conozco bien; te va a usar como una perra, sin darte tiempo a reaccionar, te meterá el brazo por el coño y sus dildos por el culo, sin ninguna piedad, mientras te insulta y te azota y te azota y te abofetea la cara. Ella es una diosa; y si vas junto a ella, no puedes esperar otra cosa ¿Me he expresado con claridad, profesora?- 
-Guarra.- 
    


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18 de Abril de 2010 a las 12:51
Re: Sadomasoquismo.

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. Fin de esta historia en "SM2". 


   Aquella tarde, ya casi de noche, tocaba en la casa de Pilar, y no en el pisito, de un barrio obrero, de una localidad de las afueras, de Virginia. Pilar seguía viviendo en el centro de la capital, como siempre, pero ahora sola. Después de la separación su marido se había ido y de sus dos hijos, uno ya estaba casado y vivía con su esposa y la otra, la pequeña, estaba en un internado en los Estados Unidos. Pero a pesar de su nuevo estatus de absoluta libertad no le gustaba traer a casa a sus esclavos con frecuencia, aunque hoy, como había surgido la novedad de que Virginia encontrara casualmente a otra aficionada al Sadomaso, sumisa, en busca de ama, hizo una excepción. Tenía curiosidad, le gustaron las fotos que le envió su secretaria del desnudo improvisado que hizo la profesora en su despacho de la Facultad, y sobre todo, en cuestiones relacionadas con el Tema, odiaba esperar. Era mucho más rápido que desde donde estaban se dirigieran a su casa y en consecuencia, así se lo ordenó a su esclava. El salón de su vivienda era impresionante, mucho más amplio que el de Virginia, y decorado por auténticos profesionales; predominaba el negro brillante impoluto de los muebles y el rojo intenso de los sofás; todo era diseño, armonía, inteligencia formal, geometría interiorista y una sensación final de acogimiento perfecta, distante y cromáticamente fría. En el mismo centro de aquella estancia de enormes techos, acomodada como una reina, sobre la única butaca, granate intenso, estaba Pilar. Levaba un vestidito muy corto de cuero negro brilloso y altísimos tacones de charol, nada más. El pelo oscuro azabache recién lavado suelto y sobre el rostro, sólo, también, pintalabios rojos. Miraba como una loba medio sonriente a Elena, que sin saber muy bien cómo ponerse, se dejaba observar, sentada, en el medio del sofá. Y Virginia, completamente desnuda, incluso descalza, se mantenía arrodillada y con la mirada baja, muy pegadita a los pies de su ama. Elena estaba embelesada viendo aquella imagen. Tan sólo unos minutos antes, cuando entraron, Pilar se dirigió a ella llena de amabilidad y palabras tranquilizadoras, y reparó un segundo en su secretaria para insultarla, ordenarle que se quitara de inmediato toda la ropa que llevaba y que le trajera la fusta larga del dormitorio. Virginia respondió a todo con entregados "sí Ama" y obedientes reacciones inmediatas. Trajo la fusta entre los dientes y a gatas, ya en pelotas, y nada más cogerla, Pilar la ordenó que aunque iba a darle seis buenos fustazos en las tetas, no quería que gritara. Otra vez "sí Ama", se puso en posición y aguantó el castigo, sin quejarse, pero entre lágrimas. La profesora, que seguía boquiabierta, y emocionada, al sentirse por fin en el terreno donde deseaba estar desde hacía tantos meses, aceptó la invitación de Pilar para que se sentara en el sofá, y allí se quedó, con las rodillas muy juntas, las manos encima y sin saber qué decir. Virginia tenía razón, su ama era una mujer soberbia. Magnífica. Intimidaba. 
-Está muy buena ¿verdad?- Pilar dijo eso levantándola un poco la barbilla a su secretaria, como si estuviera exhibiendo un animal domesticado. 
-Gracias mi ama.- 
-De nada perrita.- 
-Sí, es preciosa; yo hasta ahora no la había visto desnuda.- 
-A tí no te dará las gracias por el cumplido, en realidad, en mi presencia, no te contestará ni te dirá nada mientras yo no se lo permita ¿No es así, puta?- 
-Así es mi ama, yo soy tu esclava, tu perra obediente y sólo deseo obedecerte en todo lo que me mandes,  ama.- 
-Es adorable. Esos discursitos de sumisión y entrega se le ocurren a ella solita. Me encantan. Por eso le permito decirlos, y luego, para que no se envalentone, suelo azotarla un poco. Verás !Perra!- 
-¿Sí mi ama?- 
-Pon el culo en posición; voy a darte doce fustazos con el cuello de la fusta, para que duelan.- 
-Sí mi ama.- 
-Sin gritos, no quiero incomodar a nuestra invitada, pero los cuentas, y al llegar a doce, das las gracias, y directamente, me lames los pies.- 
-Sí mi ama.- 
   Como Virginia se había dado la vuelta, se había agachado y había levantado el culito dejando las nalgas completamente expuestas, Pilar, sin levantarse de la butaca, comenzó a lanzar los fustazos, lentos, fuertes y consecutivos. Sonaban en el aire y luego, al explotar contra la piel, dibujaban una línea roja que hacía resoplar intensamente a la secretaria. Pero no gritaba. 
-Gracias mi ama.- Estaba llorando, y dándose la vuelta otra vez, se lanzó a lamerle los zapatos. 
-Está aprendiendo muy bien.- 
-Ya lo veo. Me dijo que sólo lleva un mes bajo tu dominio.- 
-Correcto.- 
-Extraordinario.- 
-Así es el Tema, créeme, o funciona o no funciona, en el acto. La intensidad depende de la persona dominada y también se manifiesta completamente desde el minuto cero. Casi todo en el Tema es así de natural y espontáneo.- 
-¿En el Tema?- 
-El Sadomaso.- 
-Comprendo. Perdona.- 
-¿Llevas poco tiempo con esto?- 
-Un año nada más.- 
-Suficiente. Al menos ya sabes lo que quieres; te aseguro que en el ámbito sexual es una ventaja que muchos ajenos al Tema no tienen. Por eso me resulta tan intolerable el ridículo aire de superioridad  que se gastan algunos vainillas.- 
-¿Vainillas? No te entiendo.- 
-Ya lo entenderás profesora, ya lo entenderás. Ahora me gustaría pedirte un favor.- 
-Dime.- 
-¿Por qué no te descalzas? Mientras conversamos quiero ver como lame y como besa tus pies tu alumna. Me gusta ese tipo de metáforas performativas.- 
   Elena se quitó los zapatos sin contestar y sonrió a su anfitriona; no llevaba ni calcetines ni medias, y al sacar los pies del calzado movió los dedos un poco traviesa. Pilar la devolvió la sonrisa y cogiendo del pelo a su secretaria, le levantó la cabeza y le calvó la mirada. 
-Lámeselos bien, sobre todo las comisuras entres los dedos.- 
-Sí mi ama.- Sin apenas terminar la frase y gateando muy deprisa, Virginia se lanzó entonces a los pies de su profesora, los abrazó con las manos y comenzó a meter la lengua, un poco frenéticamente, entre sus dedos, como se le había ordenado. 
-¿Estás bien?- 
-¿Por qué me lo preguntas?- 
-Se te ha puesto la cara muy roja, de repente.- 
-Es que estoy muy excitada, Pilar. Vamos, que tengo un calentón de tres pares de narices, y siempre me pasa lo mismo con las mejillas, se me ponen como tomates cuando ando salida.- 
-¿Te gusta que te lama mi perra?- 
-Sí, bueno, pero... - 
-¿Pero?- 
-Ella lo está haciendo muy bien, pero me gustas más tú.- 
-Dime ¿mi perrita es buena en clase?- 
-Sí. Es buena estudiante; teniendo en cuenta que trabaja, se lo toma bastante en serio y asimila bien mi asignatura.- 
-¿No ha cometido ninguna falta?- 
-Quizás, a veces, se retrasa un poco a la hora de entregar los trabajos mensuales, pero nada más.- 
-Puedes azotarla para que no vuelva a hacerlo. Si yo se lo ordeno,ella se dejará azotar por ti, y así aprenderá la lección ¿Quieres pegarla con la fusta?- 
-No Pilar, por favor, te ruego que no me lo ordenes. No me gusta pegar, prefiero que me peguen.- 
-¿Lo ves? O funciona o no funciona; a la primera. Acabamos de conocernos, llevamos menos de quince minutos hablando y ya me estás pidiendo que te acepte bajo mi dominio como esclava. Porque es éso lo que me estás pidiendo ¿no es así, Elena?- 
-Así es Pilar.- La profesora se quitó las gafas y alargó el cuello hacia delante, como para centrar la vista. Sentía como Virginia estaba aumentando la velocidad de los lameteos en sus pies consciente también  de la intensidad y de la importancia de aquel momento. Pilar cruzó las piernas y apoyando los codos en los brazos de la butaca orejera se arrellanó cómoda, esperando a que completara mejor la respuesta. La mirada cruel, poderosa y escalofriantemente atractiva. Parecía una diosa. 
-Quiero ser tu esclava, Pilar, tu perra obediente y sumisa, tu puta, tu guarra, tu sirvienta. Quiero ser tu juguete. Quiero que me castigues y que me enseñes. Quiero que seas muy dura conmigo porque me merezco ser castigada y que no pares de castigarme hasta que yo te suplique piedad. Porque quiero que seas mi ama. Mi dueña. Mi señora. Te lo ruego Pilar, por favor, acéptame, te lo ruego, no te arrepentirás.- 
-Cuando acepté bajo mi dominio a la puta que te está besuqueando los pies la vertí en la cabeza un cubo lleno de meados, y luego, por supuesto, le di una buena con la fusta y con el látigo. Me gusta hacer empezar fuerte a mis esclavos. Para que sepan desde el principio en dónde se están metiendo ¿Comprendes Elenita?- 
-Comprendo perfectamente Pilar. Lo estoy deseando.- 
-Si lo de tus mejillas es cierto, no mientes. Pero... - 
-¿Pero?- 
-Todavía no te he visto desnuda de verdad.- 
-¿Desnuda de verdad?- 
-Sólo en fotos, y de móvil.- 
-Perdona.- La profesora se levantó y comenzó a quitárselo todo tan rápido como le era posible, y Virginia, en el suelo, hecha un ovillo, buscaba con la boca los pies que acababan de moverse de Elena para seguir lamiéndolos. 
-Menos mal.- 
-¿Qué?- Ya estaba sin nada. 
-Que ya has dejado de llamarme Pilar.- Ahora fue ella quien se levantó, sujetando amenazadoramente la fusta con ambas manos. -Por fin. Voy a empezar enseñándote cómo me tienes que tratar. Al suelo. Ya.- 
    
 

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20 de Abril de 2010 a las 17:46
Re: Sadomasoquismo.

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"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Una de las cuatro historias que se entrelazan. Fin de esta historia en "SM2". 

   Aquella tarde, ya casi de noche, tocaba en la casa de Pilar, y no en el pisito, de un barrio obrero, de una localidad de las afueras, de Virginia. Pilar seguía viviendo en el centro de la capital, como siempre, pero ahora sola. Después de la separación su marido se había ido y de sus dos hijos, uno ya estaba casado y vivía con su esposa y la otra, la pequeña, estaba en un internado en los Estados Unidos. Pero a pesar de su nuevo estatus de absoluta libertad no le gustaba traer a casa a sus esclavos con frecuencia, aunque hoy, como había surgido la novedad de que Virginia encontrara casualmente a otra aficionada al Sadomaso, sumisa, en busca de ama, hizo una excepción. Tenía curiosidad, le gustaron las fotos que le envió su secretaria del desnudo improvisado que hizo la profesora en su despacho de la Facultad, y sobre todo, en cuestiones relacionadas con el Tema, odiaba esperar. Era mucho más rápido que desde donde estaban se dirigieran a su casa y en consecuencia, así se lo ordenó a su esclava. El salón de su vivienda era impresionante, mucho más amplio que el de Virginia, y decorado por auténticos profesionales; predominaba el negro brillante impoluto de los muebles y el rojo intenso de los sofás; todo era diseño, armonía, inteligencia formal, geometría interiorista y una sensación final de acogimiento perfecta, distante y cromáticamente fría. En el mismo centro de aquella estancia de enormes techos, acomodada como una reina, sobre la única butaca, granate intenso, estaba Pilar. Levaba un vestidito muy corto de cuero negro brilloso y altísimos tacones de charol, nada más. El pelo oscuro azabache recién lavado suelto y sobre el rostro, sólo, también, pintalabios rojos. Miraba como una loba medio sonriente a Elena, que sin saber muy bien cómo ponerse, se dejaba observar, sentada, en el medio del sofá. Y Virginia, completamente desnuda, incluso descalza, se mantenía arrodillada y con la mirada baja, muy pegadita a los pies de su ama. Elena estaba embelesada viendo aquella imagen. Tan sólo unos minutos antes, cuando entraron, Pilar se dirigió a ella llena de amabilidad y palabras tranquilizadoras, y reparó un segundo en su secretaria para insultarla, ordenarle que se quitara de inmediato toda la ropa que llevaba y que le trajera la fusta larga del dormitorio. Virginia respondió a todo con entregados "sí Ama" y obedientes reacciones inmediatas. Trajo la fusta entre los dientes y a gatas, ya en pelotas, y nada más cogerla, Pilar la ordenó que aunque iba a darle seis buenos fustazos en las tetas, no quería que gritara. Otra vez "sí Ama", se puso en posición y aguantó el castigo, sin quejarse, pero entre lágrimas. La profesora, que seguía boquiabierta, y emocionada, al sentirse por fin en el terreno donde deseaba estar desde hacía tantos meses, aceptó la invitación de Pilar para que se sentara en el sofá, y allí se quedó, con las rodillas muy juntas, las manos encima y sin saber qué decir. Virginia tenía razón, su ama era una mujer soberbia. Magnífica. Intimidaba. 
-Está muy buena ¿verdad?- Pilar dijo eso levantándola un poco la barbilla a su secretaria, como si estuviera exhibiendo un animal domesticado. 
-Gracias mi ama.- 
-De nada perrita.- 
-Sí, es preciosa; yo hasta ahora no la había visto desnuda.- 
-A tí no te dará las gracias por el cumplido, en realidad, en mi presencia, no te contestará ni te dirá nada mientras yo no se lo permita ¿No es así, puta?- 
-Así es mi ama, yo soy tu esclava, tu perra obediente y sólo deseo obedecerte en todo lo que me mandes,  ama.- 
-Es adorable. Esos discursitos de sumisión y entrega se le ocurren a ella solita. Me encantan. Por eso le permito decirlos, y luego, para que no se envalentone, suelo azotarla un poco. Verás !Perra!- 
-¿Sí mi ama?- 
-Pon el culo en posición; voy a darte doce fustazos con el cuello de la fusta, para que duelan.- 
-Sí mi ama.- 
-Sin gritos, no quiero incomodar a nuestra invitada, pero los cuentas, y al llegar a doce, das las gracias, y directamente, me lames los pies.- 
-Sí mi ama.- 
   Como Virginia se había dado la vuelta, se había agachado y había levantado el culito dejando las nalgas completamente expuestas, Pilar, sin levantarse de la butaca, comenzó a lanzar los fustazos, lentos, fuertes y consecutivos. Sonaban en el aire y luego, al explotar contra la piel, dibujaban una línea roja que hacía resoplar intensamente a la secretaria. Pero no gritaba. 
-Gracias mi ama.- Estaba llorando, y dándose la vuelta otra vez, se lanzó a lamerle los zapatos. 
-Está aprendiendo muy bien.- 
-Ya lo veo. Me dijo que sólo lleva un mes bajo tu dominio.- 
-Correcto.- 
-Extraordinario.- 
-Así es el Tema, créeme, o funciona o no funciona, en el acto. La intensidad depende de la persona dominada y también se manifiesta completamente desde el minuto cero. Casi todo en el Tema es así de natural y espontáneo.- 
-¿En el Tema?- 
-El Sadomaso.- 
-Comprendo. Perdona.- 
-¿Llevas poco tiempo con esto?- 
-Un año nada más.- 
-Suficiente. Al menos ya sabes lo que quieres; te aseguro que en el ámbito sexual es una ventaja que muchos ajenos al Tema no tienen. Por eso me resulta tan intolerable el ridículo aire de superioridad  que se gastan algunos vainillas.- 
-¿Vainillas? No te entiendo.- 
-Ya lo entenderás profesora, ya lo entenderás. Ahora me gustaría pedirte un favor.- 
-Dime.- 
-¿Por qué no te descalzas? Mientras conversamos quiero ver como lame y como besa tus pies tu alumna. Me gusta ese tipo de metáforas performativas.- 
   Elena se quitó los zapatos sin contestar y sonrió a su anfitriona; no llevaba ni calcetines ni medias, y al sacar los pies del calzado movió los dedos un poco traviesa. Pilar la devolvió la sonrisa y cogiendo del pelo a su secretaria, le levantó la cabeza y le calvó la mirada. 
-Lámeselos bien, sobre todo las comisuras entres los dedos.- 
-Sí mi ama.- Sin apenas terminar la frase y gateando muy deprisa, Virginia se lanzó entonces a los pies de su profesora, los abrazó con las manos y comenzó a meter la lengua, un poco frenéticamente, entre sus dedos, como se le había ordenado. 
-¿Estás bien?- 
-¿Por qué me lo preguntas?- 
-Se te ha puesto la cara muy roja, de repente.- 
-Es que estoy muy excitada, Pilar. Vamos, que tengo un calentón de tres pares de narices, y siempre me pasa lo mismo con las mejillas, se me ponen como tomates cuando ando salida.- 
-¿Te gusta que te lama mi perra?- 
-Sí, bueno, pero... - 
-¿Pero?- 
-Ella lo está haciendo muy bien, pero me gustas más tú.- 
-Dime ¿mi perrita es buena en clase?- 
-Sí. Es buena estudiante; teniendo en cuenta que trabaja, se lo toma bastante en serio y asimila bien mi asignatura.- 
-¿No ha cometido ninguna falta?- 
-Quizás, a veces, se retrasa un poco a la hora de entregar los trabajos mensuales, pero nada más.- 
-Puedes azotarla para que no vuelva a hacerlo. Si yo se lo ordeno,ella se dejará azotar por ti, y así aprenderá la lección ¿Quieres pegarla con la fusta?- 
-No Pilar, por favor, te ruego que no me lo ordenes. No me gusta pegar, prefiero que me peguen.- 
-¿Lo ves? O funciona o no funciona; a la primera. Acabamos de conocernos, llevamos menos de quince minutos hablando y ya me estás pidiendo que te acepte bajo mi dominio como esclava. Porque es éso lo que me estás pidiendo ¿no es así, Elena?- 
-Así es Pilar.- La profesora se quitó las gafas y alargó el cuello hacia delante, como para centrar la vista. Sentía como Virginia estaba aumentando la velocidad de los lameteos en sus pies consciente también  de la intensidad y de la importancia de aquel momento. Pilar cruzó las piernas y apoyando los codos en los brazos de la butaca orejera se arrellanó cómoda, esperando a que completara mejor la respuesta. La mirada cruel, poderosa y escalofriantemente atractiva. Parecía una diosa. 
-Quiero ser tu esclava, Pilar, tu perra obediente y sumisa, tu puta, tu guarra, tu sirvienta. Quiero ser tu juguete. Quiero que me castigues y que me enseñes. Quiero que seas muy dura conmigo porque me merezco ser castigada y que no pares de castigarme hasta que yo te suplique piedad. Porque quiero que seas mi ama. Mi dueña. Mi señora. Te lo ruego Pilar, por favor, acéptame, te lo ruego, no te arrepentirás.- 
-Cuando acepté bajo mi dominio a la puta que te está besuqueando los pies la vertí en la cabeza un cubo lleno de meados, y luego, por supuesto, le di una buena con la fusta y con el látigo. Me gusta hacer empezar fuerte a mis esclavos. Para que sepan desde el principio en dónde se están metiendo ¿Comprendes Elenita?- 
-Comprendo perfectamente Pilar. Lo estoy deseando.- 
-Si lo de tus mejillas es cierto, no mientes. Pero... - 
-¿Pero?- 
-Todavía no te he visto desnuda de verdad.- 
-¿Desnuda de verdad?- 
-Sólo en fotos, y de móvil.- 
-Perdona.- La profesora se levantó y comenzó a quitárselo todo tan rápido como le era posible, y Virginia, en el suelo, hecha un ovillo, buscaba con la boca los pies que acababan de moverse de Elena para seguir lamiéndolos. 
-Menos mal.- 
-¿Qué?- Ya estaba sin nada. 
-Que ya has dejado de llamarme Pilar.- Ahora fue ella quien se levantó, sujetando amenazadoramente la fusta con ambas manos. -Por fin. Voy a empezar enseñándote cómo me tienes que tratar. Al suelo. Ya.- 
    
 


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24 de Abril de 2010 a las 17:28
Re: Sadomasoquismo.

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Otra de las cuatro historias que se entrelazan. 


   Decía Lenin, con su apabullante claridad de visión política, que la fuerza más poderosa de la historia de la humanidad no era el proletariado revolucionario, ni las masas agitadas, ni los movimientos insurgentes, no, la fuerza más poderosa de la historia, es la inercia. Aunque se diera una situación de absoluto vacío de poder y de total ausencia de autoridad pública, muchísimas cosas se seguirían haciendo de la misma manera por el simple hecho de que así se habían estado haciendo. Inercia. Y pocas cosas, en el actual universo social, padecen más la inercia, como una lacra, que el fenómeno de la prostitución. En casi todo el mundo desarrollado los legisladores se sienten, y de hecho lo están, moralmente obligados a no penalizar ni el ejercicio de la prostitución ni la compra de sus servicios. La cuestión entra demasiado de lleno en el ámbito de la libertad individual y del respeto a los derechos del ciudadano, y sin embargo, la prostitución, como actividad económica, no se legaliza en ningún sitio. Y objetivamente no existe ninguna justificación para ese hecho más allá del que simplemente, aunque ahora no suene demasiado bien, así se ha venido haciendo, siempre. Lamentablemente "siempre" es el mayor exponente al que se puede elevar la ecuación de la inercia. Y funciona. Pero para las auténticas víctimas de esta historia, para las prostitutas, la cosa no se queda ahí. Es mucho peor. Las fuerzas más conservadoras siempre tienen a estas mujeres en su punto de mira y con sus habituales disfraces católico-cristianos claman constantemente por su eliminación social. Un imposible sociohistórico y una contradicción antropomórfica. Junto con el arte y la religión, las putas, son los únicos tres elementos comunes a todas las formas de agrupaciones humanas. Nadie, nunca, en los tres bien conocidos últimos milenios de la historia humana, ha conseguido erradicar la prostitución de sus sociedades. Pero ir en contra de algo, por absurdo que parezca, es también una vieja manifestación de la inercia. Tras la crisis, en España, además, se dio la paradoja de que la derecha se volvió un poco de izquierdas, y la izquierda un poco de derechas. Quedó tan desprestigiado el modelo económico neoliberal y antirregulador, que los conservadores, en franca retirada ideológica, asumieron apresuradamente como suyas las nuevas propuestas políticas intervencionistas y el papel de los estados como grandes hermanos auditores. La izquierda, después de casi diez años en el poder, fundió en un puritanismo un poco ridículo, el pragmatismo conservador de quien manda con el permanente miedo escénico de los socialdemócratas a parecer demasiado atrevidos. Y ya estaba servido el cóctel; otra purga repugnante e injusta para las que siempre pagan; las prostitutas. Pero el colmo de este tema era que como no existía ninguna razón  que se sostuviera para detener y hacer pasar por comisaría a las putas, lo hicieron, otra vez también, con la gran mentira de la "explotación sexual". El bochornoso espectáculo de los telediarios de todas las cadenas diciendo, cada vez que informaban de una redada, que se estaba luchando contra la trata de mujeres, dejaba en un lugar muy penoso la capacidad del país para ver una realidad más allá de lo que por pura casualidad inercial estaba consagrado como políticamente correcto. Por supuesto no existían estadísticas serias al respecto, pero no hacía falta ser un genio para saber, que en España, de mil mujeres que ejercieran la prostitución, novecientas noventa y ocho al menos, lo hacían voluntariamente y por libre decisión. Un hecho que ante la inercia, sencillamente, valía una mierda. Con la tercera legislatura del PSOE comenzaron las redadas. Aparte de peinar zonas clásicas del centro de Madrid y la Casa de Campo, con regularidad, también se montaban operativos contra los pisos. Y en uno de esos pisos trabajaba Nelly la rumana. Tras pasar unos cuantos meses bajo el dominio de Pilar y que ésta la dejara finalmente tirada como una colilla, por puro aburrimiento, Nelly atravesó una época muy mala que le costó superar. Se había enamorado, o al menos, sentía hacia Pilar una atracción salvaje como nunca había sentido hacia otra persona en toda su vida. Quizás porque fue ella quien la introdujo de verdad en el mundo del sadomasoquismo, a pesar de los muchísimos años que lo venía deseando sin atreverse a dar el paso. Desempolvarse de su recuerdo fue una tarea ardua de la que incluso ahora, tanto tiempo después, no se sentía del todo curada. Al principio estaba tan herida que ejerció de ama cruel sobre jovencitas a las que seducía en bares lésbicos y esclavizaba unas semanas. Una especie de venganza. Luego aceptó esclavos, por dinero. Sus frecuentes salidas nocturnas hicieron que perdiera la habitación que alquilaba al matrimonio rumano y poco a poco fue perdiendo también, o quizás dejando, aunque sin reconocerlo abiertamente, sus trabajos como limpiadora. Enseguida se encontró sola, sin casa y con unos pocos ahorrillos. Con ellos se alquiló un pequeño apartamento y en él comenzó a recibir a sus esclavos para hacer allí las sesiones, por supuesto, cobrando. En su corta etapa noctámbula, aprendió todo lo que había que saber sobre las tarifas de las prostitutas que como ella , llevaban a cabo servicios especiales. Nelly era lista y se tomaba las cosas en serio. Después de descubrir el sadomaso de la mano de Pilar se sintió trasformada, mejor dicho, se reconoció de verdad a si misma y decidió reinventar completamente su vida. Lo de Pilar fue tan intenso y ella se sintió tan afectada que era consciente de que si al menos su ama no iba a estar con ella, porque la dejo, ella sí iba a estar siempre con el sadomasoquismo. Uno de esos vericuetos mentales compensatorios que a veces llegan a encauzar definitivamente la vida de una persona. Con Nelly pasó. Y tenía que ser ama, porque, por el momento, sólo por Pilar se sentía capaz de ser esclavizada. La actividad daba dinero y a Nelly, concienzuda y seria con sus clientes, no le faltaba trabajo. Pronto dejó de recibir a sus esclavos en casa para evitar problemas con los vecinos y buscó en los pisos de sadomasoquismo profesional. Encontró enseguida. Ganaba bastante menos dinero pero seguía siendo más que suficiente para sus necesidades y además tendría una vida privada de verdad, alejada por completo, si quería, del trabajo que realizaba ¿Por qué sólo pagaban los hombres por el sexo, ya fuese sado o cualquier otro servicio? Ella, que era mujer, habría pagado lo que se le hubiese pedido por seguir lamiéndola los tacones a Pilar, pero su caso era distinto, en el mundo real, en Matrix, sólo pagaban los hombres ¿Por qué? ¿Y qué más daba la respuesta? Pensó Nelly. El caso es que era así y ya está, además, ya se estaba acostumbrando a los hombres, a su olor, a los esclavos desnudos, y hasta le estaba comenzando a gustar alguno.Qué más da. La tarde estaba siendo un poco sosa, sólo había tenido un cliente y el pobre se corrió enseguida. Así que tan sólo diez minutos después él mismo dio por terminada la sesión pagando religiosamente hasta el último céntimo. Ella se quedó tumbada en la cama, sola, descansando un rato y pensando tonterías, como esa de que sólo pagan los hombres a las putas. Se levantó y en el lavabo del fondo se cepilló los dientes con parsimonia. Se peinó un poco y se retocó rímel y lápiz de labios. Seguía llevando el pelo rubio, liso y corto porque desde hacía ya muchos años sentía que así era como mejor combinaba con sus ojos de mar del norte. Ahora estaba más guapa que cuando fue dominada por primera vez; había adelgazado y se cuidaba bastante; buena alimentación, cremas caras y gimnasio. Otra especie de vericueto vengativo contra la que la había dejado, pero que a ella, a nivel personal, la venía muy bien. Estaba bonita de verdad a sus cuarenta y pocos años. Se ajustó las medias negras a medio muslo que llevaba sobre los tacones y se puso el sostén a juego con las copas abiertas. Dejaba los pezones al aire, se los pellizcó, para que se pusieran puntiagudos. Dentro de diez minutos entraría el próximo cliente y a ella le gustaba cuidar esos pequeños detalles. No es que le hiciera mucha falta llevar sujetador, porque sus pechos, con forma de limones, se mantenían todavía erguidos como los de una veinteañera, pero le gustaba que la primera visión que tuvieran de ella sus clientes fuera con un conjunto de lencería. Según la habían informado el que iba a entrar ahora era nuevo. Es decir, que no era uno de sus esclavos habituales y por lo tanto iba a estar por primera vez con ella. Motivo por el cual Nelly estaba cuidando aún más si cabe su presencia. Se lo pensó un par de segundos y al final decidió no ponerse el tanga; así, con todo al descubierto; en la rajita, muy bien depilada, llevaba ahora un piercing atravesándole el clítoris y de oro, como correspondía a una buena ama. Nada de marcas de bañador, solucionado con los rayos uva. Sus nalgas, exquisitamente redondas y generosas merecían de sobra ser bien exhibidas. Eran magníficas y genialmente coronadas por su cinturita de avispa, su barriguita árabe y su ombliguito atravesado por otra estaquita dorada. Al punto de acabar de mirarse en el espejo se abrió la puerta. Su nuevo cliente entró en la habitación y saludó con cierta vergüenza. La rumana lo miró un poco sorprendida y satisfecha; era muy guapo, y joven. Un bomboncito, como decía ella, que no pensaba saborear en lo que hasta entonces parecía una tarde tan sosa. Con pasitos exquisitamente medidos, se acercó a él como una diosa, le tomó de la mano y le llevó al centro de la habitación. Le sonreía y él la miraba embelesado, perdido en sus desnudeces. Con las manos en las caderas se dejó observar bastantes segundos. Luego se sentó en la cama, piernas cruzadas y pechos erguidos. 
-Desnúdate. Todo.- Dijo. Ahora era a ella a la que le tocaba mirar. 
   Y él, muy sumiso, y sin embargo, manteniendo una mirada amable, comenzó a quitarse la ropa. Poco a poco. 


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27 de Abril de 2010 a las 23:15
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"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Otra de las cuatro historias que se entrelazan. 

   Decía Lenin, con su apabullante claridad de visión política, que la fuerza más poderosa de la historia de la humanidad no era el proletariado revolucionario, ni las masas agitadas, ni los movimientos insurgentes, no, la fuerza más poderosa de la historia, es la inercia. Aunque se diera una situación de absoluto vacío de poder y de total ausencia de autoridad pública, muchísimas cosas se seguirían haciendo de la misma manera por el simple hecho de que así se habían estado haciendo. Inercia. Y pocas cosas, en el actual universo social, padecen más la inercia, como una lacra, que el fenómeno de la prostitución. En casi todo el mundo desarrollado los legisladores se sienten, y de hecho lo están, moralmente obligados a no penalizar ni el ejercicio de la prostitución ni la compra de sus servicios. La cuestión entra demasiado de lleno en el ámbito de la libertad individual y del respeto a los derechos del ciudadano, y sin embargo, la prostitución, como actividad económica, no se legaliza en ningún sitio. Y objetivamente no existe ninguna justificación para ese hecho más allá del que simplemente, aunque ahora no suene demasiado bien, así se ha venido haciendo, siempre. Lamentablemente "siempre" es el mayor exponente al que se puede elevar la ecuación de la inercia. Y funciona. Pero para las auténticas víctimas de esta historia, para las prostitutas, la cosa no se queda ahí. Es mucho peor. Las fuerzas más conservadoras siempre tienen a estas mujeres en su punto de mira y con sus habituales disfraces católico-cristianos claman constantemente por su eliminación social. Un imposible sociohistórico y una contradicción antropomórfica. Junto con el arte y la religión, las putas, son los únicos tres elementos comunes a todas las formas de agrupaciones humanas. Nadie, nunca, en los tres bien conocidos últimos milenios de la historia humana, ha conseguido erradicar la prostitución de sus sociedades. Pero ir en contra de algo, por absurdo que parezca, es también una vieja manifestación de la inercia. Tras la crisis, en España, además, se dio la paradoja de que la derecha se volvió un poco de izquierdas, y la izquierda un poco de derechas. Quedó tan desprestigiado el modelo económico neoliberal y antirregulador, que los conservadores, en franca retirada ideológica, asumieron apresuradamente como suyas las nuevas propuestas políticas intervencionistas y el papel de los estados como grandes hermanos auditores. La izquierda, después de casi diez años en el poder, fundió en un puritanismo un poco ridículo, el pragmatismo conservador de quien manda con el permanente miedo escénico de los socialdemócratas a parecer demasiado atrevidos. Y ya estaba servido el cóctel; otra purga repugnante e injusta para las que siempre pagan; las prostitutas. Pero el colmo de este tema era que como no existía ninguna razón  que se sostuviera para detener y hacer pasar por comisaría a las putas, lo hicieron, otra vez también, con la gran mentira de la "explotación sexual". El bochornoso espectáculo de los telediarios de todas las cadenas diciendo, cada vez que informaban de una redada, que se estaba luchando contra la trata de mujeres, dejaba en un lugar muy penoso la capacidad del país para ver una realidad más allá de lo que por pura casualidad inercial estaba consagrado como políticamente correcto. Por supuesto no existían estadísticas serias al respecto, pero no hacía falta ser un genio para saber, que en España, de mil mujeres que ejercieran la prostitución, novecientas noventa y ocho al menos, lo hacían voluntariamente y por libre decisión. Un hecho que ante la inercia, sencillamente, valía una mierda. Con la tercera legislatura del PSOE comenzaron las redadas. Aparte de peinar zonas clásicas del centro de Madrid y la Casa de Campo, con regularidad, también se montaban operativos contra los pisos. Y en uno de esos pisos trabajaba Nelly la rumana. Tras pasar unos cuantos meses bajo el dominio de Pilar y que ésta la dejara finalmente tirada como una colilla, por puro aburrimiento, Nelly atravesó una época muy mala que le costó superar. Se había enamorado, o al menos, sentía hacia Pilar una atracción salvaje como nunca había sentido hacia otra persona en toda su vida. Quizás porque fue ella quien la introdujo de verdad en el mundo del sadomasoquismo, a pesar de los muchísimos años que lo venía deseando sin atreverse a dar el paso. Desempolvarse de su recuerdo fue una tarea ardua de la que incluso ahora, tanto tiempo después, no se sentía del todo curada. Al principio estaba tan herida que ejerció de ama cruel sobre jovencitas a las que seducía en bares lésbicos y esclavizaba unas semanas. Una especie de venganza. Luego aceptó esclavos, por dinero. Sus frecuentes salidas nocturnas hicieron que perdiera la habitación que alquilaba al matrimonio rumano y poco a poco fue perdiendo también, o quizás dejando, aunque sin reconocerlo abiertamente, sus trabajos como limpiadora. Enseguida se encontró sola, sin casa y con unos pocos ahorrillos. Con ellos se alquiló un pequeño apartamento y en él comenzó a recibir a sus esclavos para hacer allí las sesiones, por supuesto, cobrando. En su corta etapa noctámbula, aprendió todo lo que había que saber sobre las tarifas de las prostitutas que como ella , llevaban a cabo servicios especiales. Nelly era lista y se tomaba las cosas en serio. Después de descubrir el sadomaso de la mano de Pilar se sintió trasformada, mejor dicho, se reconoció de verdad a si misma y decidió reinventar completamente su vida. Lo de Pilar fue tan intenso y ella se sintió tan afectada que era consciente de que si al menos su ama no iba a estar con ella, porque la dejo, ella sí iba a estar siempre con el sadomasoquismo. Uno de esos vericuetos mentales compensatorios que a veces llegan a encauzar definitivamente la vida de una persona. Con Nelly pasó. Y tenía que ser ama, porque, por el momento, sólo por Pilar se sentía capaz de ser esclavizada. La actividad daba dinero y a Nelly, concienzuda y seria con sus clientes, no le faltaba trabajo. Pronto dejó de recibir a sus esclavos en casa para evitar problemas con los vecinos y buscó en los pisos de sadomasoquismo profesional. Encontró enseguida. Ganaba bastante menos dinero pero seguía siendo más que suficiente para sus necesidades y además tendría una vida privada de verdad, alejada por completo, si quería, del trabajo que realizaba ¿Por qué sólo pagaban los hombres por el sexo, ya fuese sado o cualquier otro servicio? Ella, que era mujer, habría pagado lo que se le hubiese pedido por seguir lamiéndola los tacones a Pilar, pero su caso era distinto, en el mundo real, en Matrix, sólo pagaban los hombres ¿Por qué? ¿Y qué más daba la respuesta? Pensó Nelly. El caso es que era así y ya está, además, ya se estaba acostumbrando a los hombres, a su olor, a los esclavos desnudos, y hasta le estaba comenzando a gustar alguno.Qué más da. La tarde estaba siendo un poco sosa, sólo había tenido un cliente y el pobre se corrió enseguida. Así que tan sólo diez minutos después él mismo dio por terminada la sesión pagando religiosamente hasta el último céntimo. Ella se quedó tumbada en la cama, sola, descansando un rato y pensando tonterías, como esa de que sólo pagan los hombres a las putas. Se levantó y en el lavabo del fondo se cepilló los dientes con parsimonia. Se peinó un poco y se retocó rímel y lápiz de labios. Seguía llevando el pelo rubio, liso y corto porque desde hacía ya muchos años sentía que así era como mejor combinaba con sus ojos de mar del norte. Ahora estaba más guapa que cuando fue dominada por primera vez; había adelgazado y se cuidaba bastante; buena alimentación, cremas caras y gimnasio. Otra especie de vericueto vengativo contra la que la había dejado, pero que a ella, a nivel personal, la venía muy bien. Estaba bonita de verdad a sus cuarenta y pocos años. Se ajustó las medias negras a medio muslo que llevaba sobre los tacones y se puso el sostén a juego con las copas abiertas. Dejaba los pezones al aire, se los pellizcó, para que se pusieran puntiagudos. Dentro de diez minutos entraría el próximo cliente y a ella le gustaba cuidar esos pequeños detalles. No es que le hiciera mucha falta llevar sujetador, porque sus pechos, con forma de limones, se mantenían todavía erguidos como los de una veinteañera, pero le gustaba que la primera visión que tuvieran de ella sus clientes fuera con un conjunto de lencería. Según la habían informado el que iba a entrar ahora era nuevo. Es decir, que no era uno de sus esclavos habituales y por lo tanto iba a estar por primera vez con ella. Motivo por el cual Nelly estaba cuidando aún más si cabe su presencia. Se lo pensó un par de segundos y al final decidió no ponerse el tanga; así, con todo al descubierto; en la rajita, muy bien depilada, llevaba ahora un piercing atravesándole el clítoris y de oro, como correspondía a una buena ama. Nada de marcas de bañador, solucionado con los rayos uva. Sus nalgas, exquisitamente redondas y generosas merecían de sobra ser bien exhibidas. Eran magníficas y genialmente coronadas por su cinturita de avispa, su barriguita árabe y su ombliguito atravesado por otra estaquita dorada. Al punto de acabar de mirarse en el espejo se abrió la puerta. Su nuevo cliente entró en la habitación y saludó con cierta vergüenza. La rumana lo miró un poco sorprendida y satisfecha; era muy guapo, y joven. Un bomboncito, como decía ella, que no pensaba saborear en lo que hasta entonces parecía una tarde tan sosa. Con pasitos exquisitamente medidos, se acercó a él como una diosa, le tomó de la mano y le llevó al centro de la habitación. Le sonreía y él la miraba embelesado, perdido en sus desnudeces. Con las manos en las caderas se dejó observar bastantes segundos. Luego se sentó en la cama, piernas cruzadas y pechos erguidos. 
-Desnúdate. Todo.- Dijo. Ahora era a ella a la que le tocaba mirar. 
   Y él, muy sumiso, y sin embargo, manteniendo una mirada amable, comenzó a quitarse la ropa. Poco a poco. 




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salazar

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1 de Mayo de 2010 a las 16:56
Re: Sadomasoquismo.

"SM2", segunda parte de "SM; dentro de una parafilia". Otra de las cuatro historias que se entrelazan. 


   Nelly, sentada a los pies de la cama, observaba el espectáculo. Como no llevaba bragas, sólo los tacones, las medias, el liguero y el sostén de copas abiertas, dejó de cruzar las piernas, las abrió y se llevó una mano a la raja. Sonreía. Efectivamente; aquel tipo estaba bastante bueno. Eduardo ya se había quedado completamente desnudo, como se le había ordenado. Después de todo acababa de pagar para ser utilizado por un ama cruel y dominante, y le había tocado la rumana, que según podía ver, no estaba nada mal. Se le estaba poniendo dura. Nelly se levantó y sin dejar de mojarse los dedos en su bolsillo de carne, se puso junto a él. 
-Manos a la nuca.- 
-Sí... - 
-!Silencio perro! No te he dado permiso para hablar.- 
-Perdón.- 
-Perdón "mi ama"- Y sin mediar más explicación le propinó un tremendo azote en la nalga, con la palma de la mano, para el que tomó impulso, y que hizo resonar toda la habitación.-Repite perro.- 
-¿El qué... ?- Recibió otra manotada en el culo, aún más fuerte. 
-"Perdón mi ama", repite.- 
-Perdón mi ama.- 
   Entonces fueron tres azotes seguidos, siempre con la palma de la mano. Luego le agarró del pelo y le acercó la cara hasta que se tocaron las puntas de la nariz; Eduardo olió perfectamente el aliento de pasta dentífrica de su ama. 
-Aquí se habla solo cuando yo lo digo y tú terminas las frases siempre con lo mismo; sí mi ama. He dicho que esos brazos bien levantados, y abre del todo las piernas ¿Entiendes lo que te digo perro?- Nuevo manotazo. Eduardo tenía ya el culo rojo, y le escocía, pero se abrió de piernas todo lo que pudo y levantó aún más los codos. 
-Sí mi ama.- 
   Nelly, detrás de él, le pasó las manos por la espalda y los hombros; estaba musculado, duro y fibroso. Bajó hasta las nalgas, que le encantaron; de auténtico potro y le metió la mano entre las piernas hasta agarrar los testículos por detrás; se los retorció un poco y los apretó, pero no se movió. Los soltó, subió un poco y le metió un dedo en el culo. 
-Ábrete bien, perro.- 
-Sí mi ama.- 
   Era el dedo índice de la mano derecha, la mano con la que le había azotado, y estuvo metiendo y sacando el dedo un rato. Aunque no estaba muy abierto el agujero le dilataba bien. Cuando se cansó de pajearle el culo, volvió a agarrarle de los huevos y a estrujárselos. Cuando le soltó, finalmente, Eduardo lanzó un suspiro de alivio. Nelly le dio media vuelta, se puso de frente y le metió en la boca el dedo índice que le había estado metiendo en el culo. 
-Límpialo.- 
-Sí... mi ama... -Contestó como pudo. 
-Perro.- 
   Mientras se dejaba rechupetear el dedo, con la mano izquierda, le cogió la polla que ya tenía muy dura. Le encantó; tenía el capullo muy gordo y brillante. Le dieron ganas de chuparla, pero se contuvo, no quería que se corriese pronto. Iba a disfrutar. Le sacó el dedo de la boca y Nelly lo secó restregándoselo en los pectorales, luego bajo la mano; no tenía los abdominales marcados, pero tampoco tenía barriga. Entonces le empujó la polla y los huevos hacia dentro, pegándosela a la piel entre las piernas. Tuvo que hacer fuerza por lo dura que estaba. 
-Cierra los muslos, con fuerza, que no se te salga.- 
-Sí mi ama.- 
-Ya sé que duele, perro.- 
-Sí mi ama.- 
-Así. Junta las rodillas y abre los tobillos. Las palmas en la nuca; no me hagas que te lo repita.- Nuevo manotazo en las nalgas; muy fuerte. 
-Sí mi ama. Perdón mi ama.- 
-¿Cómo te llamas, perro?- 
-Eduardo mi ama.- 
-Yo me llamo Nelly, pero sigue con lo de mi ama, o tendré que castigarte.- 
-Sí mi ama.- 
-Te han dado por el culo hace poco ¿verdad?- 
-Sí mi ama, tengo un amigo homosexual y  nos vemos de vez en cuando.- 
-O sea, que eres un perro maricón.- 
-Sí mi ama.- 
-Te voy a castigar por descarado; tienes que aprender que ese culo sólo se va a follar cuando yo lo diga. Di que lo has entendido, perro maricón.- 
-Sí, lo he entendido mi ama.- 
-Sujeta bien la polla con las piernas, joder, he dicho que no quiero que se salga.- 
-No se ha salido mi ama... -No pudo continuar. Le lanzó una andanada de palmetazos en las nalgas hasta que a Nelly le empezó a doler la mano. Eduardo resoplaba de dolor, pero aguantó sin moverse un centímetro. 
-Da las gracias por todo lo que estás aprendiendo, perro maricón.- 
-Muchas gracias mi ama.- 
   Entonces la rumana reparó en el tatuaje. Era magnífico. Lo tenía en el hombro izquierdo, situado estratégicamente para poder ser lucido con camisetas sin mangas. Del tamaño de una naranja y realizado por un buen maestro, por el roque realista y de volúmenes que se le había dado. Era un Quagmyr, de bordes de plata, igual que las zonas que separaban los tres yinyans perforados, y, por supuesto, negros. Cumplía a rajatabla la simbología del sumiso, y no parecía que fuese por casualidad. Nelly lo acarició un rato y se regodeó mirándolo, pero no dijo nada al respecto. Volvió a cogerle del pelo y a mirarle con crueldad. 
-Ahora estás obedeciendo bien pero voy a castigarte un poco porque me apetece y porque me sale del coño, perro mariconazo.- 
-Sí mi ama.- 
-Voy a utilizar la fusta.- 
-Sí mi ama.- 
-¿Dónde quieres que te de y cuántos fustazos quieres recibir?- 
-Los que tu quieras mi ama.- 
-Sabía que ibas a contestar eso. Suelta la polla.- 
-Ahh... gracias mi ama.- 
   Nelly le agarró el pene con ambas manos. 
-Hum... esto está muy duro, vamos a tener que bajarlo.- 
-Sí mi ama.- 
-Mira, ya hemos encontrado el sitio dónde vas a recibir el castigo.- 
-Sí mi ama.- 
-Maricona asquerosa.- 

 

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