Mis mejores amigos // 12 relatos de primavera
romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
2- Recogiendo en mi cuaderno trozos de un sueño
De hoy no pasa, de ahora mismo, sin que cumpla yo lo que te he prometido. Esta mañana es un buen momento para nuestro recorrido por las ruinas del viejo molino. El día se va levantando y tiene aspecto, más bien, de un día de invierno por las nubes negras que cubren y por el airecillo fresco. Y otra vez parece que puede llover en cualquier momento y vendría bien para las tierras y los manantiales que también van presintiendo la llegada de la primavera. Hoy es un día más pero, como lo tengo delante de mí y tú estás a mi lado, este nuevo día vuelve a ser especial. Nuevo otra vez y, para mí, como si fuera el último o el primero. Ahora mismo te llevo conmigo y te enseño lo que ya te he prometido.
Pero solo un minuto más, para un par de asuntos mientras el día acaba de abrirse. Quiero apuntar en mi cuaderno algunas cosas importantes para que tampoco se me olviden porque tengo mucho interés en ellas. Me han llegado nuevas noticias de la Princesa y de su Bandolero, el de las hípicas. Hablan de su Bandolero y se ve que de nosotros no sabe nada. ¡Pobre caballo aquél y dichoso este nuestro! Tú no te preocupes ni le digas nada luego a este Bandolero nuestro pero quiero compartir contigo las últimas noticias que tengo. Del mundo real en el que, aunque no nos pertenezca, nosotros sí estamos viviendo, también tengo noticias. Una muy grande que me da mucho respeto y, más, comentarla contigo en este valle. Pero es la realidad y también la apunto en mi cuaderno. ¿Sabes qué? El Papa se está muriendo. Sí, has oído bien y te repito: te hablo del tema y siento mucho respeto. El Papa de los cristianos, el de la Iglesia Universal, se está muriendo y muchos lloran y rezan por él. Yo también lo siento y siento que nosotros, desde estas montañas, hablemos de esto. Pero bien sabe el cielo que nosotros, a nuestro modo y desde lo que somos, pido perdón a unos y a otros y rezamos del modo que sabemos. Que el cielo también nos perdone si parece que no tenemos respeto y hablamos como no debiéramos.
Pero, estoy intentando ser sincero y por eso te miro a ti y miro a las nubes negras que nos regala el nuevo día y apunto en mi cuaderno. Porque todo me interesa y en todo tengo un trozo del alma y el aliento que cada día nos regala el cielo. Vente conmigo por aquí y mírate en el agua del río. Este es nuestro espejo y viene en forma de líquido de aquellas cumbres a lo lejos. Y te lo digo porque quiero que sepas que por aquellas laderas y cumbres van caminos que conozco de tiempos lejanos y no dejo de soñar con ellos. ¿Qué te parece a ti si un día de estos nos echamos a recorrer estas montañas como si fuéramos aventureros? Podría ser a los días siguientes del bautizo de Bandolero. Y esto es otra cosa que también ahora escribo en mi cuaderno. Para el bautizo de Bandolero quiero invitar a todos los conocidos. Para que estén al tanto los hechos y para que luego no digan. ¿Que cómo será esa invitación? Sencilla pero clara y por un medio seguro para que nadie se quede sin ella.
Ya estás viendo tú cuántas cosas en este nuevo día y todavía me quedan más en el tintero. Y sé que te estás preguntando: “¿Y la carta de la muchacha del caballo blanco?” Pues aquí la tengo y ya la he leído. Me fui ayer por los caminos de estas altas laderas y, bajo aquellas rocas de las montañas, me senté mirando a este valle. Con vosotros ante mis ojos y con el tapiz verde de la pradera y el río saltando alegre, me preparé y abrí la carta. La fui leyendo y la meditaba despacio y, esto que vas a oír ahora mismo, es lo que en su carta nos dice la del caballo blanco:
Por las ruinas del molino de la Parra
Aquí estoy contigo. Ya ha llegado el momento y cumplo lo que te he prometido. Vente por este lado de arriba del fresno y cruzamos el río. Mientras Enebro y Bandolero están en su tranquilidad, en la hierba de la llanura de la Huelga de la Parra, vamos a darnos un paseo por las ruinas de viejo molino. Abro mi cuaderno, donde tengo apuntado los datos, y te voy leyendo. Ya estamos sobre las ruinas y lo primero que puedes ver es que lo levantaron justo donde el río tenía el mejor vado. Al otro lado del cauce, hacia la Bruna y el collado de la Tejea, sigue todavía el valle de la noguera que es donde se han quedado los caballos. Ya has descubierto tú que es una llanura muy grande y de tierra buenísima. Este viejo molino tenía mucho terreno y de la mejor calidad. Por esa llanura, ahora sólo hay hierba, juncos, los árboles frutales que ya te he dicho entre los bancales y rodeándola, muchos álamos, fresnos y robles en los que se engarban las parras.
Unos metros todavía antes de llegar y encontramos las piedras del molino. Se ve que las arrancaron, las desplazaron de su sitio y las dejaron por la llanura de la puerta. También están aquí las aspas de hierro sobre las que caía el agua y con su fuerza giraban dando movimiento a toda la maquinaria del molino. Alguien las arrancó de su sitio, se las trajo hasta esta llanura y junto con la piedra, por aquí las dejó. Seguro que quisieron llevárselas y por lo que fuera, luego las dejaron abandonadas. El hierro de las aspas está muy oxidado y por eso creo que ahora ya no pueden servir para otra cosa que para adornar. Las pongo sobre la misma piedra que en el molino molió y le hago una foto. También a mí me apetece llevármelas pero en fotos para así no olvidarlo nunca.
Según nos acercando a la casa restaurada vemos una puerta de hierro. A la altura de una persona, esta puerta tiene una mirilla con sus rejas y todo. Me sorprende verla tan nueva, con sólo un cerrojo que corro y entro sin ningún problema. Es la estancia de la vivienda restaurada por los que compraron el molino años atrás. Ahora es nuestra casa y para siempre aunque no la usemos. No es muy grande el recinto y, según se entra, al fondo, tiene la chimenea. Por encima de ella, una pequeña cámara sin tabiques que la cierre pero sí con sus escaleras para subir. Y antes de la chimenea, una mesa de madera rodeada de asientos también de madera. Todo está muy nuevo. Como si lo hubieran restaurado hace poco. En una repisa en forma de alacena que se abre en la pared por el lado del río, sobre unas tablas, hasta hay unas latas de atún, media botella de aceite, sal, vinagre y un cartón de leche. Algunos dineros, monedas sueltas, que ni siquiera cuento ni cojo. Entiendo que dejaron abierta esta estancia para que las personas que vengan por aquí, puedan entrar sin problemas y así de este modo, quizá no rompan las cosas. Es una buena reflexión y creo que está bien.
En un rincón veo que también hay unos cubos, un cepillo de barrer, varias cajas de plástico, palos para la lumbre, algunas sartenes y hasta un par de cucharas. También tenedores y botes de conserva vacíos. Hay también un cacharro para hacer café. En la chimenea hicieron fuego no hace mucho pero está muy ordenada y limpica. Tiene sus trébedes, un candil de aceite y restos de algunos tizones. Salgo y ahora miro con más atención la puerta. Escrito a lápiz encuentro un rótulo que dice: “Villa Pedí”. ¿Qué querrás decir esto?
Por la parte de atrás de este edificio, lo que de verdad fue molino, sí que lo vemos bien roto. Muy abandonado y sólo con algunos metros de pared. La acequia que traía el agua a las aspas del molino y las ponía en movimiento para que éste andara, le entra por detrás. Arranca desde el río y sin apenas caída llega al molino y se vacía sobre las aspas. Crece por aquí una gran parra que da uvas negras, bastante gordas y además buenas. Lo sé yo de aquellos tiempos. La rodean algunas higueras y varios cerezos. El tubo por donde entraba el agua, todavía se encuentra por aquí. Desde este punto, creo que la parte de atrás del molino, mirando hacia el canalón de la Bruna y el collado de la Tejea, observa y descubre como el molino tenía dos cuerpos. El lado que da para la cueva Grande era el molino, quizá con alguna habitación para almacenar los frutos y la parte de la derecha, que es por donde el río se aleja, era la vivienda. Esta división tiene su chimenea exterior y un tejado a dos aguas.
Cruzando el cauce, a sólo unos metros del molino, queda la gran llanura. Se derrama entre las aguas del río y las paredes que caen desde la montaña por el lado de la Bruna. Y para atravesar el río no hay puente alguno. Sólo unas piedras que todavía están desde aquellos tiempos por donde se avanza saltando de una en otra. La corriente por aquí discurre muy serena y por eso se forma un pequeño vado. Por este punto cruzaban las vestías cuando ellos iban o venían con ellas cargadas con las cosechas, maderas y otras cosas. Es justo por aquí por donde pasaba la vieja senda que ya te he contado en varias ocasiones. La que surcaba a estas sierras desde un extremo a otro.
En la llanura ahora sólo crecen muchas hierbas, zarzas, algunos de aquellos viejos membrillos, parras, álamos y pasto. La hierba es la que ahora ha tomado su relevo sobre las buenas tierras que ellos araron a lo largo de tantos años y sembraron de tantos, buenos y abundantes productos. Por este lado derecho mío baja un arroyo desde el collado de la Tejea. Por ahí mismo todavía se distingue una acequia. Es la que traía el agua a la llanura que ahora es nuestro paraíso. Por el borde mismo de esta acequia sube una senda. Es la vieja senda que tenemos que buscar el día que nos vayamos de aventureros por estas montañas. Ya casi no se ve porque se la están comiendo las zarzas, el pasto y los bujes. En algún momento y no sé para qué, por donde debió ir la senda, intentaron construir una pista de tierra. Metieron una máquina e hicieron un enorme destrozo por este barranco pero, la pista de tierra que pretendían abrir, se quedó en pretensión y poco más. Me alegro de esto y ya te diré y verás por qué.
romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
3- Granada y tú, como un sueño
Los almendros ya habían florecido. No había llegado aun la primavera pero, después de las abundantes lluvias a lo largo de todo el invierno, la hierba relucía. Como ansiando mostrar su fuerza y también con el deseo de alfombrar con miles de florecillas.
Sin embargo, aquella mañana de marzo, todo el campo amaneció nevado. Blanco puro, como si otra vez el invierno hubiera vuelto. Se asomó él a la torrentera y caminó despacio. Buscando la pequeña senda que, por el barranco que desciende hacia el río, avanza y busca las tierras de la vega.
Pisando la nieve o más bien resbalando por ella, bajó a toda prisa. Como en un juego y agradeciendo al cielo estampa tan bonita. Y, mientras lo hacía, la recordaba. Lejana, como ya hacia mucho, mucho tiempo pero inmaculada y alegre en su alma, como el primer día. Y de nuevo dio gracias al cielo por tan hermoso sentimiento en su corazón, a pasar de la distancia y el tiempo.
Llegó a la corriente del río, lo cruzó, subió por el terraplén, atravesó los olivos, por donde las parras aun desnudas y siguió bajando en la misma dirección que las aguas. Y al poco dejó atrás el estrecho desfiladero del río y salió a la panorámica. Donde el terreno se configura como un gran balcón frente a Granada y por donde la senda, agarrada a la ladera, se abre como un fantástico abanico. Y aquí se paró. Miró despacio y la visión que la ciudad le regalaba le llenó el corazón de hondo gozo.
Sobre la alta colina, recostada y alargada, se veía la Alhambra. Al fondo, las altas cumbres de Sierra Nevada y a los pies, la fantástica ciudad de Granada. Blanca hoy y como durmiendo pero bella como el más delicado y hermoso de los sueños. Meditó un momento, miró al cielo, todo azul a pesar de la gran nevada y luego pensó en ella. Y como susurrando para sí y para el viento que le acariciaba, dijo:
“Una vez más mi corazón se alegra solo con recordarte. Fuiste tan buena en aquellos días que de armonía y paz y para la eternidad, dejaste sembrada mi alma. Por eso a cada instante sigues palpitando en mi pecho. De aquí que ahora mismo y, hoy de nuevo, te regale Granada. Los almendros ya han florecido y la nieve, esta noche, lo ha vestido todo de blanco. Y tú sigues viva, florecida y rociando de gozo y paz todos los sentimientos que laten en mi pecho”.
romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
4- Junto al río sentando mirando al agua
Ahí lo está viendo sentando. Desde que vino, ayer por la mañana, yo sé que le pasa algo. El pastor es nuestro amigo y él nos trata bien y le gustan nuestras cosas. Es un hombre sencillo y lo único que quiere es vivir la vida sin meterse con nadie ni que nadie se meta con él. Pero en cuanto lo vi ayer supe que algo le ha ocurrido. ¿Míralo, lo ves? Ahí frente al río está sentado y junto a él, en la hierba está acostado, el mastín Álamo. Como si hubiera comprendido que su amo está dolido por algo. Sinombre, ahora dentro de un rato nos vamos a ir los cuatro, río arriba por entre las madroñeras, al lado del pastor. No sé cómo pero podemos intentarlo: el pastor, nuestro amigo, tiene una pena y creo que está llorando. De la manera que sea debemos consolarlo. Ahora en seguida nos vamos con él.
Pero necesito un momento, quizá un buen rato, para apuntar en mi cuaderno. El nuevo día va llegando y, como aunque sea poco, la lluvia ha regado los campos, cantan los pajarillos a sus anchas celebrando este amanecer y la hierba verde que la lluvia ha mojado. Los mirlos no paran. Hoy el cielo aparece despejado y ya hace menos frío. Los cerezos, este año, están de flores que no pueden más. Míralos todos blancos y con tanta fuerza que parece que fuera la primera vez que por ellos pasa la primavera. También los almendros ya se visten de verde y, en sus ramas, los nuevos frutos, tiernos y prometedores, emergen. ¿Sabes qué te digo? Que yo creo que este año sí tendremos una buena cosecha de almendras. También de cerezas y de higos y de nueces. Aunque no ha llovido mucho este invierno la primavera está siendo buena y, de estos el que más se alegra, es nuestro amigo el pastor. ¡Míralo! Allí sigue con su pena, sentado frente al río, y callado. ¿Qué le pasará y porque no se atreve a contárnoslo?
Cuando ayer llegó lo primero que hizo fue preparar un buen plato de palomitas de maíz. De la cosecha que recogió de su huerto el año pasado. Y las preparó en la lumbre de la chimenea de su rincón, en las ruinas del molino. Ese es su gran palacio y ahí lo tiene todo. Después de saludarnos y dejar claro que es nuestro mejor amigo, nos dijo, animando:
- Tengo noticias para vosotros. Muchas y muy importantes, pero antes, quiero haceros un regalo. Os preparo en seguida tres kilos de palomitas de maíz y mientras os la vais comiendo os cuento y charlamos.
Tú te pusiste contento y también Enebro y Bandolero. Y poco después, sobre la hierba y, entre los pétalos inmaculados de las flores de los cerezos, os rocié yo las palomitas de maíz. Para que os las comierais despacio y sin problemas. ¿A que parecía el prado una fantasía de seda cubierta de copos blancos? Solo ver aquello ya se llenaba uno de entusiasmos. Y mientras vosotros os comíais tan ricas golosinas y yo os miraba meditando y, satisfecho el pastor, se fue a su huerto diciendo:
- Tengo que labrarlo y quitarle las malas hierbas. La primavera ya está empujando y la cosecha irrumpe con fuerza de la tierra. ¡Ay que ver como corre el tiempo aunque pase tan despacio!
Le dije yo:
- Nosotros también tenemos que compartir contigo todo lo que nos ha pasado. Tenemos un montón de preguntas y por eso te estábamos esperando. Y es verdad que la primavera ya sí, con fuerza, se ha presentado.
Y con él nos fuimos al huerto y, como pudimos, le ayudamos. ¿Viste qué altas están ya las habas y los ajos y las lechugas y las espinacas y los rábanos? Y también las fresas ya están casi a punto de caramelo. ¿Las fresas? ¿Te acuerdas el año pasado? Al madurar las primeras fresas aun teníamos con nosotros la sonrisa de la Princesa y nos hacía soñar, a ratos. Pero este año… Y lo que quiero decirte es que en el huerto del pastor las plantas están más llenas de primavera que en otros lados. Ayer lo vimos y vimos también que él estaba preocupado. Ahí lo tienes: junto al río solo sentado, mirando a las aguas con melancolía y hasta creo que está llorando. Venga, vámonos con él y, con mucho tacto, le damos compañía a ver si nos cuenta y le contamos.
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DanielTurambar (desconectado)
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Date una vuelta hay como varias docenas de hilos donde deberías pegar este mensaje.
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romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
Mis mejores amigos
12 relatos de primavera
1- Noche con aromas de nardo
2- Recogiendo en mi cuaderno trozos de un sueño
Por las ruinas del molino de la Parra
3- Granada y tú, como un sueño
4- Junto al río sentando mirando al agua
5- Vivir la vida en paz
6- Diálogo con Sinombre y la tormenta
7- Encuentro con la niña en el Cortijo de la Viña
8- Con la niña por el Prado del Arroyo
9- Una reflexión sobre la vida en su forma más natural
10- Los juegos de la niña con su caballo Enebro
11- Tapizar la tierra de buenos sentimientos
12- Los retozos de Enebro
1- Noche con aromas de nardo
Antes de la primera luz del alba me han despertado los autillos con sus finos cantos. Y, conforme ha ido avanzando el día, he contemplado despacio las últimas estrellas en el cielo y, luego ya, el sol naciendo con su color rosado. Me gusta ver salir el sol cuando me levanto y más me gusta aun verlo relucir sobre vosotros en el prado. Pero quiero preguntarte: esta noche ¿qué ha pasado? Yo de nuevo hoy lo apunto en mi cuaderno y con cariño lo guardo para después compartirlo con nuestra niña querida y con los amigos. Pero ¿cómo les cuento yo, a los que quieran oírme, lo que esta noche ha pasado?
Bajo la noguera vieja que clava sus raíces en el mismo centro de este prado de primavera yo he dormido esta noche. Sobre la hierba, con el telón de fondo de las laderas y con las música del río dulcemente arrullando. Pero no sé si he dormido o he soñado porque al despertar te he visto recostado en la misma ribera y pegado al viejo tronco del álamo. ¿Con qué has soñado tú o por dónde has estado esta noche? Enebro se ha venido aquí conmigo, muy pegado a la cabecera de la almohada de trébol que esta noche ha perfumado mis sueños. Y el caballo Bandolero, al amanecer, lo veo al lado de arriba de la llanura, comiendo por entre las zarzas del arroyo que viene del collado. No hay más en este amanecer mágico de la llanura junto al río y las ruinas del viejo molino abandonado. Pero te pregunto otra vez: ¿qué es lo que esta noche ha pasado?
Te miro como extrañado y escribo en mi cuaderno. Yo ayer por la tarde le dije al caballo Enebro:
- Necesito ir a la Cueva de los Madroños, mi casa y mi palacio, a por algo que tengo allí y ahora me hace falta. ¿Quieres venir conmigo? Me gustaría estar contigo un buen rato.
Y el caballo Enebro, listo como tú y Bandolero o como el mismo viento que en la noche nos ha besado, se puso a trotar como si ya fuéramos de camino. Pero luego se volvió y se vino a mi lado y, sin que yo le dijera nada, se me ofreció para que lo montara porque quería llevarme sobre su lomo al alba. Desde unas de las piedras gordas del río salté a su lomo y le dije:
- ¡Ea, amigo Enebro! Llévame de paseo siguiendo el cauce del río y ve con cuidado que todo esto ahora está lleno de nidos. La nutria tiene el suyo por aquel lado, los patos silvestres lo tienen por aquí, por allí anda el mirlo acuático, por este lado cantan las perdices y, el mirlo que siempre nos da compañía, tiene su nido en el mismo acebo de la puerta de mi cueva. Así que trota con la suavidad del viento para que nadie se asuste y huya de tu presencia. Ha llegado la primavera y todo brota y nace y regala fuerza. Es la fuerza de la vida que se instala junto a nosotros para llenarnos de energía. Tú ve con cuidado para que los habitantes de estos prados nunca puedan decirnos que no los respetamos
Trotando con la armonía del monte y con la caricia de la hierba Enebro me llevaba por el camino río arriba hacia mi cueva. Y las dos tórtolas turcas, la pareja azul perla que a todas horas juega con el aire, volaron desde los fresnos al prado de la cascada y luego se posaron sobre las ramas de los álamos. Cuando llegamos al Prado de los Fresnos me bajé de Enebro, subí a mi cueva, cogí lo que necesitaba, recorrí la senda de la cascada y al llegar de nuevo al caballo ¿sabes lo que vi? Como en un sueño vi un hermoso caballo blanco que pastaba junto a Enebro en el prado. Cerca y, descansando sobre la hierba, vi una muchacha que me ocultaba su cara y, al verme ella, subió en su caballo y se alejó como en un vuelo de paloma blanca. Como galopando y siguiendo un camino a través del viento. Ese camino que ya he visto otras veces y creo que se pierde por entre las estrellas hacia el alba. No pude ver más. Solo la blancura de su hermoso caballo hondeando sus largas crines y la figura de la muchacha que se evaporaba como en la luz de amapola clara. Al llegar a Enebro le pregunté:
- ¿Sabes quién era y si quería algo?
El caballo me miró y movió su cabeza para la hierba al borde del charco. Lo seguí con mis ojos y allí, junto al agua clara del arroyo y cerca de una piedra, vi una carta. Comprendí que me la había regalado ella y por eso me agaché y la cogí. Inmediatamente quise leerla pero luego me resistí pensando que mejor cuando estuviéramos todos juntos en el llano del molino viejo. Así que me subí en Enebro y, como si dentro de mí y por mis venas ahora me corriera el cielo, bajamos galopando por el camino que recorre el río. Como si tuviéramos prisa de llegar para contaros. Y al llegar vi que nos esperabais y por eso mirabais como diciendo: “A ver qué nuevas nos traéis de aquel prado”. ¿Acaso sabíais vosotros algo?
Con vosotros me quedé ayer todo el día por este lado del edén del río y, con la carta que me habían regalado, esperando en mi bolsillo. Quería abrirla y leerla pero para gustarla más despacio me la guardaba con cariño y seguía esperando. Y ya viste tú que a ratos, me paraba entre la hierba y miraba al cielo, como si por entre el azul lejano, esperara verlos asomar galopando. Y me tocaba en el pecho con mi mano para sentir la presencia de la carta y no la leía. Tampoco la he leído esta noche. Mira, ves, aquí la tengo. Creo que al llegar este nuevo día es el momento pero antes de abrirla y leerla te sigo preguntando, a ti y a Enebro y a Bandolero: ¿qué ha sido lo que esta noche ha pasado? Te vuelvo a decir que no sé explicarlo pero en el silencio y el viento he sentido algo muy dulce y mágico. Como un perfume de paz que, invisible, haya brotado de la carta que ayer me regalaron y guardo con el cariño de un niño ilusionado.
Canción de una noche de primavera
Noche de estrellas
con cálido viento
y serena,
lago de calma
sobre un mar de seda.
Noche vestida
de hierba
por la llanura
y las riberas
del río, limpia música,
de primavera.
Noche exhalando,
por las praderas,
aromas de nardo
que en el alma dejan
caricias de cielo
que al cielo llevan.
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