Pedazos de
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Novela con cocaína (1936), Aguéiev, M. (1898-1973)
<Mi madre, sacando la mano de su seno, puso sobre la mesa dos billetes de cinco rublos, arrugados como si a causa de la vergüenza quisieran volverse más pequeños.>
<..., sólo cuando se despidió, me dio las gracias y empezó a alejarse de mí, sólo entonces, una voz interior -(...)- dijo con amargura dentro de mí: "Eh, tú, has destruido a esa joven. Mira, ya se va esa muchacha. ¿Recuerdas como decía: ¡Ah, querido mío!? ¿Por qué la has destruido? ¿Qué te había hecho? ¡Eh, tú!">
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Bartleby y compañía (2000), Enrique Vila-Matas (1948)
<La literatura era precisamente -como le ocurría a Kafka- lo único que yo tenía para tratar de independizarme de mi padre.>
<Al joven Cadou le impresionó tanto ver a Gombrowicz entre las cuatro paredes de la casa de sus padres, que apenas pronució palabra a lo largo de la velada -algo parecido le había ocurrido al joven Marboeuf cuando vio a Flaubert en la casa de sus padres- sintiéndose literalmente un mueble del salón en el que cenaron.>
<... Cadou, a diferencia de Marboeuf, no se limitó a verse toda su vida (murió joven) como un mueble, sino que, al menos, pintó. Pintó muebles precisamente. Fue su manera de irse olvidando de que un día quiso escribir.
Todos su cuadros tenían como protagonista absoluto un mueble, y todos llevaban el mismo enigmático y repetitivo título: "Autorretrato.">
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Tokyo ya no nos quiere (1999), Ray Loriga (n. 1967)
<Voy mirando sus cuerpos mientras nado y voy mirando las flores en el fondo y por un momento estoy tranquilo. Después, al sacar la cabeza del agua, vuelve el vértigo de no saber cuánto tiempo llevo en este sitio, ni dónde estaba antes de venir aquí. El miedo de un corredor de relevos al que nadie le ha entregado un testigo.>
javihero (desconectado)
Fecha de ingreso: 11 de Septiembre de 2009
<Mi madre, sacando la mano de su seno, puso sobre la mesa dos billetes de cinco rublos, arrugados como si a causa de la vergüenza quisieran volverse más pequeños.>
Ésta es bestial. Del sujetador a la mesa dos billetes arrugados.
Me apunto "Novela con cocaína" para mi wish-list.
sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
Manual de combate ( Charles Bukowsky)
Dijeron que Céline era un nazi
dijeron que Pound era un fascista
dijeron que Hamsun era un nazi y un
fascista.
pusieron a Dostoievsky frente a un
pelotón
de fusilamiento
y mataron a Lorca
le dieron electroshocks a Hemingway
(y vos sabés que se pegó un tiro)
y echaron a Villon de la ciudad (París)
y Mayakovsky
desilusionado con el régimen
y luego de una pelea de enamorados,
bueno,
también se pegó un tiro.
Chatterton se tomó veneno de ratas
y funcionó
y algunos dicen que Malcom Lowry se
murió
ahogado en su propio vómito
borracho.
Crane se tiró a las hélices
del barco o a los tiburones.
El sol de Harry Crosby era negro.
Berryman prefirió el puente.
Plath no encendió el horno.
Séneca se cortó las muñecas en la
bañera (es la mejor manera:
en agua tibia)
Thomas y Behan se emborracharon
hasta morir y
hay muchos más.
¿y vos querés ser un
escritor?
Es esa clase de guerra:
la creación mata,
muchos se vuelven locos,
algunos pierden el rumbo y
no lo pueden hacer
nunca más.
algunos pocos llegan a viejo.
algunos pocos hacen plata.
algunos se mueren de hambre (como
Vallejo).
es esa clase de guerra:
bajas por todas partes.
Está bien, adelante
hacelo
pero cuando te ataquen
por el lado que no ves
no me vengas con
remordimientos.
Ahora me voy a fumar un cigarrillo
en la bañera
y luego me voy a ir a
dormir
sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
El Eclipse- Augusto Monterroso. Obras Completas (y otros cuentos)
Cuando Fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aritóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis-les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
javihero (desconectado)
Fecha de ingreso: 11 de Septiembre de 2009
sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
¡Sí! Me he dado cuenta que estaba argentinizado el poema cuando ya había que editar ...(voy en modo automático hoy y he olvidado de traducir los archivos del ordenador), pero le da un toque chavacano a Bukowsky que en mi cabeza suena muy bien, así que lo he dejado así. ¿Egoísta, yo?
DanielTurambar (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
xavilapierr (desconectado)
Fecha de ingreso: 20 de Febrero de 2009
Edgar A. Poe. Relato de A. Gordon Pym.
¡Vimos con claridad que no había alma viviente en aquel barco fatal! ¡Sin embargo, no podíamos dejar de llamar a aquellos muertos en nuestro auxilio! ¡Por nuestra angustia, con fuertes voces pedimos a aquellas silenciosas y repulsivas imágenes que vinieran a rescatarnos, que nos albergasen en su compañía, que nos admitieran en su barco, y en definitiva, que vinieran a rescatarnos!.
raulcamposval (desconectado)
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
Por primera vez el frío se hacía sentir en pleno día, y nadie pensaba en quitarse las chaquetas. La muchacha del Dauphine y las monjas hicieron el inventario de los abrigos disponibles en el grupo. Había unos pocos pulóveres que aparecían por casualidad en los autos o en alguna valija, mantas, alguna gabardina o abrigo ligero. Otra vez volvía a faltar el agua, y Taunus envió a tres de sus hombres, entre ellos el ingeniero, para que trataran de establecer contacto con los lugareños. Sin que pudiera saberse por qué, la resistencia exterior era total; bastaba salir del límite de la autopista para que desde cualquier sitio llovieran piedras. En plena noche alguien tiró una guadaña que golpeó el techo del DKW y cayó al lado del Dauphine. El viajante se puso muy pálido y no se movió de su auto, pero el americano del De Soto (que no formaba parte del grupo de Taunus pero que todos apreciaban por su buen humor y sus risotadas) vino a la carrera y después de revolear la guadaña la devolvió campo afuera con todas sus fuerzas, maldiciendo a gritos. Sin embargo, Taunus no creía que conviniera ahondar la hostilidad; quizás fuese todavía posible hacer una salida en busca de agua.
La autopista del sur, Julio Cortázar
(Creo recordar que es del relatario "Todos los fuegos, el fuego").
sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
De: "Asfixia". Chuck Palahniuk.
Todas las adicciones, le contó, no eran más que formas de tratar un mismo problema. Las drogas, el exceso de comida, el alcohol o el sexo, todo era una simple forma de encontrar la paz. De escapar de lo que conocemos. De nuestra educación. Eran nuestro mordisco a la manzana.
El lenguaje, le dijo, no es más que nuesra forma de disipar con explicaciones la maravilla y la gloria del mundo. De deconstruirlo. De desdeñarlo. Le explicó que la gente no puede soportar toda la belleza del mundo. El hecho de que no pueda ser explicado ni comprendido.
Delante de ellos en la carretera apreció un restaurante rodeado de camiones aparcados más grandes que el propio restaurante. Habia aparcados algunos de los coches nuevos que la mamaíta no quería. Uno podía notar el olor de muchas comidas distintas siendo fritas en el mismo aceite caliente. Uno podía oler los motores apagados de los camiones.
-Ya no vivimos en el mundo real- dijo ella-. Vivimos en un mundo de símbolos.
La mamaíta se detuvo y metió la mano en el bolso. Agarró al chico del hombro y se quedó mirando la montaña.
-Un último vistacito a la realidad-dijo-. Y nos vamos a comer.
Luego se metió el tubito blanco e inhaló.
emartiants (desconectado)
Fecha de ingreso: 6 de Julio de 2009
Camilo José Cela, "Mazurca para dos muertos":
(...)
Cuando murió Claudio Doade estaba tan consumido que casi ni pesaba.
-¿Le mandamos decir una misa, señorita?
-¡Psche! Yo creo que con un padrenuestro le basta y le sobra.
Los puercos hozan la trufa del monte con sabiduría y los perros levantan la raíz de la mandrágora con los dientes, el perro debe ser negro y después morir, las dos cosas.
(...)
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
El árbol de la ciencia (1911), Pío Baroja (1872-1956)
<Ahí tienes el ichneumon, que mete sus huevos en una lombriz e inyecta una sustancia que obra como el cloroformo; el sphex, que coge las arañas pequeñas, las agarrota, las sujeta y envuelve en la tela y las echa vivas en las celdas de sus larvas para que las vayan devorando; ...; ahí está estafilino que se lanza a traición sobre otro individuo de su especie, le sujeta, le hiere y le absorbe los jugos; ahí está el meloe que penetra subrepticiamente en los paneles de las abejas, se introdude en el alvéolo en donde la reina pone su larva, se atraca de miel y luego se come a la larva; ahí está...>
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
La matriz y la sombra (2002), Ana Prieto Nadal (1976)
<La infancia tal vez, pero no. Sólo breves apuntes, remotísimos en el tiempo de la memoria, sepultados bajo capas y capas de olvido. Infantil regocijo saltando en los brazos del padre que llega de trabajar. Una excursión a la montaña. Algo que duele de tan vago.>
DanielTurambar (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Antología poética
Expresión y reunión
Vuestro odio me inyecta nueva vida.
Vuestro miedo afianza mi sendero.
Vida de muchos puesta en el tablero
de la paz, combatida, defendida
(Ira y miedo apostaron la partida,
quedándose los dos con el dinero.
Qué hacer, hombre de dios, si hay un ratero
que confunde la Bolsa con la vida.)
Vuestro odio me ayuda a rebelarme.
A ver claro y a pisar más firme.
(Mientras viva, habrá noche y habrá día)
Podrán herirme, pero no dañarme.
Podrán matarme, pero no morirme.
Mientras viva la inmensa mayoría.
Blas de Otero
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soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Humillados y Ofendidos (1861), Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881)
<De un tirón leí mi novela, en una velada que se prolongó hasta las dos de la madrugada. El viejo al principio frunció el ceño: esperaba oír algo que acaso él mismo no pudiera comprender, algo sublime, y en lugar de eso se encontraba con sucesos vulgares completamente conocidos, con los mismos hechos que suceden cada día a nuestro alrededor. Quizás esperaba que mi personaje fuese algún individuo encumbrado, un hombre que, por su brillantez, despertara un interés particularísimo, un personaje histórico como Roslavliev o Yuri Miloslavski; pero yo sacaba a relucir a un oscuro empleado, un infeliz, algo simple, cuya chaqueta ajada iba perdiendo los botones, y narrado todo de una forma sencilla, en el lenguaje que corrientemente se emplea. ¡Qué cosa tan singular! Ana Andreievna lanzaba a su marido interrogadoras miradas llenas de enojo, como si se sintiera defraudada. "¿Vale la pena escribir y leer esas tonterías, y menos aún pagar por ellas?">
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