Pedazos de
civairott (desconectado)
Fecha de ingreso: 10 de Diciembre de 2009
No es una novela... es el inicio de una película, de un guión. Pero es tan literario... Se trata de "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" (me niego a poner el ridículo título en español que eligieron), escrito por Charlie Kaufman.
Pensamientos al azar sobre el Día de San Valentín del 2004. Es una celebración inventada por los fabricantes de tarjetas de felicitación, para que la gente se sienta como una mierda. Hoy no he ido a trabajar. He cogido el tren a Mountauk. No sé por qué, no soy una persona impulsiva. Supongo que me he despertado deprimido. Tengo que llevar el coche al mecánico.
Hace un frío que pela en esta playa. Mountauk en febrero… Eres genial, Joel. Páginas arrancadas…. No recuerdo haberlo hecho. Al parecer es la primera vez que escribo en dos años.
La arena está sobrevalorada… Sólo son piedrecitas diminutas. Si pudiera conocer a otra mujer… Supongo que las probabilidades de que eso ocurra se ven disminuidas por mi incapacidad de establecer contacto ocular con una mujer desconocida. Tal vez debería volver con Naomi. Era agradable… Lo agradable es bueno. Me quería.
¿Por qué me enamoraré siempre de la primera mujer que veo y que me presta la más mínima atención?
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Novela con cocaína (1936), Aguéiev, M. (1898-1973)
<Mi madre, sacando la mano de su seno, puso sobre la mesa dos billetes de cinco rublos, arrugados como si a causa de la vergüenza quisieran volverse más pequeños.>
<..., sólo cuando se despidió, me dio las gracias y empezó a alejarse de mí, sólo entonces, una voz interior -(...)- dijo con amargura dentro de mí: "Eh, tú, has destruido a esa joven. Mira, ya se va esa muchacha. ¿Recuerdas como decía: ¡Ah, querido mío!? ¿Por qué la has destruido? ¿Qué te había hecho? ¡Eh, tú!">
<Qué extraña resultaba mi vida. Siempre que experimentaba alguna felicidad, bastaba con pensar que ese sentimiento no duraría para que en ese mismo instante desapareciera.>
bizarro (desconectado)
Fecha de ingreso: 12 de Diciembre de 2008
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
DanielTurambar (conectado)
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
- ¿Quieres oír algo gracioso? Cuando yo estaba... fuera, conocí a un hombre obsesionado con dar la vuelta al mundo en coche en un día. Juraba y perjuraba que podía hacerlo, y lo intentó, tengo entendido que muchas veces. Al final de todos sus fracasos... se sentaba junto a la carretera maldiciendo su mala suerte. Tras un rato aparecía algún buen samaritano. Después de destripar al samaritano... y a cualquiera que le acompañase... como su esposa e hijos... los metía en su coche, le prendía fuego y se alejaba conduciendo el de ellos. Entonces llenaba el depósito y esperaba bajo el sol, para volver a intentar dar la vuelta al mundo en coche de nuevo.

pelagio (desconectado)
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009
Yo, Claudio de Robert Graves.
Ésta es una historia confidencial ¿Pero quiénes, se preguntará, son mis confidentes? Mi respuesta es: la dirijo a la posteriedad. No me refiero a mis biznietos ni a mis tataranietos. Me refiero a una posteridad remotísima. Y sin embargo tengo la esperanza de que ustedes, mis eventuales lectores de la centésima generación futura, o de más lejos aún en el tiempo, sientan que hablo con ustedes en forma directa, como si fuese un contemporéneo, como a menudo Heródoto y Tucídides, muertos tiempo ha, parecen hablarme a mí.
Una magnífica reflexión sobre el orígen y el destino de lo que escribimos.
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Tokyo ya no nos quiere (1999), Ray Loriga (n. 1967)
<Voy mirando sus cuerpos mientras nado y voy mirando las flores en el fondo y por un momento estoy tranquilo. Después, al sacar la cabeza del agua, vuelve el vértigo de no saber cuánto tiempo llevo en este sitio, ni dónde estaba antes de venir aquí. El miedo de un corredor de relevos al que nadie le ha entregado un testigo.>
<Estoy sentado en el bar de una de esas galerías de béisbol en las que los japoneses se encierran en pequeños patios rodeados de altas verjas de alambre y le sacuden a las bolas de béisbol que una máquina va lanzando con infinita paciencia. Diez pequeños patios vallados, cada uno con una velocidad de lanzamiento distinta. La mayoría de los bateadores son oficinistas borrachos. Cuando le fallan a la bola, las corbatas se les enrollan alrededor de la cara. Algunos, a pesar de todo, aciertan buenos golpes, entonces gritan como si estuvieran en mitad de un estadio, son el público y el jugador al mismo tiempo. Casi todos están solos.>
sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
RAZÓN DE AMOR
Nadadora de noche, nadadora
entre olas y tinieblas.
Brazos blancos hundiéndose, naciendo,
con su ritmo
regido por designios ignorados,
avanzas
contra la doble resistencia sorda
de oscuridad y mar, de mundo oscuro.
Al naufragar el día,
tú, pasajera
de travesías por abril y mayo,
te quisiste salvar, te estás salvando,
de la resignación, no de la muerte.
Si te rompen las olas, desbravadas,
hecho su asombro espuma,
arrepentidas ya de su milicia,
cuando tú les ofreces, como un pacto,
tu fuerte pecho virgen.
Se te rompen
las densas ondas anchas de la noche
contra ese afán de claridad que buscas,
brazada por brazada, y que levanta
un espumar altísimo en el cielo;
espumas de luceros, sí, de estrellas,
que te salpica el rostro
con un tumulto de constelaciones,
de mundos. Desafía
mares de siglos, siglos de tinieblas,
tu inocencia desnuda.
Y el rítmico ejercicio de tu cuerpo
soporta, empuja, salva
mucho más que tu carne. Así tu triunfo
tu fin será, y al cabo, traspasadas
el mar, la noche, las conformidades,
del otro lado ya del mundo negro,
en la playa del día que alborea,
morirás en la aurora que ganaste.
Pedro Salinas
DanielHR (desconectado)
Fecha de ingreso: 19 de Mayo de 2008
Diario de un loco, de Nicolai Gogol
¡No, ya no tengo fuerzas para aguantar más! ¡Dios mío!, ¿qué es lo que están haciendo conmigo? Me echan agua sobre la cabeza. No me hacen caso, no me miran ni me escuchan. ¿Qué les he hecho yo, Señor? ¿Por qué me atormentan? ¿Qué es lo que esperan de mí? ¡Ay, infeliz de mí! ¿Qué les puedo dar yo? Yo no tengo nada. No tengo fuerzas, no puedo aguantar más todos los martirios que me hacen. Tengo la cabeza ardiendo, y todo da vueltas en torno mío. ¡Sálvenme, llévenme de aquí! ¡Que me den una troika con caballos veloces! ¡Siéntate, cochero, para llevarme lejos de este mundo! ¡Más lejos, más lejos, para que no se vea nada!... ¡Cómo ondea el cielo delante de mí! A lo lejos centelleaba una estrella, el bosque de árboles sombríos desfila ante mis ojos, y por encima de él asoma la luna nueva. Bajo mis pies se extiende una niebla azul oscura; oigo una cuerda que sueña en la niebla; de un lado está el mar, y del otro, Italia; allí, a lo lejos, se ven las chozas rusas. ¿Quizá sea mi casa la que se vislumbra allá a lo lejos? ¿Es mi madre la que está sentada a la ventana? ¡Madrecita, salva a tu pobre hijo! ¡Vierte unas cuantas lágrimas sobre su cabeza enferma! ¡Mira cómo lo martirizan! ¡Ampara en tu pecho a tu pobre huérfano! En el mundo no hay sitio para él. ¡Lo persiguen! ¡Madrecita, ten piedad de tu niño enfermo!... ¡Ah! ¿Sabe usted que el bey de Argel tiene una verruga debajo de la nariz?
El cuento completo aquí :-)
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Mujeres que corren con los lobos, Clarissa Pinkola Estés
<Todos iniciamos nuestra andadura como un saco de huesos perdidos en algún lugar del desierto, un esqueleto desmontado, oculto bajo la arena. Nuestra misión es recuperar las distintas piezas. Un proceso muy minucioso que conviene llevar a cabo cuando las sombras son apropiadas, pues hay que buscar mucho. La Loba nos enseña lo que tenemos que buscar, la fuerza indestructible de la vida, los huesos.>
soloelsol (desconectado)
Fecha de ingreso: 24 de Octubre de 2009
Los Demonios (título original: Besy) (1872), F. M. Dostoyevsky
"-Estoy obligado a expresar mi incredulidad -dijo Kirillov paseando por el cuarto-. Para mí no hay idea más grande que la de Dios no existe. La historia está de mi parte. Todo lo que el hombre ha hecho es inventar a Dios para vivir y no tener que matarse: en eso consiste hasta ahora la historia universal. Yo soy el único en la historia universal que por primera vez no ha querido inventar a Dios. Que lo sepan de una vez para siempre.
<Este no se mata>, pensó Piort Stepanovich con alarma.
-¿Y quién va a saberlo? -dijo azuzándole-. Aquí no hay nadie más que usted y yo. ¿Quizá Lipuntin?
-Todos deben saberlo. Todos lo sabrán. No hay nada secreto que no acabará divulgándose. Él lo dijo -y con entusiasmo febril señaló con un dedo una imagen del Redentor ante la que ardía una lamparilla. Piort Stepanovich perdió por completo los estribos."
nosebundos (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Mayo de 2009
-Bien. Usted me ha preguntado hace un momento cómo podría adaptarse a un ambiente anormal sin perder el juicio. -Mientras hablaba, el doctor se incorporó lentamente y se dirigió a un armario de cristal lleno de medicinas-. Sin embargo, encuentro que su caso es contradictorio. Un ambiente lo crean las personas que viven en él. Por eso, usted es una de las personas que están creando ese ambiente anormal. Por consiguiente, si su ambiente es anormal, usted también debe ser anormal.
bookradioman (desconectado)
Fecha de ingreso: 3 de Junio de 2010
Al hilo de la propuesta de lectura de Pelagio: "Las aventuras del joven soldado Svej".
Teniente_Tulip (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008
simpatialaboral (desconectado)
Fecha de ingreso: 6 de Diciembre de 2009
"De la pobre fulana de la autopsia se decía que la mayoría de sus clientes sólo la reconocerían en la calle si caminase acostada o sentada en un bidé".
Adoro a ese tipo; lástima que escriba en el periódico La Razón.
Teniente_Tulip (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008
(...) ¿Y qué decir de ese cabrón de Kennedy? Fue él quien dio luz verde para el asesinato de Trujillo en 1961y pidió que la CIA llevara armas a la isla. Mala movida, capitán. Lo que a los expertos en inteligencia se les pasó decirle a Kennedy fue algo que todo dominicano, desde el jabao más rico de Mao hasta el más pobre güey en El Buey, del francomacorisano más viejo al carajito en San Francisco, sabía: quien matara a Trujillo -y también su familia- sufriría un fukú tan terrible que, en comparación, haría parecer un jojote el que le cayó al Almirante. ¿Quieren una respuesta final a la pregunta de la Comisión Warren sobre quién mató a JFK? Dejen que yo, su humilde Observador, les revele de una vez y por todas la Sagrada y Única Verdad: no fue la mafia, ni LBJ, ni el fantasma de la fokin Marilyn Monroe. Ni extraterrestres, la KGB o algún pistolero solitario. No fueron los hermanos Hunt de Texas, ni Lee Harvey, ni la Comisión Trilateral. Fue Trujillo; fue el fukú. ¿De dónde coño piensan que viene la supuesta Maldición de los Kennedy?
Teniente_Tulip (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008
"De la pobre fulana de la autopsia se decía que la mayoría de sus clientes sólo la reconocerían en la calle si caminase acostada o sentada en un bidé".
Adoro a ese tipo; lástima que escriba en el periódico La Razón.
Es columnista, básicamente (también en el periódico La Opinión). Hasta donde yo sé, sólo ha publicado, en dos partes, "Historias del Savoy", una reunión del tipo de textos a los que nos tiene acostumbrados en prensa y que hace girar en torno a ese ambiente de cine negro del Savoy.
raulcamposval (desconectado)
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
"De la pobre fulana de la autopsia se decía que la mayoría de sus clientes sólo la reconocerían en la calle si caminase acostada o sentada en un bidé".
En el Savoy me lo contó el Alvite, eran tiempos en los que Ernie Loquasto reinaba como un dandy analfabeto sobre las putas, el juego y el caballo.
Teniente_Tulip (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Septiembre de 2008
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sarakey (desconectado)
Fecha de ingreso: 1 de Enero de 2010
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa.
No son las miserables paredes de mi cuarto vulgar, ni las mesas viejas de la oficina ajena, ni la pobreza de las calles intermedias de la Baixa usual, tantas veces recorridas por mí que ya me parecen haber usurpado la fijeza de lo irreparable, las que producen en mi espíritu la náusea, frecuente en él, de la cotidianidad ultrajante de la vida. Son las personas que habitualmente me rodean, son las almas que, desconociéndome, me conocen cada día con el trato y la conversación, las que me ponen en la garganta del espíritu el nudo salivar del asco físco. Es la sordidez monótona de su vida, paralela a la exterioridad de la mía, es su conciencia íntima de ser mis semejantes, lo que me pone el traje de galeote, me da la celda de presidiario, me hace apócrifo y mendigo.
Hay momentos en que cada detalle de lo vulgar me interesa en su misma existencia, y yo tengo por todo la inclinación de saberlo leer todo con claridad. Entonces veo lo común con singularidad, y soy poeta con aquel alma con que la crítica de los griegos formó la edad intelectual de la poesía. Pero también hay momentos, y uno de ellos es este que me oprime ahora, en que me siento más a mi mismo que a las cosas externas, y todo se me convierte en una noche de lluvia y lodo, perdido en la soledad de un apeadero secundario, entre dos trenes de tercera clase.
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