CHAPA Y PINTURA - Venancio Garralda (profesor)
DanielTurambar (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Mayo de 2008
raulcamposval (desconectado)
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
Vamos allá, Zara-X.
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
Estoy de acuerdo con el patito en que el comienzo está muy bien.
Yo propondría un cambio funamental: que el lector no sepa hasta el final que el travesti es D. Venancio. Un poco de trampa.
Me estoy repitiendo con lo que dije en los comentarios. Pero ahí va.
Para que esa trampa cuele fácil, mejor "poner el foco" en los estudiantes, uno o dos de ellos. Desde el principio. Ver a D. Venancio a través de sus ojos.
La escena del travesti, pues hay que contarla sin descubrir al lector lo que uno de los estudiantes ha descubierto.
Y para final, una escena en la que el profe intenta acochinar a uno de los estudiantes y éste... le enseña una liga, por ejemplo.
Concatenaría tres escenas:
1) Presentar a D. Venancio con los ojos de los estudiantes.
2) Noche de marcha e incidente con el travelo.
3) Soponcio de D. Venancio cuando un estudiante al que iba a suspender le saca la liga que perdió aquella noche (o algo así)
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Bueno, chicos, os leo. Gracias. Intentaré reescribir mi historia a ver si soy capaz de mejorarla un poco.
Lo que quería decir con ella es que hay personas que viven de una manera aparentemente normal, que son exigentes con los demás, que se creen poco menos que perfectas o aparentan creérselo y por otra parte viven una vida oculta, secreta y poco convencional. En este caso el profesor era un amante de travestirse, de vivir en ese ambiente subterraneo, equívoco y en cierto modo degradado.
Quería decir con el final que siente vergüenza y miedo, más que por lo que hace, por haber sido descubierto precisamente por sus alumnos a los que vende la imagen de perfecto. Y siente miedo a ser descubierto por ellos y de que puedan valerse de lo que saben cuando les haga falta.
Demasiadas cosas, a lo mejor, para una principianta.
pelagio (desconectado)
Fecha de ingreso: 5 de Mayo de 2009
Bueno, chicos, os leo. Gracias. Intentaré reescribir mi historia a ver si soy capaz de mejorarla un poco.
Lo que quería decir con ella es que hay personas que viven de una manera aparentemente normal, que son exigentes con los demás, que se creen poco menos que perfectas o aparentan creérselo y por otra parte viven una vida oculta, secreta y poco convencional. En este caso el profesor era un amante de travestirse, de vivir en ese ambiente subterraneo, equívoco y en cierto modo degradado.
Quería decir con el final que siente vergüenza y miedo, más que por lo que hace, por haber sido descubierto precisamente por sus alumnos a los que vende la imagen de perfecto. Y siente miedo a ser descubierto por ellos y de que puedan valerse de lo que saben cuando les haga falta.
Demasiadas cosas, a lo mejor, para una principianta.
Para avanzar hay que caminar, Zara.
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
Bueno, chicos, os leo. Gracias. Intentaré reescribir mi historia a ver si soy capaz de mejorarla un poco.
Lo que quería decir con ella es que hay personas que viven de una manera aparentemente normal, que son exigentes con los demás, que se creen poco menos que perfectas o aparentan creérselo y por otra parte viven una vida oculta, secreta y poco convencional. En este caso el profesor era un amante de travestirse, de vivir en ese ambiente subterraneo, equívoco y en cierto modo degradado.
Quería decir con el final que siente vergüenza y miedo, más que por lo que hace, por haber sido descubierto precisamente por sus alumnos a los que vende la imagen de perfecto. Y siente miedo a ser descubierto por ellos y de que puedan valerse de lo que saben cuando les haga falta.
Demasiadas cosas, a lo mejor, para una principianta.
Precisamente en tu final, donde algunos han dicho que hay tufo a moralina, cambia la cosa si MUESTRAS en una escena esa misma conclusión, en lugar de EXPLICARLA. Si explicas, es inevitable que parezca que estás moralizando.
simpatialaboral (desconectado)
Fecha de ingreso: 6 de Diciembre de 2009
El relato me sonó, antiguo, Zara, de posfranquismo o incluso de finales. Salir de la alcantarilla no mejoraba la impresión.
Una sugerencia que puedo añadir, -que te sirva no me compete, claro- es incluir que le hicieron fotos y circularon por las redes sociales, incluso por la aplicación para los alumnos. Incluso en la parte final, algo similar a esto "seguían haciendo fotos con el móvil, en la clase, en los accesos al Centro, en todas sus facetas. Su secreto acumulaba polvo, junto con la ropa y el maquillaje, ocultos bajo el peso de los bits que circulaban por la red." [Edito: esta frase, mejorada, es un oximorón, porque oculta lo que cada vez es más visible; la culpa le desengancha.]
Esas referencias a la conducta de los conciudadanos, le resta oprobio, sin que el acto en sí lo aplaudas, sino que atendiendo a la sugerencia que te hicieron (R2D2 en post-comentarios) encontraríamos cierto carácter de víctima en quien en tu relato claramente no lo es. Dejaría de ser viejo.
Para terminar, hay relatos que no pueden llevarse puntos, porque otros poseen más fuerza gravitatoria y los atraen. Si estuviera leyendo tu libro de relatos, compararía entre ellos mismos, al igual que cuando leo una novela no la comparo con Los detectives salvajes, por ejemplo, sino contra ella misma. Aunque no la termine.
Un saludo, escritora.
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Bueno, he modificado en algo mi relato sin que deje de ser el mismo. Si no lo hago ahora, rápidamente, después me olvidaré de él para pasar al siguiente.
No sé si lo habré mejorado o empeorado. Si teneis paciencia y lo leeis ya me direis.:
DON VENANCIO GARRALDA profesor
Hay cosas que suceden casi a diario, pasan a nuestro lado y apenas nos damos cuenta. Pueden sucederle el vecino del quinto o al Jefe de sección del Dto. de Recursos Humanos. Y nadie lo diría.
Estaba a punto de amanecer un día gris y húmedo. El hombre brotó del subsuelo como si fuera un hongo en medio del bosque, primero apareció su cabeza y poco a poco el resto del cuerpo, subió las escaleras del local subterráneo con cierta dificultad y caminó por la acera haciendo eses y parando de vez en cuando Parecía cansado, tenía la cara pálida y el pelo ralo y alborotado. Entró en el primer bar que vio abierto y se tomó un café bien cargado. Cuando reemprendió la marcha caminaba ya más firmemente.
Al llegar a su casa se dio una ducha y se metió en la cama, en la que dormía, o aparentaba hacerlo, una mujer. Tenía que descansar porque a la mañana debía acudir a su trabajo en buenas condiciones.
Venancio Garralda tenía 54 años y una vida tranquila, una familia, una carrera y algunos amigos. Y además, reputación de serio y exigente bien merecida. Sus alumnos sabían por experiencia, que podía ser endemoniadamente duro con aquellos a los que había decidido hacer la vida imposible. Famoso por su manera de dirigirse a los que habían caído en desgracia, solía darles algún apelativo ofensivo, que utilizaba continuamente cuando se dirigía al desafortunado.
- Nenaza, salga Usted. al tablero y plantee cual es el desarrollo y solución del problema. Sí, a Usted le digo, chochito, salga Usted y añada lo que le falta a él.
La mayoría le temía, unos pocos le doraban la píldora y a ésos solía tratarles con una deferencia exagerada y empalagosa.
Venancio Garralda no se engañaba a sí mismo, podía apreciar la frialdad con que le trataban sus colegas desde el día en que puso en evidencia, delante de todos los alumnos, a Ruigomez, el de Estadística, joven y recién llegado a la Facultad, por sus frecuentes metidas de pata. Algo que, por otra parte, ya había hecho anteriormente con otros desafortunados principiantes. Pero eso era algo que le traía sin cuidado. Sabía manejar a los demás con mano dura, especialmente a sus alumnos. Cuando alguno trataba de olvidar quién mandaba en el aula, él se encargaba rápidamente de recordárselo, algo que lo había hecho temible, curso tras curso. La disciplina era fundamental para él.
Se sentía muy satisfecho de sí mismo, o al menos eso parecía, seguro de que todo marchaba a la perfección en su vida, su esposa lo respetaba, ella y sus dos hijos varones vivían en casa la rígida disciplina que él imponía. Nunca les había preguntado que opinaban sobre ello dando por hecho que estaban conformes.
Don Venancio tenía una sola afición y para llevarla a cabo solía desaparecer un día al mes, generalmente uno de esos en los que no daba clase por la tarde. Volvía a casa bien entrada la noche, taciturno, avinagrado, lleno de desprecio hacia los que le rodeaban, más exigente si cabe.
Siguió maquillándose el ojo bordeándolo con el lapicero negro, luego untó el párpado con la crema azul y finalmente se aplicó el rímmel. Después se miró en el espejo para ver el efecto. Movió los labios haciendo un puchero y los fue pintando con la brocha estrecha y puntiaguda. Después se ajustó la peluca dejando que los rizos cubrieran en parte su cara. Finalmente, una vez puesta de pié, se ajustó la ropa, apretándose los pechos de manera exagerada, bajando la estrecha y corta falda y mirando si la costura de las medias negras subía recta por sus pantorrillas. Una vez hecho todo esto, salió de aquella habitación, pequeña y mal oliente, al pasillo que le llevaba directamente al escenario.
Miró a través de la cortina si había mucho público en la sala. No demasiado, pero suficiente, pensó; se ajustó de nuevo la ropa y respirando profundamente salió a escena elevando los brazos en alto y contoneando las caderas de manera exagerada. Aplaudieron y ella se movió aún con más sensualidad, tratando de ser la más sexi de todas las mujeres. Por el altavoz sonaba la voz de Marta Sánchez y ella hacía como que cantaba y se movía al ritmo de la música, imitando aparatosamente a la cantante. Su boca repintada hasta la exageración se abría y cerraba grotescamente. Acabó la canción con un movimiento casi obsceno y esperó, quieta en medio del escenario, hasta que escuchó los aplausos, caminó por él saludando ampulosamente, moviendo las caderas y lanzando besos a los espectadores. Después bajó a la sala y fue recorriendo una mesa tras otra, dando la mano, dejando que algunos atrevidos la sobaran y besando ella a otros en la boca, dejándoles el cerco rojizo de su barra de labios, marcado. Parecía la más feliz de las mujeres. Estaba en su mundo, lejos de todo lo demás. Era una diva de la canción, admirada y deseada.
Juanjo Delgado animó a sus compañeros a salir esa noche. Estaba más que cansado de estudios y de aguantar a sus padres, siempre detrás con sus exigencias. Tomaron unas cervezas por los bares de moda y después de comerse unas hamburguesas, decidieron acabar la noche en la “Cueva del oso” un antro en lo más cutre de la ciudad, donde le habían dicho que tenían espectáculo y que era divertido
El garito estaba en los bajos de una casa vieja y húmeda y había que descender unas cuantas escaleras para entrar en él. Cuando llegaron ya había empezado la sesión y la sala estaba casi a oscuras. Sólo se veía iluminado el escenario y sobre él una mujer simulaba cantar. Tomaron asiento en el lugar que les indicaron y prestaron atención.
La mujer tenía auténticamente una imagen exagerada, un body brillante, medias negras con ligas de encaje, altos tacones y un aparatoso gorro de plumas en su cabeza y se movía dando saltitos con unos pies enormes, más llamativos dentro de aquellos zapatos atados a sus tobillos.
No tardaron mucho en jalearle, lanzando comentarios obscenos y jocosos que hacían reír a los demás espectadores. Ella, aunque no les veía en medio de las sombras, les hacía gestos vulgares pestañeando de manera coqueta y sacando la lengua, gruesa y blanca, como si fuera a comerles. Los jóvenes se divertían y eso la animaba a seguir con aquella representación vulgar. Se animó a bajar del escenario y dirigirse hacia ellos, intentando animar más el espectáculo.
Algo la hizo frenar de pronto su avance, a la vez que Juanjo Delgado lanzaba un grito con voz sorprendida y en cierto modo asustada:
- ¡Ostia¡ ¿Veis lo que yo?
- ¿Dónde?
- Ahí ¿no lo veis?
Apenas fue un segundo. La mujer salió corriendo, sujetándose la peluca con una mano y el pecho con la otra y desapareció por la puerta que llevaba a los camerinos. Los muchachos se miraban unos a otros sin poder creer lo que acababan de ver, totalmente consternados, sin saber si reír o salir corriendo también ellos.
- ¿Era él, verdad?
- Ya lo creo que lo era ¿no lo reconoceis?
- A lo mejor solo se le parecía
- Tendrá que salir en algún momento, así que vamos a ver si le pillamos cuando se marche.
Tuvieron que esperar un buen rato, pero, finalmente, como si fuera un hongo que brota de la tierra, apareció por las escaleras, sigilosamente, medio oculto bajo su abrigo, subidas las solapas y mirando a un lado y otro como buscando a alguien. No les vio, se refugiaban tras un coche y lo vieron marchar como un furtivo.
Durante un mes aproximadamente Don Venancio no volvió a dar clase, su lugar lo ocupó otro profesor más joven. Después retomó el trabajo. Entró en el aula mirando al suelo y se sentó rápidamente a su mesa. Aquella expresión altiva y retadora de su cara, había desaparecido por completo. Ahora hablaba de su asignatura sin mirar a nadie, sin levantar la cabeza y pronunciando levemente las palabras.
Los alumnos se miraban unos a otros preguntándose que le habría pasado a aquel hombre que había cambiado tanto.
Garralda no sabía si los que lo vieron aquella noche se habían dado cuenta de quién era aquella mujer, ni tampoco si lo habían descubierto ante el resto de la clase. Se sentía rabioso y atrapado, incluso había estado enfermo. Toda su prepotencia absorbida por la sensación de inseguridad que sentía.
Había pasado un tiempo y Garralda empezaba a encontrarse más seguro, así que volvía a ser el mismo de siempre o casi. Una mañana, al llegar a clase, encontró un sobre blanco sobre su mesa, y dentro una pluma azul y un puñado de lentejuelas. Comenzó a sudar y su cara se tiñó de rojo intenso. Miró alrededor, inseguro y temeroso. Sabía que estaba perdido y en manos de aquellos desgraciados que lo vigilaban estrechamente esperando poder cobrarse el precio de su silencio.
!Et voilà!
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
raulcamposval (desconectado)
Fecha de ingreso: 9 de Noviembre de 2009
bizarro (desconectado)
Fecha de ingreso: 12 de Diciembre de 2008
Mucho mejor. Deberías explicar un poco más lo de que volvió a las andadas y si el profesor reconoció o no a sus alumnos en el garito.
Por lo demás, observo algún laismo y una reiteración un poco fea, pero seguro que le das un respaso y queda fetén.
El defecto del relato, a mi juicio, es el mismo que tenia desde un principio, invariable. Aquí estamos hablando de justicia poética, de las ironías del destino. Entonces, estamos satanizando por reprovables las tendencias al travestismo del profesor comparándolas con una tendencia a llamar nenazas a sus alumnos, pero esa propensión a usar calificativos homófobos no creo que quede bien explicada. Y, por otra parte, a mí me sigue pareciendo que la justicia poética no funciona porque sigo viendo al profesor como una víctima de las circunstancias; me parecería más reprobable, en todo caso, que fuese un cliente de los que intentan contratar los servicios de un travesti a la par que los tratase con desprecio. Pero no tengas en cuenta esta opinión, porque no es más que eso.
Buen trabajo y buena predisposición al tabajo, Zara.
jpiqueras (desconectado)
Fecha de ingreso: 9 de Julio de 2009
Es verdad, infinitamente mejor. ¿Es el buen trbajo del taller de chapa y pintura? ¿Alguien logró mejorar algo tanto en otras ocasiones?
Enhorabuena al taller y al operario o currante. El coche ha salido muy mejorado. En serio.
Con independencia de los hilos de chapa y pintura, yo recojo en cada certamen todos los comentarios, recomendaciones y críticas que se hacen a mis relatos. Y con ello logro, en general, que mejoren bastante. Al menos bajo mi punto de vista.
Recuerdo como un pobre relato escatológico (lo podéis ver en el hilo http://www.bubok.es/foros/tema/3572/XXVI-CONCURSO-DE-RELATOS-BUBOK-ESCATOLOGIA) mejoró bastante, y de malo pasó a ser menos malo:
Copio y pego de 16 de feberero de 2010:
Re: Versión menos mala de mi relato.
Mi relato ahora es algo menos malo:
http://joseppiqueras.iespana.es/Cuentos/No tengo ganas de ir hoy a trabajar.pdf
Tal y como expongo en el hilo "comentarios post escatológicos", vuestras críticas, vuestras ideas y vuestras sugestiones, junto a un análisis de los posibles puntos mejorables de mi cuento, me llevaron a modificarlo. Si la introducción de una parte inicial algo más escatológica, a partir de la cual el narrador descubre el potencial de su invento, la modificación de algunas cosas de lo previamente escrito, en especial en el sentido de llevar lo más hacia el final posible la naturaleza del peligro, la supresión de algunas frases innecesarias, el evitar la reiterada aparición del "Y...." (gracias Carlosaribau), y la difuminación de los poderes ocultos (no se habla de la OPEP y tan solo como de pasada se insinúa al Club Bildeberg), si todo ello ha logrado mejorar un poquito mi relato, buena parte del mérito es vuestra. Gracias por ello.
Un abrazo
Josep
Edito: Disculpa, Zara. Hoy tengo un día un poco tonto. Reitero lo del buen trabajo. Sineto haber invadido tal vez en demasía este tu hilo.
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Vale, muchachos ... que gracias por todo. Yo también, jpiqueras, guardo algunas de las críticas de mis relatos, no sé si me sirven de mucho, pero espero que sí. Y nada esta es la casa de todos, asi que haces bien en acomodarte y tomar un café.
Bizarro, mi Bizarro ... eres lo más parecido a una mosca cojonera, pero como creo que lo haces con buena voluntad, siempre procuro estar atenta a lo que dices.
No establezco juicio alguno en mi relato, sobre cualquier actitud de los protagonistas, solo quería resaltar que hay personas, nada sospechosas a simple vista, que viven una doble vida, algo, por otra parte, a lo que tienen derecho, pero que es algo fastidioso cuando eso sucede cuando esas personas se erigen en arbitros del comportamiento ajeno. Un poco como la Iglesia que nos acongoja con el pecado de la carne y luego lo comete en sus peores manifestaciones. No sé si me entiendes.
Estoy contigo en que el más puto de los puto es el que busca los servicios de una puta, o travesti o lo misma da qué, pagando o peor aún asaltando.
Bueno esto último a lo mejor no lo dices tú, pero lo digo yo.
R2, jajaja no te pasesss, que lo he arreglado pero poco. Desde luego no como tu me animabas a hacer. Era volver a escribirlo y no tengo ganas. La próxima vez.
Gracias raul, creo que si sirve el taller, solo hay que ponerse a ello. Así que no lo dejeís, yo seguro que vuelvo a echar un remiendo a mis relatos.
Me he venido a la playa, !ale chinchar!
mi moden va a uno por hora ...
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
R2_D2 (desconectado)
Fecha de ingreso: 26 de Diciembre de 2008
Bueno, veo que has hecho algunos cambios en la trama. Hay una escena final, donde antes había una explicación. La explicación es lo que daba pie a "moralista", mientras que la escena simplemente "muestra". Ya no hay problema.
Tiene algo de razón Bizarro en lo de que jugar solo con el elemento travesti como lado oculto se presta a que te entren por el lado de lo políticamente correcto.
Además, yo hubiera subrayado la competencia profesional del profe. Es importante que D. Venancio no quede reducido a un tipo carca que lleva una vida oculta de marica. Queda un poco como de sainete, y en la presentación suya hubiera buscado detalles concretos que evidenciaran una alta competencia profesional, justamente la que le permitia ser prepotente. La mención al novato de Estadística es "débil", necesitarías una escena más concreta, detallada y "fuerte" que dejara claro que se trata del cátedro.
(y esto me recuerda los juegos endogámicos de la universidad, pero bueno, dejémoslo)
Sigo pensando que queda mucho mejor focalizando en los alumnos o un becario o profesor contratado cuya renovación o continuidad laboral dependiera del favor de D. Venancio. Focalizando en quién lo ve (no podrías describir como se maquilla si no está presente quien lo ve, por ejemplo) te permitiría la trampa suprema, que es hacer coincidir la revelación de la identidad oculta de D. Venancio con el fin del relato.
Ya de paso, una pregunta (y valdría para todos los del concurso): ¿cuántas horas a lo largo de cuántos días se lleva el relato que subimos al concurso?
Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Eh, Zara, que mi ¡estupendo! se refería al formato. No he tenido tiempo de leerlo, ni siquiera de escanearlo.
!Ya me parecía a mí pintoresco que encontraras estupendo mi relato, aunque lo hubiera modificado!
Seguramente tienes razón en que, como tú me indicas el relato estaría mejor, pero ese no sería mi relato, yo lo pensé como lo he escrito, con todos sus defectos. Pero no creas que no archivo lo que me dices y espero poder aplicarlo en otro momento.
Yo pienso en lo que quiero contar en cualquier lado y momento y luego me siento al ordenador y lo escribo. Lo dejo. Y lo vuelvo a leer y cambio lo que me parece necesario. Y lo vuelvo a dejar. Y así todas las veces que crea que hay algo que no me va. Al final lo cuelgo en el concurso porque si sigo cambiando cosas seguro que lo echaría a perder aún más.
Soy incapaz de rehacer un relato totalmente. Y generalmente no me gusta pensar en uno y empezar otro diferente.
No creas que no le dedico tiempo. Precisamente ese tiempo es lo que me gusta más de este concurso. Pensar en lo que quiero decir y escribirlo. Otra cosa son los resultados.
Gracias muñeco (robot quiero decir jajaja)
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Zara_x (desconectado)
Fecha de ingreso: 14 de Enero de 2009
Abro el hilo y a ver si alguien se anima a comentar.
Os leeré con lupa.
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