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    Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

     
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Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos
jpiqueras

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3 de Junio de 2010 a las 23:18
Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Fanastasy Ilunei, alias ‘Barba breve’ era más duro que un corsario, más cruel que un bucanero. ¡Era un auténtico pirata! Alardeaba en ocasiones de su ascendencia veneciana, llegando a decir que descendía en línea directa de un tal Marco Polo, un afamado viajero que en su día pisó la Gran Muralla China. Su pequeño bergantín, “La Liberté”, con el viento favorable era capaz de alcanzar, con facilidad, los 16 nudos. Y aunque pequeño en tamaño, era temido por todos los buques que surcaban las aguas caribeñas en aquellos años.


Lo que os voy a contar ocurrió un día de primeros de octubre, un día precioso. Con el sol del amanecer todavía próximo a las aguas del golfo de México, desde el bergantín avistaron por la amura de estribor, a una distancia de unas quince o veinte millas, una pequeña isla que no constaba en las cartas de navegación que el capitán tenía siempre desplegadas sobre la mesa de su camarote.


El primero en verla fue, como es lógico, el vigía que estaba apostado, haciendo la guardia, en la cofia del palo mayor.


-¡Tierra a estribor! – gritó, según la más estricta de las tradiciones marinas.


-¡Tierra a estribor! ¡Tierra a estribor! – repitieron, como un eco, las voces de un par de marineros que estaban limpiando la cubierta del castillo de popa.


El capitán Ilunie apareció sobre cubierta, con su casaca abotonada y su amplio gorro calado, ocultando ligeramente sus ojos en la sombra. Situado en el lugar prominente donde solía dirigir las maniobras, aguardó que el viejo contramaestre se le acercase, llevando con él un ajado catalejo.


-Venga, hermano Marley, pásame el tubo.


El tal Marley, un hombre de color, fornido y recio y de unos sesenta años, al que todos – menos el capitán - llamaban “el abuelo Marley”, le entregó el catalejo diciendo:


-¡Por las barbas de Satanás, capitán! ¿Será esa la isla que mencionó aquel pobre hombre?
-Trae aca... Es posible.
 
En la mente del capitán estaba fresca todavía la imagen de aquel desgraciado moribundo, que recogieron en un bote al pairo y al que el auxilio de “La Liberté” había llegado, por desgracia, demasiado tarde. Claras estaban igualmente sus últimas palabras: “Si veis una isla cubierta de frondoso bosque, con un pico volcánico muy agudo, del que brotan a menudo cálidas cenizas, con una extraña bahía a sus pies en forma de perfecta concha... ¡Huid de ella como de la peste! Ni la promesa del tesoro que, por lo visto alberga, merece el exponerse a lo que allí se oculta.”


Tras unos segundos de detenida observación a través del catalejo, el capitán tomó una decisión:


-¡Timonel! ¡Tripulación! ¡Medio cuarto a estribor!


Fuese lo que fuese aquello que tanto había atemorizado al pobre náufrago, no amedrentaba, por lo visto, a aquel marino fiero y veterano.
 


El bergantín ancló a un par de cables de la playa de blanca y fina arena que cubría todo el perímetro de la hermosa bahía. El elevado pico peleano estaba en completo reposo, y a su alargada sombra, que lamía en aquellos momentos la extremidad septentrional de la ensenada, no se sumaba la sombra de ceniza alguna.


El azul del cielo, y su reflejo en las aguas transparentes y tranquilas, el blanco de la arena y el verde del bosque próximo, del que emergía a eso de media milla el gris oscuro de la roca volcánica, completaban un hermoso cuadro de colores que alegraban la vista. Respirando la brisa húmeda y fresca del océano, con aquel mundo de color frente a los ojos, las agoreras advertencias del moribundo parecían, la verdad, carecer de fundamento, y el espíritu y el cuerpo de los marineros, cuando descendieron de los botes y hollaron la fina y suave arena, estaban henchidos de esperanza. Había corrido muy rápido el rumor de que allí, en aquella isla paradisíaca, se ocultaba un fabuloso tesoro. Para muchos de ellos aquel misterioso enclave caribeño se presentaba como un mundo de ilusión. La ilusión por la riqueza, por un merecido retiro, en el que disfrutar del oro y del dinero que allí, a buen seguro, iban a encontrar.


El “abuelo” Marley y dos jóvenes grumetes, que quedaron en el buque con él, miraban, no sin cierta envidia, a sus camaradas que, tras descender de los dos botes, gritaban de alegría y excitación allá en la orilla.


-¡Qué fuerte, tío!
-¡Es el lugar más hermoso que recuerdo haber visto!
-¡Bah! Se nota que vosotros dos no habéis salido apenas del cascarón... Cuando tengáis mi edad un lugar como este os dejará, estoy seguro, indiferentes.
-Pero abuelo Marley, no me negarás que lo de un posible tesoro no te deja indiferente.
-No sé que decirte, muchacho. ¿Dónde están los tesoros, en realidad? Recuerdo un joven marino que navegó conmigo hace ya muchos años. Se enroló para recorrer esta tierras caribeñas con una única finalidad. Buscaba plantas y bichos para ponerles curiosos y extraños nombre latinos. En una incursión que hicimos en la selva, allá por la península de la Pascua Florida, encontró un gran insecto azulado. No he visto hombre más excitado, ni más alegre, ni tampoco más feliz. Me dijo que aquello era nuevo para la ciencia. Y le bautizó como... algo así como “Calopteryx virgo”. Pues bien, os aseguro que para aquel joven marino aquello fue el hallazgo de un auténtico tesoro. ¡Como veis, es tan relativo esto de los tesoros...! Permitidme, jóvenes grumetes, que comparta ahora algo con vosotros. Tomad.


El “abuelo” Marley les ofreció un par de finas y estilizadas pipas de madera. Saco de entre sus vestimentas otra pipa, para él, y una bolsita de cuero.


Poco rato después, apoyados alrededor de la gruesa base del palo mayor, sentados sobre la cubierta, se relajaban emitiendo volutas de aquel humo azulado que, en las noches en que estaba de guardia, acompañaba al viejo contramaestre a todas partes como un fiel colega.


-¿Qué os parece esta hierba?
-¿Qué quieres que te diga, abuelo Marley? Si al hablarnos de tesoros nos proponías un acertijo, creo que esta es la solución.
-Pienso lo mismo. Uhmmm.... Uhmmm... ¡Un auténtico tesoro! - Envuelto en las perfumadas volutas del humo, el joven grumete se dejó llevar, en su fantasía, a su pueblo natal allá en España, canturreando una bella canción popular de su aldea "Cuando mueren las azuzcenas... nacen las penas, lloran las nenas...".
Su compañero, un joven huérfano llegado de Irlanda de pequeño con sus abuelos, se dejó también llevar por la nostalgia y canturreó a su vez una canción de su infancia: "Young Irihs boy, let me your toy..."
-Muchachos, cantáis peor que el viejo John Silver, que el demonio lo tenga a buen recaudo. Pienso que me compraré un libro de magia, pues hay que ser tan bueno como el mago Risutto para hacer de vosotros algo de provecho...


Cuando el resto de la tripulación regresó, el ‘abuelo’ Marley y los dos grumetes no daban crédito a sus ojos. Los que subieron a bordo desde los botes en nada se parecían a los alegres marineros que habían bajado a tierra aquella mañana. Con movimientos lentos y torpes, mirada confusa y triste, emitiendo suspiros y lamentos, los otrora aguerridos piratas se dirigieron al castillo de popa, subieron a su pequeña cubierta, y se sentaron como pudieron, aquí y allá, inmóviles, y con una inexplicable expresión de abatimiento.


El único que no parecía haber cambiado era el capitán. Aunque su semblante reflejaba una gran preocupación, la viveza de su mirada seguía allí, como siempre.


-Comodoro Marley, muchachos. Hacedme el favor de cuidar de estos botarates. Sacad el mejor ron, y tratad de animarlos un poco. Yo debo regresar a la isla. No cejaré hasta saber que es lo que se oculta allí dentro, en esa cueva al pie del volcán.


Como viese que el capitán se disponía a embarcar de nuevo en uno de los botes, el ‘abuelo’ Marley hizo ademán de detenerle.


-Capitán, no me parece prudente que regrese usted...
-Debo hacerlo. Marley, amigo mío, no sé que se esconde en aquel lugar, pero no puede ser nada bueno. Les advertí que no entrasen allí, pero esa maldita historia del tesoro pudo más que ellos. Les aguardé fuera... y a los pocos minutos salieron del modo que los ves. Más muertos que vivos. Apagados, tristes, confusos. Pues bien, voy a regresar. ¡Por los clavos de Cristo, voy a saber que es eso tan horrible que dejó así a mis hombres! Muchacho... – se dirigió a uno de los grumetes – Ves a mi camarote y tráeme algo que encontrarás colgando de la cabecera de mi cama. ¡Rápido!
-A sus ordenes, capitán.


Poco después, llevando el grueso crucifijo de oro colgado del cuello, el capitán remaba hacia la isla. Desembarcó y se dirigió hacia el bosque. Miró hacia su estimado bergantín. En el castillo de popa vio a su tripulación. Tirados aquí y allá, desmadejados, le recordaron a los muñecos de los titiriteros cuando descansan inmóviles en el fondo de un cajón antes de una función.


Cuando el capitán regresó el sol, rojo y redondo, estaba apunto de zambullirse en el horizonte marino a poniente. El viejo contramaestre no daba crédito a sus ojos. Su aguerrido capitán, aquel valeroso y audaz marino, parecía atemorizado. Subió a cubierta casi temblando, pálido y desencajado. El ver que sus tripulantes, aunque silenciosos y tristes todavía, habían ocupado al fin sus puestos a bordo del buque pareció reconfortarle. Respiró profundamente y señaló hacia uno de los grumetes que, como el ‘abuelo’ Marley, estaba siendo testigo de todo aquello sin acabar de entenderlo, y gritó:
-¡Ron , muchacho!


El chico corrió hacia él llevando una botella. La tomó y bebió largo rato de su contenido. Finalmente, la devolvió al grumete y tras limpiarse la boca con la manga de la casaca gritó de nuevo.


-¡Por los clavos de cristo! ¡Por las barbas de Satanás! ¡Salgamos de este maldito lugar!
¡Tripulación, levad anclas! ¡Cargad el foque y la mayor! ¡Timonel, a tu puesto!



-Sólo con recordarlo un frío glacial recorre mis venas. ¡Qué horror más profundo! Lo que allí se esconde es el peor de cuantos asesinos de ilusiones podáis imaginar. Acaba con la alegría de vivir y llena el alma de negros pensamientos, de horribles y absurdos remordimientos por males que no hemos hecho... pero que podríamos acometer. Es algo misterioso, propio de magia negra, en el que ves más con la mente que con los ojos. Lo que esa cueva muestra es aquello que seríamos capaces de hacer, aquello en que nos podríamos transformar si se liberase lo peor de nuestra naturaleza. Nos recuerda aquello en lo que nos convertiríamos si bajásemos la guardia y dejásemos que nos dominasen nuestros peores instintos y el lado más negro de nuestro ser. Pocos seres humanos son capaces de ver, sin inmutarse, el potencial de ese lado tan negro de su esencia y lo que serían capaces de hacer a poco que ese potencial se manifestase.



Poco queda ya que contar. El bravo capitán pirata y su tripulación abandonaron la navegación y la piratería y emigraron hacia las lejanas tierras situadas a occidente. Un fraile que hallaron por el camino, un tal Junípero Serra les invitó a unirse a él, y juntos fundaron un a modo de monasterio al que llamaron La Misión. Tuvo tanto éxito que fundaron muchos más a lo largo de aquella tierra en los años sucesivos.


En cuanto al comodoro Marley y los dos grumetes, se instalaron en una fértil isla caribeña. Se dedicaron al cultivo de la tierra y a la venta de ron y de hierba. Dicen que muchos años después un descendiente del buen marino resultó ser un afamado músico que, aparte de poner de moda el llevar el cabello arreglado en tupidas trenzas, universalizó un peculiar estilo de canción caribeña al que algunos llaman reggae.


FIN

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simpatialaboral

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3 de Junio de 2010 a las 23:41
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Doc, la inventiva que derrocha.

Mi 5, sin discusión, en este auto concurso benéfico. Felicidades. Un cuento para leer antes de atreverse, siquiera, a concursar.
Muchas gracias por tanta generosidad para con la cuadrilla de piratas.
Un saludo, mi capitán.

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jpiqueras

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4 de Junio de 2010 a las 9:56
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

cita de simpatialaboral

Doc, la inventiva que derrocha.
Mi 5, sin discusión, en este auto concurso benéfico. Felicidades. Un cuento para leer antes de atreverse, siquiera, a concursar.
Muchas gracias por tanta generosidad para con la cuadrilla de piratas.
Un saludo, mi capitán.

[editado]


¡Muchas gracias, Gustavo!


Un saludo. Y un buen trago de ron, como dijo Stevensón...


Josep

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raulcamposval

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4 de Junio de 2010 a las 10:51
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Esto ya está empezando a ser un clásico. 

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lasacra

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4 de Junio de 2010 a las 17:15
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Piqueras... en cuanto me des permiso me levanto y dejo de hacer la reverencia.


 

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jpiqueras

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4 de Junio de 2010 a las 20:25
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

¿Te ha gustado, Sacra? Me alegro. La bendita inspiración que a veces se hace la remolona durante los días del certamen... acude la puñetera cuando ya he posteado mi relato oficial.


Más ron...! O una infusión!


Josep

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jpiqueras

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4 de Junio de 2010 a las 22:23
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Editado. Sorry. Me equivoqué de hilo...

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lasacra

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5 de Junio de 2010 a las 19:17
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Me levanto, que mis rodillas ya no son lo que eran.


Sí, me ha gustado. Aventura, suspense...


Lo que más, esa búsqueda del tesoro (que ni siquiera se sabe si es real) que hace ignorar cualquier peligro anunciado e incluso comprobado. Y el resultado de la búsqueda, ese encuentro con un espejo que  refleja toda la maldad que se oculta tras cualquier ser humano. Un resultado que hace al lector pararse a pensar y recapacitar sobre muchos apectos personales.


Y por último, el triunfo de la bondad humana. El abandono de la piratería por parte de los personajes para no llegar a ser los monstruos que han podido contemplar.


Sí, me gusta.


Un saludo Piqueras.

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Zara_x

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5 de Junio de 2010 a las 19:49
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

!Caramba! Piqueras  .... vaya imaginación la tuya y lo dificil que debe ser meter todos los títulos y que encajen con un sentido determinado.

Te felicito. Podría haber sido tu relato, presentado a última hora. Pero todos sabríamos que es tuyo, pues solo tú eres capaz de escribirlo.


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jpiqueras

jpiqueras (desconectado)

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5 de Junio de 2010 a las 20:50
Re: Ilusiones y fantasía: el relato de los títulos

Gracias, Sacra. Me gusta mucho la interpretación que haces, en general, de los relatos. Es un halago para un escritor ver que es leído por tan buena lectora. No me extraña que en ocasiones tus cuentos y tus escritos alcancen el nivel de la excelencia. Del mismo modo que ves la entraña y el sentido en otros, logras muchas veces que afloren en los tuyos.


Gracias también, Zara_X, Rosa, por tus elogios. Me has hecho pensar en algo. Los títulos de los relatos siempre me sugieren algo, más allá de su propio sentido. Creo que fueron ellos (y por lo tanto vosotros, los autores y autoras de los mismos) los que me inspiraron.


Que la suerte os acompañe, guapas.


Josep

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