El fresno
87975 mensajes en los foros
71317 usuarios registrados
Últimos usuarios registrados en Bubok claucoket, Magentas, rumaellibro, samsa1984, ABMBCN, josevalzcom, andresmedina, RICHARDFRANK, Yanerisrg, CVDanGr
Usuarios Conectados: 14 usuarios
Anthony
arlequindan
DavidCano
emejotade
franklindiaz
JKPereira
josef
kamawookie
lauramh
Magentas
ManuBen
natilaescrito
pixel
rumaellibro















romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
28 de julio
(De mi libro inédito: El Huerto de los Girasoles)
El fresno
A la derecha del huerto, entre el pino de tronco grueso y el que da piñones comestibles, crece el fresno. Frondoso como un bosque entero, con ramas largas, muy tupidas de hojas y fuertes. Nido y lugar de cobijo de muchos pajarillos: mirlos, gorriones, carboneros, currucas, tórtolas, palomas… Y más en estos días de verano cuando el calor aprieta tanto. Pero el fresno, el fabuloso árbol que a él le gusta tanto, en estos días parece que se está secando.
A la sombra de este árbol, cada día y cada tarde, se ha venido un rato. Cuando termina de regar sus girasoles, en tiempo de siesta para aliviarse del calor o en las primeras horas de la mañana para disfrutar del airecillo fresco. También después de coger algún tomate para comérselo. Porque la sombra de este fresno, aunque no es del todo fresca en estos calurosos día de verano, sí es también muy densa. Y cuando corre alguna brizna de brisa, de algún modo se alivia mientras deja que pase el tiempo y el calor de este tórrido verano. Mira desde aquí a sus girasoles y sueña con ella, siempre lejana y en el más hondo silencio y terrible indiferencia.
Recuerda también las palabras de la niña que vio en sueños: “Tienes que compartir las cosas con las personas”. Y él lo entiende. Sabe que si no comparte los sueños y las tardes y mañanas, especialmente con aquellas personas que lleva en su corazón, muy poco sentido tiene la vida. Y cada día, cada hora que pasa, tiene más claro de lo que realmente significa esto. Por eso ayer al mediodía, cuando terminó de inspeccionar y de regar el huertecillo de sus girasoles, se vino a la sombra del fresno. Con la intención de regarlo y que este calor tan intenso no lo seque del todo.
Sobre la piedra del lado de arriba, puso su cuaderno, la cámara de fotos y el bolígrafo. Se fue a donde la llave del agua para abrir y regar con la manguera. E iba caminando despacio hacia donde se encuentra la llave cuando, al pasar cerca de las cuatro pequeñas matas de arrayán, lo vio. Estaba acostado a la sombra, como si se ocultara de algo o alguien y esperando. Le dio un vuelco el corazón porque enseguida pensó en la madre de los gatitos y en la persona que con tanta fuerza lleva grabada en su corazón. Por eso, instintivamente exclamó:
- ¡Mini! ¿Qué haces tú aquí?
Y el animal reaccionó como si hubiera comprendido. Lentamente se incorporó, mientras emitía un lastimero maullido y comenzó a caminar en sentido opuesto. Como si se alegrara de verlo pero al mismo tiempo temiendo que le hiciera daño.
- ¡Mini, ven! ¿Qué andas buscando por aquí? Le dijo de nuevo.
El gato, no blanco como sí la madre de los gatitos sino gris, blanco y negro, sin dejar de maullar en tono triste, siguió alejándose. Como si tuviera hambre de pan, de algún amigo o simplemente echara de menos una caricia. Comprendió enseguida que otra vez había venido por aquí en busca de la madre de los gatitos y de éstos porque los echa de menos y se encuentra solo. Le dijo:
- No temas. Yo también la echo de menos y a la persona que en mi corazón siempre llevo. Los dos estamos solos en este tórrido día de verano. Los dos necesitamos compañía y una caricia. Tú porque la madre de los gatitos era la compañera de tu vida y yo porque me gustaría compartir con ella las sencillas cosas de mi huerto y porque la quiero. No temas, mini, ven. Entiendo lo mucho que la echas de menos. Nada sé yo de la madre de los gatitos ni de ellos. Se marcharon o se los llevaron y nadie me ha dicho ni lo más mínimo. Lo mismo que la persona que en mi corazón llevo grabada a fuego.
SUBIRCITAR