XLVI CONCURSO DE RELATOS. Comentarios otoñales
estrellafugaz (desconectado)
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
Pues mira por dónde yo rechacé ese relato de Cazadores de setas porque parece no dominar ni el castellano, ni el catalán, ni la relación entre las dos lenguas:
1º) ¿Por qué la grafía pagés cuando payés está tan incorporado al castellano que hasta sale en el diccionario de la RAE? Pero aún: ¿por qué escribir, en medio de un párrafo en castellano, la palabra rovellons cuando hasta yo, que no soy amante de la naturaleza, sabe que eso en castellano se llama níscalo? O rebollón en Aragón como dice el texto de los guibelurdines.
2º) El poco dominio del catalán salta a la vista en la siguiente frase: En que els hi puc ajudar? Es frase imposible que ningún hablante de lengua materna catalana diría. La razón gramatical es que la partícula pronominalo-adverbial hi es incompatible con el complemento anterior en que; quizá se ve más claro en la frase paralela, también imposible, A on hi aniràs demà. Y en francés ocurriría lo mismo con la partícula y. Suelen usar ese hi fuera de sitio los castellanoparlantes hablando catalán o los que lo aprenden; la razón estriba en que, como no existe la partícula en castellano, les cuesta dominar su uso en catalán, reservado para sustituir complementos circunstanciales o de régimen aparecidos en frases anteriores.
3º) La traducción deja que desear: ¿cómo se puede traducir senyor Pou por señor Pozo? Como si a Zapatero le llamaran Sabater en catalán o Schumacher en alemán. Luego: en la frase Aquesta no es pot menjar, el antecedente de aquesta (esta) es seta de la frase anterior pero, como reza el título, seta es bolet, masculino, de modo que la frase correcta sería Aquest no es pot menjar.
Y retomo lo que decía: falta de dominio de la lengua, sobre todo del catalán, que el error es grave. Además, no se ve necesario su uso.
Y simpatía: eso de que en castellano no se pronuncian la hache no es exacto. Hay zonas en el sur donde se aspira como en inglés o alemán dando cosas como jambre.
ElCubo (desconectado)
Fecha de ingreso: 15 de Agosto de 2010
estrellafugaz (desconectado)
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
¡Ey!
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar.
Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa.
Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana.
ElCubo (desconectado)
Fecha de ingreso: 15 de Agosto de 2010
¡Ey!
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar.
Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa.
Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana.
Ok. Genial!
wiskott (desconectado)
Fecha de ingreso: 4 de Diciembre de 2009
¡Ey!
La verdad es que iba a hacer un comentario sobre el relato ganador y he visto uno pluscuamperfecto de Mameri al que no tengo nada que añadir ni objetar.
Lo de los Cazadores de setas no era un comentario sino otra cosa.
Y el relato La incógnita yo lo voté en segundo lugar. No me importa hacer un comentario, pero para esta tarde o mañana.
¿Una crítica?
civairott (desconectado)
Fecha de ingreso: 10 de Diciembre de 2009
mameri (desconectado)
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
Hoy he colgado un libro donde iré metiendo mis comentarios así como cada relato comentado. El tuyo tiene el honor de inaugurar este libro de crítica literaria: "Quimeras y otros apuntes", que puedes encontrar en mi perfil y que iré ampliando conforme aumenten los relatos comentados.
civairott (desconectado)
Fecha de ingreso: 10 de Diciembre de 2009
estrellafugaz (desconectado)
Fecha de ingreso: 18 de Julio de 2008
¡Ey!
Pues eso, ya estoy aquí:
La incógnita:
Es un texto sin gran complejidad: los últimos momentos de Braulio, un profesor que se jubila, en un colegio.
A partir de ese tema se organizan los materiales narrativos:
a) Los personajes se presentan a partir de simetrías y paralelos:
-Profesores/alumnos: mientras Braulio rehúye y se margina de los primeros a quienes ni quiere comunicar su jubilación, siente cariño por los segundos.
-De entre los dos grupos sobresalen, porque se les individualiza con su nombre, el director Moisés de un lado y el gitanillo Aarón del otro. Aparece una nueva oposición: Braulio se pone bajo la protección del primero al rogarle que no comunique su jubilación al resto del profesorado mientras que siente especial predilección por el segundo. Además, mientras el primero representa el orden el segundo es el más travieso y problemático. Pero esa oposición en la jerarquía entre el superior, el director, y el inferior, el gitanillo -que entiendo como el estrato más bajo por ser gitano y dejándome de flaccideces políticamente correctas- se compensa irónicamente por los nombres que el autor -supongo que deliberadamente- escoge para ellos: al llamarse Moisés y Aarón, casi sinónimos para quiénes dominen el tema, la distancia jerárquica tiende a anularse. Y ello en consonancia con el sentir del protagonista cuyo interés se centra en los alumnos y no en los profesores.
-El conserje Julio va a actuar de confidente. Y, nueva ironía, el único personaje que queda al margen de la relación académica entre profesores y alumnos va a plantear a Braulio, profesor de matemáticas, una incógnita que no sabrá resolver, el qué hacer durante la jubilación.
b) El tiempo se presenta en triple oposición: presente/pasado/futuro. El presente se concentra en una mañana que servirá para una retrospección prolongada durante los 39 años que ha ejercido. Y acabada la mañana el personaje tomará conciencia de ese tiempo que ni se ha planteado, el futuro. Visto así, el eje central del relato va a ser ese tiempo futuro -la incógnita- que no se narrará y en el que parece que ni siquiera se hubiera parado a pensar el protagonista.
c) El espacio casi está en correlato con el tiempo: otra vez un espacio reducido, su aula, frente a un espacio que, al observarlo el protagonista, se va ampliando: primero el patio, luego el paisaje alrededor del colegio. Y entonces el espacio se pondrá al servicio del tiempo y de su discurrir: el encerado del aula cambiará por una pizarra digital; el patio que era de tierra ahora es de cemento y donde había campos hay bloques de pisos. Y en el centro de ese espacio Braulio engañándose a sí mismo al pensar que, como sigue vistiendo igual que siempre, lo único que no ha cambiado es él: pero un profesor de matemáticas sabe, por aplicación de la regla de 3 simple, que si el resto del espacio cambia, él también porque forma parte de ese espacio. Y un último aspecto en lo que se refiere a una correlación entre espacio y personajes: mientras Braulio en su aula se cree en una atalaya desde la que contempla el mundo y concluye que él no ha cambiado, en el extremo opuesto, al pie de la escalera, Julio le descubre que sí. Y con ello nueva ironía: desde arriba la interpretación de la realidad es engañosa y desde abajo veraz.
Hasta aquí el comentario. Quizá lo he hecho con algo de precipìtación y puede que hubiera podido decir más cosas. Pero yo no acabo de saber decir esto me gusta y esto no. A ese nivel sólo entresaco dos expresiones que yo nunca hubiera escrito, la del cura que escucha los pecados de un infante: porque infante es vocablo de registro más elevado que el del resto del texto; y otra del principio, la de que Braulio es un tipo íntegro, porque la palabra tipo en lugar de persona siempre me ha sonado a traducción de película USA.
Y otra manía personal que tengo es esa, la de fijarme en las frases iniciales: en esta convocatoria la palma se la llevó otro relato por el que, a pesar de ello, voté, el de Días de lluvia, con la frase: 1 de noviembre... Toca ir al cementerio a rendir homenaje a los difuntos. No sé: una cosa es que los locutores de los telediarios del día de Todos los Santos lo digan y otra cosa es que la gente se lo crea y lo difunda: porque cuando toca ir al cementerio es el día de los Fieles Difuntos, 2 de noviembre, el mismo día que antiguamente tocaba representar en los teatros don Juan Tenorio.
mameri (desconectado)
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
Es cierto lo que dices, Estrella, a propósito del 2 de noviembre. Me lo habían dicho una vez, hace muchos años, y ya no me acordaba. Pero la réplica que te doy es inmediata: los padres van 'a rendir homenaje a los difuntos' el 1 de noviembre, como hace el resto de la sociedad. Que esto constituya un error histórico carece de importancia, puesto que el niño lo único que hace es constatar que los padres acuden al cementerio con un ramo de flores. Me ha gustado mucho el comentario que le dedicas al relato La intriga, fue mi cuatro. Y te aseguro que te dejas poco en el tintero.
ElCubo (desconectado)
Fecha de ingreso: 15 de Agosto de 2010
¡Ey!
Pues eso, ya estoy aquí:
La incógnita:
Es un texto sin gran complejidad: los últimos momentos de Braulio, un profesor que se jubila, en un colegio.
A partir de ese tema se organizan los materiales narrativos:
a) Los personajes se presentan a partir de simetrías y paralelos:
-Profesores/alumnos: mientras Braulio rehúye y se margina de los primeros a quienes ni quiere comunicar su jubilación, siente cariño por los segundos.
-De entre los dos grupos sobresalen, porque se les individualiza con su nombre, el director Moisés de un lado y el gitanillo Aarón del otro. Aparece una nueva oposición: Braulio se pone bajo la protección del primero al rogarle que no comunique su jubilación al resto del profesorado mientras que siente especial predilección por el segundo. Además, mientras el primero representa el orden el segundo es el más travieso y problemático. Pero esa oposición en la jerarquía entre el superior, el director, y el inferior, el gitanillo -que entiendo como el estrato más bajo por ser gitano y dejándome de flaccideces políticamente correctas- se compensa irónicamente por los nombres que el autor -supongo que deliberadamente- escoge para ellos: al llamarse Moisés y Aarón, casi sinónimos para quiénes dominen el tema, la distancia jerárquica tiende a anularse. Y ello en consonancia con el sentir del protagonista cuyo interés se centra en los alumnos y no en los profesores.
-El conserje Julio va a actuar de confidente. Y, nueva ironía, el único personaje que queda al margen de la relación académica entre profesores y alumnos va a plantear a Braulio, profesor de matemáticas, una incógnita que no sabrá resolver, el qué hacer durante la jubilación.
b) El tiempo se presenta en triple oposición: presente/pasado/futuro. El presente se concentra en una mañana que servirá para una retrospección prolongada durante los 39 años que ha ejercido. Y acabada la mañana el personaje tomará conciencia de ese tiempo que ni se ha planteado, el futuro. Visto así, el eje central del relato va a ser ese tiempo futuro -la incógnita- que no se narrará y en el que parece que ni siquiera se hubiera parado a pensar el protagonista.
c) El espacio casi está en correlato con el tiempo: otra vez un espacio reducido, su aula, frente a un espacio que, al observarlo el protagonista, se va ampliando: primero el patio, luego el paisaje alrededor del colegio. Y entonces el espacio se pondrá al servicio del tiempo y de su discurrir: el encerado del aula cambiará por una pizarra digital; el patio que era de tierra ahora es de cemento y donde había campos hay bloques de pisos. Y en el centro de ese espacio Braulio engañándose a sí mismo al pensar que, como sigue vistiendo igual que siempre, lo único que no ha cambiado es él: pero un profesor de matemáticas sabe, por aplicación de la regla de 3 simple, que si el resto del espacio cambia, él también porque forma parte de ese espacio. Y un último aspecto en lo que se refiere a una correlación entre espacio y personajes: mientras Braulio en su aula se cree en una atalaya desde la que contempla el mundo y concluye que él no ha cambiado, en el extremo opuesto, al pie de la escalera, Julio le descubre que sí. Y con ello nueva ironía: desde arriba la interpretación de la realidad es engañosa y desde abajo veraz.
Hasta aquí el comentario. Quizá lo he hecho con algo de precipìtación y puede que hubiera podido decir más cosas. Pero yo no acabo de saber decir esto me gusta y esto no. A ese nivel sólo entresaco dos expresiones que yo nunca hubiera escrito, la del cura que escucha los pecados de un infante: porque infante es vocablo de registro más elevado que el del resto del texto; y otra del principio, la de que Braulio es un tipo íntegro, porque la palabra tipo en lugar de persona siempre me ha sonado a traducción de película USA.
Y otra manía personal que tengo es esa, la de fijarme en las frases iniciales: en esta convocatoria la palma se la llevó otro relato por el que, a pesar de ello, voté, el de Días de lluvia, con la frase: 1 de noviembre... Toca ir al cementerio a rendir homenaje a los difuntos. No sé: una cosa es que los locutores de los telediarios del día de Todos los Santos lo digan y otra cosa es que la gente se lo crea y lo difunda: porque cuando toca ir al cementerio es el día de los Fieles Difuntos, 2 de noviembre, el mismo día que antiguamente tocaba representar en los teatros don Juan Tenorio.
Agradecido quedo Estrellafugaz.
Tienes razón en las dos expresiones que cambiarías. La primera ya la habia cambiado (me di cuenta después de postearlo) y la seguna ("tipo") es un deje que tengo de mi afición a las novelas policiacas americanas.
Harmanis (desconectado)
Fecha de ingreso: 19 de Noviembre de 2010
Ernie (desconectado)
Fecha de ingreso: 21 de Julio de 2008
Más limpieza. Indiana pierde el segundo puesto a favor de Emartiants. Algún movimiento más en la cola, pero poco más.
(1) El próximo otoño - civairott 38
(3) Como el espectro de M.B. - emartians 34
(2) Tierra Yerma - Indiana 32
(4) Voces de Otoño - lasacra 31
(5) El océano podrido - bizarro 30
(6) Der Herbst - simpatía 28
(7) Entre la bruma - Zara_X 20
(8) Días de lluvia - mameri 18
(9) La incógnita - DavidMoises 18
(12) Cazadores de setas - wiskotT 15
(11) Otoñeando - incongruente 13
(10) Los Guibelurdines - jpiqueras 12
(14) Carta a Cecilia - raitann 11
(13) 22 de septiembre - estrellafugaz 10
(15) Estaciones - Skei 5
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mameri (desconectado)
Fecha de ingreso: 30 de Octubre de 2009
Pongo aquí mi comentario sobre el relato: 'El próximo otoño'. Me ha llevado varios días el escribirlo; mis disculpas si se me coló alguna falta de ortografía o descuido de otro tipo:
------
El texto que vamos a comentar es una carta cuyo destinatario se especifica en la segunda línea: el Sr. juez. La identidad del remitente no aparece, en cambio, por ninguna parte. Leemos, asimismo, el nombre de la ciudad donde fue escrita: Madrid, y la fecha de redacción: tres de noviembre de 1990. Estos tres elementos nos dan, a mi juicio, las claves de interpretación de la carta.
En efecto, podemos dividirla en tres partes:
La narradora se dirige al juez; establece un diálogo en la distancia con él. Este «dirigirse al juez» es de capital importancia porque obliga a la narradora a utilizar un lenguaje respetuoso (de ahí el empleo de usted) a la vez que claro y preciso, para no crear confusión en un personaje con tan alto cargo administrativo, quien habrá de ocuparse de su caso en cuanto lea la carta a él destinada.
El poco espacio disponible y lo mucho que tenía que contar (toda una vida), fuerza a la narradora a economizar al máximo los recursos. Pienso que este era el primer reto para el autor, del cual sale airoso: contenido y forma se ajustan tan bien que el lector «no ve» la mano del escritor que hay detrás de esta epístola. Solo ve, o cree ver, la del personaje ficticio: la desafortunada mujer que ha decidido poner fin a sus días.
La segunda parte es el meollo de la narración: en ella conocemos los rasgos básicos de una vida llena de infortunio, una vida quizá abocada al suicidio desde el comienzo.
En la tercera y última parte, la narradora vuelve a situarse en el tiempo de escritura; pero esta vez no hay diálogo en la distancia con el juez, sino que leemos un diálogo consigo misma: sería, pues, una especie de monólogo.
La culpa.
Una lectura atenta del primer párrafo nos permite entrever un intento por parte de la narradora de disculpa / justificación del acto delictivo (el suicidio):
«Siento haberle hecho salir de su juzgado para tener que certificar mi muerte. He intentado hacerlo de la manera menos desagradable posible.»
Y si hay presunta disculpa es porque antes hubo presunta culpa. Y si al mismo tiempo hay justificación es porque antes hubo acusación o reproche.
Este sería, a mi parecer, el tema principal del relato: la culpa y su posible expiación. En efecto, si seguimos esta pista no tardamos en descubrir que la narradora menciona varios tipos de culpa:
La culpa (o pecado) de la lujuria: «nací porque dos seres muy equivocados decidieron sucumbir a la lujuria detrás de un matorral.» No es esta una culpa de la protagonista, sino de sus padres.
Aquí se da una alusión a la Biblia, una alusión al pecado original, el que marca el inicio de toda existencia humana, según afirma Calderón de la Barca en La Vida es Sueño:
«Que el mayor delito
del hombre es haber nacido».
La culpa de la deuda económica: «[a su padre] lo mató un hombre a quien le debía dinero.»
La culpa de ser pobres: «Ella nos decía que esos hombres venían a darnos dinero para poder seguir adelante, que si no fuera por ellos, tendríamos que vivir en la calle y comer ratas.»
La culpa de la vejez: «Aquello ocurrió durante años, los que le duró la belleza a mi madre. Algunas palizas y su afición a la bebida la afearon antes de tiempo.» Mientras era joven su madre suscitaba el deseo; cuando los años y los vicios dejaron su impronta, desapareció el deseo.
La culpa de la juventud: «Mi madre me decía que la única manera de seguir adelante era sustituyéndola en su labor [dicha labor consistía en prostituirse].»
Bajo esta serie de culpas latentes persisten las acusaciones, los reproches:
«Yo les daba a mis hermanas el cariño que mis padres les negaban.» Es un reproche de la parte de la hija mayor hacia sus padres.
«Cada noche mi madre me miraba con odio.» Es un reproche inverso: la madre acusa de forma implícita y explícita a la hija el haber nacido en contra de su voluntad. Lo suyo había sido un embarazo no deseado.
Por eso podemos hablar de unos verdugos, los padres, y de unas víctimas, las cuatro hermanas. Los primeros son verdugos porque no cumplen su función de padres, peor aún, reprochan a las hijas su propia existencia:
«Después ella quiso hacer desaparecer los rastros de su consumación [sexual] usando el agua de una manguera… No lo consiguió. La concepción conllevó a la apresurada boda de esos dos infelices, lo cual supuso mi nacimiento en un frío hogar y el de tres criaturas más. Sólo les puedo agradecer que no me dejaran sola en la vida. El primer recuerdo que tengo es una paliza.»
Esta paliza que constituye el primer recuerdo se debe al rechazo, ya que la única falta que había cometido la hija era el haber venido al mundo.
Las segundas son víctimas porque tienen que padecer las consecuencias de vivir dentro de un pésimo ambiente doméstico: «Porque mis padres gritaban, porque pasaba hambre, porque pasaba frío… por cualquier cosa. Seguí creciendo y, sin darme cuenta, me convertí en la sierva de la casa».
El tiempo.
La noción del tiempo también es capital para entender las claves del relato. Se distingue entre:
–Tiempo de escritura: en un primer momento, la autora se dirige al juez, trata de disculparse por las molestias que le pueda ocasionar su suicidio. Esta primera parte la constituyen los primeros párrafos y es un diálogo en la distancia: la mujer habla con un juez ausente.
–Tiempo de la narración: En él efectúa una mirada hacia atrás. Forma el núcleo o meollo de la carta. La vuelta al pasado le sirve a la protagonista para tratar de poner las cosas de su mente en orden (escribir es con frecuencia un ejercicio de catarsis), a la vez que deja entrever quiénes son los culpables de su presunto suicidio, según hemos visto en el punto anterior.
–Vuelta al tiempo de escritura: en esta tercera parte, a diferencia de la primera, no hay diálogo alguno en la distancia, sino que la mujer se habla a sí misma: intenta justificar por qué ha escogido el otoño como la fecha más probable de su muerte. Es el clásico tema de la época romántica en que se hacía coincidir el estado de ánimo con la atmósfera exterior: Las noches lúgubres, de José Cadalso; Don Álvaro o la fuerza del sino, del duque de Rivas. En esta ocasión, se hace coincidir la caída de las hojas en otoño con el final de una vida:
«Pero en otoño… no hay nada que me una al otoño, excepto los árboles. Cuando sus hojas muertas empiezan a entristecer las calles, me recuerdan que ha llegado el momento de abandonar el lugar que nunca me quiso.»
Desde otro punto de vista, conviene distinguir entre:
–Tiempo objetivo (el que figura en los calendarios): La carta está fechada en 1990; su autora tiene 47 años (nació por lo tanto en 1943, en plena época del hambre); y reside en Madrid desde hace veinte años (esto significa que abandonó su pueblo, Almendralejo, en 1977, cuando contaba 27 años de edad).
–Tiempo subjetivo: De la historia contada se deduce que hay un antes y un después, un suceso que marca su existencia, el cual queda grabado en la conciencia de esta mujer como una mancha que no consigue difuminar.
Tenía 17 años cuando...
«Me cogió del brazo y me llevó a la fuerza a su habitación. Me arrancó el camisón a tirones y me dijo que como no lo hiciera con ese hombre, le iba a hacer daño a mis hermanas. Me quedé tiritando sobre la cama, desnuda, y mi madre se fue echándome una última mirada que bien podría ser la del diablo.»
Esta es la descripción de la escena traumática, que basta ella sola para marcar a fuego toda una existencia. En adelante la muchacha se ocupará de sus hermanas, intentará hacerlas felices en la medida de lo posible. Semejante acción altruista se justifica por el propósito deliberado que tiene la hija mayor de no parecerse en nada a la madre:
«Y evité chillar como lo hacía mi madre, porque no quería parecerme a mi madre» [la diferencia está en que mientras la progenitora sentía placer haciéndolo con aquellos hombres, ella no, solo accedía por fuerza mayor: el chantaje emocional: «me dijo que como no lo hiciera con ese hombre, le iba a hacer daño a mis hermanas.»]
«Yo les daba a ellas el cariño que mis padres les negaban. Gracias a Dios la incapacidad de dar afecto no se hereda.»
Sin duda, el proceso de respuesta contra la agresión que sufren las cuatro hermanas conoce dos etapas: 1) Sufrir en silencio; mostrar la rebeldía de forma negativa: queriendo parecerse lo menos posible a la madre. 2) Defensa activa: se decide buscar ayuda en la persona del cura, el cual les proporciona un sitio donde ella y sus tres hermanas estarán bajo techo y a salvo de todo mal. Esto permite la fuga o huida de la casa. Y nos da pie para abordar el último punto de este comentario:
La huida del infierno.
El espacio adquiere no poca importancia en este relato. Se da una clara oposición de lugares:
–La casa donde vive la familia es el escenario de todas las pesadillas:
«El primer recuerdo que tengo es una paliza. Por lo visto lloraba mucho. Por cualquier cosa. Porque mis padres gritaban, porque pasaba hambre, porque pasaba frío… por cualquier cosa. Seguí creciendo y, sin darme cuenta, me convertí en la sierva de la casa; en la sierva de la esclava que era mi madre.»
–Ha de haber, pues, un sitio donde escapar, aunque sea con la imaginación. Se convierte esta en el único refugio que queda cuando la realidad se hace insoportable y no hay forma de encontrar una salida:
«Las imaginé [a ellas, las hermanas pequeñas] comiendo carnes y sopas calientes, acompañadas de pan y colines; las vi saboreando un flan, jugueteando con las cucharas, felices mientras apuraban el caramelo pegado a los platos. Las vi reírse mientras ese hombre se apoderaba de mí.»
Conclusión.
La oposición de espacios que se da en la carta nos recuerda inevitablemente a la que existe en la Biblia: el paraíso y el destierro; el cielo y el infierno. Contrariamente a lo que ocurre en el libro sagrado, en esta historia leemos el proceso inverso: la heroína viene del infierno y acude al cielo (Madrid); el destierro de su pueblo representa para ella la salvación antes que la condena.
El problema es que los sufrimientos pasados han calado demasiado hondo en su ser, han dejado una huella tan imborrable que, otoño tras otoño, escribe una carta para dar cuenta al juez de su suicidio. Creemos que en esta última intentona sí que lo consigue, porque nos revela muy al principio y de manera explícita:
«Yo misma me tumbé en la cama y me tragué todas estas pastillas cuyo bote vacío encontrará a mi derecha.»
Hubo, pues, suicidio. La madre se salió al final con la suya: no quería que su hija hubiera nacido; y esta, aunque tardase 47 años en realizar tal acción, acabó por cumplir el deseo de la madre al poner un término a sus días. Esta historia, como en la Biblia, nos cuenta de este modo un triunfo del mal sobre el bien.
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