Un amigo especial
Damanegra (desconectado)
Fecha de ingreso: 18 de Enero de 2009
romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
Damanegra, te agradezco la lectura de este relato y tu comentario. Y sí, Cortijos Nuevos está en la Sierra de Segura, muy cerca de Segura de la Sierra y del precioso pueblo de Hornos de Segura.
Seguro que tus padres conocen algo de la historia del Pantano del Tranco. Cuando lo construyeron y la expropiación de toda aquella granciosa y rica vega de Hornos. A Cortijos Nuevos se fueron algunas personas y otras, muy lejos de estas Sierras.
Te dejo un enlace a mi blog con abundante contenido sobre estas tierras, hoy Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. Aquí encontrarás relatos muy bellos y únicos de las tierras que alimentan tus raíces.
Saludos: romi
Blog "Trozos de El Último Edén"
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romi (desconectado)
Fecha de ingreso: 25 de Abril de 2008
Hola: pongo aquí un pequeño relato que he terminado hace unos días. Por si alguien tiene en gusto de leer y comentar. Agradecido y saludos: romi
Un amigo especial
Era invierno, caía la tarde y hacía mucho frío. Sobre las cumbres de Sierra Nevada la nieve relucía blanca. En el Cortijo de la Viña, junto al calor de la chimenea, la niña preguntó a la madre:
- De todos los amigos que has tenido en tu vida ¿Cuál fue el mejor?
- Todos fueron importantes y buenos y, por eso, a todos los guardo en mi corazón. Pero, en este corazón mío, siempre tendré un lugar muy especial para el que ha sido mi mejor amigo. El único.
- ¿Puedes contármelo?
Y la madre narró a la niña:
- Tú sabes que en este Cortijo de la Viña he vivido casi toda mi vida. Por eso, de pequeña, muy poca veces tuve amigas para jugar. Ya con once años, sola iba todos los días al colegio. Cargada con mi mochila y recorriendo la distancia que separa este cortijo nuestro de la ciudad. Y nunca tuve miedo ni de nada ni de nadie. Pero si echaba de menos niños de mi edad para jugar y compartir los sueños que, a esta edad, todas las niñas tenemos.
Así transcurría mi infancia hasta que un día, ya próximo a la Navidad, ocurrió lo que siempre he considerado un milagro. Al caer la tarde volvía yo del colegio y, al dar la curva en el camino, por donde el bosque de los castaños, me lo encontré. Sereno, hermoso y mirándome de frente con sus grandes ojos negros. Sin asustarme lo saludé y le dije:
- ¿Quieres ser mi amigo?
Sin pronunciar palabra oí que me dijo que sí. Y, entonces, le pedí que me acompañara. Y, como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, se vino conmigo. Caminando lento a mi lado y mirándome de vez en cuando. Un poco antes de llegar al cortijo, lo despedí diciéndole:
- Mañana nos vemos.
Sin decirme nada se dio media vuelta y, caminando lento, se perdió por entre la espesura del bosque. Aquella noche soñé con él. Por eso, a la mañana siguiente, en cuanto me levanté, preparé rápida mi mochila y me fui al colegio. Pensando en él iba cuando, al dar la curva del camino, otra vez me lo encontré. Lo saludé, le ofrecí un pequeño regalo y, al poco, lo despedí hasta la tarde.
- Espérame que en cuanto salga del colegio estoy contigo.
Y así fue. Y, aquella tarde me fui con él por el bosque y, durante mucho rato, jugamos juntos. Fue una de las tardes más bellas de mi vida. Corrimos, cortamos tallos de hierba, bebimos agua en la corriente del arroyo, subimos por la loma de los almendros, nos paramos por donde las nogueras y, al final, de los rosales que a ti tanto te gustan, hicimos un pequeño ramo de rosa. No sabía por qué ni qué hacer con estas flores pero me sentía tan feliz que todo era hacer cosas para que él lo supiera. Le hice muchas preguntas pero a ninguna me respondió.
Nos despedimos cuando ya caía la noche. Al día siguiente volví a verlo y luego por la tarde y al otro día. Así todo aquel mes de enero y parte de febrero. Y, tanto me gustaba verlo y estar a su lado que empecé a madrugar más que nunca para estar a solas con él, cada día un rato, antes de entrar al colegio. Mi corazón de niña, se había llenado de la ilusión más bella. Y por eso, te lo repito, me sentía tan feliz que el mundo entero me parecía el más bello de los cielos. Y él era para mí mi príncipe azul, mi compañero fiel, mi salvador… El verdadero amigo fiel y en quien podía confiar todas las ilusiones y temores de mi pequeño corazón.
Un día, la maestra me habló de él diciendo que era un cabezota y me enfadé. Otro día, varias compañeras de clase me dijeron que él nunca llegaría a ser un buen amigo para mí. Y esto también me enfadó. Tanto me disgusté que, aquel día al volver y encontrarme con él en la curva del camino, le dije:
- Esta noche vengo a tu encuentro y nos escapamos. No quiero que nunca nadie más me hable mal de ti. Y menos en el colegio. Todos me dicen que no eres bueno y yo sé que se equivocan. Como tú no hay otro en este mundo y yo te quiero.
Y, al caer la noche, me escapé del cortijo, corrí por el camino y me encontré con él. Nos fuimos juntos, escondiéndonos por entre el bosque, y en las ruinas del cortijo viejo que hay cerca del río, nos refugiamos. Quería irme con él, lejos muy lejos. A donde nadie nos dijera nunca más que yo no me comportaba bien y que él era malo.
Aquella noche hizo mucho frío. Y, para calentarme, me acurruqué entre sus orejas y su cuello. Dormí como una reina. Con él en mi mente y en mi corazón y confortada por el calorcito de su cuerpo. Al día siguiente nos despertaron las voces de mis padres. Y, al oírlos, me asusté. Pensé que venían a por mí para encerrarme y castigarme pero me equivoqué. Al verme, mi padre se alegró y mi madre me dio un abrazo y me trajo con ella al cortijo.
Dos días estuve sin poder ir al colegio. No porque me hubieran castigado sino porque, con el frío de la noche en las ruinas del cortijo, cogí un enorme resfriado. Y, en estos dos días, no dejé de pensar en él. Pregunté y me dijeron que no lo habían visto por ningún lado. Pero, al tercer día, madrugué mucho para ir otra vez al colegio. Quería verlo antes de entrar. Esperé encontrarlo en la curva del camino pero no fue así. Tampoco lo vi al regresar por la tarde. Y, entonces, pregunté por él a uno del cortijo de abajo. Me dijo:
- Lo vi que, durante dos días seguidos, vino por aquí. Me parece que venía a esperarte y, como tú no aparecías, se fue.
- ¿A dónde se fue?
- Lo vi marcharse por la vereda que lleva al bosque de los robles. Después de ese día ya no he vuelto a verlo.
Enseguida pensé que habría ido a buscarme por aquellos sitios donde habíamos jugado juntos algunas tardes. Me sentí culpable por no haberle dicho que no fui a verlo porque me puse mala. Por eso, aquella noche no pude dormir de tanto pensar en él. Y, nerviosa, esperé que llegara el nuevo día para volver a la curva del camino a ver si lo encontraba. Tampoco lo vi ni al otro día ni nunca más. Pero yo seguí preguntando a unos y a otros y nadie sabía decirme a dónde se había ido ni dónde estaba.
Ha pasado el tiempo. Muchos años que para mí han sido una eternidad entera. Ni un solo día he dejado de pensar en él y, con la misma ilusión del primer día, lo he seguido y lo sigo esperando. Aun no he perdido la esperanza de que, en cualquier momento, vuelva. Aunque, muchas veces pienso, que ya no aparecerá por aquí nunca más. Y yo lo sigo queriendo. Como nunca he querido a nadie ni a nada en este mundo. Fue mi primer y único buen amigo y, por eso, siempre, siempre, lo tendré en mi corazón.
Guardó la madre silencio. La niña miraba por la ventana. Fuera, la pequeña llanura que hay entes del arroyo del balneario, estaba toda cubierta de hierba. Y, en esta fina y fresca pradera, pastaba tranquilamente el que ella también consideraba su mejor amigo. Preguntó la niña a la madre:
- ¿Y era tan tierno y suave como este sueño mío, de algodón y miel?
- Igual de hermoso y, desde luego, aunque la maestra me dijo muchas veces que no era bueno, yo sé que era el mejor de todos. Ni era ignorante ni tampoco un burro ni en su corazón había maldad.
Sinombre y yo por Segura de la Sierra
http://laricp-segurasierra.blogspot.com/
Sinombre y yo: el Sueño más bello
http://www.bubok.com/libros/1445/SINOMBRE-Y-YO-I--El-sueno-mas-bello
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