LA BARRACA

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hocico que recordaba vagamente al odiado Pimentó, y reñían los dos animales adentelladas y salía su padre con un garrote, y ella lloraba como si le soltasenen las espaldas los garrotazos que recibía su pobre perro; y así seguíadesbarrando su imaginación, pero viendo siempre en las atropelladas escenas desu ensueño al nieto del tío Tomba, con sus ojos azules y su cara de muchachacubierta por un vello rubio, que era el primer asomo de la edad viril.Se levantó quebrantada, como si saliese de un delirio. Aquel día era domingo yno iba a la fábrica. Entraba el sol por el ventanillo de su estudi, y toda lagente de la barraca estaba ya fuera de la cama. Roseta comenzó a arreglarse parair con su madre a misa.

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