Analectas de la caverna

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La literatura se ha valido de muchas creaciones para dar cuenta de lo que sucede o aquello que, gracias a la imaginación del escritor, devendrá. Analectas de la caverna es un discurrir por una sociedad que llena de límites, pero ávida de aventuras se adentra por el amor, la religión, la política, las letras y hasta por la economía para resolver sus propias precariedades.Las historias aquí narradas son diez (10) relatos que tiene dos lecturas, la primera es la literaria: consiste en el truco de unir verbos, adjetivos, conjunciones, preposiciones y sujetos, apoyado en figuras literarias que el arte de la escritura ya tiene establecido. La segunda es la filosófica: al interior de los cuentos corre un discurso filosófico, un ir y venir de ideas de cuño existencialistas, portadoras de unos mensajes no menos alentadores que esta contaminada realidad.Las influencias, de los que para uno se convierten en sus maestros, son inevitables, en literatura, y para este trabajo en específico, fueron: Cervantes con el Quijote de la Mancha, de allí recogí el necesario sentido del humor; Flauvert, con Madame bovary, me guió con los avatares del amor por un camino diverso al leído en otros textos; Kafka, con el castillo y el proceso, me mostró que el hombre en su soledad debe erguirse con el apoyo de la mentecata esperanza; Camus, con el extranjero y la peste, me enseñó un desenvolvimiento pausado de los personajes, pese a las tragedias que enfrentan; y José Saramago, con el evangelio según Jesucristo y los cuadernos de Lanzarote, me develó un mundo plagado de contradicciones. En honor a la verdad ─si es que en estas épocas aún subsiste el honor─, muchas veces recorrí las biografías y textos de estos polígrafos para encontrar otras opciones narrativas, no menos crueles que las mías.En lo nacional acerté en leer a Fernando Vallejo, amén de otros escritores no menos importantes. En lo regional tuve, si, la fortuna de conocer a otros escritores, quienes fueron prolijos en atender mis requerimientos y reforzar el flujo de mis fantasmas escriturales. Algunos me adoptaron y, porque no decirlo, fueron construyendo en mí una visión más extensa del mundo, ellos con sutiles observaciones y, otras veces, con severas recriminaciones me hicieron recapacitar que la literatura es compleja porque requiere un esfuerzo continuo y denodado, un diario pulimento del lenguaje.En segunda instancia en filosofía fueron decisivos: Epicuro con el hedonismo, Heráclito con el devenir, Platón con su mundo de las ideas y sus diálogos, Schopenhauer con su doctrina del pesimismo, Nietzsche con el nihilismo y Cioran con su visión desestereotipada de la vida. En lo regional me tocó en suerte tener la amistad de filósofos, quienes con su amplia visión me permitieron conciliar otras ideas, o quizás, este contubernio me sirvió para seguir traficando con viejas ideas.Analectas de la caverna es un diálogo filosófico existencial con los personajes, pero también es un juego de palabras donde aparece aquel hombre que se debate en un mundo hostil, que lanza su desesperado grito al cosmos con ansias de sobrevivir y ser reconocido por sus congéneres, una lucha por ganar un espacio en la memoria de los hombres, por incrustarse en la nebulosa del tiempo.Analectas son las historias, los anales, los recuentos de hechos, el trabajo del escribano; que no deja de ser un desadaptado, un desorientado que bien merece ser sentenciado al olvido por tornarse en dictador de la palabra.Caverna, es la gruta que describió Platón, es la madriguera, el claustro, el mundo reducido por el que se juzgan los eventos, es el recogimiento que el hombre sobrelleva a expensas de vivir. Es la roca de Sísifo que cada hombre carga a sus espaldas por no saber rumiar la libertad.La carátula e ilustraciones internas son obra del mejor pintor del eje cafetero y uno de los más valiosos de Colombia: el pintor Mario Bustamante. Él, con infinita paciencia, leyó los textos y, luego, se dispuso a ilustrarlos y para gran sorpresa pintó un lienzo que sirvió para la carátula, la cual se tituló: "La tormenta humana", de seguro que el maestro Mario Bustamante mostró, una vez más, que pintura y literatura se pueden poner de acuerdo en su misión de resignificar la realidad en procura de nuevos gritos ─al estilo de Munch─, lastimeros. Agradezco a mis allegados, reconozco que soportar a un escritor es una desgracia, en el más de los casos quieren permanecer en solitario, aislados en un mundo fantasioso y, claro, por beneficio social, jamás deberían salir a complicar a sus congéneres.

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