LAS DOS CAJAS

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El padre de aquel inocente, que no tenía más patrimonio que la música de un sueño,creyó llegado el momento de pensar en algo, de hacer algo. Cualquier cosa menos profanarel violín. ?l no podía hacer lo que Pérez y Gómez. Ni podía ni quería. Pero sobre todo, nopodía. Era preciso confesarlo: la habilidad de aquellos hombres era grosera, material, cosaajena al espíritu, a la inspiración, a la dignidad del ideal artístico... pero habilidad al cabo.La habían adquirido con mucho trabajo, a fuerza de repetir sus ensayos, dominando poco apoco el instrumento, como quien domestica una fiera. Le hacían hablar, y eso era lo que elpúblico exigía. Ventura quería hacerle vivir, y eso era imposible por lo visto.-Sí -pensaba él desesperado-, el violín de Gómez habla, pero como un loro, comohabla Gómez. Mi violín estará mudo hasta que pueda hablar... como un poeta.

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