LOS FABRICANTES DE CARBON

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Tal fue su trabajo. Pero el empeño en hacer lo que querían fue asimismo tan serio, que losdos hombres no dejaron pasar un día sin machucarse las uñas. Con las modificaciones sabidaslos días de lluvia, y los inevitables comentarios a medianoche.No tuvieron en ese mes otra diversión -esto desde el punto de vista urbano- que entrar losdomingos de mañana en el monte a punta de machete. Dréver, hecho a aquella vida, tenía lamuñeca bastante sólida para no cortar sino lo que quería; pero cuando Rienzi era quien abríamonte, su compañero tenía buen cuidado de mantenerse atrás a cuatro o cinco metros. Y no esque el puño de Rienzi fuera malo; pero el machete es cosa de un largo aprendizaje.

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