Versos en arte menor

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Para escribir poesía amorosa se necesita ser joven de cuerpo, de mente, o mejor aun, de ambas cosas. Bastarecordar, si existieran dudas, a dos poetas latinoamericanosque surgieron y murieron jóvenes, y aun a más de un siglo desu muerte, su poesía sigue irradiando juventud, y en ocasioneshasta algo de ingenuidad. Me refiero al mexicano ManuelAcuña y al colombiano, José Asunción Silva. Ambos tuvieroncaractersticas frecuentemente vistas en los jóvenes: fueronabrazados y consumidos por el fuego de un amor intenso, quizaidolatra.Rodolfo Bez (El gato), es tan joven como los poetasmencionados, y al igual que ellos es un poeta espontaneo yoriginal, del que surgen ideas geniales en su ansiedad lírica,que trabaja en ocasiones sin ahondar en ellas y sin sometersea la rigurosidad de la forma. A él le basta entrar al templo de lapoesía y libar con satisfacción y premura el vino que se ofrece asu entrada.Es un poeta joven nacido poeta que va labrando su propiapersonalidad, sin que aflore en su poesía la influencia de losclásicos. No es, pues, aun, un poeta acabado, pero es un poetacon genialidad.Es un poeta lacrimoso y nocturnal que padece la torturadel amor indeciso que aproxima las estrellas, pero que sedisipa con la llegada de la aurora. Un poeta que siempre estade luto por la repetitividad de sus fracasos como conquistador;pero aun en esas circunstancias, con un alma generosa,hontanar de simpatía y de cariño, no reprocha a la mujer que lohiere, sino que cual Oseas, es capaz de ofrecerle redención.Habla de Dios con la firmeza de un creyente, le eleva un altary oferta su bondad a la indiferencia de los agnósticos.En fin, en su mente bullen constantemente ideas que loinquietan y de su alma fluyen sentimientos benevolentes quetransforma en poesía. Poesía de originalidad absoluta que nosofrece sin reparos ni egoísmos.Domingo Peña Nina.

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