REDUCIR EL HAMBRE Y LA POBREZA COLOCANDO LÍMITES A LA RIQUEZA

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La pobreza no es culpa de nadie, pero no por ello debemos dejar que persista, por el contrario debería ser tan grande nuestra preocupación, que llegáramos a ser consientes que todos tenemos un deber moral con la sociedad. Tenderle la mano al necesitado es engrandecer nuestra existencia. No se trata de quitarle al que tiene, sino hacerlo tomar conciencia de la importancia de compartir. El Estado debería intervenir para poner techo al enriquecimiento y el excedente ir hacia la inversión social. De qué sirve pensar conquistar otros mundos, si ni siquiera hemos sido capaces de conquistar el nuestro. El verdadero secreto de la felicidad es acercarnos a la humildad y como consecuencia de ello, ver la existencia con otros ojos, y entonces ya no nos importaría saber de dónde venimos, al fin y al cabo lo que nos interesa saber es para donde vamos.

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