Resistir en la esperanza. Tertulias con el tiempo.

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Prólogo Luegode la orgía, después de la totalización positiva del mundo y su exhibición enlas redes, deviene la indiferencia. Tras el desencanto y la pérdida de lo secretoy lo mítico, el presente ensordece y colapsa. El tiempo y el espacio permanecenajenos lo cual se cierne sobre los sueños de humanidad.Dialogarcon el tiempo implica reconocer la desmesura, el exceso de una épocadesencantada que se viste de simulacros para abandonar el presente o se exilia del futuro para perderse y olvidarse. Tiemposde un presente despreciado, de un asesinato del alma colectiva, de relatosolvidados y sensaciones ausentes, desesperos y hombres solitarios.Tiempode interconexiones, máquinas cibernéticas, pantallas, ciencias positivas, poderes e imperios, mesías y simulacros.Tiempo sostenido por valores que son de otros tiempos, por memorias exhaustas,por olvido de futuros.Allíel hombre permanece indiferente, huérfano y exiliado del mundo. Allí dice elpoeta y el filósofo: —“cualquier abandono de una época es porno aprender a platicar con el tiempo, por no saber resistir en la esperanza.”— Paisajesde vacío que son ausencia de sujeto, de palabras, de dignidad y de esperanza.Olvido de humanidad devenido tras la promesa incumplida del sueño moderno deprogreso y felicidad.Muchospoetas y narradores extraviaron su alma entre tantos excesos. Arlt, Quiroga,Silva, Pizarnik recorrieron muchos de los camino que atormentaron también a Goya,Nietzsche o Artaud.Desesperos de la modernidad ante un mundo que ya no encanta, soloproduce: conocimientos, artefactos, técnicas, máquinas de control, violencias,transparencias. No se trata sólo de las promesas incumplidas sino también de lascumplidas; la ilusión positiva del conocimiento ha sido realizada y el mapa delreino, como lo adelantó Borges, cubre la totalidad del territorio.Aquella transparencia de las estructuras del mundo —racionalizado,mostrado, exhibido— ha dejado un saldo dramático: la soledad del hombre, laimposibilidad de estar juntos, indiferencia, violencia, depredación, olvidos,esperanzas destrozada: “…al fin decuentas llevamos siglos luchando por tener sabiduría y, pese a ello, el hombrelabra más tumbas y elabora más armas; entonces, tendríamos que figurarnos lopor venir con un hombre que ame más y sepa menos, que no finja el amor.” [1] Exasperoo deuda de humanidad ante un mundo disuadido por la amenaza del terror o elsimulacro, el pánico o la seguridad, la guerra y el exterminio. Abusos dehumanidad que Baudrillard define como pospolítica —final de la escena política,del conflicto, de lo social, del encanto— y que Miguel González describe como ‘bellaindiferencia del presente’ o también como ‘crisis de identidad del presente deno querer estar en el tiempo de los hechos-acontecimientos-sucesos’.Labella indiferencia ante un presente sin conflictos, o más bien, donde losconflictos se visualizan como anomalía o disfunciones que deberán sercorregidas por técnicos o especialistas. Anonadamientodel presente, estrechamiento del espacio, olvido del hombre, desgarramiento deun mundo sin futuro y sin pasado, asesinato del tiempo: paisaje desolador queestremece al humanista.Loshorizontes desolados pueden convertirse, no obstante, en horizontes humanos si resistimosen la esperanza, si recuperamos la vocación por las utopías, si esperamos “enel candor de la eterna espera”: “Es posibleque al dejar fugar la ilusión del aquí y del ahora, estemos perdiendo laposibilidad de habitar el presente y, en consecuencia, estemos permitiendo queel hombre divague, que se pierda en la dialéctica del tiempo y que, como locita el dadaísta Arango, ande perdido por no querer buscar, por negarse esederecho. ¿Si eso es el hombre, qué es el hombre? Diremos, en consonancia conPandora, que el hombre, pese a cualquier olvido de humanidad y pese a lo que sediga, es un ser para resistir en la esperanza”.[2] Está en el destino del filósofo, nos aclara Miguel, “no conformarse conel mito ni acomodarse en las sombras de los espantos”. El mundo no es sólo reproducción, como pretenden los poderes, latécnica, los medios, la ciencia, es también —tal es la enseñanza de estos diálogoscon el tiempo— creación, de mundos posibles, de lenguajes, de utopías.Enseñanza cuya didáctica es la del perdón, aunque no se trata deperdonar para promover el olvido: “…sino para aliviar el dolor ydesmoronar los deseos de venganza y, a lo mejor, la única venganza posible, yen algo plausible, sería la de afrontar los olvidos.” [3] En aquella didáctica, una política nocturna busca politizar el mundo através de una educación de la noche, de una esperanza sin luz ni iluminaciones,puesto que lo diurno, la claridad fracasó e hizo estragos al presente. Ciencia nocturna cuyo fin es el deseo de vida, la invención o lacreación. Su medio es la narrativa, lapoesía, el humor, las sensaciones, sin duda también la ironía —como pretende Rorty—,para quien la filosofía ironista no es otra cosa que una de las grandestradiciones literarias de la modernidad, cuya utilidad política está más cercadel relato que de la ciencia positiva. [4]Finalmente, la enseñanza que propone estos diálogos tiene su táctica,que es la del amor: “Sin muchas objeciones, enseñar eshacerse inolvidable para el corazón del alguien”.[5] Lección sublime para una filosofía de la educación; también para unapolítica y una ética del sujeto que no se acostumbra al desierto —como queríaArendt— y aún cree en las utopíaslibertarias. Más allá de ello, lo mejor de estos diálogos está en el estilo de suescritura, en su impronta inventiva, en la creación de lenguaje, que permitendescribir el presente con los términos del poeta, del filósofo, del humanista,e imaginar nuevas realidades, nuevos mundos posibles. Eduardo de laVegaPhd en psicologíaDocente e investigador Universidad del Rosario Firmat, Argentina [1] Pp. 70.[2] Pp. 54.[3] Pp. 44.[4] Rorty, R.: (1991) Contingencia,ironía y solidaridad. Paidós. Barcelona.[5] Pp. 44.

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