Los muertos también hablan II: El orgullo perdido

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Al empezar a hablar de El Orgullo Perdido,quisiera hacer hincapié en varios puntos vitales para nuestro pueblovasco, hoy mortalmente herido.Viene a mi mente la cabeza de caballo que el genial pintor malagueñoha inmortalizado en el lienzo titulado “Guernica” y que tanto ha dadoque hablar y recapacitar a todos cuantos hemos tenido el honor decontemplarlo en el Museo del Prado y que hoy se expone en el MuseoReina Sofía.Yo he podido contemplar este magistral lienzo en ambos lugares y misojos han sentido la viva imagen del terror que invadió a Guernika el 26 deAbril del 1937, fecha del brutal bombardeo a la ciudad.No es fácil observar esa imagen, sin sentir un escalofrío recorriendola espina dorsal, paralizando cualquier sentimiento de rabia, coraje, etc.Hoy, a 59 años del evento, ¿qué ha florecido sobre aquellas cenizas?¿Una Euskadi feliz? ¿Una Euskadi con proyección de futuro? ¿ Un puebloque tiene fe en sus gobernantes?Yo quisiera creer y hasta convencerme de que es así, pero lo único quepuedo ver hoy, a través del lienzo de Picasso, es una Euskadi dividida yperdida, sin esquemas políticos que den un aire fresco en el rostro cadamañana al abrir la ventana.Tenemos ante nosotros una nueva década y el pueblo vasco anda comobarco a la deriva, sin rumbo, a merced de las olas de ese mar bravio yquerido que es nuestro Cantábrico.Hoy, que podemos actuar en libertad, en democracia, permanecemoscomo esclavos encadenados a nuestro pasado, obstruyendo nuestropresente, ahogando el futuro.La pérdida de los Fueros, fue algo más que un error político para losvascos. No solamente perdimos nuestra soberanía como pueblo, sino quequedamos divididos en pensamientos políticos, en guerras fraticidas.Tres guerras Carlistas ahogaron en llantos al pueblo Vasco, en luchas contra hermanos, dividiendo y resquebrajando las ideas políticas, quefueron sucediéndose a través de los diferentes gobiernos que dirigieronEspaña.Por un lado los intereses de sus gobernantes, por otro, el desgarrode su ideología política a través de los gobiernos de la Reina Isabel II,Alfonso XIII, la República, la dictadura de Primo de Rivera, la GuerraCivil, la dictadura de Franco y la democracia actual, el terrorismosirviendo únicamente para que, en cada uno de estos eventos, el pueblovasco siguiera un largo peregrinaje, en el que hoy todavía se halla inserto,perdido, sin estrella que guíe a buen puerto este barco extraviado.No es momento de lamentaciones, no es momento de acusaciones,pienso yo. A mi juicio, es momento de reflexión coherente hacia quienestienen en sus manos el timón que puede enderezar esta pesada nave.De sueños no se labra un futuro, de pobrezas pasadas no se ganan lasbatallas presentes, hoy hay un reto ante nuestros ojos que es el mañana.El mañana que desean nuestros hijos, para engendrar a sus hijos, paraque puedan vivir en paz y en libertad.Un pueblo dividido nada halagüeño puede ofrecer; de la unión siemprenace la fuerza y de esta fuerza la esperanza.Es momento de actualizar el pasado y dejar de soñar despiertos, con unpasado que nada o poco puede ofrecer a los jóvenes de hoy nacidos en elhogar de la tecnología más moderna, como es la aviación, la informática,la televisión, la red INTERNET donde no hay fronteras, ni países, nidistancias.¿Podemos ofrecer a nuestros hijos el duro trabajo del Baseritarak, sinmás alternativas a las puertas del siglo XXI? ¿No es hora de despertar delsueño del ayer y unirnos al carro del progreso? ¿Es que la novia despuésde la noche de bodas puede soñar con ser virgen de nuevo?Perdamos el miedo al progreso, porque ése está ahí y con volverle laespalda no defendemos nuestros derechos, más bien estamos obstruyendola gran oportunidad que tenemos ante nosotros y que algún día nuestrosnietos nos podrán recriminar por no haber estado a la altura de lascircunstancias que exige la era moderna.Sin desvincularnos del cordón umbilical del pasado, es hora de tomarconciencia de qué papel queremos jugar, políticamente hablando. Escomprensible que el aldeano vasco, que nos mira con los ojos del ayer,sienta miedo ante la tecnología moderna y sienta recelos y temores altener que desvincularse del pasado, aceptando de buen grado la invasiónde gentes extrañas, con formas diferentes de conductas, hábitos, etc., quepuedan influir de alguna manera en sus costumbres ancestrales.Y ésa es precisamente la reflexión que todos deberíamos hacer juntos:¿Queremos simplemente el ayer o avanzamos hacia metas más modernas,con los consiguientes cambios que imprime este nuevo rumbo? ¿Acasono pueden compartirse juntos la historia pasada con la era moderna ?Pienso que ambas pueden caminar de la mano, costumbres antiguas yhábitos modernos, por senderos de paz, lejos de luchas entre hermanos.Heridos, sí, heridos como el caballo de Picasso estamos los vascos aún,sumidos en melancolías, en sueños pasados que no volverán, de nosotrosdepende cerrar esas heridas. A la juventud hay que darle una respuesta yun camino que recorrer con ilusión y esperanza.Hay algo más que debemos tener en cuenta y es que, divididos, nuncapodremos trazar planes coherentes para lograr los medios necesarios,tanto para organizar nuestra industria si es que la deseamos, como si espara enfrentarnos a las labores del campo.En medio de tanta confusión, hay algo que sí es tangible y necesario quedebemos lograr, que es el bien más preciado: vivir en libertad, asumiendocada uno su libre disposición y aceptación en cuanto a sus planteamientossean éstos políticos o económicos. Sin olvidar que estamos en Europa quenos mira desde arriba y necesita saber en qué bando nos quedamos.Elijamos lo que creamos que más nos conviene, pero desde la paz, y paralograrlo se hace imprescindible la unión de todos los vascos, incluidos losque han venido defuera.La unión hace la fuerza y ésta, en democracia, se hace transcendental eimprescindible. Los vascos poco habremos aprendido de nuestros mayores,si optamos por continuar en guerras fraticidas que sólo benefician a losque ven en estas luchas un posible lucro.La guerra trae hambre, llanto, desgarro; la paz, armonía, tranquilidad,descanso. Es hora de descansar y de gozar sin el temor a despertar mañanavíctimas de las bombas.Enterremos los odios, los horrores, la amargura, dentro de una fosacomún, junto con los caídos, dentro del ataúd, y dejemos que florezcanlas rosas sobre las sepulturas.Vega Arámburu.-Madrid, 11-4-96

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