Desde mi cabaña

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Los árboles, si se les deja,tienden a ser bastante longevos. Ellos sobreviven al presente, como nosotros;conservan del pasado su porte y sus anillos concéntricos al igual que nosotros.Con el paso del tiempo nuestra figura se rellena de recuerdos, animados unos,inanimados y estáticos otros, rodeados siempre de cierta corteza que se aja ydesquebraja con los años, como la de los árboles.Compartimos con los árbolesla inexistencia impalpable del futuro ?tanto inmediato como lejano- así comotambién la esperanza de llegar a él y por tanto la elaboración de planes yproyectos, del mismo modo y manera queel árbol planifica a lo largo del invierno la primavera que se acerca, engrosandolas yemas y brotes de sus ramas, prestos a resurgir.En cuanto al presente, lollevamos exactamente de igual modo: solamente existe el instante preciso de ese?ahora? que nosotros hilvanamos presta y hábilmente con el que le sigue y luegocon el otro, en un alarde de previsión cual empalme de fotogramasimpresionante. El árbol también. Su momento presente loconforma el último y más extenso anillo de crecimiento protegido bajo la duracorteza; al tiempo, el anillo anterior, que es el pasado inmediato, valentamente secando, compactando y endureciendo para ayudar a sustentar eseconjunto de antiguos anillos que conforman el todo que es cada árbol. Nosotros también.El futuro añillo, ya enciernes como una laminilla somera, comienza lentamente a formarse para llegaral próximo presente, que es su mañana.Pero este increíble captadordel tiempo que es cada árbol, cuando tiene la suerte de estar acompañado puedellegar a formar multitud, que es aquello a lo que denominamos ?bosque?.Cada bosque constituye unaentidad distinta, se trata de una agrupación compacta, interrelacionada, que sealimenta del sustrato al tiempo que lofabrica; que protege aquel soporte fértil que es el suelo, de la terrorífica ydestructiva erosión, componiendo al tiempo refugio y hogar de fauna diversa;también de flora ya que acoge en su seno multitud de arbustos, flores, hierbas,musgos y líquenes que se aferran a rocas, troncos caídos y cortezas de los quepermanecen en pié. En su suelo fértil prosperan representantes del Mundo Fungi,cuyos ?frutos? a los que denominamos ?setas?, extienden invisiblemente susredecillas por debajo de la superficie del suelo; invadiendo el bosque,intercambiando alimento con las raíces de muchos árboles con los que se asociano ayudando a transformar leña caída en nuevo, fresco y nutritivo humus. Creador de claroscuros yfabricante de historias, el bosque nos sugiere sensaciones, experiencias yfacilita sombra y frescor a nuestras aventuras y correrías.Es, como digo un conservadorde hechos pasados, que atesora historia en los anillos de todos sus componentesy un fabricante de ilusiones futuras, los que anuncia mediante sus múltiplesbrotes y yemas, al igual que nosotros. Pero este libro no trata deárboles precisamente, no al menos de individualidades, sino de la realidad queforma esa muchedumbre a la que llamamos bosque, entre cuyo ramaje, huecos,intersticios y laberintos aprovecha un gentío de seres increíbles para nacer,vivir, cazar, exhibirse y procrear. El bosque es a su vez protagonista mudo ylos seres que lo habitan no podrían ser quienes son, sin ese soporte que creapaisaje, verdor, follaje y mantillo a manos llenas.Todos ellos son susprotagonistas y participan de los hechos que suceden en su seno, en el interiordel bosque. Cosas que yo he visto, de las que he disfrutado, con las que me hereído, que os cuento y que os invitoa compartir con vuestros hijos.

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