La Verdad sobre la Igualdad Sexual. Tomo II

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En los últimos años, los públicos de todo el mundo hemos asistido a un verdadero torrente de noticias y publicaciones que defendían la existencia antropológica de innatas e insalvables diferencias en todos los órdenes entre hombres y mujeres, especialmente a nivel cerebral, moda que empezó en los años 90 en la llamada ?década del cerebro? y que desde entonces no ha dejado de repetirse continuamente, llevando las diferencias a niveles cada vez más profundos y dramáticos. Esta moda es promovida en su poder mediático, siempre rentable económicamente ante el morbo que las diferencias sexuales causan en el público general y porque permite a los investigadores más ambiciosos alcanzar una notoriedad rápida, pero deja mucho que desear en cuanto a obediencia al método científico: la moda del determinismo biológico no ofrece ninguna ventaja práctica ni teórica, mientras que, por el contrario, está plagada de inconvenientes tan sumamente graves como para atentar profundamente contra la condición humana. No sólo es nociva para la igualdad de la mujer con el hombre que tantos frutos ha dado, sino que pretende, basándose solamente en hipótesis no conclusivas y en ideología presentada como Ciencia, la comercialización de la salud dando pie a una ?medicina de género? diferenciada para cada sexo, y aun de la pedagogía, pretendiendo, mediante la ?educación diferenciada?, separar a los niños de las niñas en las aulas y darles una educación ?adaptada? a sus ?cerebros diferentes? basándose solamente en las pobres e insuficientes teorías de los deterministas biológicos y pretendiendo resucitar diferencias evolutivas ya superadas en el pasado, cuando, antes de la irrupción de esta moda, la tendencia era justo la contraria, imposibilitando todavía más la relación más universal y determinante para la felicidad del ser humano como lo es la relación hombre y mujer y defendiendo abiertamente lo que no es más que neurosexismo. La reacción tardó en llegar, pero llegó para quedarse, y, de un tiempo a esta parte, científicos de renombre como Rosalind C. Barnett o Cordelia Fine han desmentido tajantemente las afirmaciones de los neurosexistas y deterministas biológicos recordando en sus publicaciones que los sexos son mucho más iguales que diferentes y reivindicando el inmenso papel que la evolución, y no la biología, tiene en la formación de la inmensa mayoría de diferencias que observamos, máxime si se considera que el entorno social también influye profundamente en estas.

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