Secretos invertidos

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Entrar en la poesía de Mireya es como entrar en suestancia privada y ver en cada coma, en cada rima algún trozo de gargantaexhibida al filo del acero, ese gesto de piel herida hecha palabra justa. Sientesque debes detener tus ojos, dejar de leer, como si cuajara la idea incómoda deser un intruso que llega sin permiso y descubre un desorden íntimo. Pero tequedas y respiras ese aroma maldito que te dice que estas palabras estánhabitadas por alguien verdadero, que tiene bulto y que deja ahí sobre su cama deshechaciertas prendas tiradas que proceden de su alma descolocada. En su expresiónlírica se transparenta un lenguaje urgente, casi sin metáforas, sentido más quepensado. Una desenvoltura frágil y directa, casi alegre si no fuera porque losmotivos que le arrastran son la soledad y la rebelión ante el fracasosentimental. Lo notable es que lo acompaña con un talentoso cuidado por larima y el ritmo, elementos no tan corrientes en la poesía contemporánea. Mireya tiene una voz sentida, sencilla, con una claridad poco común, nadasolemne, entendiendo la solemnidad como el defecto más común entre gente depoemas. Pero este lado práctico no entierra su aliento que se revela en eldesgarro y tiene peso. En mis tiempos jóvenes, cuando mirábamos una obra usábamosuna expresión: “Tiene magma”, es decir: “tiene tripas” o tieneagallas”. Si hay fondo, la forma es un proceso de aprendizaje. Si hay formasin fondo, hay trivialidad y manierismo. El fondo no se inventa. Te habita. Todo estecircunloquio para qué. Para reiterar que la escritura de Mireya Machí tiene magma.Josetxo Dealza, artista y poeta. Ibiza, 2012.

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