"Diario de Burgos" y el bienio azañista (1931 - 33)"

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A la hora de analizar la cristalización de corrientes de opinión y formación de opinión pública, por parte de Diario de Burgos, es difícil definirse. Está claro su influjo social, ya que es la publicación con mayor difusión en la provincia. Pero, al no decantarse específicamente por ninguna opción política clara, podemos atisbar que se trataba ante todo de un órgano que no buscaba entrar en colisión con la legalidad vigente. Defensor de los intereses locales (obras públicas para Burgos con el fin de paliar los efectos del paro), provinciales (defensa a ultranza del ferrocarril directo Madrid-Burgos o del Santander-Mediterráneo) y regionales, defendiendo un regionalismo sano descentralizador y siendo muy crítico con respecto al catalanismo, definido siempre como separatismo disgregador. Se puede catalogar como una publicación de defensa de intereses morales y materiales. Por ello, las corrientes de opinión que salían de Diario de Burgos, eran generalmente de talante moderado, liberal, independiente y católico (pero no católico beligerante, como casi todas las publicaciones afines a la Iglesia, es decir, al Debate).Ante las elecciones, termómetro clarificador de las actitudes de un periódico, da publicidad a todos los candidatos, mítines y actos electorales, pero sin decantarse claramente por ningún candidato; al contrario que su colega El Castellano.Sociológicamente, sus lectores se corresponderían con el talante de la publicación; es decir, de talante moderado y conservador, amantes de la estabilidad y el orden y contrarios a los extremismos. Rasgos característicos de la sociedad burgalesa y castellana en general, aunque faltan estudios sobre la realidad social para ver hasta que punto son ciertas estas generalidades, y por ende, para conocer matices y diversifica-ciones dentro de dicho cuerpo social.Tanto en 1931, como en 1932, el tema estrella o el principal punto de interés informativo del Diario se centra en la cuestión del catalanismo y el estatuto de autonomía catalán, dejando en lugar mucho más marginal el asunto del regionalismo castellano o castellano-leonés.Si bien Diario de Burgos no toma adscripción política clara en favor de ninguna fuerza política, dando publicidad de la propaganda y los actos de todas ellas; muestra mayores simpatías por el Partido Republicano Conservador de Miguel Maura. Identificándose el diario con este proyecto político moderado, conservador, conciliador, católico, pero republicano y afín a la permanencia y estabilidad del nuevo régimen. Signo relevante de esta adscripción al nuevo régimen puede ser el hecho de que "Diario de Burgos" no fue suspendido tras los luctuosos sucesos de agosto tras el fallido intento de golpe de Estado por parte del general Sanjurjo.No debemos pasar por alto la situación de crisis económica y social existente durante este periodo, producto de una doble crisis coyuntural y estructural que sufre el país durante la década de los treinta, que tiene en el paro obrero y el aumento de la conflictividad social sus rasgos más definitorios. Diario de Burgos siempre mostrará una vía en favor del diálogo, el acuerdo y el entendimiento entre los sectores patronales y obreros, con el fin de evitar huelgas, conflictividad y alteración del orden público. Su objetivo estaría en mantener la paz, la tranquilidad, la serenidad, la concordia y la armonía social. Por último, los aspectos culturales y religiosos no interesan sino de forma muy secundaria y subsidiaria, con una recepción apenas apreciable y casi inexistente. Llama la atención sobre todo, el escaso o nulo interés por la cuestión religiosa y la reglamentación de las nuevas relaciones Iglesia - Estado, tan virulentas y candentes a lo largo de todo el periodo del bienio azañista, y que tantos ríos de tintas provocaron en la prensa de la región. Llama, incluso más la atención, al definirse como un órgano católico; aunque siempre más afín y favorable a la vía del diálogo entre ambas instancias, Iglesia y Estado para conseguir un pacto que reglamente las competencias de ambas instituciones, con una separación entre ambas y un inicio de secularización de la sociedad; en una palabra, la opción adoptada por Miguel Maura y Niceto Alcalá Zamora para integrar a los católicos dentro del régimen republicano. Siempre condenarán la vía anticlerical de las izquierdas, pero también siempre se desmarcarán de la opción de beligerancia y confrontación adoptada por los medios católicos mayoritarios y afines a la CEDA. Adoptan una solución de diálogo y pacto que está abocada al fracaso en un periodo de crisis, confrontación y conflictividad.

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