



Ahora voy a irme por la vereda que, por la derecha, cruza la llanura y en la cueva de piedra, la que tengo al borde del barranco del río luz, me voy a meter a descansar un momento. Desde ahí, sentando al perfume de la parra que me arropa el agujero, voy a contemplar la belleza del barranco por donde el río de humo y nieve, viene corriendo a ver si mientras tanto, que en el rincón estoy soñando, llegas Tú, Dios mío, mi único amparo y me das tu beso y muero.
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