



El 9 de noviembre de 1867, el anciano murió; al menos su cadáver fue descubierto al
día siguiente, y los médicos testificaron que la muerte había ocurrido en las veinticuatro
horas precedentes. Cómo, es algo que no supieron decir, pues la autopsia mostraba que
todos los órganos estaban sanos, sin ningún indicio de anomalía o violencia. En su
opinión, la muerte debía haber tenido lugar al mediodía, ya que el cuerpo estaba en la
cama. El veredicto judicial fue que aquel hombre «había encontrado la muerte por un
castigo de Dios». El cuerpo fue enterrado y el administrador público se hizo cargo de la
herencia.
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