



Jenofonte tuvo dos hijos. Los llamaban Dióscuros, a semejanza de los gemelos divinos, Cástor y Polux. Como ellos, se esperaba que compartieran un mismo destino. No fue así. Atrapados por la estela de su padre, los dos acaban fallando, uno por exceso y otro por defecto.
Grilo murió heroicamente en la batalla de Mantinea, a la cabeza de la caballería ateniense. Su padre acogió la noticia sin gesto alguno de dolor, con la mera frase "yo ya sabía que mi hijo era mortal". Se levantaron estelas en su memoria y la posteridad lo recuerda.
El otro, Diodoro, participó en la batalla junto a su hermano y le sobrevivió, desmintiendo al mito. Su conducta fue sospechosa para Jenofonte. Para él, angustiosa. El relato de la muerte de Grilo será el campo de batalla donde por primera vez Diodoro se enfrentará a su padre. La verdad, alternativamente, golpeará a Jenofonte o dejará desamparado al hijo.
(a Grilo)
Pero cuando llega la gloria, regalo de los
dioses
Aparece una luz resplandeciente y la vida es dulce
como la miel
(Píndaro, siglo VI-V A.C.)
(a Diodoro)
El éxito resulta más dulce
Para quienes nunca lo
alcanzan
….
Nadie …
Puede dar
definición
Tan clara de qué es la Victoria
Como
el que es vencido -moribundo-
Y en su oido agotado
Estallan
mortecinos y claros
Los acordes lejanos del triunfo
(Emily
Dickinson, siglo XIX D.C.)
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