



Yo emprendo escribir mi vida pública -puede ser que mi amor propio acaso me alucinecon
el objeto que sea útil a mis paisanos, y también con el de ponerme a cubierto de la
maledicencia; porque el único premio a que aspiro por todos mis trabajos, después de lo
que espero de la misericordia del Todopoderoso, es conservar el buen nombre que desde
mis tiernos años logré en Europa con las gentes con quienes tuve el honor de tratar cuando
contaba con una libertad indefinida, estaba entregado a mí mismo, a distancia de dos mil
leguas de mis padres, y tenía cuanto necesitaba para satisfacer mis caprichos.
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