



Es uno de nuestros pocos prosistas modernos –escribía Larra-; culto, decoroso, elegante, florido a veces, y casi siempre fluido en su estilo, castizo y puro en su lenguaje y muy a menudo picante y jovial”.
No obstante, no deja de ser una burla que el patriarca del costumbrismo –Mesonero Romanos- fuera uno de los mayores compradores de bienes nacionales y que no vacilara en derruir históricos conventos comprados por él para edificar inmuebles. Entre 1835 a 1855 –época de su apogeo como escritor costumbrista- participó activamente en las reformas urbanísticas efectuadas precisamente a raíz de la desamortización de Mendizábal (1834) y de la acumulación de capitales provocada por la Primera Guerra Carlista. Mientras en la letra escrita Mesonero siente añoranza por el pasado idílico, las viejas posadas y caminos, y ataca al vil metal que corroe las costumbres y convierte en prosaicos los rasgos psicológicos nacionales –hidalguía hombría de bien, espíritu individualista, dignidad en el hambre-, en la realidad, él mismo contribuye a las reformas urbanísticas que aniquilaban el pasado Clasificado como: Narrativa › Literatura clásica
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