




La página es el lugar común del poema; la esquina es su final. El superviviente da vida a lo leído dentro de ella, dejando en el cadáver el rastro de sus palabras. El móvil puede ser el robo, la duda, o simplemente la curiosidad.
Muerte dentro de la esquina invita a pasar página, plegándose entre la nostalgia, el vano triunfo y la enajenación. No es fácil que el superviviente se deje escapar por entre sus palabras. En ellas, toda la claridad se empaña como en las ventanas del sueño.
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