



Y lo digo porque anoche, siguiendo la senda amada que remonta por la ladera y, en compañía del padre santo que eterno por estos montes y conmigo vive hecho llamas, remontamos hasta la llanura que entre los dos cerros se encaja y al estar por entre las encinas de troncos retorcidos y de ramas largas, me dice:
- ¿Recuerdas este rincón de aquel día y aquella mañana?
Y como lo estoy viendo no ya con los ojos de la cara si no en el río puro que desde mi espíritu rebosa y se alarga hasta lo intangibles y corona que Tú regalas, le digo:
- ¡No lo voy a recordar, padre si no hay sobre este suelo un paisaje que tenga más luz clara y transmita más consuelo que este de las encinas largas!
Y siento que me coge de la mano y me asoma al barranco del lado de la mañana y al abrirse la profundidad y la ladera blanca, me dice:
- Y ahí, mira las casas todavía fundidas con la tierra y eternas hechas belleza aunque estén calladas y junto a ellas, mira cómo arden las caleras y al viento expande sus llamas y más abajo, fíjate en el arroyo y cómo al despeñarse canta ¿qué canción y qué te recuerda hoy este escenario y la luz que de él mana?
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