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Tres autores de la Celestina. El misterioso autor Juan del Encina. Tomo III.

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  • Editor: Academia de Estudios Humanísticos de Blanca (Valle de Ricote)
  • Co-Autor: Govert Westerveld
  • Autor: Gofredo Valle de Ricote
  • Estado: Público
  • N° de páginas: 366
  • Ebooks vendidos: 4
  • Vendidos: 4
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En este libro voy a escribir mucho sobre el poeta Juan del Encina, el cual según mí hipótesis no era solamente uno de los autores de La Celestina, sino también autor y editor de muchos otros libros. Cuando Juan del Encina estaba en la Universidad de Salamanca también estaba allí el humanista italiano Lucio Marineo Sículo. Era sicilianoy discípulo de Pomponio Letro. Marineo Sículo estuvo en la Universidad de Salamancaentre los años 1484-1485, hasta el año 1496, puesto que en enero de 1497 se dirigió a lacorte de los Reyes Católicos. Durante estos años tuvo tiempo de escribir su obra De Hispaniae laudibus, publicada en Burgos. Este libro es vital para saber la vida de la Universidad de Salamanca entre 1484-1496, puesto que los libros de claustro se perdieron de esos años. Es importante saber que Marineo Sículo era profesor en la Universidad de Salamanca y discípulo de Pomponio Leto, dado que bajo la dirección dePomponio Leto (1427-1498) se comenzó a formar, en los últimos años del Papa Pío II hacia 1460, aquella sociedad semisecreta que más tarde se llamaría Academia Romana. Pomponio Leto era amigo de César Borgia y César era gran amigo de Juan del Encina. Por el año 1470 Pomponio Leto hizo ya ensayos teatrales cuando era profesor de la recién fundada Universidad de Roma. Por tanto, Marineo Sículo pudo haber alentado el teatro en la Universidad de Salamanca.

 

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En este libro tratamos también largamente las actividades del poeta Juan del Encina. Hasta ahora pocos investigadores han considerado a Juan del Encina (1468-1534) ser uno de los autores de La Celestina, a excepción de los investigadores Antonio sánchez Sánchez-Serrano y María Remedio Prieto de las Iglesias. La última investigadora se retractó años más tarde, según dicen algunos, pero esto no es correcto. En fechas posteriores la historiadora Patricia Botta, también dejaba caer que Juan del Encina podía ser el primer autor de la Celestina. Seguramente tuvo en cuenta la obra de 1971, de Sánchez Sánchez – Serrano y Prieto de la Iglesia, añadiendo ahora ella sus propias investigaciones. Sin darse cuenta, Di Camillo nos da la respuesta con todas sus preguntas, sin decir el nombre del autor de la Carta que consta en La Celestina. El trabajo de Di Camillo es genial y uno de los muchos indicios que revela que Juan del Encina estaba metido de lleno en la redacción de la Celestina. Pocos saben que nuestro Juan del Encina era jurista. No sabemos si en La Carta del autor a un su amigo también Encina decía que él era jurista o si esta palabra fue añadida por los Lucena para despistar al lector. Sí sabemos que tanto Juan del Encina, como sus seudónimos, Lucena, Bartolomé Torres Naharro y Francisco Delidado, estudiaron en Salamanca, y Juan del Encina y Francisco Delicado eran discípulos de Antonio de Nebrija. No hay mucha más información sobre su muerte; según unos, en 1529, y otros en 1535. Por el contenido de este libro el lector se dará cuenta de que creemos que Juan del Encina no murió entre 1529-1530, sino que se fue a Roma y a continuación a Venecia, para terminar su gran obra, tal como había profetizado en su obra Trivagia, bajo el seudónimo de Francisco Delicado. La gran mayoría de los autores piensan que Juan del Encina murió a fines del año de 1529 o principios de 1530, fijándose en las investigaciones de Eloy Díaz-Jiménez y Molleda, y Ricardo Espinosa Maeso. Con esta fecha no estamos de acuerdo y nos distanciamos por lo tanto de la opinión de dichos historiadores

 

Estamos seguros que con nuestro capítulo 8 muchos historiadores se llevarán las manos a la cabeza, puesto que hasta ahora nadie se ha atrevido a decir tanto. Según Menéndez y Pelayo, Torres Naharro llegaría también a coincidir con Juan de Encina, en el mismo entorno cortesano, durante el papado de León X, hasta que Torres Naharro se marchó inesperadamente a Nápoles, para entrar como capellán en el ámbito familiar de Fabricio Colonna y de su hija, la divina Vittoria Colonna, que estaba casada con el Marqués de Pescara. ¿Pero dónde están las pruebas de que Torres Naharro y Juan del Encina coincidieron, tal como dice Menéndez y Pelayo? ¿No es más lógico constatar que cuando desaparece la literatura de Juan del Encina, aparece la literatura de Bartolomé Torres Naharro? ¿Solamente por constar en el libro el nombre de Bartolomé Torres Naharro, es cien por cien seguro que este hombre realmente tuviera este nombre? ¿Y si este nombre era un seudónimo? ¿Hay otros documentos italianos o españoles que hablan de un Bartolomé Torres Naharro?

 

Igual que en el capítulo 8, con el capítulo 9 los historiadores nuevamente se llevarán las manos a la cabeza, y no puede ser de otra manera. Es realmente muy atrevido afirmar que Francisco Delicado (Delgado), no es otra persona que nuestro famoso poeta Juan del Encina. Del misterioso Francisco Delicado (forma italiana de Delgado) se sabe hasta ahora bien poco, pero los distintos investigadores le han analizado muy bien y ellos nos informan que viajó por Roma y por Venecia. En esta ciudad publicó su única novela: Retrato de la lozana andaluza (1530), escrita casi en su totalidad alrededor de 1524, en Roma; y algunos textos en fechas posteriores, que constituye un importante documento sobre la vida y las costumbres de su tiempo. El autor explica bien en su obra el saco de Roma, pero tengo mis dudas de que realmente Delicado estuviese, en 1527, en Roma. Juan del Encina en esta fecha estaba en León, y se volvió a Roma en 1529, para arreglar una bula en nombre de un familiar e interesarse por lo que realmente pasó en Roma. Estoy en este sentido de acuerdo con Ugolini, que los libros de la Lozana andaluza y El modo de adoperare el legno de India occidentale fueron impresos en 1530 y nunca en 1529. El autor estuvo en Venecia hasta 1534, trasladándose según mi teoría en el mismo año hacia España para morir allí en paz.

 

 

 

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