



Pues la niña nació aquella noche y sólo estaban presentes la madre, su padre y la abuelita Griselda. Se alegraron porque todo fue bien y al día siguiente se lo dijeron a los vecinos. Estos los felicitaron, le ofrecieron regalos como una gallina, una docena de huevos, algunas nueces secas y poco más. Los vecinos, por aquel entonces, no estaban para regalar mucho. Y por otro lado, así era la vida normal de las sencillas personas de estas amplísimas sierras.
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