



La mejor obra de Valera es, sin duda, Pepita Jiménez (1874). Su
originalidad reside, en primer lugar, en el tono epistolar inicial (con
un epílogo de narración directa). Los puntos de vista se entrecruzan;
la estructura está muy bien cuidada.
La obra está escrita en tres partes: "Cartas de mi sobrino", "Paralipómenos" y "Epílogo: cartas de mi hermano".
El autor nos presenta la obra como si fuese un manuscrito que él
encontró entre los papeles de un deán de una catedral andaluza. Nos
explica que cambiará los nombres de los protagonistas, algunos aún
vivos.
Tiene 0 producto en el Carrito de la compra