La primera novela de Francisco J. Lauriño, autor que ya ha
publicado varios libros de cuentos y de poesía, nos presenta al Chato Palma,
extremeño que emigra a tierras nalonianas (cuenca minera del río Nalón, en
Asturias), allá por los años cuarenta, junto a su amigo Manuelillo. Los espera
una tierra hospitalaria, pero a la vez infrahumana; sucia y cordial; transida
por las secuelas de la guerra civil, y en la que el Chato dará luz a toda una
estirpe, la de los Palma, tipos rudos, pendencieros y no siempre honestos. En
los años ochenta, Carlos vive la movida moderna en el barrio de La Pomar, bebe, se droga y roza el filo de la navaja. También hay días de escuela y maestros a la vieja usanza que visten terno gris, en los años setenta. Y una
mujer de la calle que, en los noventa, ya no puede vender su cuerpo al mejor postor. El cura
motero, que guarda secretos, y no sólo de confesión, contempla la Cuenca ex minera ya entrado el año
dos mil desde su Harley, y el Nalón le sonríe limpio mientras piensa que un
día, lleno de negros roedores, perdíase su cauce entre las tinieblas de la
dictadura, al son, en ocasiones, de una gaita verbenera. La policía vigila y
espera a que se desvele el secreto. Don Plácido, entre tanto, estaría curando a
sus pobres y continuaría reviviendo el Langreo de siglos pasados. Más información sobre el libro: aquí.