



Lejos de Central Park y del World Trade Center, el metro de Nueva York penetra la ciudad de extremo a extremo. Una noria centenaria, un baño gratis en la mejor piscina del Bronx o una postal del sueño americano son algunas recompensas para el viajero dispuesto a llegar hasta los confines de la ciudad. Esta es una historia de un abono limitado y de una huida hasta el final. Hasta la última parada.
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