



creo que mi larga búsqueda ha terminado - dijo el hombre suavemente.
Ruth, como en un sueño, vio al otro hombre, que daba la vuelta para mirarla. Parecía más
extraño que todos los viejos buscadores de minas que había visto en su vida. Pero éste -tenía
bondadosos ojos azules que se posaron en ella con singular penetración.
-Bien, Adán, creo que tienes razón: es Ruth
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